jueves, 11 de julio de 2013

Mijail Bakunin

Por Arturo Damm Arnal (*)
“Donde comienza el Estado termina la libertad del individuo”. M. Bakunin
Lo dicho por Bakunin, si por Estado entendemos gobierno, y si por gobierno entendemos una institución con la fuerza suficiente para limitar, prohibiéndole al ciudadano determinadas conductas, la libertad individual, y para restringir, obligando al contribuyente, vía el cobro de impuestos, a entregarle parte del producto de su trabajo, la propiedad privada, es cierto: allí donde comienza el gobierno termina la libertad individual y la propiedad privada, sin olvidar que se trata de dos caras de la misma moneda, ya que la propiedad privada es la condición de posibilidad del ejercicio de la libertad individual, por lo que en la misma medida en la que se limita la primera, lo cual todo gobierno hace, de entrada, por el cobro de impuestos, se limita la segunda.

Donde comienza el gobierno termina la libertad individual y, también, la propiedad privada, lo cual no quiere decir que donde comienza el gobierno termina toda la libertad individual y toda la propiedad privada, lo cual sería el caso si, y solamente si, el gobierno lo abarcara todo, siendo que lo que debe abarcar, si bien es cierto que resulta indispensable para la convivencia civilizada, representa una parcela relativamente pequeña del quehacer humano: la que corresponde a garantizar la seguridad contra la delincuencia, es decir, contra la violación de los derechos naturales de la persona a la vida, la libertad individual y la propiedad privada, y la que corresponde a la impartición de justicia, es decir, a la de castigar al delincuente y resarcir a la víctima del delito, siendo estas dos tareas las que, en primera instancia[1] , justifican que el gobierno limite la propiedad privada, cobrando los impuestos necesarios para pagar por la realización de su tarea esencial: garantizar la seguridad contra la delincuencia y, de fallar en el intento, impartir justicia.

La única libertad que el gobierno no debe reconocer, y por lo tanto no debe permitir, es la libertad para violar los derechos de los demás. Y la principal tarea que el gobierno debe llevar a cabo, aquella que justifica su existencia, es garantizar el respeto a los derechos de los demás, para lo cual lo que todo gobierno debe hacer es prohibir que dichos derechos se violen, promulgando estas tres reglas de conducta: No matarás, respeto al derecho a la vida; No esclavizarás, respeto al derecho a la libertad individual; No robarás, respeto al derecho de propiedad privada.

Allí donde comienza el gobierno termina la libertad individual para matar, esclavizar y robar, y termina, no porque el gobierno sea cien por ciento eficaz para evitar la violación de los derechos naturales de la persona, sino porque debe prohibir dicha violación, prohibición ante la cual el gobernado decide si obedece o no. Si obedece entonces la prohibición surtió efecto, y el gobierno, por medio de dicha prohibición, y de las tareas de prevención del delito indispensables para hacerla valer, fue eficaz en su tarea de garantizar los derechos de la persona. Si por el contrario el gobernado no obedece, entonces la prohibición falló y el gobierno debe pasar a la segunda tarea, impartir justicia, en sus dos vertientes: castigar al delincuente y, de ser posible, obligarlo a resarcir a la víctima (ojo: el que debe resarcir a la víctima es el delincuente, no el gobierno).

Allí donde comienza el gobierno debería terminar, ¡nada más!, la libertad individual para matar, esclavizar y robar. Desafortunadamente hoy, con gobiernos que además de ser gobierno pretenden ser desde ángeles de la guarda hasta hadas madrinas, allí donde comienzan terminan muchas otras libertades, que ningún gobierno, por ningún motivo, debería 0 limitar o eliminar.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.

[1] Además hay que considerar, como legítima tarea del gobierno, ofrecer los bienes y servicios públicos, que realmente sean públicos, y que realmente deban ser ofrecidos, y ordenar la convivencia en los espacios públicos.

(*) Arturo Damm. Economista, filósofo. Liberal (casi anarcocapitalista, por ello minarquista). Profesor universitario. Artículo publicado por "Asuntos Capitales" el 8 de Julio de 2013