lunes, 24 de junio de 2013

Lanzan el bono FPC en la isla de la fantasía

Por Roberto Cachanosky (*)
Preocupados por la falta de dólares,  en la isla de la fantasía pretenden emitir bonos como si fueran dólares
Preocupados por la falta de dólares en la isla de la fantasía, estaba reunida la plana mayor de parlanchina. Merche le contaba a parlanchina que las reservas de dólares caían permanentemente. El Fugitivo, con voz temblorosa le explicaba que la actividad económica se paralizaba. Encima, se venían las elecciones en la isla y la cosa no pintaba muy bien para parlanchina y sus secuaces.                                

Necesitamos solucionar dos temas urgentes, dijo parlanchina, una es cubrirnos por si perdemos el poder y tenemos que empezar a dar explicaciones sobre cómo logramos acumular una fortuna habiendo sido tantos años funcionarios públicos. La otra es conseguir urgente dólares.
Se me ocurre una idea, dijo Willy Dark, implementemos la propuesta de Merche, lanzar los bonos Facilidades Para Chorros, los llamaremos bonos FPC, de esa manera blanqueamos la guita de la corrupción que tenemos afuera. Pero, además, los FPC pueden ser nuestra alternativa para emitir dólares isleños. Le hacemos creer a la gente que los FPC son como dólares.
Me encantaría poder emitir dólares isleños, dijo parlanchina. ¿Me aceptarán los FPC en Nueva York cuando salgo de compras? Con el prestigio que Ud. tiene en el mundo, señora, seguro que sí, respondió Abalito sin mucho convencimiento pero para quedar bien con parlanchina.
Es más, los isleños podrían comprar FPC en el mercado secundario con hojas de palmera y nosotros nos quedamos con los dólares. Así tendríamos el mercado oficial de cambios divido en el dólar para comercio exterior y una especie dólar financiero que cotizaría más alto.
Me gusta la idea de poder emitir dólares propios, dijo parlanchina. Hablemos con el náufrago para ver cómo tomarían los isleños los dólares emitidos en la isla.
Llegó el náufrago y Willy Dark le dijo: dado que el mundo está en crisis y nos faltan dólares, hemos decidido implementar el FPC del que le hablamos la semana pasada. La gente que tiene dólares no declarados los blanquea, los trae a la isla, se los entrega a Merche en custodia y Merche le da un bono FPC. Con ese bono la persona puede comprar terrenos, inmuebles, elementos para la construcción y mil posibilidades más.
Veo que le han agregado más funciones al FPC desde la semana pasada. Si siguen agregándole funciones va a terminar suplantando al viagra.
No se haga el gracioso, le dijo Willy. La pregunta que le queremos hacer es la siguiente: ¿cómo cree Ud. que los isleños tomarán el FPC?
Bueno, en primer lugar, con la carga tributaria que hay en esta isla, no veo motivos para que la gente traiga los dólares que tiene en el exterior fuera del alcance de la mano de Uds. ¿Por qué traer los dólares y confiárselos a Merche que es la que no deja comprar dólares? ¿Por qué asumir ese riesgo y, encima, pagar impuestos altísimos? Además, como viene la seguridad jurídica en esta isla es preferible comprar una choza en otra isla que aquí.
No todos son como Ud. en esta isla. Hay gente que está dispuesta a pagar impuestos para ser solidarios con los demás, le dijo parlanchina.
Náufrago miró a parlanchina y le dijo: Ud. ocúpese de la seguridad y del transporte público y deje que la gente sea solidaria con su dinero como mejor le plazca. ¿O Ud. se cree que tiene el monopolio de la solidaridad?
Volvamos al tema de los FPC, dijo Willy. Nosotros estimamos que, con nuestra propuesta, pueden entrar cerca de U$S 4.000 millones de dólares no declarados. Eso movería la industria de la construcción, la inmobiliaria y hasta hemos pensado en crear un mercado secundario de FPC por los cuales la gente pueda vender sus bonos en el mercado en hojas de palmera.
Vea, le respondió el náufrago, la verdad es que no entiendo muy bien qué quieren hacer con los FPC más allá de blanquear sus fondos obtenidos por la corrupción. Pero analicemos el tema. El Sr. A trae dólares y se los entrega a Merche. Merche le entrega a A un FPC y el Sr. A compra una choza con ese FPC. ¿Correcto? Así es, respondió Willy.
¿Y Ud. piensa que alguien va a firmar la entrega de su choza a cambio de un FPC respaldado por la palabra de Uds.? Antes de firmar el isleño va a querer ver los dólares sobre la mesa y contarlos. Con lo cual, así como Merche recibe los dólares del Sr. A los va a tener que entregar de inmediato para que alguien pueda comprar la choza. El FPC desaparece en el acto.
Pero el que recibe los FPC puede quedarse con los FPC si quiere. ¿Cómo sabe Ud. que no los va a retener?
Digame, dijo el náufrago, ¿qué tasa de interés pagan los FPC? Ninguna, dijo Willy. ¿Y por qué alguien querrá quedarse con los FPC si no paga intereses? Para eso va a verla a Merche le entrega los FPC y se lleva los dólares y se queda con los dólares o compra otro bono que pague intereses.
Ud. no entiende nada, saltó patilludo. Los FPC son más seguros que los dólares, porque los dólares se los pueden robar y perdió todo. En cambio, si le roban un FPC, Merche se lo restituye después de constatar que Ud. los tenía en su poder.
Claro, le respondió el náufrago a patilludo, Ud. me está diciendo que los ladrones son más peligrosos que Uds. Me parece que es un supuesto demasiado fuerte para contemplarlo.
