lunes, 29 de julio de 2013

Lesa Humanidad

Por Gabriela Pousa (*)
Recuerdo aquellas épocas donde los días previos a los comicios, una gran mayoría de argentinos se convertían raudamente en analistas políticos. Esa manía de tener siempre el dato preciso, la encuesta infalible, en definitiva de “tenerla clara”. A pocas culturas le gusta tanto jactarse de conocimientos improbables como a la nuestra.
Sin embargo hoy, a pocos días de las elecciones internas, el desconcierto reina en la ciudadanía junto a un peligroso desinterés y a un entendible descreimiento en la política. No es para menos y quizás, esa falta de confianza sea un síntoma de madurez que tanto hace falta.

Lo cierto es que el 30% de los votantes llegarán el próximo 11 de Agosto a las urnas creyendo que no cambiará nada. Para algunos esta creencia se podría justificar si se atiende el escenario actual de la Argentina donde se habla de una “década ganada” habiendo desnutrición y severos focos de tuberculosis y otras enfermedades ligadas a la pobreza más extrema. Pero, pese a ello, quienes más desconfían de la política, se encuentran en los sectores altos y medios.

Posiblemente, las clases más bajas ya no esperan nada, afianzadas en la política del cortoplacismo que apenas les faculta pensar en el hoy como mañana.

En este contexto, prima la hipótesis que en Agosto se ha de votar lo que en rigor se votará en Octubre, y el sentimiento que prevalece es el de la más absoluta desidia. Los spots de campaña no sólo no dicen nada sino que agreden con la hipocresía y la falacia. 

Las peroratas de candidatos en espacios televisivos son harto conocidas por los argentinos. Si acaso se transmitiera un programa grabado hace dos o más años poco o nada variaría.

En gran medida se ve un todos contra todos pero, la paradoja, es que ahora todos son lo mismo, o parecidos. Subidos a este teatro somos como Mersault, ese extranjero de Albert Camus viviendo una angustiosa situación que lo lleva a sentirse extraño en su propio medio, íntimamente ajeno al alcance moral de sus actos. La pregunta que debería hacerse apunta a desentrañar el por qué de este cuadro donde los colores se destiñen y el negro parece ganarle al blanco.

La respuesta es tan compleja de llevar a cabo como sencilla de ser formulada por cualquier ciudadano. La raíz de este mal que parece tornarse crónico se halla en una palabra que no debería pasar desapercibida y esa palabra es: impunidad.

¿Cómo creer si nunca hay culpable de los males? ¿Cómo apostar si nadie se hace cargo de los errores? Y esos errores además se traducen en vidas perdidas por el virus más feroz que está descomponiendo todo el organismo social: la corrupción.

En el año 2005, el entonces arzobispo de nuestro país, Jorge Mario Bergoglio sostenía que “toda corrupción crece y a la vez se expresa en una atmósfera de triunfalismo. El corrupto tiene cara de ‘yo no fui’ y ante cualquier crítica descalifica, se erige en juez de los demás

En ese marco realiza la más “escandalosa” afirmación: “El pecado se perdona; la corrupción, sin embargo, no puede ser perdonada”. Ayer lo dijo Bergoglio, hoy lo dice el Papa…

Recientemente, Ángel García, presidente de Mensajeros de la Paz y Premio Príncipe de Asturias de la Concordia fue más allá: “La humanidad viene perdonando a los corruptos que han creado décadas infames en todo el orbe humano pero la corrupción en sí misma es un delito de lesa humanidad, equivalente a un genocidio, porque su daño es brutal, dramático, inaceptable… y lamentablemente irreversible, ya que nadie devuelve a nadie los destinos sacrificados para favorecer las avaricias y las angurrias de los escasos de alma”

Basta con recordar, por poner solo un ejemplo, a los muertos en Once para entender por qué no es exagerada la sentencia mencionada. La plata que está en los bienes de Ricardo Jaime, de Julio De Vido, de Lázaro Báez y de Cristina Fernández (la enumeración sería extensa por demás) son los frenos del Sarmiento, los algodones y gasas que faltan en hospitales, son las inundaciones de La Plata… Si ello no reviste gravedad para la sociedad en su conjunto, entonces el problema no es más la dirigencia sino quienes nos dejamos robar la vida por esta.

Hoy por hoy el Estado es un mero agente recaudador sin función social alguna. Se viene perdonando a los corruptos que han creado décadas infames. Puede ser un mal generalizado pero Argentina lamentablemente está a la cabeza por la simple razón que la gobierna la personificación de la corrupción.

Únicamente entendiendo eso, se explica la utilización ruin de un cáncer para hacer campaña proselitista. Jugar con la lástima debería tener un costo imposible de saldar de aquí a la eternidad. La actitud, en ese sentido, de Martín Insaurralde tira por la borda lo positivo que haya podido hacer en su gestión municipal.

Hay que votar conductas, ideas, pero sobre todo valores porque la crisis mayor en el país pasa por la inmoralidad y hasta tanto ese germen no se erradique, la salida es imposible. ¿Cómo restaurar una ética perdida? Condenando a aquel que actúa contra ella. En tanto la impunidad sea moneda corriente, y el tedio la actitud general, poco se puede esperar.

Cuando un corrupto está en el ejercicio del poder, implicará siempre a otros en su propia corrupción, los rebajará a su medida y los hará cómplices. Y esto en un ambiente que se impone por sí mismo en su estilo de triunfo, ambiente triunfalista de pan y circo. El pecado y la tentación son contagiosos pero la corrupción es proselitista. No es un acto, sino un estado, estado personal y social, en el que uno se acostumbra a vivir. Los valores (o desvalores) de la corrupción son integrados en una verdadera cultura, con capacidad doctrinal, lenguaje propio, modo de proceder peculiar. Es una cultura de pigmeización por cuanto convoca prosélitos para abajarlos al nivel de la complicidad admitida. (…) Es una cultura de restar; se resta realidad en pro de la aparienciaLa trascendencia se va haciendo cada vez más acá, es inmanencia casi, o a lo más una trascendencia de salón” Jorge Bergoglio en su escrito “Corrupción y Pecado”, año 2005

Poco o nada se puede agregar. Felices parecían ser aquellos tiempos en que la Argentina estaba en crisis por el mal manejo de la economía no más. En ese entonces, un cambio de ministros podía solucionar la conflictividad.

Hoy la crisis es otra y se aleja de ser un tema meramente ministerial para pasar a ser un asunto social donde cada uno de los habitantes debe tomar la decisión de ser las 24 horas de los 365 días del año, ciudadano.

(*) Gabriela Pousa es Analista Política en Medios, Licenciada en Comunicación Social y Periodismo (Universidad del Salvador), Analista Política y Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Directora de “Perspectiva Políticas”. Artículo publicado el 28 de Julio de 2013.


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¡Hagamos Lío!

