viernes, 6 de septiembre de 2013

Del “vamos mal, pero estamos bien”, Argentina sigue retrocediendo en competitividad

Por José Marcelino García Rozado (*)
Del “Primer Mundo menemista” al retroceso permanente en materia de “Competitividad”, de los tuits de Cristina a la realidad de los precios, el dólar y las culpas ajenas. La industria debió ser el motor del desarrollo y nos quedamos atrapados entre el “discurso-relato” y la realidad cotidiana. Miramos “las fotos” y no podemos ver “la película”. Con lo que hay podemos asombrarnos, estamos tan aislados del mundo que Cristina se debate en San Petersburgo para intentar que alguien la atienda, olvidando que el G20 es la reunión de los países desarrollados con la presencia de algunos en vías del desarrollo.

Es algo tan básico, que explicar que “la Industria es el motor del desarrollo”, es absolutamente innecesario; y esto es así porque el agro se basa en el desarrollo de los commodities y por lo tanto sin industria, se “primarizan” las exportaciones, y como consecuencia de ello, termina primarizándose la economía. Y por lo tanto la generación de empleo es mínima -ya que explotar el campo se realiza con maquinaria que sólo se amortiza en grandes extensiones o porque empresas especializadas brindan ese servicio y con muy poca mano de obra-, en contrapartida la industria, grande, mediana o chica (pymes) son altamente generadoras de empleo. Esta industria, no necesariamente debe prescindir del agro, por lo que aquella vieja discusión: “campo vs. industria”, es absolutamente improcedente. Aquí, aparece el primer signo de interrogación respecto de nuestro país: ¿se puede desarrollar una industria sin un Estado presente que la incentiva? A lo que, indefectiblemente deberá contestarse que NO; porque sin un Estado que debido a su eficiencia grave las producciones adecuadamente para que no incidan en “los costos” de producción, la industrialización no será posible. Como tampoco lo será, si el Estado es corrupto, porque la corrupción instalada en el Estado ampliará necesariamente “los costos productivos”, atentando contra la industrialización, tanto, como si el Estado no garantiza el crédito a bajas tasas para que aquel “costo de producción” sea competitivo.

El “Foro Económico Mundial”, realiza todos los años un informe sobre “Competitividad”, evaluando a 152 países, medidos éstos según parámetros fijos que hacen hincapié sobre ciertas variables macroeconómicas que se asientan en las instituciones, las políticas y los factores que determinan la “productividad de un país”, de acuerdo con él, el deterioro o la mejora de las condiciones macroeconómicas que afectan el acceso al financiamiento y los marcos institucionales del país explican la superación o la caída del mismo. Medido desde 2004 anualmente, el “Informe sobre Competitividad”, es uno de los elementos que tienen en cuenta los inversores a la hora de realizar éstas en alguna nación, Argentina viene siendo evaluada desde el mismo inicio de éste informe, y así como supo obtener informes favorables por la mejora de la situación en los primeros años del citado informe, desde hace unos años viene repitiéndose la característica de que el posicionamiento argentino viene profundizando su descenso en los últimos años. El “Foro Económico Mundial” -FEM- reúne a líderes empresariales globales, políticos y académicos en Davos, Suiza, cada año; teniendo informes desde su creación; el segundo mandato de Cristina Fernández, que culmina en 2015, tal como lo publica The Wall Street Journal en su artículo “Otra caída de la competitividad”, haciéndose eco del informe del FEM de 2013, sigue mostrando que “Los Kirchner tienen el crédito de haber rescatado al país de la brutal caída económica en 2001 -obviando referirse a que tras el 2001, el Gobierno provisional del ex Presidente Duhalde a quien secundaba el Ministro Lavagna fue quien inició el programa que culminó con el rescate económico, completado hasta 2006-. Desde 2003 el PBI creció al 7% anual. Pero la economía se frenó en 2012 y crece apenas al 1,9%. La mayoría de los economistas no esperan que vuelva a trepar el crecimiento en lo inmediato”.

Este informe del diario estadounidense obvia explicar además, que tras la salida del ministro Lavagna, el crecimiento siguió apenas por la acción del “rebote luego de haber tocado fondo” y las inusitadas condiciones del comercio mundial y del intercambio, “viento de cola”, hasta la crisis financiera internacional de la explosión de la “burbuja” en los años 2007-2008 y que termina coincidiendo con la crisis y pelea entre el Gobierno de Cristina Fernández con el sector agropecuario que culmina de la peor manera con la derrota del cristikirchnerismo en la sesión del Senado donde no logran aprobar la resolución 125. Tras aquella derrota y estancamiento económico del 2008/2009 y la derrota en las urnas en junio de éste último año, el país logra crecer a una tasa importante (aunque menor a las que venía creciendo) en 2010 y el crecimiento de 2011 fue un crecimiento ficticio apoyado en el “consumo interno”, programa económico impuesto por Aldo Ferrer y su teoría del “Vivir con lo nuestro”, que Cristina F. de Kirchner había comprado, pero que implementa abiertamente tras la muerte del ex Presidente Néstor Kirchner . El freno de 2012, a que hace referencia el periódico y el informe, tiene por lo menos dos (2) componentes básicos: el costo de la economía “recalentada por ser año electoral”, con todo lo que esto implica, aumento del gasto público, reparto de subsidios y de obras no de infraestructura, desmanejo de la cuestión de los ingresos del Estado, fuerte y persistente emisión monetaria para paliar las subas de los ingresos pactadas en las paritarias, lo que devino en un importante aumento del consumo y por lo mismo una ficticia sensación de opulencia en la población.

