martes, 2 de julio de 2013

Turno de minigobernadores

Por Jorge Asís (*)
La interna peronista de Buenos Aires -la provincia inviable- presenta en 2013 un adelanto sustancial.
La propia generación de los próximos gobernadores.
Ya no hará falta importar ningún sonriente Carlos Ruckauf.
La gobernación ya no será el territorio de reserva para los vicepresidentes. El destino relativamente dorado.
Necesario recurso el de la historia.
La costumbre fue iniciada por Carlos Menem, en 1991, cuando decidió desprenderse de Eduardo Duhalde, el Piloto de Tormentas (generadas).
Y en 1999 fué Ruckauf, el que reía, y que escapó de la provincia hacia finales de 2001, para ser sucedido por Felipe Solá, el peronista más transversal.
Kirchner, El Furia, en 2007, sigue el ejemplo de Menem. Cuando trasplanta, como gobernador, a su vice personal, Daniel Scioli, el Líder de la Línea Aire y Sol. Justamente cuando Scioli tenía los afiches listos para lanzarse por el Artificio de la Capital.
De no haberse desmoronado implacablemente Amado Boudou, El Descuidista, por su vibrante pasión por las monedas, Cristina, La Doctora, también podía haberle imaginado el destino de la gobernación.
Por suerte, se asiste al turno de los mini-gobernadores, vulgarmente denominados intendentes.
Se elevan, hacia el primer plano, tres mini-gobernadores de la misma generación. Para disputar la simulada interna peronista del año.
Dos de ellos están asociados en la Franja de Massa.
Son Sergio Massa, de Tigre, 41 años, y Darío Giustozzi, 48, de Almirante Brown.
Cultivan una suerte de intento difusamente superador de “cristinismo sin Cristina”.
Y Martín Insaurralde, 43, de Lomas de Zamora. Cristinista sin aditamentos.
Es Insaurralde el candidato especialmente escogido por La Doctora. El que persiste en el tronco básico. El Elegido para enfrentar a la Franja. O la fracción que Pagni, con mayor dramatismo, denomina el cisma.

La Doctora va a los bifes

Debe rescatarse aparte otro dato sustancial:
En el territorio que pesa, como la provincia inviable, La Doctora va a los bifes. No joroba con La Cámpora.
Sabe que los buscas incondicionales de Unidos y Organizados le sirven, en Buenos Aires, apenas para presionar a los mini-gobernadores. Justamente de los que hoy depende.
La Doctora recurre al aparato tradicional del Partido Justicialista que utiliza a su antojo. Para presentar una lista ontológicamente peronista, con Lomas de Zamora, Morón, La Matanza al frente. Más los emblemas, los obsequios de la casa que estuvieron siempre, en la defensa de las desmesuras que tanto tienen que ver con el descalabro.
Gurkas como Kunkel, De Petris, o la peronizada señora Conti.
Todos detrás de la conducción fuertemente oral de La Doctora y su contenido decorado de epopeya. Plantada detrás de la Revolución Imaginaria. Pero con la chequera infatigable de Julio De Vido, El Ex Superministro, el que circulaba con un respirador artificial.
Gracias a la interna peronista, De Vido revive. Se saca, incluso, el respirador.
Hoy La Doctora debe enfrentar a la franja cismática. Se le impone como un peligro real. Más allá de las explicables chiquilinadas teóricas de Francisco de Narváez, El Caudillo Popular, que los quiere “pegar”.
(No suelo dar consejos, y mucho menos gratis, pero Narváez debería modificar la táctica de campaña. Por el riesgo del ridículo).

