lunes, 23 de septiembre de 2013

Los peligros de la envidia

Por Alberto Benegas Lynch (h) (*)
La llamada “justicia social” puede significar una de dos cosas: o es un pleonasmo grosero ya que la justicia no puede ser vegetal, mineral o animal o, de lo contrario, se traduce en la facultad de los aparatos estatales para sacar lo que les pertenece a unos para darlo a otros a quienes no les pertenece.

En debates abiertos se avanza o retrocede según sea la calidad y la penetración de los argumentos, pero cuando irrumpe el envidioso no hay razonamiento posible puesto que no surgen ideas sino que se destila veneno. Este fenómeno constituye una desgracia superlativa ya que se odia el éxito ajeno y cuanto más cercana la persona exitosa mayor es la fobia y el espíritu de destrucción. Habitualmente el envidioso de los logros ajenos está en relación directa a la proximidad. En nuestro siglo no se envidian las hazañas intelectuales de Sócrates sino del vecino, del pariente, del par o de quienes viven en la misma sociedad.

En el plano económico y jurídico el problema se torna grave puesto que se pretende limar los resultados de los que sobresalen por sus talentos y capacidades con lo que tiende a desmoronarse el edificio de las relaciones interpersonales. Se aniquilan las ventajas de los procesos de mercado junto a todo el andamiaje institucional.
Lo insidioso de la envidia es que no se muestra a cara descubierta sino que se tira la piedra y se esconde la mano. El envidioso siempre se oculta tras una máscara. Le desagrada la mejor posición del otro hasta el límite que a veces no toma en cuenta los propios perjuicios que se generan cuando sus dardos dan en el blanco. Un destacado empresario cubano exiliado en la Argentina contaba que un fulano que quedó en la isla, cuando se le señaló los desastres del comunismo para él mismo y para todos sus compatriotas reconoció el hecho pero dijo con alegría y satisfacción que “por lo menos” tales y cuales comerciantes exitosos quebraron.
La  manía de la guillotina horizontal procede también de la envidia además de conceptos errados. De allí surge el inaudito dicho por el que “nadie tiene derecho a lo superfluo mientras alguien carezca de lo necesario”, como si nadie pudiera comer langosta antes que todo el planeta tuviera pan sin comprender que el lujo es el estímulo para que los eficientes expandan su producción haciendo que lo superfluo hoy resulte en un bien de consumo masivo mañana. Las tasas de capitalización que resultan de ganancias incrementadas es lo que hace posible salarios e ingresos mayores en términos reales. Que nadie pueda contar con una computadora antes que todos dispongan de papel y lápiz es tan descabellado como suponer que nadie pueda tocar la guitarra antes que todos tengan zapatos.
No solo no se ve la conexión entre los beneficios y mayores márgenes operativos con la mejora en los niveles de vida de los demás, sino que se suele insistir en las virtudes de la pobreza como si fuera una cualidad moral excelsa, elucubración por cierto contradictoria, incompatible y mutuamente excluyente con la articulación de un discurso que proclama la necesidad de reducir la pobreza.
Hay una célebre carta del ministro de la Corte Suprema de los Estados Unidos Oliver Wendell Holmes, Jr. dirigida al economista de la London School of Economics Harold Laski fechada el 12 de mayo de 1927 en la que se consigna que “No tengo respeto alguno por la pasión del igualitarismo, la que me parece simplemente envidia idealizada”. Esto es así, fuera de las conclusiones insensatas sobre la llamada redistribución de ingresos, ocupa un amplio terreno la envidia que ingresa de contrabando bajo un ropaje argumental vacío de sustancia.
Hoy en día la mayor parte de los discursos políticos están inflamados de odio y resentimiento a quienes han construido sus fortunas lícitamente en los mercados abiertos, mientras que esos mismos políticos generalmente se apoderan de dineros públicos y les cubren las espaldas a mafiosos amigos del poder que asaltan a la comunidad con sus privilegios inauditos.
En realidad, en un contexto de libertad y de competencia la asignación de recursos depende de los gustos y preferencias de la gente a través de los votos en los plebiscitos diarios del supermercado y equivalentes. Entonces, la diferencia de patrimonios y rentas derivan de esas votaciones, las cuales no son irrevocables ya que son cambiantes en la medida en que se acierte o se yerre en satisfacer los requerimientos de los demás. Y cuando se habla de monopolio lo que debe resultar claro es que deben combatirse los otorgados por el poder político puesto que los naturales son consecuencia del apoyo del público consumidor. En otros términos, el monopolio que no surge del privilegio estatal constituye un paso necesario en los procesos abiertos ya que el que primero descubre un producto farmacéutico o una nueva tecnología no debe ser combatido por ser el primero sino que debe mantenerse la competencia para que la cantidad de oferentes sea la que la gente vote en el mercado. Competencia no quiere decir que haya uno, varios o ninguno, todo depende de las circunstancias imperantes, el tema central es que el mercado se encuentre permanentemente abierto de par en par al efecto de que cualquiera desde cualquier punto del planeta puede ingresar al mercado con sus bienes o servicios.
Los Gini ratios y similares pueden constituir curiosidades de algún valor para conocer la dispersión del ingreso, pero son irrelevantes para concluir que el delta es mejor o peor. Como ha escrito el premio Nobel en economía James Buchanan “mientras los intercambios se mantengan abiertos y mientras la fuerza y el fraude queden excluidos, aquello sobre lo cual se acuerda es, por  definición, eficiente”. Por eso es que Friedrich Hayek ha consignado que “La igualdad de normas del derecho es la única igualdad que conduce a la libertad y la única que debe asegurarse sin destruir la libertad”, Ludwig von Mises apunta que “La desigualdad de los individuos respecto a la riqueza y los ingresos es una característica esencial de la economía de mercado” y Robert Nozick se detiene a mostrar las incoherencias de la guadaña estatal tendiente a reducir las diferencias de ingresos y patrimonios y lo mismo hace Robert Barro al mantener que “el determinante de mayor importancia en la reducción de la pobreza es la elevación del promedio del ingreso [ponderado] de un país y no el disminuir el grado de desigualdad”.
Como hemos señalado antes, el igualitarismo de resultados no solo contradice las indicaciones de la gente en el mercado con lo que se consume capital y consiguientemente se reducen salarios, sino que, estrictamente, es un imposible conceptual puesto que las valorizaciones son subjetivas y, por ende, no habría una redistribución que equipare a todos por igual (además, las comparaciones intersubjetivas no son posibles) y, para peor, aún no considerando lo dicho, en cualquier caso debe instaurarse un sistema de fuerza permanente para redistribuir cada vez que la gente se salga de la marca igualitaria. Este es el problema de autores como los Rawls, Dworkin, Thorow, Tobin o Sen para citar los más destacados propulsores del igualitarismo.
La llamada “justicia social” puede significar una de dos cosas: o es un pleonasmo grosero ya que la justicia no puede ser vegetal, mineral o animal o, de lo contrario, se traduce en la facultad de los aparatos estatales para sacar lo que les pertenece a unos para darlo a otros a quienes no les pertenece lo cual contradice la clásica definición de Justicia de “dar a cada uno lo suyo”. Por eso es que Mencken explica que para el envidioso el problema no es la injusticia sino que “es la justicia lo que duele”.
Como queda dicho, en los debates aparecen las contradicciones y los saltos lógicos pero frente al envidioso no hay defensa sobre todo porque opera en las sombras alegando otras razones que son meros disfraces y máscaras que ocultan su disgusto mayúsculo para con los que sobresalen y, en general, contra cualquier manifestación de excelencia. De más está decir que la envidia no solo arremete contra los exitosos en el mundo de los negocios, la emprenden también con virulencia contra los que se destacan en ámbitos académicos, deportivos y artísticos. El odio está dirigido a los mejores, sin atenuantes. Para recurrir a la terminología de la teoría de los juegos, se presenta aquí un proceso de suma cero: el triunfo del prójimo es la derrota del envidioso que la siente como una pérdida personal irreparable.
Tal vez las tres obras que tratan con mayor rigor y solvencia el peligro de la envidia sean la de Helmut Schoeck (La envidia. Una teoría de la sociedad, Buenos Aires, Club de Lectores), la de Robert Sheaffer (Resentment Against Achivement, New York, Prometheus Books) y la editada por Peter Salovey (The Psychology of Jealousy & Envy, London, The Guilford Press).
Termino con una cita del primero de los libros mencionados que resume magníficamente el tema que nos ocupa en esta nota periodística: “La mayoría de las conquistas científicas por las cuales el hombre de hoy se distingue de los primitivos por su desarrollo cultural y por sus sociedades diferenciadas, en un palabra, la historia de la civilización, es el resultado de innumerables derrotas de la envidia, es decir, de los envidiosos”.
(*) Alberto Benegas Lynch (h). Es presidente del Consejo Académico de Libertad y Progreso. Artículo publicado por La Prensa Popular (Director: Nicolás Marquez) el 23 de Septiembre de 2013, en su Edición Nº 235