Por Enrique Avogadro (*)
“La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”. José de San Martín

A la luz de los hechos producidos en Rio de Janeiro por S.S. Francisco, que tanto han impactado en el mundo entero y, en especial, en su patria de nacimiento, sobre los cuales mucho se ha escrito y dicho (lo mejor, sin dudas, fue la columna de hoy en Perfil, firmada por Alfredo Leuco), sólo cabe, a quienes contamos ya demasiadas primaveras, el recuerdo de otro acontecimiento religioso que, décadas atrás, fue una bisagra en la historia de la Argentina.
 
La Presidente, para permitirnos reflexionar acerca de cuánta razón tenía el General San Martín, no pudo menos que comparar al Papa con don Néstor (q.e.p.d.), olvidando cuántos billetes, todos ellos manchados en la sangre de los muertos de Once y Castelar, en el hambre de los niños y de las comunidades más pobres del Norte y en las míseras chabolas que rodean a nuestras ciudades, tienen las bóvedas de Santa Cruz.
 
Mientras esa luz de esperanza se irradiaba desde Brasil, aquí las barrabasadas del cristinismo hicieron la vida imposible a los porteños, que debieron sufrir un infernal caos producido por la protesta de ciento cincuenta individuos que no encontraron nada mejor, pese a tratarse de empleados municipales de la Provincia de Buenos Aires, que cortar completamente la Avda. 9 de Julio. Los habitantes de Villa Urquiza, por su parte, no pudieron recibir los beneficios de la prolongación del subterráneo hasta su barrio por “disconformidad” de los metrodelegados kirchneristas.
 
El otro hecho significativo aquí fue el fracaso legislativo de la pretensión presidencial de encumbrar al cargo más alto del escalafón militar al General César Milani, ahora empujado por el CELS y el Perro Verbitsky al mundo de los jueces corruptos y prevaricadores que mantienen en las cárceles a 1200 imputados –muchos de ellos sin sentencia- por acontecimientos ocurridos hace casi cuarenta años y cuyo promedio de edad es  de 77 años, amén de los más de doscientos muertos en cautiverio por las sevicias aplicadas y por la falta de atención médica. Baste recordar, a modo de ejemplo, el caso del Almirante Antonio Vañek, que la semana próxima cumplirá 89 años, a quien, después de soportar quince años de prisión domiciliaria, se ha encerrado en estos días en el penal de Marcos Paz.
 
Si pensamos en la curiosidad que representa la eximición de prisión concedida por la Sala de Feria de la Cámara Federal de Apelaciones, cuando es de Perogrullo que existe peligro de fuga –¡estuvo prófugo una semana!-, alteró y sustrajo pruebas –también está procesado por ello- y puede poner en riesgo las investigaciones, por su amistad con el poder, resultará interesante ver qué rasero usarán los magistrados cuando, más temprano que tarde, el Espión se vea ante sus estrados.
 
Dejemos ahora de lado la actualidad y tratemos de pensar en el futuro, ése que heredará el próximo ocupante de la Casa Rosada; doña Cristina, y su antecesor, dejarán problemas de tal magnitud que pondrán en serio riesgo nuestra existencia misma como nación independiente.
 
La sideral dependencia argentina de las importaciones de combustibles, que este año alcanzarán a los US$ 13.000 millones, y que se incrementarán acumulativamente a razón de US$ 3.000 millones anuales por los próximos diez años, será la principal preocupación. Hoy, se recurre a la generación de agrodólares y a las reservas del Banco Central para pagarlas, pero ambas fuentes de divisas se encuentran en franca declinación, y nadie ha dicho cómo piensa enfrentar el problema en caso de resultar electo.
 
Por su parte, la ideologizada guerra contra el campo, que ha producido la virtual desaparición de la carne argentina de los mercados mundiales, a punto tal que ni siquiera se puede cumplir con la cuota Hilton (la frutilla de ese postre), y del trigo, por la incapacidad de atender a la demanda interna, tiene otros factores que complican el futuro inmediato.
 
La demarcación del dólar oficial (utilizado para las transacciones de los exportadores) respecto del blue (indispensable a la hora de importar insumos agrícolas), y el incremento de los fletes, producto tanto de la monstruosa obsolescencia de la infraestructura vial y ferroviaria como de los aumentos en el precio del gasoil importado, están achicando esas nuevas fronteras, y condenan a las economías regionales, que con tanto esfuerzo habían encontrado nichos externos para sus productos, a la muerte por inanición.
 
El aislamiento internacional de la Argentina, generada por la falta de cumplimiento de sus compromisos financieros (CIADE y Club de París), de la falsificación de las estadísticas públicas y de la inexistencia de seguridad jurídica (“un concepto horroroso”, dijo Kiciloff), tampoco permitirán al nuevo mandatario –quien quiera que sea- acceder a los mercados de crédito en forma inmediata, además de haberse comenzado a encarecer el dinero antes fácil y barato que tanto benefició a los demás países de la región; sin esa financiación, dada la carencia de ahorro interno, resultará harto difícil poner al día la infraestructura nacional –vial, ferroviaria, portuaria y de comunicaciones-, que se está cayendo a pedazos.
 
Desarmar la maraña infernal de subsidios de todo tipo que esta “década ganada” ha creado requerirá, ahora sí, de una sintonía fina y, casi, de una cirugía microscópica, ya que existen hoy miles de compatriotas que los necesitan para no sucumbir. Respecto a los planes del tipo “Trabajar”, tal vez la solución pase por transformarlos en contribuciones temporales a su salario. Los demás subsidios –electricidad, gas, transporte- deben dejar de ser universales y mantenerse sólo para aquellas personas que acrediten su necesidad.
 
El descarado saqueo a todas las cajas del Estado, incluidos los bonos en moneda extranjera, sumado a la indiscriminada jubilación de tantas personas que nunca habían aportado, llevará a mediano plazo al colapso del sistema previsional; evitarlo, en medio de la situación descripta más arriba, requerirá de mucha imaginación. Mientras tanto, en materia de asignaciones familiares, deberían recrearse las cajas compensatorias que, gobernadas por empresarios y trabajadores, funcionaron con tanto éxito hasta la década de los 90’s y que fueron inexplicablemente disueltas por Carlos Menem.
 
Una parte significativa del campo minado que la Presidente dejará a su sucesor está constituido por el narcotráfico, ignorado por el Gobierno y sus personeros de un modo tal que se los puede considerar cómplices. En este tema, tampoco hay mucho que inventar, ya que existen experiencias en el mundo que pueden ser traspoladas sin más a la Argentina.
 