El segundo componente del freno económico del 2012 está asentado en el programa que Cristina dio en llamar de “la sintonía fina”, y que se puso en marcha apenas transcurridas las elecciones de octubre de 2011, con el envión que le diera el haber ganado con excesiva holgura aquel acto eleccionario. Cepo cambiario para intentar parar la intensa y persistente “Fuga de capitales”, que ya ponían en riesgo las reservas del Banco Central; el korralito aplicado a las importaciones con el fin último de cuidar y preservar las preciadas reservas y que contrajeron la producción industrial, lográndose el efecto contrario al buscado. La altísima inflación que pasó de ser un 3% anual en 2002/2003 a un 5% en 2004 a 2006 y ya, incrementándose permanentemente la inflación como producto de la política económica expansiva aplicada durante esos 4 años, al superar la barrera del dígito a fines del 2006 y en 2007, Néstor decide intervenir el INDEC a través del Secretario de Comercio Guillermo Moreno, quien lleva adelante la misma en forma patoteril y desmesuradamente, logrando que ese organismo público altamente jerarquizado, pasare a ser un mamarracho del que todos, adentro y afuera desconfían y no sirve como guía ni como referencia. A la fecha y desde hace ya casi cuatro (4) años la inflación está rondando permanentemente los 25 puntos porcentuales. “El enfriamiento económico y la inflación rampante, la percepción de inseguridad y una serie de querellas por corrupción que salpican al gobierno vienen haciendo fuerte mella en el apoyo popular al gobierno”, termina el artículo del periódico. Lo cierto es que según el IEG Argentina descendió 10 peldaños, pasando de estar 94 a colocarnos 104 sobre 152 países, por debajo del Líbano y apenas por encima de República Dominicana.

Al aumentar la corrupción, la ineficiencia y el amiguismo se bajan escalones en el logro de la competitividad productiva nacional, el deterioro de las condiciones macroeconómicas que afectan al financiamiento y los marcos institucionales del país se explican, y así la caída en el posicionamiento mundial. Argentina ranquea 145 por corrupción, 147 por ineficacia del gobierno y 146 por favoritismo político, siempre sobre 152 naciones lo que muestra una realidad aterradora, que los tuits de la presidente no logran opacar. La acción del BCRA y los reconocimientos de algunos candidatos oficialistas sobre inflación y devaluación “fijan un nuevo marco para la economía”, siempre con la mirada puesta en las elecciones de octubre; tras una tanda de tuits presidenciales, ocurrida el domingo pasado, donde una Cristina enojada con el banquero Jorge Brito, negó estar pensando en un “desdoblamiento del mercado cambiario” para enfrentar uno de los principales problemas que aquejan a su administración: “los dólares para pagar la deuda y financiar un crecimiento económico aceptable, no le alcanzan”; negarlo y negar un salto brusco del tipo de cambio -devaluación por shock- y un desdoblamiento cambiario simultáneos se repite de manera simultánea a la “marcada aceleración” de la suba del dólar oficial que está aplicando el Central. De esta manera la Presidente deja en claro que si bien no devaluará bruscamente, lo hará “aceleradamente”, al punto que los analistas serios comienzan a modificar el pronóstico del precio del dólar para fin de año; Bein y Asociados lo fija “más cercano a $ 6,25 que a $ 6”, sufriendo según este pronostico nada exagerado una suba/devaluación del 28% anual, dando un importante salto respecto de años anteriores y demostrando claramente que “hay un cambio de objetivos importante” en la política oficial.

Filmus, Insaurralde, Berni y Scioli vienen rotando el discurso -creo que con la aquiescencia de CFK ya que “yo siempre en mi muñeca llevo la hora de mi país. Porque siempre necesito saber qué está pasando, qué están haciendo…” dijo en San Petersburgo- que pasa del no reconocer inflación, inseguridad, devaluación de la moneda, ha comenzar a hablar de que la inflación es mayor a la del INDEC, la inseguridad no es una sensación sino un problema a ser tenido en cuenta, y que existe una devaluación del peso mayor argumentando que es necesario para que la Argentina siga siendo competitiva. Tanto lo negaron, durante tantos años que ahora confunden “causas de errores, con efectos de políticas”. Es tal el miedo a la ira presidencial que hasta al hablar con permiso, buscan justificarse, y así aquello de “la devaluación es necesaria para provocar competitividad”, cometiendo un error garrafal, ya que la devaluación por sí sola, no produce competitividad, se esgrime para salvaguardar a la Presidente y su supuesto “Modelo”. Lo mismo ocurre cuando se dice que la inflación es mayor que la del INDEC, y se agrega que “el Gobierno no es responsable de la suba del costo de vida”. Aquí se da otra enorme paradoja: un Gobierno que destaca permanentemente la intervención del Estado en la economía sostiene a la vez que, a pesar de ser el encargado de emitir billetes, devaluar el peso y determinar si hay superávit o déficit fiscal, no es el “único responsable de la inflación” y que por el contrario los responsables son los empresarios y los comerciantes. ¡Aquí se da un hecho significativo, existe una media verdad y una media mentira!