La crítica al egoísmo

Por Gabriel Boragina (*)
De acuerdo al diccionario:
"egoísmo.
(Del lat. ego, yo, e -ismo).
1. m. Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.
2. m. Acto sugerido por esta condición personal.[1]"

Pareciera que lo "inmoderado, excesivo" y "desmedido" del amor a si mismo surge (según la definición de la Real Academia Española) cuando no se cuida el "propio interés" "de los demás". La pregunta que surge de inmediato es ¿cuál es el "propio interés de los demás" que el supuestamente egoísta "debería cuidar", y por que debería cuidarlo el acusado de egoísmo y no deberían cuidar su propio interés esos otros (demás)?. O, en otros términos, ¿por qué los demás "deberían" cuidar nuestro "propio interés" y nosotros "deberíamos" cuidar el "propio interés" de los demás, en una suerte de "obligaciones" recíprocas y cruzadas? Por otro lado, aparece otro interrogante que no es menor, a saber: ¿cuál es la medida para todo ello? Es decir, ¿cuál es la medida de lo "inmoderado, excesivo, desmedido" y además ¿cómo definimos el "propio interés" y cuáles son sus límites? Esos otros o "demás" ¿quiénes y cuántos son y dónde están ubicados geográficamente? Estas preguntas no tienen para nosotros ninguna respuesta satisfactoria, porque cualquiera que se quiera dar será enteramente subjetiva y por completo arbitraria.

Sin embargo, las cosas no parecen ser tan claras como lo sugiere la definición de la Real Academia Española, como, por ejemplo, demuestra la siguiente cita del Dr. Alberto Benegas Lynch (h):
"También el que es caritativo con el prójimo especula con la satisfacción del destinatario. Conviene repasar un pasaje estampado en el primer libro que escribió Adam Smith en 1759 sobre filosofía moral (quien, en esta materia, siguió la tradición iniciada primero por Carmichael y luego por Hutcheson). En el primer párrafo de aquella obra se lee que “Por mucho que sea el egoísmo que se supone del hombre, hay evidentemente ciertos principios en su naturaleza que lo hace interesarse por la suerte de otros y considera esas felicidades necesarias para la suya propia, aunque no se derive nada para él excepto el placer de contemplarlas”. Esta aseveración es del todo congruente con su idea de la “mano invisible” que hace que todos los seres humanos atentos a sus propios intereses benefician a los demás aunque ése no haya sido su propósito inicial (lo cual, como queda expresado, no excluye que la satisfacción del sujeto actuante resida en la realización de obras filantrópicas)."[2]

Paradójicamente, el egoísmo puede dar lugar a acciones altruistas, aunque el acusado de "egoísmo" no las considere de dicho modo, lo que podrá ser quizás motivo de condena moral, pero sociológica y económicamente -tal como lo señala Adam Smith con su metáfora de "la mano invisible"- las conductas en principio calificadas de "egoístas" resultan ser siempre sumamente provechosas para el conjunto social. La cooperación social nace, pues, de acciones que siempre tienen un origen egoísta. Por eso siempre hemos sostenido que no existe un verdadero antagonismo entre "lo social" y "lo individual" como pretenden muchos.

El término egoísmo no mantuvo un significado univoco a lo largo de las épocas, como lo marca Friedrich A. von Hayek, quien diferencia el "egoísmo" del "individualismo":
 "Hay un punto en estas presunciones sicológicas básicas que de alguna forma es necesario considerar de manera más completa. Como se cree que el individualismo aprueba y estimula el egoísmo humano, esto hace que mucha gente no lo acepte y debido a que esta confusión es provocada por una verdadera dificultad intelectual, debemos examinar cuidadosamente el significado de tales presunciones. Por supuesto, no puede haber duda de que en el lenguaje de los grandes pensadores del siglo XVIII el “amor a sí mismo” del hombre, o incluso sus “intereses egoístas”, representaba algo así como el “motor universal”. Estos términos se referían principalmente a una actitud moral que, pensaron, prevalecería ampliamente. Sin embargo, estos términos no significaban egoísmo en el sentido restringido de preocupación exclusiva por las necesidades inmediatas de uno mismo. El “ego” por el que supuestamente las personas debían preocuparse claramente incluía a la familia y a los amigos. Ninguna diferencia significativa respecto del argumento habría si se hubiera hecho extensivo a todo aquello por lo cual la gente de hecho se preocupa."[3]

Por lo tanto, el vocablo egoísmo puede interpretarse en dos grandes sentidos: uno amplio y otro restringido, este último correspondería -en su totalidad- a la definición que el diccionario de la Real Academia Española le da por completo.

Desde un punto de vista estrictamente social, y dado que ningún individuo puede bastarse a sí mismo, cualquier conducta que despliegue, aun así sea calificada por sus semejantes de "egoísta", tendrá siempre algún efecto beneficioso sobre una o muchas personas. Este efecto útil va mucho más allá -como dejamos dicho- de las posibles intenciones negativas o positivas que tenga el sujeto actuante. Quien por muy egoísta que sea deberá interactuar como consumidor y como productor en el mercado, y ya sea en un rol o en el siguiente, cualquier acción que despliegue favorecerá a sus congéneres, inmediata o remotamente. La única excepción a este principio general será, indudablemente, el del ladrón, quien con su accionar delictivo sólo a él mismo alivia, en tanto perjudica a todos los demás y -en lo inmediato- al sujeto robado. Fuera de este caso particular (y dentro de la sociedad civil, minoritario) el egoísta mas aborrecido del mundo deberá, le guste o no, intercambiar bienes y servicios con sus prójimos, y en dicho intercambio estos saldrán atendidos.