La educación que, pese a la mayor asignación de fondos en los presupuestos nacionales y provinciales, cada vez empeora en nuestro país, deberá ser un asunto prioritario para la futura administración, ya que está condenando a generaciones enteras a escasas posibilidades de inserción en los mercados laborales, amén de carecer de imprescindibles graduados en profesiones que el país indispensablemente necesita. Contamos con los suficientes expertos –Guadagni, Llach, etc.- como para encarar las reformas necesarias, que deberán incluir la recuperación del principio de autoridad de los educadores, la permanente evaluación de éstos y de los establecimientos educativos y, como digo, la priorización y el fomento de las profesiones que la Argentina necesitará para su crecimiento y desarrollo.
 
Pero, sobre todo y como nos pidió el Papa a todos nosotros, debemos convertirnos en activos militantes de la paz y la concordia, de la justicia y de la reconciliación,  parte de lo cual pasa, sin dudas, por el respeto irrestricto a la Constitución Nacional, ese indispensable pacto que hemos firmado como manual de convivencia cívica, pero que tanto ignoramos y mancillamos.
 
Sólo la esclavitud ante la ley nos hará verdaderamente libres, y el 8 de agosto debemos salir a pregonarlo así en todas las calles y plazas de la Argentina.

(*) Enrique G. Avogadro. Abogado.

Fuente: Comunicación personal del autor
Bs.As., 28 Jul 13

Igualdad de oportunidades

Por Gabriel Boragina (*)

Es bastante difícil encontrar personas que no estén a favor de la "igualdad de oportunidades", pero -al mismo tiempo- no es menos dificultoso hallar quienes se hayan detenido a pensar si lograr dicha meta es fácticamente posible, siquiera en alguna medida mínima.

Lamentablemente, lo que se ha dado en llamar el ideal igualitario o igualitarista, es imposible de ser alcanzado -y esto último- no por defectos o malas intenciones en (o de) la naturaleza humana, sino por motivos más de fondo, que radican -en última instancia- en circunstancias fácticas, de tipo físico (incluido el biológico) y psicológico.

El Dr. Krause explica:
"Entre las tantas cosas que nuestras sociedades modernas demandan de sus gobernantes se encuentra extendida aquella que se resume en la frase "igualdad de oportunidades". No obstante, a poco que pensemos sobre ello nos daremos cuenta que la misma, en su sentido literal, es imposible. El conocimiento se encuentra inevitablemente disperso, como también los talentos y capacidades, y así también los recursos.

Es más, si efectivamente lográramos tener un gobierno que alcanzara dicho objetivo, sería uno en el cual se extinguiría todo vestigio de libertad individual y el respeto por muchos de los derechos que ahora también exigimos que esos gobiernos respeten y garanticen. Tenemos distintas preferencias y nos proponemos alcanzar distintos fines en nuestras vidas y ése es un conocimiento que sería imposible transmitir a un agente tal como el gobierno para que nos lo otorgue.

La función del gobierno, entonces, no puede ser garantizarnos ciertos resultados particulares a cada uno de nosotros sino generar ciertas condiciones generales en las que tengamos “más” oportunidades para perseguir, y eventualmente alcanzar, cualesquiera que sean nuestros objetivos particulares. Es mantener dicho orden, formado por un marco de normas, tanto formales como informales, que tampoco el gobierno mismo ha generado en su totalidad sino que es el resultado de largos procesos evolutivos."[1]

"Inclusión social"

En los últimos tiempos se ha puesto de moda otra alocución que se usa en lugar del ya clásico eslogan de la "igualdad de oportunidades", y el que ya se ha convertido en una muletilla de políticos, periodistas y muchas otras personas, que hablan incesantemente de la "inclusión social". Sin embargo, nadie acierta a definir con exactitud a qué se quiere referir con esta novedosa fórmula, lo que no impide, a poco que quien intente explicarla lo haga, descubrir que detrás de esta nueva expresión no encontramos otra cosa que a nuestra antigua conocida "igualdad de oportunidades". Parece ser que esta es una nueva estrategia de "progresistas" y "populistas" para escapar a la necesidad de probar cómo sería posible conseguir aquella utópica "igualdad de oportunidades". No obstante, el punto de estos "modernos" demagogos sigue siendo esta hipotética "igualdad" imposible de obtener.

La "inclusión" que se pide, es la de los "desfavorecidos" en el círculo de los "favorecidos", y esta declamada "inclusión" sólo podría lograrse mediante el añejo expediente de quitarles a aquellos "favorecidos" lo que les pertenece, y entregárselo a los que no les pertenece (los "desfavorecidos"), con lo que nos volvemos a topar con otro eslogan mas pretérito aun: el de "la justicia social", que ya hemos examinado otras veces. Y si se negara, diciendo que se tratan de "cosas diferentes", ello nos llevaría de retorno al concepto de "igualdad de oportunidades".
 "La "igualdad de oportunidades" carece de trascendencia en los combates pugilísticos y en los certámenes de belleza, como en cualquier otra esfera en que se plantee competencia, ya sea de índole biológica o social. La inmensa mayoría, en razón a nuestra estructura fisiológica, tenemos vedado el acceso a los honores reservados a los grandes púgiles y a las reinas de la beldad. Son muy pocos quienes en el mercado laboral pueden competir como cantantes de ópera o estrellas de la pantalla. Para la investigación teórica, las mejores oportunidades las tienen los profesores universitarios. Miles de ellos, sin embargo, pasan sin dejar rastro alguno en el mundo de las ideas y de los avances científicos, mientras muchos outsiders suplen con celo y capacidad su desventaja inicial y, mediante magníficos trabajos, logran conquistar fama."[2]

Casi todos los gobiernos -y no sólo los populistas y progresistas que venimos sufriendo desde hace décadas-, persiguen la utopía igualitaria, y buscan ese mundo plano y chato en el que nadie sobresalga ni destaque sobre su prójimo. Lo que obtienen es la paralización del progreso y del mejoramiento humano, al tiempo que las riquezas y el poder económico se acumulan en manos de una clase política que, habiendo pasado por el poder o permaneciendo en el mismo en cualquiera que sea sus niveles, es cada vez menos igual a aquellas masas de gentes que demagógicamente dicen que quieren "igualar en oportunidades". La única "igualdad de oportunidades" que jamás estarán dispuestos a compartir es la oportunidad de hacerse con el poder absoluto y totalitario con el cual someten a sus gobernados. Prueba de ello, son las demagogias sudamericanas en manos de los Kirchner en Argentina, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador y el comunismo chavista venezolano.

