martes, 2 de julio de 2013

El dilema de la pobreza

Por Iván Cachanosky (*)
Este artículo fue publicado en el eBook “Sensación de Pobreza”, una compilación de trabajos y reflexiones en torno a la pobreza en la Argentina actual. Compilador: Iván Petrella. Ver libro completo aquí
Hablar sobre pobreza siempre es difícil debido a la amplitud de su definición y debido también, a la sensibilidad del tema. Por este motivo, el presente trabajo analizará el tema de la siguiente manera: En primer lugar, resaltando la complejidad para definir qué es pobreza. Segundo, la solución que proponen los gobiernos. Luego, en tercer lugar, se verán cifras correspondientes a Argentina. Cuarto, se observará como analizar la pobreza con un enfoque alternativo y por último, quinto, una conclusión.
Con este orden se pretende primero estudiar la teoría en lo que respecta a la pobreza para luego ver el caso particular de Argentina.
La dificultad de definir la pobreza
Diversos autores que tratan el dilema de la pobreza intentan buscar la definición más adecuada y la conclusión que podemos sacar es que resulta imposible obtener una definición objetiva de la pobreza.
Sin embargo, muchos escritores e investigadores suelen enfocar la “definición” por alguno de los siguientes caminos: 1) Fragmentar a la población en porcentajes o 2) Determinar una Canasta Básica que debe cubrirse.
Ambos enfoques traen sus complicaciones. El primer enfoque, en definitiva no resuelve mucho el dilema, ya que si, por ejemplo, se divide a la población en 4 partes (por ejemplo, el 25% más rico, un segundo grupo de 25% de la población menos rica, un tercer tramo también de 25% y un último 25% con los más pobres), por más que todos dupliquen su poder adquisitivo siempre seguirá habiendo la misma cantidad de pobres; 25% es 25%. Con esto no quiere expresarse que dividir la población en porcentajes no sea útil para realizar investigaciones, pero vincularlo a la pobreza no es del todo correcto por lo ya mencionado. Además, indirectamente trae aparejada la idea de que existe una torta fija la cual no podría ampliarse y eso no es correcto (punto que se verá más adelante).
Por otro lado, el segundo enfoque, más utilizado, pareciera ser más acertado y su problema básicamente radica en la subjetividad de determinar que es una “Canasta Básica”. Henry Hazlitt, en su libro “La Conquista de la Pobreza” señala un trabajo de Rose D. Friedman de 1965 donde encontraba que la línea divisoria entre pobres y no pobres variaba según la estimación privada que se tomaba; para algunos era de U$S 3.000, para otros de U$S 2.200. Así sucedieron casos, donde dependiendo las cifras que se consideraban, en Estados Unidos la pobreza podía ser del 20% o del 10%.
En definitiva, estas diferencias surgen debido a que la Canasta Básica, generalmente debe cubrir una alimentación “adecuada”, pero ¿qué es adecuada? Es aquí donde comienzan las subjetividades que derivan en distintas cifras.
Nuevamente, con esto no quiere plantearse que realizar estimaciones es incorrecto, simplemente es importante marcar el punto de la complejidad de medir la pobreza. Y más grave aún, al tratarse de cuestiones subjetivas, el riesgo de que los gobiernos corrompan las estadísticas con fines políticos.
Solución propuesta por Gobiernos
La mayoría de los gobiernos busca solucionar o reducir la pobreza por medio de la redistribución de la riqueza. De allí que dividan a la población en porcentajes según sus ingresos. De esta manera, por medio de impuestos le quitan a los que más tienen para entregarles a los que menos tienen. El fin es noble sin dudas, no es la idea cuestionar en este momento eso. Pero más allá de la nobleza, ¿es eficiente?
El riesgo de la ayuda estatal radica en el peligro de que se mezcle con fines políticos. Por ejemplo, en Argentina, existe una cantidad enorme de planes sociales que intentar seguirlos a todos resulta casi imposible. En un reciente video de la Fundación Libertad y Progreso, puede verse como dichos planes crecieron de manera fenomenal en los 10 años del gobierno Kirchnerista. Sin embargo, lejos están estos planes sociales de lograr el objetivo principal, que es sacar a la gente de la pobreza definitivamente. Lo que se logra en cambio es generar dependencia y la costumbre a no trabajar y peor aún, en algunos casos, clientelismo político. Los planes sociales brindan pescado a los más necesitados, pero la verdadera solución radica en enseñar a pescar.  El ya mencionado Henry Hazlitt señala que en un estudio que se realizo en Brooklyn en 1972 revelaba información que había familias que habían vivido hasta tres generaciones de asistencialismo sin trabajar.
Aún así, con planes sociales incluidos, en Argentina los niveles de pobreza continúan altos, si se toman cifras privadas.
Corrupción de datos en Argentina
Entre los mayores logros que se jacta de haber logrado el gobierno actual, se encuentra la gran reducción de la pobreza y la indigencia en el país. Néstor Kirchner comenzó a gobernar un país en donde más de la mitad de la población se encontraba por debajo de la línea de la pobreza mientras que la indigencia llegaba a casi un 25% para el 2003.
Evidentemente, con cifras tan elevadas de pobreza e indigencia, reducirlas fue algo que pudo lograrse. Según el Indec, para el año 2012, la pobreza se redujo al 7% mientras que la indigencia al 0,9%. Sin embargo, a partir del año 2007, las cifras publicadas por el Indec comenzaron a volverse cuestionables.
Por este motivo, el observatorio de deuda social de la UCA realiza un seguimiento de los niveles de pobreza e indigencia donde se pueden observar números muchos más elevados que los publicados por el Indec.
Para no caer en la línea de pobreza, el sueldo de una persona debe superar el de la Canasta Básica Total (CBT).
Un dato importante es que los estudios privados del Observatorio de Deuda Social revelan datos de pobreza e indigencia a nivel nacional hasta el año 2010 y en el período 2010-2012 solo para nivel urbano.