Referencias
[1] Real Academia Española © Todos los derechos reservados
[2] Alberto Benegas Lynch (h) Las oligarquías reinantes. Discurso sobre el doble discurso. Editorial Atlántida. Pág. 121
[3] Friedrich A. von Hayek "INDIVIDUALISMO: EL VERDADERO Y EL FALSO". Este ensayo corresponde a una exposición pronunciada en la duodécima Finlay Lecture en la University College de Dublín, en diciembre de 1945 y aparece en el volumen Individualism and Economic Order (The University of Chicago, 1948, reimpreso posteriormente por Gateway Editions Ltd., South Bend, Indiana). Págs. 12 y 13

(*) Gabriel Boragina. Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas. Egresado de ESEADE (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas). Presidente del CFi (Centro de Estudios Económicos,Filosóficos y Políticos). Director del curso sobre Escuela Austriaca de Economía,dictado por el Centro de Educación a Distancia para los Estudios Económicos (CEDEPE). Director del Departamento de Derecho Financiero del INAE (Instituto Argentino de Economía). Colaborador de "Contribuciones a la Economía"; revista académica de amplia difusión mundial publicada por el Departamento de Economía de la Universidad de Málaga. Columnista de "La Historia Paralela",revista crítica de política y economía internacional. Ex columnista y sponsor de la revista Sociedad Libre y de la revista Atlas del Sud. Ex presidente de ESEDEC (Escuela de Educación Económica). Profesor de Elementos de Análisis Económico y Financiero en la UNBA. Ex profesor de la materia universitaria Política Económica Argentina; de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA; de Finanzas y Derecho Tributario de la Universidad Abierta Interamericana (UAI). Artículo publicado por "Acción Humana" el 23 de Septiembre de 2013

La vigencia del liberalismo

Por Alejandro Poli Gonzalvo (*)
En tiempos turbulentos en que el kirchnerismo ha basado buena parte de su estrategia política en difundir la existencia de un "relato" poco veraz y anacrónico y en que los procesos electorales se reducen a campañas de marketing con foco en la imagen de los candidatos, urge dar el debate ideológico. La confusión de ideas que ha imperado en la Argentina ha sido la fuente primordial de nuestro retroceso como nación. De mala o de buena fe, se cuestionan conceptos básicos que en las naciones desarrolladas no se discuten más. Un ejemplo mayor de esta confusión es la crítica de barricada contra el liberalismo. A fin de evitar que se siga llamando liberalismo a cualquier cosa y que se sacrifique una vez más el futuro del país en el altar de la fraseología neopopulista, conviene precisar su auténtico sentido histórico.

El liberalismo nació como respuesta política a toda forma de intolerancia y fue la mejor solución conocida para equilibrar el conflicto entre individuo y sociedad. En materia de derechos humanos se basó en los principios de inviolabilidad y autonomía de las personas y tuvo la honestidad moral de reconocer el egoísmo del hombre y crear instituciones para ponerle límites al poder y encauzar sus energías y ambiciones. Permitió resolver, con resultados espectaculares, la cooperación entre los hombres, respetando su libertad personal y política, y generó la mayor cantidad de riqueza de bienes y servicios que conociera la humanidad. El advenimiento de la sociedad liberal significó que por vez primera en la historia un ideal utópico se encarnara en la vida de millones de personas: libertad política, neutralidad moral y riqueza material. Vivimos y soñamos gracias a esos tres extraordinarios principios liberales, pero de tanto contar con ellos hemos perdido la capacidad de apreciarlos en su justa dimensión.
Para quienes ubican al liberalismo en posiciones políticas de derecha, estereotipadas por un mal uso de los conceptos, se debe recordar que nació como doctrina política opuesta a todos los absolutismos. El advenimiento de la sociedad liberal moderna ha sido un proceso gradual iniciado en el siglo XVII. Es sinónimo de respeto a la ley y a la propiedad, de libertad e igualdad política, de división de poderes y de justicia independiente, de defensa de los derechos del hombre y de las minorías, de tolerancia moral y religiosa, de educación y movilidad social, de una inteligente inserción en el mundo globalizado, de investigación científica, de diversidad.
En su proceso de evolución, el liberalismo debió ampliar sus horizontes conceptuales para dar respuesta al problema de la representación política planteado por las grandes revoluciones del siglo XVIII. De allí que la reflexión sobre el liberalismo deviniera en una extendida discusión sobre la democracia. Como refrenda C. B. Macpherson en Life and Times of Liberal Democracy , la democracia liberal nace en el siglo XIX y asume formas políticas que conducen progresivamente al sufragio universal y a la Sociedad Abierta contemporánea. Es el punto de partida del liberalismo democrático. Que en el siglo XX tuvo la virtud y el valor de perseverar en defensa de la libertad política y de los derechos humanos y derrotar a los cruentos totalitarismos que ensangrentaron de racismo, purgas y genocidios vastas zonas del planeta. Y que también durante la centuria pasada se perfeccionó y permitió en el primer mundo la consolidación del Estado de Bienestar, garante de sistemas de educación, salud, seguro de desempleo y seguridad social para todos los ciudadanos.
Hacia dónde evolucionará el liberalismo democrático en el siglo XXI es motivo de estudio en las teorías de justicia más innovadoras, pero todas ellas construyen sus nuevos ideales de equidad a partir de los sólidos cimientos de la sociedad liberal. El liberalismo occidental también es sinónimo de capitalismo basado en la competencia y la innovación, del desarrollo del mercado de capitales y de sistemas financieros que canalizan el ahorro popular hacia fuentes de producción y empleo, de inversiones que buscan rentabilidad para asegurar flujos futuros, del comercio entre los pueblos y de la existencia de un Estado recaudador que proporciona actividades solidarias que el mercado no puede ofrecer.
Esta cosmovisión liberal fue la que tuvieron presente los pensadores argentinos de la primera mitad del siglo XIX y de cuya obra surgió la corriente de ideas que se reflejó en la admirable Constitución de 1853. En la Argentina nunca han tenido vigencia plena los principios e instituciones del liberalismo democrático. En la época dorada del progreso, que tuvo su punto más alto en el Centenario, porque no se cumplían los preceptos democráticos de la Constitución. Más tarde, porque la democracia seguía sin consolidarse y la economía caía en la demagogia insustentable del populismo. Aún si se toma el período iniciado en 1983, el ideario liberal apenas fue aplicado.
Por comparación con los principios y valores que hicieron grande a la Argentina, hoy ser peronista, radical o socialista es una forma de conservadurismo, entendido éste como la aceptación del statu quo que nos ha conducido a décadas de crisis recurrentes. Nada nuevo puede provenir de movimientos como el panperonismo o el panradicalismo, que no están a la altura de los desafíos del siglo XXI.
Ante la inminencia del proceso electoral que se inicia en unas semanas, la nación demanda un partido político -no un frente, una alianza o un conglomerado circunstancial de políticos- que supere la obsolescencia ideológica de peronistas, radicales, conservadores, socialistas y neoliberales. De este modo, los ciudadanos tendremos la opción de votar por todo aquello que ha hecho grande a Occidente.
(*) Alejandro Poli Gonzalvo. escritor, periodista, historiador y analista político. Artículo publicado por La Nación el 23 de Septiembre de 2013