La media verdad, es que es muy cierto que parte de la culpa de la inflación -en un país con “cultura inflacionaria”- la tienen los empresarios y los comerciantes que “remarcan, por si acaso… o, un poco más de lo debido para cubrirse”; pero, también existe en el discurso, una media mentira pues es el Estado-Gobierno el que al emitir descontroladamente, como lo viene realizando el cristinismo desde 2011 a la fecha -promedio anual del 35% de emisión- no puede negar su responsabilidad en la inflación. Tanto como haber acelerado la devaluación a un ritmo superior o cercano al 30% anual como lo viene llevando a cabo desde hace semanas el Banco Central, pretendiendo que aquellos, inmersos en la “cultura inflacionaria”, no corran a comprar dólares y al no encontrarlos en el mercado oficial buscarlo en el paralelo inflando el precio de dicha divisa (que ayer estaba estacionario luego de bajar 20 centavos a $ 9,25), esta política o estas medidas del Gobierno responden a la lógica de que se necesitan dólares para pagar los vencimientos inmediatos -US$ 2 mil millones el 12 de septiembre-, y además se han encendido más luces amarillo-naranja en el tablero cambiario. Ayer, el Central y algunos bancos oficiales, tuvieron que poner sobre la mesa US$ 100 millones para evitar una suba adicional al “dólar oficial”; las reservas, que ya quebraron el piso de los US$ 37 mil millones descenderán más por el pago del próximo 12/09 quedando con suerte en US$ 35 mil millones, y algunos analistas las estiman en torno a los US$ 32 mil millones para fin de año. Frente a esto, el Gobierno Cristina insiste con su política de pagar deuda con las reservas, y con una política defensiva y parte de ella la soportan los empresarios, que aseguran que a partir de agosto les cerraron las autorizaciones para importar, impidiendo producir en muchos casos, lo que fomentará el parate y de haber demanda, hoy planchada, incentivar la inflación.

Los números que evidencian el atraso cambiario que suelen hacer saltar el tablero del control de cambios, nos dicen que en el primer semestre de 2013, el déficit de la balanza de turismo fue de US$ 4,4 mil millones y eso a pesar del 20% de recargo en las compras del exterior con tarjeta de débito y crédito. La falta de competitividad de la que habla Filmus ahora, y el informe del FEM sale a la luz por demasiados lados, la Consultora Ledesma lo grafica así: “Argentina y los productos de ese origen nunca fueron tan caros para un brasileño en los últimos 11 años y medio”. El déficit de la balanza comercial con Brasil en agosto fue de US$ 534 millones, el mayor rojo comercial desde 2012 con nuestro vecino; el comercio con éste país, otra enorme y peligrosa luz amarillo-naranja, está bajo presión, además, porque ellos aumentaron el ritmo de devaluación, igual que nosotros, pero con la ventaja de que la inflación en Brasil es del 6% y la Argentina es del 25% anual, su recuperación cambiaria será mayor y le agrega la presión a la carrera cambiaria de nosotros. Aquí existe además, un problema, por sobre lo que puedan decir los candidatos en campaña, “toda devaluación en la Argentina le agrega combustible a la suba de los precios de los alimentos, o sea, a la inflación” y, por su puesto, golpea fieramente en el bolsillo de los más pobres y los asalariados que ven que se les licua el poder de compra. Con el nuevo marco económico, aumento más rápido del dólar oficial y presión inflacionaria, acompañada de un quedo o amesetamiento económico -menos ventas automotrices y de todo otro producto a Brasil-, las pobres predicciones de crecimiento económico desaparecen. ¡Las medidas presidenciales -suba de ganancias, paritarias, etc.- no logran estirar la suba del consumo más allá de septiembre, luego el poder de fuego irá mermando irremediablemente!

¡El temor de cómo llegar a diciembre está instalado, porque un gobierno derrotado, que dice que la inflación es baja, y que además él no tiene nada que ver, y que ve enemigos destituyentes en todas las esquinas, debe causarnos por lo menos ALARMA!

(*) Arq. José M. García Rozado. Artículo publicado en Informador Público (Director: Carlos Tórtota) el 6 de Septiembre de 2013.