El sistema que brinda mayores oportunidades para todos es el capitalismo, como lo explica el Dr. Mansueti cuando dice de él:
"No es perfecto, aunque es muy superior a cualquier otro para generar ahorros e inversiones, que llevan a la formación o “acumulación” de capital. Es ideal para los trabajadores, porque la competencia incrementa sus oportunidades de empleo y opciones para escoger entre numerosos empleadores, y la acumulación de capital aumenta su productividad e ingresos reales. Y quienes mejor lo saben son los propios obreros: ellos se trasladan, casi siempre con sacrificios y altos costos, desde sitios donde hay relativamente menos libertades y oportunidades, a destinos donde hay (relativamente) más; y nunca a la inversa."[3]
  
Referencias:
[1] Martín Krause. Índice de Calidad Institucional 2012, pág. 6 y 7
[2] Ludwig von Mises, La acción humana, tratado de economía. Unión Editorial, S.A., cuarta edición. Pág. 424-425
[3] Alberto Mansueti. Las leyes malas (y el camino de salida). Guatemala, octubre de 2009, pág. 66-67
(*) Gabriel Boragina. Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas. Egresado de ESEADE (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas). Presidente del CFi (Centro de Estudios Económicos,Filosóficos y Políticos). Director del curso sobre Escuela Austriaca de Economía,dictado por el Centro de Educación a Distancia para los Estudios Económicos (CEDEPE). Director del Departamento de Derecho Financiero del INAE (Instituto Argentino de Economía). Colaborador de "Contribuciones a la Economía"; revista académica de amplia difusión mundial publicada por el Departamento de Economía de la Universidad de Málaga. Columnista de "La Historia Paralela",revista crítica de política y economía internacional. Ex columnista y sponsor de la revista Sociedad Libre y de la revista Atlas del Sud. Ex presidente de ESEDEC (Escuela de Educación Económica). Profesor de Elementos de Análisis Económico y Financiero en la UNBA. Ex profesor de la materia universitaria Política Económica Argentina; de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA; de Finanzas y Derecho Tributario de la Universidad Abierta Interamericana (UAI).

9 de cada 10 trabajadores no estan alcanzados por ganancias

Por IDESA (*)
Entre un cuarto y un tercio de los asalariados formales pagan impuesto a las ganancias. Pero si se considera a los trabajadores informales, que mayoritariamente son de bajos salarios, el impacto se reduce a sólo el 10% del total de trabajadores. En este marco, reducir la incidencia del impuesto a las ganancias sin previamente disminuir gastos improductivos del Estado –como se acaba de disponer con el medio aguinaldo y propone gran parte de la oposición– es un cambio regresivo porque necesariamente lleva a aumentar la carga de otros tributos, como el impuesto inflacionario, que recaen sobre la gran mayoría que tiene bajos ingresos. 

La no actualización de los parámetros del impuesto a las ganancias ha llevado a que crezca la cantidad de trabajadores alcanzados por el impuesto y el monto que pagan. Como reacción a este fenómeno pululan las iniciativas tendientes a reducir la incidencia del impuesto a las ganancias a los trabajadores. Para compensar la pérdida fiscal, se propone en paralelo eliminar la exención que gozan las rentas financieras.

La propuesta suena políticamente atractiva, pero carece de consistencia financiera. Las exenciones a la renta financiera alcanzan a los intereses de caja de ahorro y plazo fijo, las rentas de títulos públicos y la compraventa de acciones y valores que cotizan en bolsa y el mercado de valores, las cuales implican, según estimaciones del Ministerio de Economía, una recaudación no efectuada del orden de los $5.270 millones. Es decir, apenas el 4% de la recaudación total del impuesto a las ganancias. Si bien por consideraciones de equidad tributaria sería pertinente revisar estas, y otras, exenciones en ningún caso tienen volumen suficiente para compensar la reducción del impuesto a las ganancias sobre los trabajadores.

El planteo de reducir el impuesto a las ganancias de los trabajadores también debe ser evaluado desde el punto de vista de la equidad. En este sentido, los datos de la encuesta de hogares del INDEC para el 1° trimestre del 2013 muestran que:    
·         La remuneración promedio considerando a todos los ocupados (asalariados registrados y no registrados, y cuentapropistas) es de $4.232 mensuales.
·         El 90% obtiene una remuneración mensual por debajo de $8.000 mensuales.
·         El 10% restante tiene remuneraciones superiores a los $8.000.

Dado que aproximadamente $8.000 mensuales es el umbral a partir del cual se empieza a pagar el impuesto a las ganancias, estos datos muestran que el impuesto afecta a apenas el 10% de los trabajadores. En contrapartida, 9 de cada 10 trabajadores tiene ingresos por debajo del umbral a partir del cual se empieza a aplicar el impuesto. Esto implica que disminuir la incidencia del impuesto a las ganancias de los trabajadores aumenta la regresividad en la distribución personal del ingreso. La conclusión es aún más contundente si se incluyen a los jubilados ya que tres cuarta partes cobran el haber mínimo ($2.165).

Ciertamente que una remuneración de $8.000 no es alta sino que apenas permite alcanzar un nivel de vida razonable. El punto es que el nivel de deterioro que prevalece en el mercado de trabajo es tan grande que alcanza con superar esa modesta remuneración para ubicarse entre el 10% de los trabajadores con más altos ingresos. La explicación es que la pirámide salarial se compone de una muy alta proporción de trabajadores informales (prácticamente la mitad) los cuales reciben remuneraciones muy bajas.

El inédito aumento de la presión tributaria de la última década reposa sobre impuestos que inciden sobre las familias de más bajos ingresos. Entre los más importantes está el IVA, ingresos brutos, cargas sociales y el impuesto inflacionario. Estos impuestos tienen la particularidad, a diferencia de ganancias, de no ser explícitos. Por eso reducir la incidencia del impuesto a las ganancias, cuyo cobro se percibe de manera directa en el recibo de sueldo del trabajador, resulta políticamente muy atractiva. Pero si se lo hace sin previamente disminuir gasto público improductivo –como se anunció con el medio aguinaldo y propone gran parte de la oposición– conduce necesariamente a aumentar la incidencia de los otros impuestos. De esta forma, se sustituye un impuesto progresivo (impuesto a las ganancias) por otros mucho más regresivos (por ejemplo, el impuesto inflacionario). Desde el punto de vista de la equidad distributiva es difícil imaginar una alternativa más regresiva.


En lugar de alimentar el debate inconducente y cargado de hipocresía sobre el impuesto a las ganancias, la prioridad debería ser mejorar la organización del Estado. Con gasto público y regulaciones de mejor calidad se podría inducir un proceso sostenido de inversiones que permitirían elevar los paupérrimos niveles de remuneraciones que sufre gran parte de la población. Así, se podría reducir la presión tributaria, priorizando la eliminación de aquellos impuestos que recaen sobre las familias más pobres.
(*) IDESA. Informe Nº 504 del 28 de Julio de 2013


miércoles, 24 de julio de 2013

La asignación universal por hijo perpetúa la pobreza

Por IDESA (*)
La política que mayor aceptación convoca es la Asignación Universal por Hijo. El oficialismo la reivindica como un gran logro y la oposición no presenta críticas, salvo formalidades como que no fue aprobada por ley sino por decreto. Ambos pasan por alto que, debido a su rudimentario diseño, probablemente esté promoviendo la reproducción intergeneracional de la pobreza más que un proceso sostenido de inclusión social. Las experiencias acumuladas localmente y de otros países sugieren que hay elementos de diseño y gestión que se deberían mejorar.