domingo, 22 de septiembre de 2013

Todo vale

Por Jorge Héctor Santos (*)
El desorden impide que una sociedad funcione. La falta de respeto a las las leyes, a las formas, a las normas elementales, es como la corrupción; se desparrama de arriba hacia abajo.Inunda todo. El mundo en el que vive la Argentina es un lugar atípico, donde todo vale; es el extravagante mundo de Cristina Fernández de Kirchner.
No resulta una novedad, tras años de conocimiento público, que la presidente de la Nación posee un amplio diccionario de expresiones acuñadas por ella donde las que ayer u hoy son sinónimos, tranquilamente sin el menor pudor, mañana, puede ser antónimos.
Donde las afirmaciones más sólidas esgrimidas como una verdad incontrastable, puede estar montadas en un engarce de mentiras.
En el mundo de Cristina, todo vale.
Todo vale para acumular poder y mantenerlo; el poder es su devoción y por él es capaz de sacrificar todo, incluso hasta caer en el ridículo.
De los extranbóticos colores de sus múltiples vestidos pagados con dineros públicos que debían coincidir con las luces y el decorado donde iba a presentarse; se convirtió  de golpe, por las desgracias de la vida, en la mujer de luto.
Con el luto a cuestas ganó elecciones dando pena; y, como  cábala triunfadora,  el negro lo extendió hasta nuestros días.
Violentando el recato, la primera magistrada no dudó en presentarse en un acto poblado de escolares usando una camisa pasando los límites de su cintura, con una calzas, ovbiamente negras; nada más distante del protocolo que debe respetar la máxima autoridad de una nación.
Cristina se lleva puesta las normas de la prudencia en todo.
Hace trizas el lenguaje recurriendo a dichos chabacanos e incluso a un pobrísimo inglés.
No respeta las leyes ni la Constitución.
Usa los dineros de todos como propios.
Engaña.
Deforma la realidad a su gusto y conveniencia.
Se muestra intolerante con todos y todas los que no comulgan con su credo.
Actúa de buena, papel que le sale mal, por cierto, frente a situaciones electorales desfavorables.
Cristina no puede vivir sin sentirse la mejor, la única; se cree la reina del país, en un país sin reina.
La democracia es ella y ella es la que la ultraja.  
  
No rinde cuentas de nada, siendo la administradora de los bienes del Estado.
Se ha enriquecido personalmente en forma inexplicable.
Sus ministros, secretarios, empresarios amigos K, senadores, diputados, gobernadores, intendentes, que le respondieron antes en todo, y ahora algunos comienzan a serle esquivos, también en la mayoría de los casos, han pasado de hombres y mujeres de a pie, a multimillonarios ostentando fortunas tan grandes como inmensas son las sospechas de corrupción que yace sobre ellos.
Cristina es aquella que puede erigir a Martín Insaurralde en su propio candidato para competir en el distrito más poblado, apoyarlo al extremo y abandonarlo a la buena de dios cuando las encuestas no le son propicias.
Los otros pierden, ella NO.
Ella está por encima  de los problemas de los mortales a los cuales gobierna. Ignora la inseguridad, las tragedias, la inflación y todo aquello que no le conviene. 
Ella interpreta una ficción en la que el autor la convierta en la mejor de la historia.
La verdadera heroína de una película donde la protagonista es eterna.
Pese a quien le pesare, la viuda de Kirchner, no se ha rendido.  Ella va por todo.
Ella piensa seguir gobernando más allá de 2015; ya sacará un as de la manga.
En su cabeza solo hay cartas ganadoras.
Nada de lo malo que los crìticos desestabilizadores mencionan es verdad. Solo, como de costumbre, para ella  es cierto que estos malditos que viven maltrántandola, mienten.
Son los perversos que buscan llevar al pueblo que ella defiende por el camino del mal.
A Cristina le importa el pueblo solamente porque este vota, y los votos los necesita como el pan nuestro de cada día, para saciar su ego.
Es por eso que la huésped de la Rosada, de odiar a Bergoglio, pasó a ser devota de Francisco.
Ella es así.
Puede lucir un costoso Rolex de oro y brillantes con una calzas.
Alabar a la Corte Suprema de Justicia como uno de los mayores logros del matrimonio feudal de Santa Cruz o pasar a defenestrarla si no consigue que los ministros del más alto tribunal de justicia no consideran constitucionales las leyes que ella ideó para vengarse de sus enemigos, aún  estando en el extremo opuesto de lo legalmente admitido.
No se sorprenda entonces, que a diario, su estrés aumente, por vivir en un país que se ha vuelto en uno sin reglas. Donde su vida no vale nada. Donde puede hoy tener trabajo y mañana nunca más.
Donde no llegan inversiones ni poniédose de rodillas.
Donde lo que viene será muy duro, después de octubre, gane o pierda Cristina.
Esta es la Argentina de ELLA, no la suya.
Algunos pocos la gozan, muchos la sufren.

(*) Jorge H. Santos. CPN. Periodista, analista político. Asesor de medios de comunicación. Artículo publicado en Urgente 24 el 22 de Septiembre de 2013
Twitter:@santosjorgeh

El descalce de plazos no es la causa del ciclo económico (III)

Por Adrián Ravier (*)
Como siempre ocurre en estos debates, el intercambio va abriéndose a varios campos relacionados. Aquí, para no perder el foco, me concentraré en el punto original, que el descalce de plazos no es la causa del ciclo económico. En el futuro intentaré volver sobre lo demás.