¿Ud. duda de nuestra honestidad? gritó patilludo. ¿Cree que somos como los ladrones? No dudo, dijo el náufrago, estoy seguro que son peores que los ladrones. De un ladrón me puedo defender, de Uds. no porque acomodan la legislación a su conveniencia, lo que Bastiat denominó el robo legalizado. El Estado convertido en ladrón sancionando leyes que violan los derechos de propiedad. En el mejor de los casos, el riesgo ladrón y el riesgo Merche podría ser el mismo. Por lo tanto me quedo con los dólares, porque estoy en un punto de indiferencia y valoro más los dólares que un bono emitido respaldado por la palabra de Uds.
Vea, dijo Willy Dark, Ud. no entiende que como estos bonos sirven para la construcción y los insumos de la construcción se pagan en hojas de palmera, la gente puede quedarse con los bonos y venderlos por hojas de palmeras para pagar los insumos de la construcción.
¿Y quién sería el que me compraría los bonos con hojas de palmeras? Ehh, titubeó Willy, por ejemplo alguien que está en negro en hojas de palmera y quiere blanquear. ¿Y por qué el que está fuera de la jaula donde Uds. cazan contribuyentes querrá entrar en la jaula?
Bueno, podrían comprarlos personas y empresas que tienen hojas de palmera en blanco, contestó Willy. En ese caso, reflexionó el náufrago, el que tiene hojas de palmera en blanco, y viendo que se deprecian todo el tiempo, iría con el bono a verla a Merche, le entregaría los bonos y se llevaría los dólares, con lo cual nuevamente desaparecen los bonos FPC del mercado.
¿Entonces me reconoce que habría un mercado secundario de FPC en pesos? dijo Willy Dark con una sonrisa triunfante. Claro, respondió el náufrago, la gente compraría con hojas de palmera en blanco los bonos para luego hacerse de dólares. El mercado secundario de bonos FPC duraría lo que dura el tiempo para quitarle los U$S 4.000 millones que dicen que van a entrar. Una vez que le quiten todos los dólares a Merche, los bonos habrán desaparecido del mercado y la reactivación del mercado de chozas, terrenos e insumos para la construcción durará lo que tarde la gente en hacerse de los dólares constantes y sonantes que tendrá que entregar Merche, si cumple con su palabra.
¿Ud. lo que no entiende es que Merche podría vender los bonos en el mercado a cambio de hojas de palmera? dijo Willy Dark.  ¿Y con qué respaldaría esos bonos si los dólares ya se los habría llevado la gente? interrogó el náufrago. Bueno, entonces Merche puede comprar bonos en el mercado secundario por hojas de palmera, dijo Willy rápidamente.
¿Y por qué alguien que tiene un bono equivalente a dólares le va a vender a Merche su bono por hojas de palmera que se deprecian? Para eso le pide a Merche los dólares y le dice quédate vos con los bonos y las hojas de palmera que yo me quedo con los dólares que son reserva de valor.
Su problema, le dijo Willy, es que cree que en la isla son todos desconfiados como Ud. Nosotros estamos convencidos que esos bonos van a ser aceptados por los isleños.
Mire, le dijo el náufrago, una vez hubo un país llamado Argenta que desapareció de la faz de la tierra no por un terremoto, sino porque sus gobernantes aplicaron las mismas políticas que aplican Uds. en esta isla. En ese país, en una época, los estados emitieron unos bonos que se llamaban patones, alcanfores y mil nombres raros más y tampoco pagaban intereses. Por un tiempo esos bonos circularon en el mercado porque los estados no se comprometían a entregar dólares a la vista a quienes tuvieran patones o alcanfores. A la gente no le quedaba otra que aceptar esos bonos. Este es un caso diferente. Uds. quieren emitir un bono por el cual prometen entregar dólares constantes y sonantes a quien se presente en la ventanilla a cobrarlos. Y la gente va a preferir los dólares, porque encima es la única forma de conseguir comprar dólares en esta isla. De manera que no son la misma cosa los FPC que los patones y alcanfores.
Me parece que lo que Uds. están armando es la forma de blanquear todo lo que les robaron en estos años a los isleños, continuó el náufrago. Es más, probablemente Uds. traigan algunos dólares de los que se afanaron en la isla y con los FPC o los mismos dólares que le robaron a la gente le compren su choza, sus terrenos y bienes por medio testaferros. Si esa es la idea, es brillante, pero no me venga con que inventaron la pólvora en materia monetaria.
Bueno, basta, dijo parlanchina, ya sabemos que Ud. es un neoliberal al servicio de la corpo y los intereses ocultos de adentro y de afuera. Ya conocemos su opinión. Puede irse.
Una vez que se fue el náufrago, Willy Dark le dijo a parlanchina: me parece que este náufrago pescó al vuelo que le estamos vendiendo verdura y que lo que queremos es blanquear nuestros afanos. Igual propongo que sigamos adelante.
Me parece bien, dijo parlanchina. Como dijo el náufrago, blanqueamos parte de nuestros afanos, nos compramos algunas chozas con la plata que les afanamos a ellos y de paso reactivamos un poco la economía que se nos vienen encima las elecciones.
Listo, dijo Amado, que se había mantenido callado todo el tiempo mientras jugueteaba con su guitarra, avancemos. Voy a crear una empresa constructora de una cosa muy especial y en una de esas me lleno de plata.

¿Y qué vas a construir tan especial? Le preguntó parlanchina a Amado. Bóvedas para guardar dólares. Anótame gritaron todos al mismo tiempo, mientras Amado les decía: esperen, hagan cola que les voy a dar su turno.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980). Asesor económico y Director de "Economía para todos". Artículo publicado en la Edición Nº 475 de Junio de 2013