La Franja de Massa

Ocurre que la Franja de Massa la desafía a La Doctora con verdadera potencia territorial. Ya que lo siguen -a Massa- importantes caciques de la Primera y la Tercera sección electoral. Katopodis de San Martín, De Torre de San Miguel (pone a su esposa en la lista), Guzmán de Escobar, que va también en la lista como Gilberto Alegre, de General Villegas. Con Malvinas Argentinas de La Compañía de Jesús (por Cariglino). A los que debe sumarse Vicente López, la comuna del PRO -expresión del macricaputismo-, donde talla Jorge Macri, El Primo (que era) Pobre. O la asociada San Isidro de Posse, El Hijo del Cholo.
La respuesta Insaurralde
Insaurralde, en la actualidad, representa la respuesta de La Doctora al desafío de la Franja de Massa.
Emerge, en la práctica, como una construcción política del propio Massa.
Sostenerlo de ningún modo significa devaluarlo. U omitir la expresiva trayectoria que vincula a Insaurralde con las orillas espesas del duhaldismo.
En especial se lo vincula a Insaurralde con el ex mini-gobernador Rossi, del que fue su hombre de máxima confianza.
Portador de fabulosos lazos espirituales que se extendían entre Rossi y el extraño señor Achaval.
Ramificaciones ilustrativas que signan la política contemporánea, para tratarse en su oportunidad.
No me dispondré a aceptar preguntas.

Giustozzi, el conjetural

El tercero de los mini-gobernadores es Darío Giustozzi. Se alinea en la Franja de Massa con el objetivo conjetural de ser el próximo gobernador.
Ya que Massa, de triunfar en la provincia inviable, o de perder por pocos puntos, marcha -con su franja- hacia la Presidencia de la Nación.
Para inquietud de Macri, El Niño Cincuentón, que lo sigue pasivamente, sin más cartas.
Y para preocupación de Scioli, que está jugado a ser el sucesor indeseable de La Doctora.
Aunque ella comienza a valorar la decisión de Scioli, de permanecer. Quedarse a su lado, pese a las tilinguerías que los descolocaron.
A los dos. La Doctora y Aire y Sol. Condenados, en la práctica, a la aventura de convivir.
Pero el afán de Giustozzi, el conjetural, se presenta lógicamente complicado.
Por compromisos de trayectoria -que arranca en la asesoría de cierto concejal de San Martín- Massa mantiene alguna obligación moral con Los Barrionuevo. Con la solvente Graciela Camaño, La Negra.
Según fundamentadas vertientes, Graciela tiene también, en el imaginario, similar ambición conjetural.
Se infiere entonces que es Massa -con la complacencia de Giustozzi- el que recrea a Insaurralde como el cristinista más confiable.
Porque La Doctora no come vidrio y -como se dijo- va a los bifes.
Fortalece a Insaurralde para equipararlo con Massa. Aquel que fuera su Premier (o apenas su Jefe de Gabinete).
“Insaurralde es como Massa”, nos confirma la Garganta confiable. “Con la diferencia que no es traidor”.
O peor:
“Si un día se nos enoja Insaurralde, tenemos la seguridad que no va a ir a quejarse a ninguna embajada”.

Discurso, Estado y mangos

Según la evaluación, Massa tiene que dedicarse a disputar los votos que se consideran cautivos del cristinismo. Hasta ahora, sólo disputa los antis. Lo recorta a Narváez, para facilitar la placidez de su esquema argumental.
La Franja de Massa mantiene a su favor la nada desdeñable simpatía de los grandes medios, que lo toman como la esperanza blanca.
Un poco de sensatez en el horizonte, entre tanta desmesura. Por la tendencia permanente de La Doctora, la pasión por chocar la calesita institucional.
Como Scioli o Macri, Massa tiene a su favor que el final del cristinismo está cantado.
Se desmorona pesadamente en distritos importantes.
Aludir a la reelección es una manera de perder el tiempo. De entregarse a la fantasía.
Pero debo advertir, otra vez, sobre la vigencia probable de una tesis clásica del Portal.
El cristinismo debe interpretarse a través de sus recuperaciones. De sus caídas.
Se aferra siempre a la ilusión de la epopeya. A los códigos de la Revolución Imaginaria. A la insustancialidad de los desafiantes.
La Doctora va a ser la protagonista primordial de la campaña, de la que hablo por última vez aquí y declararé inexistente cuando regrese a Buenos Aires.
Con la chequera infatigable de De Vido, La Doctora tratará de imponer la síntesis.
Discurso, manejo absoluto del Estado, y mangos.
Se dispone, con la síntesis, a llevarnos -a todos los impugnadores- puestos.
(*) Jorge Asís. escritor, periodista y analista político. Artículo publicado en su blog personal el 1º de Julio de 2013, en el envío Nº 1112.
(Traducción y desgrabación de Claudine Pons-Grévy)