En esta última réplica de Rallo veo una contradicción que me impide comprender el mensaje de la teoría de la liquidez.
Hayek siempre rechazó que en ausencia de intervención estatal el mercado sea perfectamente estable. Distinguía por ello entre fluctuaciones y ciclos económicos. Las fluctuaciones ocurren por factores endógenos al mercado, ante cambios en las preferencias temporales o ante innovaciones tecnológicas. Los ciclos económicos ocurren por factores exógenos al mercado, concretamente, por la expansión de crédito de la autoridad monetaria que rompe la identidad entre ahorro e inversión, creando un auge insostenible.
Keynes, Marx y los seguidores de ambos, por el contrario, afirman que el ciclo económico es causado por factores endógenos al mercado. No hay espacio aquí para desarrollar las teorías de ambos, pero digamos que es justamente esta inestabilidad la que lleva a Keynes a justificar su intervencionismo y a Marx a sugerir un cambio de sistema.
Soy consciente que Rallo defiende un pensamiento libertario, y en ningún momento quisiera identificarlo con estos otros autores. Más aun, pienso que está haciendo un trabajo increíble en defensa de la libertad. Pero cerré mi anterior post afirmando que “la posición de Rallo tiene un condimento keynesiano importante. El ciclo económico se produce ahora por un factor endógeno del capitalismo.” A lo que Rallo respondió que “La teoría de la liquidez no fortalece la versión keynesiana del ciclo por una razón: porque explica cómo el libre mercado sería capaz de superar esos problemas.”
Aquí veo una contradicción importante que me lleva a concluir que quizás estamos diciendo lo mismo. Si el libre mercado es capaz de superar los problemas del descalce, entonces yo tendría razón en afirmar que el descalce no es la causa del ciclo económico. En todo caso, la teoría de la liquidez debería afirmar que el monopolio de emisión + el descalce, provocan ciclos económicos.
Si por el contrario, Rallo insiste en su posición de que “el descalce general de plazos sí genera el problema, con independencia del marco institucional en el que se dé” (punto 5), entonces fortalece la posición keynesiana de que está en la naturaleza del libre mercado la causa de los ciclos económicos.
En la clasificación de Hayek yo creo que el “descalce” sería un factor más para explicar ciertas fluctuaciones en el mercado libre, pero no para fundamentar los ciclos económicos.
Lo mismo ocurre con las reservas fraccionarias. En un sistema de banca central, la existencia de reservas fraccionarias ayudan a expandir el crédito y causan el ciclo económico. Pero en un sistema de banca libre, la competencia entre bancos emisores y la compensación bancaria evitan que se desencadene el ciclo, como de hecho muestra el caso de Escocia, que funcionó de forma estable con un encaje del 2 %.
De esto se deduce que ni el descalce, ni las reservas fraccionarias son causa del ciclo económico. La causa proviene del monopolio de emisión.
Hay que reconocer que el monopolio de emisión podría no generar ciclos económicos si lograra equilibrar ahorro e inversión, pero dada su naturaleza lo más probable es que Hayek tenga razón al enfatizar el “problema de conocimiento” y Buchanan tenga razón en enfatizar el “problema de incentivos”. Resumiendo, lo más probable es que el monopolio de emisión redunde en desequilibrios monetarios.
Insisto entonces en la necesidad de distinguir entre marcos institucionales monetarios. Y el contraejemplo expuesto en mi anterior comentario, se cumple precisamente bajo un sistema de banca libre con reserva fraccionaria. No niego que el descalce puede generar pequeños desequilibrios, y que estos a su vez puedan generar cierto efecto Ricardo en la estructura productiva, pero al estar limitados por la competencia no llegan a causar el ciclo económico.
Rallo dijo que el mercado libre “sería capaz de superar” el problema. Quizás se refería a esto mismo. Y luego en el punto 3 de su réplica agrega que “sí, en banca libre los bancos tienden a aprender que no deben descalzar plazos. Pero… durante un tiempo pueden no haber aprendido la lección (en eso consiste el aprendizaje evolutivo: me equivoco, corrijo, aprendo) y en ese caso se podría dar un ciclo sin bancos centrales.”
Lo único que debo corregir de esta última afirmación es que no habrá “ciclo” en ese proceso de aprendizaje, sino que habrá quiebra de un banco o algunos bancos que operen irresponsablemente. De nuevo, insisto con el mensaje de mi primer post, no es lo mismo la quiebra de un banco que “desequilibrios generalizados”. En un sistema de bancos emisores competitivos como el de Escocia, la caída de un banco no arrastra a todos los bancos del sistema.
En el punto 4 de la réplica, Rallo señala que bajo un sistema de banca libre, “Los bancos se pueden equivocar: es más, pueden descalzar todos ellos en masa el crédito sin que aparezcan saldos negativos en la cámara de compensación interbancaria y sin que ninguno ponga fin a expansión crediticia”. Acepto que los bancos se pueden equivocar. Lo contrario sería un mundo de equilibrio y competencia perfecta. Pero no veo por qué tal cosa ocurriría. Si bien los bancos pueden descalzar, el proceso de competencia haría que aquel banco que se exceda quiebre, pero no arrastrará el sistema completo como decía antes. Aquí es necesario ampliar la explicación para mostrar que tal cosa ocurriría. Rallo acepta que en Escocia no ocurrió pero afirma que podría ocurrir. Yo no veo por qué.
Huerta de Soto afirma algo similar en su libro “Dinero…” utilizando teoría de los juegos, para afirmar que todos los bancos formarían un cártel contra sus clientes. El ejemplo es desafortunado, y el propio Mises lo muestra en La Acción Humana, Cap. 17, sección 11, p. 535, cuando analiza precisamente la libertad bancaria:
"¿Qué sucedería si toda la banca privada se asociara y formara un cartel? ¿No es acaso posible que los bancos se confabulen para emitir sin tasa medios fiduciarios? Tal inquietud es absurda. Mientras la intervención estatal no impida a la gente retirar sus saldos, ningún banco puede permitirse arriesgar su buen nombre asociándolo con el de otras entidades de menor crédito. Conviene recordar que el banco dedicado a crear medios fiduciarios se halla siempre en una postura más o menos precaria. El buen nombre es su prenda más valiosa. Cualquier duda acerca de la seguridad y solvencia de la institución puede llevarla a la suspensión de pagos. Para un banco de buena reputación sería una política suicida ligar su nombre al de otras instituciones menos acreditadas. Bajo un régimen de libertad bancaria, la unión de todos los bancos en un cartel implicaría el fin de la banca, lo que, evidentemente, no beneficiaría a ninguna de las instituciones afectadas."
Cierro con las referencias al intercambio completo:
(*) Adrián Osvaldo Ravier (Ciudad de Buenos Aires, 1978) es economista, especializado en teoría monetaria, el estudio de los ciclos económicos y la historia del pensamiento económico. Ha obtenido su título de doctor en economía aplicada, en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (2009), bajo la dirección del profesor Jesús Huerta de Soto. Ha sido alumno de ESEADE donde obtuvo un Master en Economía y Administración de Empresas (2004). Y ha obtenido su licenciatura en economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires (2002).

