jueves, 12 de septiembre de 2013

El aluvión zoológico resucitado

Por Diana Ferraro (*)
Una vez más fascinados por la vitalidad de un peronismo que se resiste a perecer, como tantos vienen soñando desde hace décadas, los estudiosos del fenómeno popular han vuelto a los inicios: el aluvión zoológico ahora toma la forma ya de manada de leones, ya de enjambre de abejas, pasando por inagotables encarnaciones del reino animal. Se trata siempre de animales en proceso primitivo de organización, nunca de humanos civilizados en suprema sintonía con las leyes naturales de la organización. El miedo al malón—ah, esos otros animales!—enquistado en el inconsciente colectivo y nunca traído a la luz en todo su significado de violencia paranoica, se suma a las teorías que uno llamaría gorilas, si no fuese por la republicana batalla de evitar toda jungla y, ni qué decir, jaula.

El peronismo del pasado por cierto ha perdido a su líder desde hace ya demasiados años como para contarlos, pero no ha perdido su característica esencial de reflejo de cierta actitud popular que tiene, con peronismo o sin peronismo, en la Argentina y en cualquier lugar del mundo, una inocencia natural e instintiva en su modo de percibirse y de encontrar un liderazgo que exprese esa percepción. Para seguir con el zoo, citaremos una vez más a Cátulo Castillo, peronista probo, que evocaba la mansa organización del cardumen, donde siempre hay un pez con el instinto más afinado para saber hacia donde nadar para cumplir con la más básica necesidad del cardumen, comer. ¿Se parece esto al peronismo que cambia sus instrumentos económicos para encontrar el mejor modo de sobrevivir en cada época y dar de comer a su gran mayoría de trabajadores? Si, pero también se parece a la expresión natural de cualquier gran mayoría siempre necesitada de abastecerse con lo más elemental: seguir a quien reconoce su necesidad, en primer lugar, y, de modo preferencial, a aquel que muestra los conocimientos como para llevarla allí donde esa necesidad pueda ser satisfecha.
Es prematuro entonces juzgar a los que hoy aparecen predominando en el peronismo como respondiendo a un fenómeno superestructural donde lo único que cuenta es el poder territorial o el oportunismo político como decisivos en la predominancia. Este modo de razonar corresponde a los que sólo pueden percibir la animalidad del mundo peronista en aquellos aspectos que sólo lo caracterizan superficialmente—la violencia de la lucha por el poder, tan animal como humana, y no exclusivamente peronista—y no en aquellos aspectos más misteriosos que tienen que ver con una organización natural e inconsciente de vastas mayorías populares, incluso de aquellas que ni siquiera se reconocen como peronistas.
No hay predicciones entonces sobre lo que puede acontecer en los próximos meses y ni siquiera acerca de quién en definitiva liderará el cardumen. Lo único que puede decirse es que ese liderazgo popular quedará en las manos de quien tenga claro el rumbo y quien sea capaz de expresar esa misteriosa alquimia natural entre masa popular y conductor elegido, esa que transforma al cardumen en pueblo organizado, y allí sí, más allá del misterio, ya con su expresión partidaria, republicana y democrática entre las otras manadas de la Nación. Esas que, por despreciar su propia naturaleza y animalidad organizacional, siempre terminan siendo minorías.
(*) Diana Ferraro. Escritora, analista política. Artículo publicado en "Peronismo Libre" el 9 de Septiembre de 2013