La Asignación Universal por Hijo es uno de los pocos casos de política pública que congrega un alto nivel de consenso. Prueba de ello es que la mayor parte de la oposición no cuestiona  su diseño ni su gestión. A lo sumo, plantea cuestionamientos de tipo formal como, por ejemplo, que no fue sancionada por una ley del Congreso Nacional sino por un decreto de necesidad de urgencia. Parecería que se trata de una intervención de impactos muy positivos sobre la que habría poco por mejorar.

El programa consiste en un estipendio que se otorga a madres inactivas o que trabajen en la informalidad o en el servicio doméstico con una remuneración inferior al salario mínimo. El 80% se paga de forma mensual y el 20% restante está condicionado a que la madre cumpla con controles sanitarios y asistencia escolar de los niños. En la actualidad se paga $460 por hijo, hasta cinco hijos. Esto implica que se puede recibir hasta $2.300 mensuales.

Un tema complejo pero central como determinante del éxito de las políticas sociales es desentrañar los incentivos que los beneficios generan en la propensión a trabajar de los beneficiarios. En este sentido, la información oficial del INDEC correspondiente al 4° trimestre del 2012 permite observar que:  
·         Las mujeres que tienen empleo en el sector informal cobran en promedio $2.073 mensuales trabajando una media de 32 horas semanales.
·         Las mujeres en el servicio doméstico obtienen una remuneración de $1.220 mensuales trabajando una media de 29 horas semanales.
·         Es decir que, para una mujer con bajo nivel de calificación laboral y varios hijos, el subsidio estatal es similar a la remuneración que obtiene en el mercado laboral.
Estos datos oficiales desnudan la gravedad de los problemas laborales que sufren los segmentos más postergados de la sociedad. Dadas las precarias oportunidades laborales que enfrentan las mujeres con bajos niveles de calificación, la inactividad –es decir, no incorporarse al mercado laboral para desempeñar un empleo remunerado– es una alternativa siempre latente. Con el actual diseño de la Asignación Universal por Hijo no sólo que no se revierten estos incentivos a la inactividad laboral de las mujeres sino que se acrecientan. Cabe alertar que, en la inactividad laboral, la dependencia del subsidio tiende a perpetuarse ya que se cierran las puertas a que el progreso y la salida de la pobreza sea  por la vía del trabajo y el esfuerzo propio.  

También hay que considerar los riesgos de alterar la planificación de la maternidad. Con datos del INDEC se puede estimar que entre las mujeres menores de 25 años que tienen hijos la proporción que no estudia, no trabaja, ni busca trabajo asciende al 57%. Esta proporción entre las que no tienen hijos asciende a apenas 17%. Madres que no estudian, ni trabajan no sólo condicionan la situación presente sino el futuro de sus hijos. Está demostrado que a menor nivel de educación de las madres más modesto es el desempeño escolar de los niños.

Argentina no ha innovado, ni mucho menos, con la Asignación Universal por Hijo. Varios países de América Latina –como México, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Uruguay y Brasil– habían implementado antes que la Argentina intervenciones similares (técnicamente llamadas programas de transferencias condicionadas). Por eso, resulta muy llamativa la rusticidad del diseño en el caso argentino. Los abordajes de Chile, Uruguay, Brasil, por ejemplo, son más sofisticados ya que apuntan a evitar que el subsidio se multiplique proporcionalmente con la cantidad de hijos y lo complementan con acciones de planificación familiar, guarderías infantiles, apoyo escolar y/o formación para el trabajo.

El amplio consenso que goza la Asignación Universal por Hijo debería ser aprovechado para la evaluación crítica y propender a mejorar su diseño y gestión. Sólo de esta manera se podrá convertir a la Asignación Universal por Hijo en una herramienta eficaz de promoción social. Es decir, migrar del “asistencialismo a perpetuidad” hacia un instrumento moderno de promoción de las familias pobres para salir de la trampa de la vulnerabilidad.   
(*) IDESA. Informe Nº 502 del 14 de Julio de 2013

Producción de petróleo cayó al nivel de hace 20 años atrás

Por IDESA (*)
En la última década, el país sufrió un retraso sin precedentes en su capacidad de producción petrolera. El origen de este proceso es la aplicación sistemática de regulaciones irracionales que combinan prohibiciones, privilegios, malos impuestos y subsidios poco transparentes. En este contexto, el acuerdo de YPF con Chevron no es ni la “salvación” ni la “entrega” sino una manera de perseverar en el fracaso ya que se insiste con la misma lógica de malas regulaciones. Para revertir el retroceso y lograr resultados positivos se necesita imponer mejores reglas de juego.

Desde la crisis del año 2002 se multiplican los problemas en el sector petrolero. Primero fue el control de los precios y la elevación de los derechos de exportación para atenuar el impacto de la megadevaluación. Al utilizar paliativos coyunturales e improvisados, se produjo un fuerte desaliento a la inversión. Esto provocó reducción en las exportaciones y luego pasar a ser importador de combustibles. El fracaso fue la excusa para legitimar la estatización de YPF apelando a un controvertido proceso de expropiación cuya resolución todavía está pendiente. Ahora, ante la insuficiencia de fondos para financiar inversiones, YPF avanza en un acuerdo con la empresa Chevron. Esta es la nueva apuesta con la que se espera revertir la caída en las inversiones petroleras.

Para contextualizar los resultados producidos con estos vaivenes en la política petrolera resulta muy ilustrativo analizar la serie histórica de producción de petróleo en la Argentina en los últimos 60 años. Según información publicada por el Instituto Argentino de Petróleo y Gas se observa que:    
·         Entre los años 1958 y 1972 se dio la primera gran ola inversora en el sector petrolero pasando la producción de 6 a 25 millones de metros cúbicos por año.
·         Luego de 2 décadas de estancamiento, entre los años 1991 y 1998 se dio la segunda gran ola inversora aumentando la producción de 29 a 49 millones de metros cúbicos por año.
·         En el año 1999 se inicia un proceso de involución que lleva a que en el año 2013 la producción de petróleo caiga a 33 millones de metros cúbicos por año.
Estos datos muestran que la degradación de los últimos años fue mucho más profunda que la registrada en las décadas de los ´70 y ´80, a tal punto que hizo involucionar la producción petrolera al nivel que había prácticamente hace 20 años atrás. El resultado es que se consumió toda la capacidad de producción desarrollada en la segunda ola inversora que se produjo en la década de los ´90.  