El dolor de ya no ser

Por Enrique G. Avogadro (*)
“La gloria de los hombres se ha de medir siempre por los medios de que se han servido para obtenerla”. François de la Rochefoucauld
La diáspora que las elecciones primarias continúan produciendo en las filas del oficialismo tuvieron su fotografía más explícita en la reunión de empresarios convocada por doña Cristina en Tecnópolis; las ausencias más notorias fueron las de Méndez, de la UIA, y Brito, de la Asociación de Bancos, pero más de cien capitanes de la industria faltaron a la cita. Ese gesto, impensable hasta julio, da cuenta de la soledad en la que se encuentra un gobierno transformado en un pote de yogurt, con fecha cierta de vencimiento, y del cual ni Gardel ni Lepera pensarían que puede “Volver”. Si a ello se les suman los agravios que Patotín Moreno infirió durante años a esos mismos invitados ausentes, la explicación resulta innecesaria.
El procesamiento del energúmeno funcionario fue otra de las muestras de la pérdida de poder del kirchnerismo, tan lejano a sus épocas de gloria, cuando todos se inclinaban a su omnímoda voluntad. En el terreno de la Justicia, por supuesto aparte de las derrotadas batallas contra la prensa, será donde se librarán las campañas futuras de la banda de delincuentes que hoy nos gobiernan, aterrados ante un horizonte de condenas que, seguramente, incluirán a sus hijos y parientes, comenzando por los presidenciales, los “jaimitos” y la princesita del titular de la AFIP, tan necesitada de movilización.
Desde el origen de la década ganada por tan pocos, don Néstor (q.e.p.d.) y su viuda se exhibieron como víctimas de los gobiernos anteriores, causantes de todos los males de la Argentina, que habían contraído obligaciones que ellos debían afrontar. La actitud de quien tantas veces se autotituló abogada exitosa presenta dos opciones: ignora que los compromisos asumidos por un gobierno obligan a su país, con prescindencia de quien sea su presidente, o bien es una muestra más de la mala fe del relato. De allí la novedad de la semana en la materia; decir, como lo hizo, que aceptó el gobierno sin beneficio de inventario es una estupidez sin nombre, ya que no se trata de una herencia privada sino de un rarísimo sucesorio que, pese a contener tantas bombas de tiempo –como las que dejará el kirchnerismo- convoca a tantos voluntarios a recibirlo.
Finalmente, una breve anotación para la polémica calificación como década ganada que otorgó doña Cristina a la producción de leche: si bien la producción se ha incrementado, la realidad indica que se ha producido a costa de una enorme concentración –como ha sucedido en muchísimas otras ramas de la industria- que ha implicado la desaparición del 90% de los tambos, con el consiguiente desarraigo de familias rurales y la desocupación que eso entraña.
Dedicaré, ahora, unos párrafos a mis sugerencias para la imprescindible renovación de la Justicia. Sin pretender dictar cátedra sino, simplemente, realizar propuestas para su discusión inmediata, comenzaré entonces diciendo que, en la Argentina y en cualquier otro país, “con Justicia, todo es posible; sin Justicia, nada es posible”.
No descubro pólvora alguna cuando sostengo que la inseguridad, la impunidad, la corrupción, son los temas que más preocupan a los ciudadanos hoy en día; todos ellos, entre otros no menos importantes, son temas sobre los cuales una Justicia verdaderamente independiente, seria y rápida podría accionar muy rápidamente.
Piénsese, sólo, en qué sucedería con la seguridad si la Justicia se sintiera independiente del poder político y llegara al fondo de la alianza real entre los malos policías, los punteros locales y los delincuentes, aplicando a todos ellos el peso de la ley vigente, sobre todo en materia de narcotráfico. Piénsese en qué sucedería si todos los funcionarios, a partir de cierto rango, tuvieran que pasar por un juicio de residencia, como aquél al que eran sometidos los representantes de la Corona al dejar sus cargos.
Por lo demás, la trascendencia pública internacional de la independencia del Poder Judicial en Argentina, y el apego obligado del país a sus leyes, no solamente prestigiará nuestra imagen en el mundo sino que, con ello, comenzarán a aparecer las inversiones, tan esenciales para el desarrollo económico. Si los argentinos nos convencemos que nunca más las reglas serán cambiadas por quien ejerza el Ejecutivo, o por el absoluto desprecio del partido mayoritario ocasional por el interés público, regresarán los capitales hoy depositados en el exterior, y de su mano volverán los extranjeros.

Pero, ¿cómo hacer para cambiar, en tan breve plazo como el que el país necesita, la Justicia que hoy tenemos? No servirá para ello el procedimiento que intentó utilizar hasta ahora el Gobierno, pese a su previamente declamada voluntad de transparencia, para la elección de los miembros del Consejo de la Magistratura o para la propuesta de candidatos a jueces, desoyendo e ignorando las críticas públicas o alterando, por su sola voluntad, el orden de mérito en los concursos.
Tengo la certeza, después de más de cuarenta años de ejercicio de la abogacía, que la enorme mayoría de los jueces son individuos probos y capaces, y que en cada uno de los fueros y jurisdicciones se conoce perfectamente a los mejores y a los peores de sus propios integrantes. Los miembros de las diferentes cámaras debieran ser elegidos por el voto secreto de los jueces inferiores; no se trata de proteger a la familia judicial sino de permitir que sea la excelencia y el reconocimiento y el respeto de sus pares quienes otorguen los ascensos necesarios. Por su parte, los jueces inferiores debieran pasar, para su designación, por exámenes públicos y transparentes de antecedentes y conocimientos, y exigirles, una vez nombrados, la permanente actualización de los mismos como requisito para su permanencia.
Para que esta propuesta tuviera éxito, el procedimiento debería replicarse en todas y cada una de las provincias, para evitar la manipulación caudillista y clientelista de sus realidades sociales y políticas y, por supuesto, una constante vigilia ciudadana sobre el comportamiento de los políticos, que intentarán influir en los procesos para buscar, a través de la connivencia corrupta, la protección de sus intereses espurios. El mero hecho de contar con una Justicia a prueba de corrupción, sea ésta monetaria o política, permitirá a la población volver a confiar en un futuro posible para nuestra Patria.
Pese a las naturales exigencias cotidianas de quienes padecen la inseguridad en carne propia no creo necesario modificar las leyes existentes sino, simplemente, aplicarlas con rigor y equidad. Pero sí habría que enmendar aquéllas que se refieren a los delitos de corrupción ya que, por su misma naturaleza, muy difícilmente se encuentran pruebas concretas, ciertas e indubitables, de la comisión de estos hechos.
Piénsese cómo mejoraría la administración pública si una Justicia independiente y proba se encargara, eficientemente, de investigar las denuncias de corrupción y el enriquecimiento indebido de algunos. En este punto propongo dos medidas; la primera, tomada de la Italia que encaró el proceso de mani pulite contra sus más importantes políticos y empresarios. Para poder condenarlos, sustentó las sentencias en indicios graves y concordantes, sin requerir pruebas concretas, de casi imposible obtención en estos casos. En Argentina también esa forma ha sido analizada; la inversión de la carga de la prueba –o sea, que quien no prueba que es inocente es culpable- nunca fue aplicada por los jueces de Comodoro Py, a punto tal que fueron invalidados 4000 mails encontrados en las computadoras del socio de Jaimito. La segunda, es la inmediata implantación del juicio por jurados para este tipo de delitos aberrantes, sobre todo cuando tantos niños (dos por ciento) hoy mueren de desnutrición en la Argentina, mientras sus funcionarios se dedican a engrosar sus fortunas más allá de cualquier límite. Deben ser los propios ciudadanos quienes digan si cada uno de ellos es culpable o inocente de los delitos que se le imputan, y el juez quien se limite a fijar el monto de la condena.
Octubre se aproxima y, antes de terminar, dejará un perfume a frentes marchitas que impregnará los dos últimos años del kirchnerismo en el poder, si es que el olor a chamusquina no lo supera antes.
Ronda, 22 Sep 13
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
Blog: http://egavogadro.blogspot.com.ar

Fuente: Comunicación personal del autor

El Estado ladrón

Por Murray Rothbard (*)


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http://www.youtube.com/watch?v=PsfSB3dn8JY&list=PLB9nzJb84tE1HRRbl6pXiTnvVfIFydmvS

(*) Murray Rothbard. El estado ladrón, del libro "Ética de la libertad". Murray Newton Rothbard fue un economista, historiador y teórico político estadounidense perteneciente a la Escuela Austríaca de Economía, que contribuyó a definir el moderno liberalismo

Fuente: Circulo Bastiat (El Círculo Bastiat es un grupo de trabajo de la Fundación Libertad dedicado a la promoción del conocimiento liberal) 
http://www.fundacionlibertad.org.pa/html/index.php?id=365