Examinando primero el período 2003-2010, puede apreciarse que a partir del 2007, comienzan a haber estimaciones privadas que siguen un rumbo opuesto a los datos revelados por el gobierno. Mientras para el gobierno la pobreza continúa reduciéndose, para las estimaciones privadas aumenta como puede observarse en el siguiente gráfico:
A partir del 2007, a medida que avanzan los años, puede observarse dos realidades distintas: 1) la del Indec y 2) la de las estimaciones privadas.
Tomando los datos a nivel urbano, la situación continúa agravándose. Es decir, el Indec continúa publicando datos que revelan que la pobreza disminuye mientras que las estimaciones privadas rondan el 22-25%. Esto puede observarse en el siguiente gráfico:
A nivel urbano, en el año 2010, la pobreza casi alcanzó un 30%. Por otro lado, si bien en el 2011 se redujeron las tasas de pobreza; ambos volvieron a incrementarse en el 2012 generando un panorama no muy alentador teniendo en cuenta que uno de los principales problemas de las altas tasas de pobreza es la inflación, la cual el gobierno no logra controlar. Según estimaciones privadas, la inflación alcanzó un 25,6% en el 2012 y muchas consultoras privadas estiman niveles similares o superiores para fines del 2013.
Si bien el Kirchnerismo heredó un país en llamas con pobreza elevada, teniendo en cuenta las estadísticas privadas solo pudo reducirlas a los niveles que se encontraban previo a la entrada a la crisis. Por ejemplo, hacia finales de 1998 la pobreza rondaba el 26%, muy lejos del mundo paralelo de fantasías del Indec del 7%.
Enfoques alternativos sobre la pobreza
Se ha mencionado que una de las soluciones propuesta por los gobierno es la redistribución. Si hay redistribución es porque se entiende que hay desigualdad. Sin embargo, no es la desigualdad lo que hay que examinar sino más bien si los más carenciados pueden crecer o no. Ya que concentrarse en la desigualdad puede desviarnos del objetivo principal: disminuir la pobreza lo más que se pueda.
El enfoque de la distribución trae aparejado el problema de que se piensa en una torta fija. Steve Horwitz señala en un video publicado por “Learn Liberty” que el porcentaje depende del tamaño de la torta. Horwitz se pregunta, ¿qué es mejor, comer 1/6 de pizza o un 1/9 de pizza? La respuesta dependerá del tamaño que tenga la pizza. En otras palabras, tener una menor participación puede implicar estar mejor, dependiendo el tamaño de la torta. Es por esta razón que centrar el debate en la redistribución nos desvía del objetivo principal. Algunos economistas y políticos suelen afirmar que lo que existe es una torta fija; es decir, que si alguien es rico es a causa de empobrecer a otra persona. En otras palabras, toman a la economía como un juego de suma cero donde si uno gana es porque otro necesariamente pierde. Dicha afirmación es totalmente falsa y puede observarse fácilmente en las siguientes imágenes donde se mide en el eje de las “Y” la expectativa de vida mientras que en el eje de las “X” se mide el PBI per cápita. Los redondeles representan a los países del mundo. A mayor tamaño de redondel, mayor es la población de dicho país.
Ahora, si observamos el mismo gráfico pero para el año 2011 podremos apreciar como todos los países progresaron en mayor o menor medida.
Es muy claro que este segundo gráfico muestra que todos mejoraron su posición con respecto al año 1800. De esto se desprende que entonces la economía no es un juego de suma cero, sino que la torta crece. En otras palabras, la riqueza puede crearse. Una vez entendido esto entonces vale la pena reforzar la idea de que más que de distribución, lo que hay que buscar es generar riqueza, de lo contrario nos encontraremos siempre redondeando para abajo.
Ludwig von Mises en su libro Liberalismo señalaba que no hay mejor progreso que un libre mercado basado en la competencia. Es ese sistema lo que transforma el lujo de hoy en la necesidad del mañana haciendo que todos mejoremos nuestra calidad de vida. En épocas anteriores, el viajar era solo un lujo que solo reyes podían darse. Hoy en día, gran parte de la población puede viajar.
Estos progresos se dieron principalmente a la Revolución Industrial y la apertura al comercio. Y lo mejor de todo es que son los países más pobres quienes salen beneficiados de la apertura al comercio ya que solo deben tomar o imitar tecnologías más avanzadas sin la necesidad de tener que incurrir en los gastos de descubrirlas por ellos mismos.
Conclusión
Lo primero que es importante recordar es que, si bien la pobreza es una tragedia, la misma se redujo significativamente luego de la Revolución Industrial. Antes de la Revolución Industrial la pobreza era masiva alcanzando cifras de hasta 80%.
Sin embargo, luego de la Revolución Industrial, la pobreza masiva desapareció para instaurarse lo que Hazlitt denomina “bolsas de pobreza”. Es decir, hay sectores pobres, pero no una población empobrecida.
El desafío en la actualidad es como reducir al máximo esas “bolsas de pobreza” y la manera más eficiente es creando riqueza y no distribuyéndola. Distribuir riqueza lo que terminará por generar es poco incentivo para trabajar y producir. Paradójicamente es la producción, guiada por el sistema de precios, lo que hace reducir la pobreza en los países.
(*) Iván Cachanosky es Licenciado en Administración de Empresas y estudiante de la Maestría en Economía Aplicada de la Universidad Católica (Argentina). Candidato a Magister en Economía Aplicada de la UCA. Analista Económico en la Fundación Libertad y Progreso. Artículo publicado el 19 de Junio de 2013.