lunes, 26 de agosto de 2013

Cepo cambiario: la misma encerrona del corralito

Por Roberto Cachanosky (*)
Uno de los temas que hay que pensar con cuidado es si se puede levantar el cepo sin que se produzca una crisis cambiaria y financiera. Para ir al punto, veo al cepo con el mismo problema que el corralito del 2001: una vez que se estableció el corralito, que inicialmente era por 90 días, la pregunta de ese momento era: ¿y qué puede ocurrir el día 91? Obviamente la gente iba a estar en la puerta de los bancos el día 91 a las 10.01 minuto, para retirar sus depósitos. Una vez que uno se mete en un problema de este tipo se pierde la confianza y es casi imposible reconquistarla. Meterse con el bolsillo de la gente es muy complicado en términos de confianza.

Ahora bien, el establecimiento del cepo cambiario tuvo que ver con la continua fuga de divisas por falta de confianza. Durante el período kirchnerista-cristinista se fugaron del país casi U$S 91.000 millones. La mayor fuga se produjo a partir del 2007 y se aceleró en los años posteriores hasta que se impuso el cepo cambiario justo luego de las elecciones del 2011.
Esos capitales se fugaron por falta de confianza en la seguridad jurídica del país. Las arbitrariedades y abusos contra la propiedad privada y la feroz carga impositiva generaron esa fuga masiva de ahorro que, de haber habido seguridad jurídica y confianza en la política económica, hoy estarían financiando el crecimiento de la economía argentina.
Pero, además, el gobierno utilizó el tipo de cambio como ancla para frenar la inflación generada por la emisión monetaria. Desde que asumió Kirchner el dólar oficial subió el 94% y la inflación fue del 400%, en números aproximados. Esto no es otra cosa que una caída del tipo de cambio real o, puesto en castellano básico, Argentina es nuevamente cara en dólares.
Si se toma la serie mensual desde enero de 1970 hasta julio de 2013 del tipo de cambio real, hoy el dólar oficial está casi en el mismo nivel que tenía en enero de 1981, último mes de la tablita cambiaria y casi igual que en la convertibilidad. Es decir, el actual tipo de cambio real es uno de los más bajos de toda la serie histórica de los últimos 43 años, junto con los dos períodos mencionados.
En un país el dólar puede ser barato porque ingresan capitales o porque se lo retrasa contra la inflación mediante intervenciones del BCRA. Hoy en Argentina no estamos en presencia de un dólar oficial barato por ingreso de capitales, sino porque se lo retrasó respecto a la tasa de inflación. Esta aclaración vale porque no soy de los que consideran que las devaluaciones solucionan los problemas de una economía. Por el contrario, soy partidario de una economía con disciplina fiscal y monetaria y reglas de juego que incentiven el ingreso de capitales, con lo cual estoy diciendo que prefiero una moneda fuerte, cuya economía gana competitividad por medidas estructurales (legislación laboral, sistema tributario, gasto público bajo y eficiente y demás medidas que mejoran la competitividad de la economía en forma real).
Pero la realidad es que hoy no tenemos medidas que mejoren la competitividad de la economía en términos genuinos y, encima, el tipo de cambio oficial fue retrasado artificialmente junto con un cepo cambiario que le prohíbe a la gente comprar dólares. A la desconfianza se le contestó con medidas que generaron más desconfianza.
Estamos ante el verdadero dilema de tener el cepo cambiario que no deja salir dólares de la economía pero tampoco estimula el ingresos de divisas, salvo las que se generan en las exportaciones, las que a su vez están jaqueadas por la caída del tipo de cambio real. Con un dólar oficial artificialmente bajo el deterioro del saldo de balance comercial continuará, especialmente por las importaciones de combustibles.
Si se quita el cepo sin un contexto de confianza y disciplina fiscal que lleve a la disciplina monetaria, el estallido es inevitable. Al igual que con el corralito, al otro día de eliminar el cepo la gente saldría corriendo a comprar dólares a $ 5,6. Si el BCRA no interviniera en el mercado el tipo de cambio subiría en forma abrupta. Si interviene para frenar la suba del dólar, lo más probable es que le barran las reservas.
Desde mi punto de vista, no tiene demasiado sentido desdoblar el mercado de cambios. Si se establece un dólar comercial más o menos como el actual, los problemas de comercio exterior continuarán y la brecha entre el financiero y el oficial mostrarían la desconfianza en el peso, pero no se solucionaría el problema del comercio exterior.
Para poder salir del cepo con el menor costo posible se requieren las siguientes condiciones: a) disciplina fiscal, bajar el gasto público que el gobierno no quiere bajar y modificar el sistema tributario, b) disciplina monetaria y c) fuertes señales de respeto a los derechos de propiedad.
La realidad es que el gobierno no está en condiciones de ofrecer ninguna de estas tres condiciones, particularmente confianza para atraer capitales que reduzcan el impacto de un salto cambiario a la salida del cepo.
Agreguemos al problema del cepo el tema de los subsidios a la energía, el transporte y empresas estatales, que este año apuntan a superar os $ 100.000 millones y la salida de esta ensalada de precios relativos es complicadísima.
En primer lugar, ni siquiera es posible mantener congelados los subsidios. Supongamos que el boleto de colectivo, para simplificar la cuenta, es de $ 1. Si el costo total es de $ 5 y la gente paga $ 1 cuando sube al colectivo, quiere decir que los otros  $ 4 los paga el Estado vía subsidios. Ahora, supongamos que tenemos una inflación del 25% anual, esto quiere decir que al cabo de un año el costo del boleto pasa a ser de $ 6,25 ($ 5 + 25%). Si el Estado quiere mantener congelado el precio del boleto en $ 1, el subsidio ya no será de $ 4, sino de $ 5,25. Es fácil advertir que el gasto público le aumenta al Estado, entre otros factores, porque los subsidios tienen que ser indexados por la inflación verdadera. Ese gasto aumenta el déficit fiscal y ese mayor déficit fiscal requiere de más emisión que termina erosionando nuevamente el tipo de cambio.
La dinámica del modelo es claramente inconsistente e insostenible
¿Entonces? Mi impresión es que seguiremos así hasta que el día menos pensado y por la causa menos sospechada el mercado ajuste los desequilibrios por las malas. Es la historia económica de la Argentina. Es la historia del populismo.
(*) Roberto cachanosky. Economista (UCA, 1980). Asesor económico y Director de "Economía para todos", artículo publicado el 25 de Agosto de 2013, en su edición Nº 485