Post octubre

Por Jorge Fontevecchia (*)
Después de diez años, es comprensible que exista cansancio y apuro en da por terminado el ciclo kirchnerista en aquellos que no son sus simpatizantes.
Tanto Sergio Massa como Hermes Binner coincidieron en pronosticar que en 2015 el kirchnerismo quedará definitivamente en el pasado. Massa sostuvo que el kirchnerismo es una de las tantas circunstancias del peronismo, como podría haber sido el menemismo. Y Binner –más poético en su definición– dijo que “el kirchnerismo fuera del poder dura como la luz de un fósforo”.
Massa sostuvo que cree que después de octubre Cristina Kirchner decidirá no confirmar a Scioli como su sucesor sinoelegir un candidato propio como el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, quien con el 20% de votos, aunque no pudiera ganar en 2015, pueda darle continuidad al kirchnerismo desde el Congreso. Y puso el ejemplo de Bordón y Chacho Alvarez yéndose del peronismo en los 90 para explicar cómo las divisiones que parecen permanentes son apenas un momento en la vida de un partido, porque en la cabeza de Massa –en 2015– Insaurralde no será kirchnerista sino peronista alineado a quien conduzca.
En la apertura de la sección Política de esta edición, PERFIL publica lo que parece dar la razón a la teoría de Massa sobre Zannini, porque la mayoría del gabinete y los asesores del Gobierno piensa que Cristina Kirchner después de las elecciones de octubre no hibridará su modelo sino que lo profundizará.
Qué margen de maniobra tendrá para eso dependerá de la economía en su conjunto. Y en la apertura de la sección Economía, en esta edición de PERFIL, se publica que el consumo no afloja a pesar de todos los pronósticos de tormenta económica futura. El miércoles pasado, el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Ben Bernanke, dio una buena noticia a la Argentina al no aumentar las tasas de interés en su país. Para tener una dimensión interna de esa decisión, basta observar que sólo la posibilidad de una suba de tasas hizo que los intereses de las hipotecas subieran anticipadamente, lo que a una familia tipo que compró una casa de 260 mil dólares a pagar en treinta años ya le subió 110 dólares la cuota por mes.
La decisión de Bernanke también es una buena noticia para Brasil, donde el dólar, después de haber alcanzado los 2,45 reales hace tres semanas, volvió a cotizar en 2,20 ayer. Y Argentina es brasildependiente. De cualquier forma, el déficit de dólares que padece hoy la Argentina es de tal magnitud que resulta difícil imaginar que se pueda seguir sin grandes cambios hasta 2015.
Si el kirchnerismo no llegara a 2015 con una economía bajo control, sería imposible cualquier expectativa de continuidad segmentada vía Zannini o siquiera como un sentimiento de algún sector que retome algunos de sus ideales. Pero en la menos probable hipótesis de que lo lograra, las expectativas de una Cristina Kirchner con posibilidades de volver a competir por la presidencia en 2019, aunque de ciencia ficción, no resultan descartables, más allá de requerir muchos factores, como que el gobierno 2015-2019 no sea muy exitoso.
Ante esa especulación, resulta indicativo ver el semblante que Cristina Kirchner muestra en la serie de reportajes que viene emitiendo la TV Pública; mañana es el segundo de la seriecomenzada el sábado de la semana anterior. No se ve allí a una mujer abatida, ni agobiada ni sin deseo. Incluso físicamente luce mejor que nunca desde la muerte de su marido, de la que pronto se cumplirán tres años, además de estar más delgada y sin huellas de la operación de tiroides de hace un año y medio.
Cristina Kirch-ner dejará la presidencia en 2015 con 62 años y tendrá 66 cuando pueda competir en un nuevo turno en 2019. Binner tiene hoy 70 años y otro ejemplo es Carlos Menem, quien dejó la presidencia casi con 70 años y volvió a ser un candidato competitivo cuatro años después, en 2003.
Durante el reportaje, el lenguaje corporal de Cristina Kirchner lució más rejuvenecido que en los atriles y las cadenas nacionales. En parte debe obedecer a una estudiada búsqueda de transmitir un mensaje diferente, pero los cuerpos suelen poder mentir menos que las palabras.
Para los analistas de discurso, la destinación de todo mensaje tiene tres audiencias posibles: el “prodestinatario” (quien comparte la misma visión del mundo), el “paradestinatario” (a quien hay que convencer) y el “antidestinatario” (con quien se polemiza para –por oposición– reforzar el vínculo con los “prodestinatarios”). La Presidenta lució más agradable que de costumbre porque, en lugar de dirigirse al “antidestinatario”, como hace generalmente desde la trinchera, esta vez se focalizó en el “paradestinatario”, típico objetivo en una campaña electoral, donde lo que se busca es conseguir votos.
En lugar de apelar al discurso dogmático que se presenta como el único posible, Cristina Kirchner apeló a un tipo de discurso en el que su posición era una más entre otras, mostrándose respetuosa de las demás visiones del mundo.
¿Cuál es la Cristina Kirchner real? ¿Las dos son actuadas? ¿Las dos reales, dependiendo los humores del momento y los constreñimientos que imponga la realidad?
En la edición del domingo pasado, PERFIL dedicó varias páginas a que distintos columnistas reflexionaran sobre el post kirchnerismo. Entre algunas coincidencias aparecían dos que merecen ser destacadas. Por un lado, que el solo nombre “post kirchnerismo”, como “post marxismo”, implicaba un reconocimiento y una expectativa de recuperacións melancólica de lo que se pretendía superar. Por el otro, que un fracaso del kirchnerismo podía abrir una oportunidad para que la Argentina clausurara una etapa de populismo que le permitiera desarrollarse más plenamente.
El post octubre determinará el post kirchnerismo.
(*) Jorge Fontevecchia. Periodista, escritor y analista político. Artículo publicado en "Perfil" el 21 de Septiembre de 2013

Ilusiones en la galaxia panradical

Por Jorge Raventos (*)
Aunque el panorama que sugieren las encuestas y las previsiones de la mayoría de los analistas parecen coincidir en que la puja por la presidencia que se abrirá apenas se conozcan los resultados electorales de octubre tendrá como protagonistas a figuras del peronismo, en el espacio panradical (UCR, socialistas, diáspora de la Coalición Cívica y fuerzas menores que también pueblan esa galaxia ajena al Justicialismo) se empieza a soñar con una nueva oportunidad.

