miércoles, 19 de junio de 2013

Un gobierno sin fracasos

Por Jorge Raventos (*)
Esta semana, cumpliendo con retraso su deber de informar al Congreso, el jefe de gabinete Juan Manuel Abal Medina (h) aseguró a los senadores que el gobierno no registra ningún fracaso. Textualmente: "No escondemos fracasos del presente, porque no tenemos fracasos". Si bien se mira, la frase es digna de un informe del INDEC.

Esta misma semana, sin análoga promoción, sino más bien discretamente, el presidente de YPF se entrevistó con algunos exsecretarios de Energía, que cuestionan la política oficial y que titularon su último documento “La década perdida”. La reunión es una maniobra defensiva, determinada por el fracaso en materia energética, que lleva al país a quemar entre 12 y 15 mil millones de dólares en importaciones de combustibles. Galluccio pidió una tregua en las críticas.
En la última semana el presidente de YPF se alegró de otra ayudita recibida. Como lo solicitó la Procuradora General de la Nación, la hiperoficialista Alejandra Gils Carbó, la Corte Suprema de Justicia dejó el martes 5 de junio sin efecto un embargo de 19.000 millones de dólares a la petrolera estadounidense Chevron por una demanda de pueblos originarios en Ecuador a raíz de daños ambientales causados en aquel país. Tiene un costado irónico que el pedido de la jefa oficialista de los fiscales en favor de la multinacional y en detrimento de pueblos aborígenes ecuatorianos y de la sentencia de un tribunal bolivariano obtenga su éxito en la misma semana en que se discute en Argentina la mudanza de la estatua de Cristóbal Colón en nombre de un revisionismo histórico que proclama su adhesión a las comunidades originarias.
Galluccio necesita a Chevron después de que fracasaran (perdón Abnal Medina) los intentos de la Casa Rosada de alcanzar un acuerdo con Repsol, una operación en la que se involucró el embajador en Madrid, Carlos Bettini. Se había conversado con Isidro Fainé, presidente del Grupo La Caixa (que es accionista importante de Repsol y también de importantes empresas con intereses en Argentina). El acuerdo ofrecía asociar a Repsol en el yacimiento Vaca Muerta a título indemnizatorio por la confiscación que la petrolera española llevó a tribunales y otros escenarios internacionales de litigio. La operación requería la cabeza de Antonio Brufau el titular de Repsol. La última semana, sin embargo, el directorio de Repsol ratificó en Madrid a Brufau, despreció la oferta argentina y mantuvo la estrategia de hostigamiento judicial al Estado argentino. Ese hostigamiento –mejor dicho: la causa que lo provoca, es decir la confiscación- es la principal traba que encuentra Galluccio para atraer inversores a YPF. Por eso las cosas le van como le van. Habrá que ver si el favor judicial hecho a Chevron (en perjuicio de los pueblos originarios ecuatorianos) alcanza para remover esos obstáculos.
Olvidemos, de todos modos, los fracasos anteriores.
Lo que viene
A dos semanas de la inscripción de candidaturas para las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) el oficialismo no muestra todavía las cartas con las que jugará en distritos vitales como la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires.
Se sabe que en Córdoba intenta aplicar una estrategia de pinzas para debilitar al gobernador José Manuel De la Sota: allí el Frente para la Victoria, cuya candidata será la ex rectora de la Universidad Nacional de Córdoba, Carolina Scotto, es conciente de que no puede ganar (sería feliz si estuviera en condiciones de pelear el tercer puesto), pero quiere recortarle posibilidades al gobernador, que proyecta su candidatura presidencial para el 2015. Por eso, de la caja oficialista se derivarán fondos para ayudar a la campaña de la peronista Olga Riutort, ex esposa de De la Sota, quien con su divisa “La Fuerza de la Gente” cree estar en condiciones de birlarle una porción de votos al delasotismo, que respalda la lista encabezada por el ex gobernador Juan Schiaretti.
En su afán de achicar el caudal de De la Sota, la Casa Rosada también observa con satisfacción la candidatura que presentará el Pro en la provincia mediterránea: la del ex árbitro Héctor Baldassi, que también erosiona la plataforma de apoyos del gobernador.
