domingo, 18 de agosto de 2013

El estado del Estado

Por Malú Kikuchi (*)
Más allá de los números de las elecciones, sobre lo que ya se ha dicho, analizado y escrito lo suficiente, hay un tema que subyace detrás de los resultados, tema del que no se habla. Y quizás, sin pensarlo demasiado, por intuición, por cansancio, por desgraciadas experiencias personales, o de familiares, o de conocidos, haya sido definitoria a la hora de votar. El Estado que sufrimos, no nos sirve, se sirve de nosotros. En mayor o menor medida, las personas somos los rehenes de un estado que nos necesita para existir, pero al que no le importa, ni cuida nuestra existencia.

La palabra “estado” tiene muchas acepciones de acuerdo al diccionario. Puede ser el estado como cuerpo político de una nación; el estado de un territorio; el estado físico (gaseoso, líquido…); la condición en que se encuentra una cosa (alimento en buen o mal estado); el estado civil (militar, casado, eclesiástico…). El Estado Argentino está en muy mal estado. Parafraseando al gran Tato Bores, José Estado, el nacional, los provinciales y los municipales, la mayoría, está en mal estado. Y ese mal estado del estado, nos destrata de mala manera.
Si un habitante de Argentina tiene la osadía de pretender viajar al exterior y comprar US$ a precio oficial, que es la forma de reconocer que hay otros precios para el US$, José Estado Nacional exige conocer el color de los calzones de la bisabuela paterna, el ADN, el grupo sanguíneo, el motivo del viaje, el o los destinos a visitar, o estudiar, o lo que fuera; los integrantes de la familia, los nombres de los amigos y las alergias. Después de computar todos los datos, no accede a vender los US$. La libertad que nos asegura la Constitución, ¿dónde está?
Al mismo tiempo que José Estado Nacional decide que productos entran o salen del país, qué se siembra y cuanto, cómo se mienten las cifras del INDEC, en qué se despilfarran los dineros de los jubilados,  cómo se intimida a periodistas, empresarios, banqueros, deportistas, artistas y todo aquel que ose no estar de acuerdo con sus desastrosas políticas, la inseguridad se cobra muchas vidas por día, el robo es normal, la droga hace pata ancha y la corrupción hace escuela.
José Estado Nacional, en estos últimos diez años, ha estado mirando el canal equivocado. Y lo sigue haciendo, porque es ciego y sordo a los reclamos. Desgraciadamente, no es mudo.
Se conocen las dificultades económicas que tiene José Estado Provincial de Buenos Aires, ya que no le cae en gracia a José Estado Nacional, que no le coparticipa lo que debe. La Nación ha olvidado que decidió en 1853 ser representativa, republicana y FEDERAL.  Los habitantes de la provincia no tienen la culpa. Los problemas entre los estados no los pueden solucionar, están condenados sólo a sufrirlos.  Y los sufren.
Mínimo ejemplo. José Estado Provincial de Buenos Aires, es el responsable de la autovía 2, la ruta que partiendo de CABA, llega a Mar del Plata. En un fin de semana largo, la gente aprovecha para salir de la capital y tomarse unos días en la costa. Es algo sabido, se repite cada feriado largo. Por lo tanto es inexplicable que la policía provincial no esté al tanto de la quema de pastizales y no esté atenta al humo que nubla la visión de la ruta. Resultado: 20 autos chocando entre sí, dos muertos, heridos varios. Infernales vacaciones.
Mientras las cocinas de la droga se multiplican en las villas, que a su vez se multiplican; mientras la inseguridad entre asesinatos porque si, por el paco que inhibe el lóbulo de las relaciones sociales. Mientras, suceden demasiadas violaciones, demasiados secuestros, demasiados accidentes de tránsito. Y hay muertes y más muertes, un día sí y otro también. Ante este panorama, José Estado Provincial de Buenos Aires, propone internas partidarias para el 2015, como si hoy esto fuera prioritario.
José Estado Municipal de Rosario tiene muchos problemas. Para empezar no pertenece al partido gobernante nacional, sí al de su provincia. Se lo acusa de permitir el narcotráfico, es más, de ser albergue de narcos. Probablemente no sea así. Infundios de campaña. Pero José Estado Municipal de Rosario no fue capaz de revisar el sistema de gas de un edificio, quizás no lo haya hecho con ninguno.  Y uno de ellos, explotó. Murieron 21 seres humanos. Heridos incontables, destrozos a 250 ms, personas que perdieron sus casas,  igual que si hubieran sido bombardeadas durante una guerra. Una guerra entre la desidia y la gente, guerra que siempre pierde la gente.
El mismo José Estado Municipal de Rosario, no tuvo tiempo, o no envió inspectores, o los envió y estos fueron coimeados, a un parque de diversiones donde la mayoría de los que asisten son chicos y adolescentes. Los juegos no estaban en condiciones. El carro de uno de ellos descarriló y murieron dos jóvenes. Demasiados muertos en un municipio muy prolijo a la hora de cobrar impuestos y mortalmente desprolijo a la hora de velar por la seguridad de sus habitantes. Algo muy en lo profundo, no funciona. No importa lo importante, importan la política y las elecciones.
El estado tiene confundido sus roles. El concepto de estado está mal. El estado no está para atentar contra las libertades individuales, el estado debe cuidar y ser responsable de la seguridad de las personas.  José Estado se ocupa de lo que no debe y no se ocupa, ni siquiera se preocupa de lo que debe. Y conste que pagamos el sueldo de todos los funcionarios de todos los Estados, puntualmente, todos los meses. Año tras año. Pagamos por un trabajo que no hacen o que hacen mal. De nosotros depende. Faltan 70 días para las legislativas. Empecemos a cambiar al Estado, cuestión que mejore su estado, para bien de los ciudadanos. Nos va la vida.
(*) Malú kikuchi. Periodista y analista política,.
Fuente: Comunicación personal de la autora y en http://www.lacajadepandoraonline.com/blog2/?p=8863