En 1983 Raúl Alfonsín quebró la convicción generalizada de que el PJ era invencible en las urnas y lo derrotó en comicios inobjetables. El peronismo, que había transformado aquella convicción en signo de identidad y se imaginaba mayoría natural del país, sufrió un fuerte impacto del que sólo pudo recuperarse a través de una crisis y una renovación que tuvo como protagonistas a Antonio Cafiero, José Manuel De la Sota, Carlos Menem, Carlos Grosso.
La UCR, que antes de Alfonsín parecía resignada a un rol de eterna escolta, vigía del orden institucional, control y muleta del poder electoral peronista, con él adquirió confianza, cambió su actitud y se dispuso a pelear por el gobierno. Aprovechó la ventaja que le otorgaba un PJ siempre masivo, pero anquilosado en las ideas y más confiado en los métodos y aparatos tradicionales que sensible para percibir los cambios que se estaban procesando en la sociedad.
El handicap que ofrecía el anacronismo de aquel PJ presidido por Vicente Leónidas Saadi no habría tenido consecuencias mayores sin la voluntad de poder y la capacidad para surfear la ola de la opinión pública que puso en juego Alfonsín, virtudes que le permitieron liderar no sólo a los radicales, sino a una franja más amplia de la sociedad.
Hacia fines de los años 90, la fractura de la coalición que había sostenido la presidencia de Carlos Menem durante dos períodos les daría una nueva oportunidad a las fuerzas no peronistas. Menem ya había perdido a Domingo Cavallo, uno de los pilares de su primer gobierno y Eduardo Duhalde encarnaría la resistencia de buena parte del PJ a la continuidad de la política presidencial que ya contaba con resistencias de una porción significativa de la opinión pública. El enfrentamiento entre Menem y Duhalde abría las chances para el no peronismo.
Pero el radicalismo ya no estaba en condiciones de representar esa alternativa en soledad: había sufrido el desgaste del gobierno de Alfonsín y de su abandono anticipado del poder, acelerado por una formidable hiperinflación. Y, desde el progresismo, se recordaban menos los juicios que él impulsó a los jefes del Proceso militar de los años 70 que las leyes con las que había tratado de aliviar las tensiones con el conjunto de las fuerzas armadas. Se le facturaba además el Pacto de Olivos, que abrió las puertas a la reelección de Carlos Menem en 1995.
Pese a esas debilidades partidarias, Alfonsín urdió una estrategia y dibujó los planos de la Alianza (nombre completo: Alianza por el Trabajo, la Justicia y la Educación) que terminaría catapultando a otro radical a la Casa Rosada: Fernando de la Rúa. Magullado el radicalismo por aquellas imputaciones que se le hacían al eclipse de su gobierno, Alfonsín envolvió la Alianza en papel progresista para regalo. Para eso estaba el Frepaso, una fuerza heterogénea, mezcla de setentistas de distintos orígenes y personalidades independientes que expresaban quintaesenciadamente a la opinión pública y a la opinión publicada de aquellos años. Un hombre del Frepaso acompañaría a De la Rúa en la fórmula presidencial: Carlos Chacho Alvarez: sólo lo hizo por un trecho, ya que dejó su cargo antes de que el Presidente abandonara el suyo, en medio de otra crisis agudizada por la renuncia del vicepresidente.
Más allá del fin abrupto del gobierno aliancista, lo que interesa a los estrategas panradicales de la actualidad es el análisis de las condiciones que permitieron su existencia y su triunfo.
Sin duda la oportunidad estuvo a mano por la brecha abierta entre el Presidente Menem y el candidato del PJ, Eduardo Duhalde, las dos figuras más fuertas del peronismo en ese momento. Por esa grieta se filtró la Alianza y pudo triunfar. Duhalde consiguió frenar el ánimo re-reeleccionista de Menem. Pero quedó disminuido para usufructuar personalmente ese triunfo. Desde la presidencia, Menem facilitó a los gobernadores peronistas que independizaran su suerte de la del candidato presidencial, de cuyo atractivo electoral la mayoría de ellos desconfiaba. La mayoría de los gobernadores adelantaron los comicios locales y Duhalde no pudo contar con esos aparatos para su disputa con De la Rúa. El panradicalismo aliancista se hizo con la victoria.
Con esos antecedentes a la vista, los estrategas de las fuerzas no justicialistas sueñan con que las tensiones entre Sergio Massa (el seguro gran protagonista de las elecciones parlamentarias de octubre) y Daniel Scioli (la figura de mejor imagen pública del justicialismo que todavía no abandonó el Frente para la Victoria) se agraven y que el peronismo encare dividido la marcha hacia las elecciones presidenciales, que el calendario fija para el año 2015.
Scioli y Massa, en cualquier caso, no deciden en el vacío ni son los únicos jugadores en esa partida, aunque aparezcan como los decisivos. Hay otras personalidades con aspiraciones legítimas (José Manuel De la Sota, sin duda, desde el peronismo no-K; Juan Manuel Urtubey, José Luis Gioja, Jorge Capitanich, Sergio Uribarri, entre los gobernadores que se mantienen en la coalición oficialista), jefes territoriales e intendentes que harán oir su voz y presionarán en algún sentido sobre uno y otro a la hora de definir la movida del peronismo pàra las presidenciales.
No hay que descartar la capacidad de daño que pueda ejercer el kirchnerismo crepuscular, aún en condiciones de retirada. La Casa Rosada pretende mantener el manejo de los recursos financieros contra viento y marea, porque en la estrategia de su “éxodo jujeño” no sólo incluye cargar a la cuenta del futuro gobierno un gasto expansivo que se financia con reservas y deuda pública, sino también el estímulo financiero a las fuerzas propias con las que proyecta una futura (quimérica, si se quiere) “contraofensiva victoriosa”. En esa estrategia, emulando la jugada de Menem ante Duhalde, el kirchnerismo crepuscular jugaría para evitar que el próximo presidente sea un peronista, según el principio de que perder el gobierno es mal, pero peor sería perder también el partido.
El panradicalismo tiene para regocijarse con las fisuras y agujeros negros de la constelación peronista, pero las dificultades ajenas sólo son un aspecto de sus posibilidades. Lo principal es la arquitectura propia. Y allí todavía reina el desorden.
En principio, parece haber demasiados aspirantes. En algunas ocasiones la abundancia es un perjuicio. Por el lado radical están a la vista Julio Cobos, fuerte en Mendoza y próximo a adjudicarse una victoria rotunda en su provincia, y el senador Ernesto Sanz, también mendocino, senador nacional, hábil tejedor y bien respaldado en sectores de poder. Si bien el radicalismo cuenta con dos figuras importantes el punto de vista de la extensión nacional de su estructura partidaria, el socio más importante del panradicalismo, el político de mejor imagen de ese espacio (y quien puede exhibir mayor gestión ejecutiva en un campo donde abundan los parlamentarios, no los gobernantes) es un socialista, Hermes Binner. Si bien el socialismo es prácticamente una fuerza local santafesina, Binner cuenta con títulos para aspirar a encabezar una fórmula del sector panradical. Y, claro está, hay que contar con Elisa Carrió, que mostró su capacidad para rehacerse de una fuerte caída (la de su última candidatura presidencial) para aproximarse ahora a la posibilidad de vencer en la Capital Federal, simultáneamente, a dos oficialismos, el nacional y el porteño.
El espacio panadical, si quiere aprovechar la eventual chance que puede regalarle una fractura peronista en las futuras presidenciales, debe ordenar primero su propio patio, contener y encauzar ambiciones y trazar una plataforma plausible que todas sus fuerzas estén en condiciones de compartir. Esas tareas no son soplar y hacer botella.
Ultimo detalle: el espacio no peronista tiene otro actor relevante: el Pro. Mauricio Macri dejará su cargo de jefe de gobierno y ya anuncia que esta vez sí se postulará a la presidencia. ¿A quién beneficiará una candidatura solitaria de Macri? ¿A quién le restará fuerzas? ¿Conseguiría sus votos (los que sean) de quienes potencialmente apoyarían una fórmula panradical o de quienes se inclinarían por algún candidato peronista?
A un mes de los comicios parlamentarios, parece un ejercicio vano pensar en las presidenciales, que el fixture electoral fija tan lejos. Sin embargo, hace semanas que quienes se imaginan como candidatos a la presidencia piensan y actúan con el ojo puesto en esa competencia.
¿Gente apurada o gente previsora?.
(*) Jorge Raventos (*) periodista, escritor, analista político. Artículo publicado por Diana Ferraro en "Peronismo Libre" el 21 de Septiembre de 2013