En este contexto, se anuncia el “Régimen de Promoción de Inversión para la Explotación de Hidrocarburos” en el marco de la Soberanía Carburífera. Se trata de una nueva regulación diseñada “a medida” del acuerdo con Chevron. Entre los puntos más importantes se destaca el establecer que si una empresa invierte más de $1.000 millones en 5 años, podrá exportar 20% de su producción sin pagar derechos de exportación y disponer libremente de esas divisas. El incentivo se mantiene incluso si por falta de abastecimiento interno debiera vender esa cuota internamente, ya que recibirá el equivalente al precio internacional sin derechos de exportación y pudiendo convertir ese ingreso a dólares al tipo de cambio oficial.

Más paradójico que aprobar un beneficio especial para Chevron declamando soberanía es que se fije como régimen de “promoción” lo que el sentido común indica que debería ser la regla general. En lugar de permitir exportar y disponer libremente de los dólares generados a todos los operadores, se impone una maraña de regulaciones irracionales que producen caída de la inversión, la que luego es utilizada para legitimar complejas excepciones generadoras de “nichos” de negocios oscuros. Habría menos corrupción y más incentivos a la inversión productiva generalizando este “privilegio” de poder exportar y disponer de las divisas a todas las empresas de todos los sectores. 


El sector energético ilustra la lógica de las políticas públicas que se vienen aplicando en la última década. Es decir, la subestimación –no sólo del Gobierno sino de gran parte de la clase dirigente– de la relevancia que tiene la calidad de las instituciones. Mientras oficialismo y oposición distraen esfuerzos discutiendo las cualidades financieras, técnicas y/o éticas de Chevron, pasan por alto que lo importante no es la empresa sino las reglas de juego que se aplican. Empresas bien intencionadas, bajo regulaciones deficientes, fatalmente generan malos resultados; en igual sentido, empresas mal intencionadas no tienen siquiera cabida cuando el diseño de reglas de juego que se aplican es bueno.  
(*) IDESA. Informe Nº 503, del 21 de Julio de 2013

La dinámica perversa del peronismo

Por Jorge Asís (*)
A los efectos de intensificar la agonía largamente anunciada del kirchner-cristinismo, Sergio Massa, La Rata del Tigre, se desprende del tronco original.
Territorialmente Massa intenta ser -para La Doctora- lo que fue Néstor Kirchner, El Furia, para Eduardo Duhalde, El Piloto de Tormentas (generadas).
La extensión prematura del certificado de defunción política.
Para que La Doctora deje, en la práctica, de fastidiar, y pase a ser un rápido recuerdo. Como Duhalde. O Menem.

Los opositores estables de la nomenklatura (que complementan la placidez del oficialismo), a pesar de ser portadores de desconfianza y de escepticismo, no terminan de habituarse a la dinámica perversa que suele presentar, históricamente, el peronismo. Un fenómeno maldito que se convirtió en una fuente de trabajo. La administración del poder. Y sus fructíferos derivados.

Sin ir más lejos, en 2005 la víctima de la dinámica fue Ricardo López Murphy, El Bull Dog-Gato. Uno de los cuadros intelectuales que Argentina se permite desperdiciar.

La dinámica perversa del peronismoLM creyó -en 2005- que no iba a existir, al final, ninguna ruptura entre Kirchner y Duhalde. Pretendía ser el senador por la minoría y apostó a que la señora Hilda, alias Chiche, y la señora Cristina, La Doctora, iban, en el fondo, a arreglar.
Pero la ruptura se profundizó. Y el peronismo, en sus dos vertientes, se llevó los tres senadores. La dinámica perversa se lo llevó puesto a LM. Cayó por hacer lo que correspondía. Si quería crecer de verdad en el oficio tenía que hacerse fuerte en la provincia (inviable) de Buenos Aires. Se quedó afuera.

Buenos Aires Inviable ofrece, en 2013, un escenario equiparable. Sin estar en juego las bancas del senado, sino las masivas diputaciones.
Se instiga a la equivocada creencia de cualquier ser normal: que Massa y Martín Insaurralde representan -en el fondo- lo mismo. Incluso hasta es probable que sea cierto. Como podía creerse en 2005 de Chiche y La Doctora, que disputaban la gloria o el ostracismo de sus maridos.
Pero hoy la víctima de la dinámica es asombrosamente Francisco de Narváez, El Caudillo Popular. Otro traficante de peronismo.
La dinámica perversa del peronismoEn aquel 2005, cuando aún la ponía, Narváez quedó abrazado a Duhalde. Pero con mayor sorpresa aún emerge también como víctima otro pícaro, su actual aliado. Hugo Moyano, El Charol, que en 2005 estaba atado al carro de los vencedores, Kirchner y La Doctora. Mientras Narváez, en sus primeras armas -reitérase, cuando la ponía- persistió en la carrindanga del vencido.
En adelante, Duhalde no se iba a recuperar. Como tampoco iba a recuperarse Menem. Al que Duhalde, con perversidad de ajedrecista, lo había vaciado, en 2003.

Demasiada experiencia acumulada para ignorar lo elemental. Lo básico. Que el peronismo, cuando amenaza con partirse, se parte de verdad. Suele cortarse por la cabeza.
Para abajo proliferan generalmente los realineamientos. Los saltos de garrocha, de los vencidos que generosamente acuden a ofrecer los servicios al triunfador. Para acompañarlo.

El Rey del Compás

En cierto modo, la escuadra de Massa se asemeja a la orquesta típica del Rey del Compás, Juan D’Arienzo.

D’Arienzo utilizaba frescos jóvenes como vocalistas para demostrar que la vejez persistía.
De ser cretinos, o efectistas, podría inducirse en el texto que el D’Arienzo de esta orquesta es Héctor Magnetto. Sería una infamia, pero también una injusticia.
Para colmo, en 2013, mezclados entre los innovadores vocalistas de la escuadra de Massa se encuentran dos grandes expertos en la perversidad de los ciclos descriptos. Aunque en realidad son tres.
Uno es Felipe Solá, Crédito del Portal, Máximo Cuadro del Felipismo. Junto a Florencio Randazzo, cuando aún era El Killer, Felipe resultó fundamental para la sociedad político-conyugal de El Furia y La Doctora. Para perforarle la provincia a Duhalde.
La dinámica perversa del peronismoEn armónica coherencia, hoy Solá colabora con la sociedad Massa-Giustozzi para perforarle la provincia a La Doctora (aunque quien se pone la causa de La Doctora al hombro para evitarlo es Scioli, El Líder de la Línea Aire y Sol, que se merece un próximo despacho piadosamente diferenciado).
Mientras tanto Randazzo olvidó la condición de Killer para convertirse en un bailarín inadvertido de la compañía.

Otro baluarte de la orquesta es José Ignacio de Mendiguren, El Devaluador. También resultó sustancial en el periodo de la máxima referencia histórica de Duhalde.
Devaluación + Pesificación. Fórmula providencial que generó la más espeluznante transferencia de recursos que se tenga memoria. Sin embargo El Devaluador aún se mantiene en pie, cerca de la ventanilla, dispuesto, otra vez, a cobrar.