También en otra provincia importante, Santa Fé, el oficialismo está ajustando las tuercas. 
Empezó por sacar del juego electoral a Agustín Rossi, para lo cual debió entregarle el ministerio de Defensa. Rossi aspiraba a encabezar la lista del FPV en su provincia, pero las encuestas no le sonreían. En el entorno presidencial, con participación de la propia señora de Kirchner, se decidió entonces que fuese apartado para que las candidaturas queden en manos del ex gobernador Jorge Obeid y la ex vicegobernadora María Eugenia Bielsa (quien, sin embargo, no ha dado el sí aún). En cualquier caso, el oficialismo tiene que vérselas en Santa Fé con el gobernante Frente Amplio Progresista (constituido por socialistas, radicales y demoprogresistas) y con la alianza que tiene como eje al Pro y como figura emblemática al comediante Miguel Del Sel, a la que se han sumado sectores peronistas ligados a Carlos Reutemann, como el ex titular del PJ santafesino Ricardo Spinozzi y al exviceministro de gobierno del "Lole", Diego Giuliano.
Pese a los ajustes diseñados en Balcarce 50, las encuestas de Santa Fe no alimentan demasiado optimismo en el Frente para la Victoria: el partido del gobierno central está alejado del primer puesto.
Mi reino por un buen candidato
La ausencia de candidatos en Capital y en la provincia de Buenos Aires es otra señal significativa. ¿Recurrirá nuevamente la Presidente al senador Daniel Filmus como cabeza de la lista porteña? Ella nunca le tuvo demasiada simpatía, pero el ex ministro de Educación es, de acuerdo a las mediciones, la mejor oferta que puede ofrecer a los ciudadanos de Buenos Aires, aunque en la Casa Rosada también imaginan que pueden “aporteñar” al ex intendente de Morón, Martín Sabatella, licenciarlo de su guerra contra “las corporaciones mediáticas” y lanzarlo a conducir la lista del Frente para la Victoria en la Capital, el punto del país donde más oposición tiene el cristinismo.
En la ciudad de Buenos Aires el gobierno pone en juego tres senadurías (dos que conquistó en las urnas y otra que alcanzó por seducción: Samuel Cabanchik llegó a la Cámara Alta como hombre de la Coalición Cívica y una vez allí terminó siendo funcional al kirchnerismo en la mayoría de las cuestiones de significación.
El Pro estima que podrá adjudicarse las dos bancas senatoriales que corresponden a la mayoría. A la cabeza de su boleta irá Gabriela Michetti, a menos que antes del 22 sea reflotado el acuerdo entre el Pro y el peronismo disidente que proyectaría al primer término de una lista conjunta a Roberto Lavagna y postergaría a la señora Michetti al papel de escolta. Mauricio Macri sabe que en su fuerza hay un número importante de altos seguidores que resisten ese acuerdo; él mismo le pone obstáculos cuando reclama que, para cerrarlo, Lavagna se comprometa anticipadamente a adherir a un candidato presidencial del Pro (¿quién otro que el propio Macri?). Sin embargo, el jefe del gobierno porteño sabe también que, si Lavagna jugara su candidatura al margen del Pro, esta fuerza perdería un número importante de votos que quizás no le impidan ganar, pero que limitarían significativamente la dimensión de ese eventual triunfo y la plataforma de lanzamiento de la postulación presidencial que Macri tanto desea. Por otra parte Lavagna encarna una presencia moderna y técnicamente probada, y puede pelear por la tercera banca senatorial en juego desde una fuerza con eje en el peronismo disidente pero más abarcativa que éste.
Esta semana se consolidó en la Capital, además, un espacio unificado que competirá por candidaturas en las PASO, en el que convergen radicales, socialistas, grupos de izquierda, la Coalición Cívica (rama Elisa Carrió y rama Adolfo Prat Gay) y Proyecto Sur.
Con esa doble competencia (desde el peronismo y desde el centro-izquierda) al partido de Macri se le pueden hacer las cosas más difíciles que en elecciones anteriores. Pero ni siquiera con la oposición fraccionada en tres espacios tiene el kirchnerismo chance alguna de ganar en la Capital.