Otro es Tito Lusiardo, alias Juanjo Alvárez, un sobreviviente de mil batallas que aprendió mucho más de lo necesario.
En 2013 Juanjo hace, para Massa, el mismo trabajo que hizo oportunamente para Duhalde. Y podía haberlo hecho también para El Furia. De no haberse -irresponsablemente- muerto.

Acción y aventura

Isidoro Blaisten, el escritor que siempre nos falta, dijo:
“Mujeres hay nada más que once, lo que pasa es que van rotando”.
Con los peronistas pasa lo mismo. Rotan.

El López Murphy de esta fábula triste, hasta aquí, pasa a ser Narváez.
El Caudillo Popular podría reaccionar a tiempo, a los efectos de no toparse, de pronto, con un destino probablemente similar al del Bull Dog-Gato.
Al que no lo arrastra a Moyano. El Charol cuenta con mayores recursos para la eventual recuperación. Su poder es violentamente real.

De insistir con sus jingles absurdos, de obstinarse en no reconocer la ruptura que Massa provoca en La Doctora, el lejano vencedor de 2009 asume el riesgo de salir cuarto cómodo.
En vez de pegarlo a Massa con La Doctora, Narváez podría tener resultados más auspiciosos si lo pega a Massa con Mauricio Macri, El Niño Cincuentón (el pudoroso Giustozzi no lo soportaría). Ampliaremos.

La dinámica perversa del peronismoLo cierto es que El Caudillo Popular puede quedarse detrás de la señora Margarita Stolbizer, La Puntera del Barrio, y de Ricardo Alfonsín, al buenito que se le aleja la posibilidad de la revancha.
A la distancia, Stolbizer y Alfonsín, en la provincia inviable, son los que pueden beneficiarse del incierto renacer radical.
Se lo percibe en el Artificio Autónomo de la Capital, con los radicales rebosados de progresismo. Como la señora Carrió, La Empresaria en Demoliciones, que se recupera merced al viento de Lanata. O el eterno Terragno, o Gil Lavedra, cada uno con su mercadería de exportación.
Pero también se percibe el fortalecimiento radical en Río Negro, con Horacio Massaccesi, otro que rota.
Y sobre todo en Córdoba, con Aguad.
Cada vez que los radicales se proyectan, hasta generar un polo de poder concreto, se enciende el entusiasmo.
Vuelve la tensión, el suspenso. Asoma, invariablemente, la posible acción. Especialmente la aventura.

(*) Jorge Asís. Escritor, analista político. Director de Jorge Asís Digital. Artículo publicado por la Fundación Atlas en su Newsletter semanal del 23 de Julio de 2013

martes, 23 de julio de 2013

La mal llamada "Justicia social"

Por Eduardo Filgueira Lima (*)
La “Justicia social” se instala progresivamente desde inicios del Siglo XIX  como consecuencia de la supuesta necesidad de superar las diferencias existentes entre los diferentes países y grupos sociales. Los problemas que a partir de allí se instalan no son los objetivos, sino los medios que la política – vistas sus necesidades – promueve. 
  
Esas diferencias fueron crecientes desde el desarrollo de la era industrial, pero no consecuencia de la misma, sino porque el impresionante crecimiento que con ella se logró no alcanzó a todos,… al mismo tiempo.

A partir del proceso de industrialización a mediados del Siglo XVIII iniciados en Inglaterra, Francia y Alemania, el mundo en su conjunto incrementó el producto de actividad económica de manera exponencial. (Figura 1)
Pero este crecimiento no alcanzó a todos por igual, aunque mediado el tiempo suficiente con seguridad ello hubiera sucedido, por lo que se inicia un proceso de “igualación”, una pretendida igualdad que se asumió como necesaria “justicia”.

En ese camino muchos países optaron por la vía del socialismo y otros por la vía de un socialismo a medias. En el primero de los casos la intervención estatal fue absoluta incluso haciéndose titular de los medios de producción y conduciendo a una casta minoría de dirigentes privilegiados, frente a una mayoría empobrecida y postergada. Es que en estas circunstancias el Estado anuló la iniciativa individual, la innovación y el intercambio económico, que son las bases esenciales para el crecimiento.

En el segundo de los casos la social-democracia europea – desarrollada desde la Socialpolitik instaurada por el Canciller O. von Bismarck – instaló desde el Estado crecientes concesiones a las demandas sociales y aunque se permitió el desarrollo de una  economía de libre mercado, las intervenciones estatales fueron crecientes para dar “respuesta” a las demandas de los más postergados avaladas por las promesas de la política.

En casi todos los países del mundo la intervención estatal ha sido creciente por un motivo o por otro, pero finalmente la “buena intención” se ha empañado porque se ha reducido a transferir recursos de unos hacia otros, igualando “hacia abajo”, reduciendo los incentivos de unos e induciéndoles a encontrar mecanismos para “proteger” lo que genuinamente han producido y a los otros a buscar creciente protección del Estado, que son así cada vez más pobres y con menores capacidades de producción a futuro: su condición los condena a recibir la dádiva a perpetuidad. 

La intervención estatal ha resultado así en todos los casos indeseable, porque no ha logrado resultados a la medida de nadie, salvo de los intereses de la clase política que ha edulcorado su discurso con los postulados de la mal llamada “Justicia Social” – que nadie puede definir bien, ni describir con  precisión cuál es su alcance y medida – y por lo mismo ha cosechado los votos de todos a los que ha postergado concediéndoles migajas.

Muchos pensadores han posibilitado la justificación de esta perversa asociación entre “demandas” y “política”, (J. M. Keynes, J. Rawls, A. Sen y J. Stiglitz entre otros), con seguramente bienintencionados argumentos.

La premisa que así se establece como paradigma es la de que el Estado debe luchar “contra las desigualdades” y se omite que lo que debe hacer es luchar “contra la pobreza”,.. que son dos cosas diferentes.

Porque si el crecimiento y el desarrollo no alcanza a todos es porque no todos tenemos las mismas capacidades, todos somos diferentes en la búsqueda del camino que consideramos el más apropiado para obtener nuestra felicidad, todos tenemos diferentes aspiraciones, y el conocimiento – es decir los medios a través de los que nos insertamos en el mundo y obtenemos lo que podemos de él – se encuentra disperso[1], es decir: no todos podemos “apropiarnos y alcanzar las mismas cosas al mismo tiempo”.

Personalmente creo, que quienes sinceramente piensan que el modelo de intervención estatal más allá de las atribuciones indelegables del mismo son tan deseables como posibles, desconocen la naturaleza humana[2].