Scioli y Massa
Por eso, lo que resulta más revelador y más relevante es la ausencia de candidaturas oficialistas reconocidas y competitivas en la provincia de Buenos Aires, que representa el 37,5 por ciento del padrón electoral nacional (más que Capital, Santa Fé, Córdoba, Mendoza y Tucumán sumadas).
La fortísima presión que han experimentado (y todavía sufren) el intendente de Tigre Sergio Massa y el gobernador Daniel Scioli se debe a la necesidad que el oficialismo nacional tiene de un candidato ganador para encabezar su boleta en el distrito más numeroso.
En la semana que concluye el gobernador asimiló frases críticas de Julián Domínguez, el presidente de la Cámara de Diputados (“A los tibios los vomita Dios”), de Aníbal Fernández, de Juan Manuel Abal Medina y de Julio De Vido, todos obedientes a la señal que dio la señora de Kirchner nueve días atrás.
Hugo Moyano, aliado a José De la Sota y solidario con Scioli, denunció que había en marcha una operación para destituir al bonaerense. En rigor, esa operación pretende forzarlo a que lidere las candidaturas a diputados y que, para hacerlo, renuncie a la gobernación.
Scioli ha dicho que no lo hará. Y fue más allá: planteó, con la prudencia que nadie le niega, que “la provincia” quiere tener voz y voto a la hora de definir candidaturas. Agregó que “la rica vida interna” peronista, con tantos matices, bien puede canalizarse orgánicamente a través de distintas alternativas en las PASO. ¿Estaba amenazando con presentar una lista propia en las primarias, diferenciada de la que ofrezca el cristinismo?
Hay dirigentes muy próximos al gobernador que apuestan a esa chance. Otros inclusive sueñan aún con una acción común del gobernador y de Massa, trabajando juntos en las primarias del oficialismo. Suena a quimera: ¿admitiría el kirchnerismo unas primarias en las que Scioli y Massa juntos, los políticos de mayor imagen positiva de la provincia, enfrentaran a los candidatos de la Presidente? ¿Qué ocurriría al minuto siguiente de la segura derrota oficialista?
Es, sin embargo, improbable que semejante ingeniería se concrete. Massa ya avanzó largamente en la creación de una fuerza autónoma (por ahora provincial) y sólo posterga el momento de anunciar quiénes serán sus candidatos. Si hizo eso para apuntalar sus ambiciones en 2015, ¿correrá el riesgo de poner a la cabeza electoral de esa fuerza otro nombre que el que garantice una victoria clara? De hacerlo, estaría jugando con su futuro y muchos lo acusarían de ser funcional al kirchnerismo, un pecado costoso en tiempos en que el oficialismo K está en decadencia. Hasta el momento el intendente de Tigre ha demostrado ser un buen constructor político, no un suicida.
Scioli, por su parte, tal vez encuentre nuevas formas de intervenir en el terreno electoral, pero es evidente que ya practica alguna. La Juan Domingo, la agrupación sciolista de origen legislativo en la que participan funcionarios del gobierno provincial, trabaja abiertamente en la coalición provincial que encabeza Francisco De Narváez y en esas listas el gobernador contará candidatos que, una vez electos, le den apoyo (es improbable que consiga algo similar en las boletas del Frente para la Victoria si previamente no libra una batalla para conseguirlo).
No hay que esperar demasiado para develar los misterios actuales: la semana próxima se inscriben alianzas y el 22 de junio, candidatos.
La Justicia ya ha volteado la reforma electoral de hecho que el gobierno tramaba a través de las reformas al Consejo de la Magistratura. Esa carta marcada no estará sobre la mesa. Muchos se preguntan si, con la excusa que sea, la Casa Rosada no terminará anulando las primarias para ahorrarse una caída monumental y temprana en agosto.
En cualquier caso, siempre está octubre. No hay plazo que no se cumpla.
(*) Jorge Raventos. Artículo publicado por Diana Ferraro en Peronismo Libre el 8 de Junio de 2013