Desde la perspectiva del individualismo metodológico, partimos de los siguientes conceptos que permiten una interpretación más acabada de los fenómenos sociales, a partir de la agregación de decisiones individuales:
1.    En casi todos los individuos “la insatisfacción” funciona como motor e incentivo para la satisfacción de sus demandas.
2.    Pero vivimos en un mundo de recursos escasos y demandas (o fines) ilimitados.
3.    Esas demandas suponen valores de cada uno para cada una de ellas, lo que conduce a una “escala individual de preferencias”,.. los bienes y servicios no tienen un valor pre-establecido sino que son valoradas subjetivamente por cada individuo en función de su “utilidad marginal decreciente”.
4.    Por lo mismo en cada instancia los individuos optan,.. eligen,… especulan,… frente a un marco general de incertidumbre y por lo mismo frente a circunstancias potenciales “de riesgo”, pero en todos los casos con la pretensión de obtener una “ganancia esperada” (que no necesariamente es solo monetaria)
5.    Es decir que en  términos generales “los individuos dada una situación personal, intentan transitar hacia otra que consideran mejor,…”[3]

Y ello quiere decir que la intervención estatal desnaturaliza el comportamiento humano porque la clase política utiliza el concepto de Justicia Social para “dar” lo que naturalmente puede y debe obtenerse con el esfuerzo personal, para lo que a cada individuo solo hay que acercarle instrumentos que pueda utilizar a sus fines, por sus propios medios.

Lo que los gobiernos hacen es transferir recursos “de unos hacia otros” – la bandera es la vapuleada Justicia Social – con las consecuencias que he mencionado y omitiendo hacer lo necesario: poner al alcance de cada uno los instrumentos necesarios – entre otros la educación y los servicios de salud (de los que me ocuparé en otra instancia) – con la suficiente accesibilidad y calidad como para que cada uno tenga los medios para apropiarse en libertad de los beneficios que se encuentran al alcance en la tan vapuleada globalización.

Y digo vapuleada porque esta formidable revolución de las comunicaciones, la tecnología y el conocimiento, pone mucho más y mejor al alcance de todos, sus mejores beneficios para que cada quien opte por el que mejor le plazca o haga a sus fines.

No es entonces ni siquiera la supuesta intención de “Justicia Social” (que en realidad hace a los fines de quienes gobiernan), la cuestión a discutir, ya que se plantea como necesaria disminución de las desigualdades, transfiriendo recursos (además mal asignados) de unos hacia otros, en vez de propugnar el crecimiento y desarrollo de los más postergados.

Si la “Justicia Social” es solo transferir recursos para reducir desigualdades el problema está mal planteado con el agravante de que se convierte en un paradigma irrevocable: quienes lo enarbolan se autoproclaman "progresistas", mientras denostan a sus detractores. ¿No será al revés? 
  
Las crisis económicas que afectaron a los EE.UU. (ya en vías de superación aún la persistencia de una descomunal deuda pública) y a algunos países de Europa que funcionan como lastre del crecimiento de la región, son ejemplos de decisiones políticas sobre la economía para satisfacer demandas que los políticos supieron “leer como necesidades”, para satisfacer las propias.

En el caso de EE.UU. la crisis se expone a partir de los créditos subprime (créditos de alto riesgo) que en el 2007 – durante la Presidencia de Bill Clinton – alcanzaron el 12,7% del mercado hipotecario cuando la FED incrementa el límite fijado para los mismos, (aunque la multiplicidad de causas y efectos pueda enmarcar esta referencia como reduccionista).

En el caso europeo la crisis afecta principalmente a los países que más otorgaron a las demandas sociales, sin lograr una tasa de capitalización equivalente y como hemos mencionado: vivimos en un mundo de recursos escasos y demandas (fines) ilimitados,.. cuestión frecuentemente olvidada por la clase política que irresponsablemente acostumbra para sus fines a otorgar o prometer más de lo que se puede: el discurso es la “Justicia Social”.

Porque para transferir recursos (o para justificar cualquier gasto del Estado) se requiere recurrir a los mecanismos que el mismo tiene para financiarse. Y entre ellos la carga impositiva si es excesiva e irresponsable termina por asfixiar a los que producen (Curva de Laffer)[4]

De hecho parece que aquellos que no permitieron que el tiempo condujera al equilibrio, se apropiaron del discurso populista asimilando la disminución de las desigualdades (o el logro de la igualdad) como el objetivo prioritario, construyendo un discurso hegemónico.

No se trata de “disminuir desigualdades”, sino de permitir a los más desfavorecidos mayores oportunidades,.. para lo que no es necesario sacarle nada a nadie que haya logrado lo suyo con su propio esfuerzo,.. sino asignar bien los recursos – ya de por si escasos – para lo que es necesario priorizar los objetivos en los que se gasta, direccionándolos para ofrecer más oportunidades a los más vulnerables,.. evitar los desvíos interesados y los que la corrupción produce,.. definir claramente las políticas públicas que imprescindiblemente son necesarias y la “Justicia Social” debería ser la lucha contra la pobreza, que es el verdadero mal que nos afecta.

La verdadera forma de reducir desigualdades es ofrecer mejores y ciertas "oportunidades" a los más necesitados.

Deberíamos trocar el interesado discurso político – ya que el comportamiento de los burócratas y políticos es maximizador del presupuesto público principalmente buscando sus propios intereses[5] – y que el objetivo sea maximizar las oportunidades de aquellos que las necesitan para alcanzar sus fines,.. pero no con “caritativas” prebendas, sino mejorando sus condiciones y medios para que logren producir con su trabajo y su esfuerzo.

“…Dicho lo anterior, ¿cuál es el problema? El que el 10 por ciento más rico de la población genere un mil por ciento más ingreso que el 10 por ciento más pobre, o que ese 10 por ciento, el más pobre, no sea capaz de generar, independientemente de cuánto generen los demás, ingreso suficiente para satisfacer correctamente sus necesidades? Usted, lector, ¿cuál cree que sea el problema: desigualdad o pobreza?,…”[6]
Seguramente analizar adecuadamente al accionar de los gobernantes nos permitirá elegir mejor en el “imperfecto mercado político” y orientar las acciones para maximizar el bienestar general y no dejarnos embaucar con su retórica discursiva que solo responde a sus fines y nos empobrece a todos.

Dr. Eduardo Filgueira Lima 
Director del CEPyS
Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social (ISALUD)
Magister en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE)

Buenos Aires, Julio de 2013

Referencias:


[1] Hayek, F. “Economics & Knowledge” (1936)
[2] Mises, L. “La Acción Humana” (1949)
[3] Mises, L. “La Acción Humana”, (The principle of methodological individualism. Cap II). (1949)
[4] Curva de Laffer representa la relación existente entre los ingresos fiscales y los tipos impositivos, mostrando cómo varía la recaudación fiscal al modificar los tipos impositivos.
[5] Buchanan, J. “The public choice theory” (1986)