domingo, 15 de septiembre de 2013

¿El Frente para la qué?

Por Enrique G. Avogadro (*)
“Te vas porque yo quiero que te vayas, a la hora que yo quiera te detengo,    yo sé que mi cariño te hace falta porque, quieras o no, yo soy tu dueño”.
Hoy, esta estrofa de “La media vuelta”, el lindísimo bolero que escribió Luis Miguel, podría firmarla, mal que le pese a doña Cristina, más del 75% de los argentinos, según ya nos informan los encuestadores que, unánimemente, informan de un triunfo de los opositores –en especial Massa, en la esencial Provincia de Buenos Aires- que duplicará las marcas exhibidas en agosto. Un punto a considerar es qué significaría, entonces, la frase “a la hora que yo quiera te detengo”, pues podría adquirir el ritmo de cumbia tumbera y perfume carcelario.
Más allá de sus antecedentes de discursos de izquierda y robos personales, la desesperación ha cundido en Olivos y sus alrededores, y han llevado al Frente para la Victoria a exhibir su costado más esquizofrénico, pero no menos rapaz. ¿De qué otro modo podrían calificarse sus últimas actitudes? Recordemos: Insaurralde dijo que había que bajar la edad de imputabilidad de los menores; Kunkel y Araña Conti lo mataron, Cristina y Scioli lo dejaron solo y, con seguridad, todos le pasarán la factura de la derrota electoral.
Scioli, finalmente, entregó a Casal y nombró Ministro de Seguridad a Alejandro Cowboy Granados; el PerroVerbitsky y su CELS y La Cámpora salieron a matarlo. Galuccio, pese a que reconoció la existencia de la crisis energética, y Berni, cuando dijo que la inseguridad no era una sensación, fueron ignorados y desmentidos; no los crucificaron por ser imprescindibles, al menos por el momento. Echegaray, después de regalarle un Audi A1 a su querida hijita, se contradijo a sí mismo aumentando los mínimos de los monotributistas. Milagro Sala y Kunkel abjuran de su kirchnerismo. El groucho-marxista Kiciloff subsidia a los más ricos sus viajes y sus autos; y así hasta el infinito.
Como dijo Carlos Pagni el jueves, la Presidente parece haberse resignado a la derrota, pero pretende conservar un 20% -su núcleo duro e irreductible- para soñar con un futuro menos incierto, reteniendo una cuota importante de poder; sin embargo, debería alguien informar a la señora que, como los granos de arena, éste se le está yendo rápidamente entre los dedos. El cielo está poblado de gente saltando hacia el Tigre, antes que Kolynos Massa haya ganado siquiera una elección; ese dato permite imaginar qué sucederá después del 27 de octubre.
Antes de que la derrota se transforme en un decaimiento general en la “escribanía parlamentaria”, el cristinismo está consumando dos grandes estafas a los argentinos. La primera se tradujo en la adjudicación a Ferreyra (Electroingeniería), de las represas Cepernik y Kirchner, en Santa Cruz; se trata del terrorista que compartió, y seguramente compartirá, una celda con el Bis-Chino Zannini una celda en Córdoba por su participación en actividades terroristas (¡curiosa evolución la de estos “jóvenes idealistas”!). Ferreyra, seguramente, subcontratará a Lázaro Báez que, por impresentable, no pudo ser elegido directamente. Las represas no son prioritarias, su energía resultará carísima, y nuestros nietos deberán pagar por ellas.
La segunda consiste en que, manipulando las cifras del Indec en cuanto al inexistente crecimiento de nuestra economía, y tal como lo había dicho desde esta misma columna, Argentina deberá pagar entre 2014 y 2015 la increíble cifra de US$ 11.500 millones a quienes compraron bonos de deuda atados, precisamente, a ese crecimiento. Me permitiré formular, otra vez, la pregunta más obvia: si todos los informes de los organismos y centros de estudios internacionales están convencidos que nuestro país no crecerá, ¿quién puede haber comprado esos bonos si no estuviera en condiciones de falsear las estadísticas? Esta semana, después de pagar en Bonar, las reservas nominales cayeron a US$ 35.000 millones; esa cifra da una idea de la catástrofe que producirá este nuevo robo.
Alguien muy cercano me ha reprochado, en estos días, que me limito a actuar como cronista de los hechos y, eventualmente, a proponer soluciones para los problemas nacionales, sin comprometer mi opinión a favor de algún candidato en especial, presumiendo que es mi obligación hacerlo. Mi respuesta ha sido siempre idéntica: no estoy dispuesto a seguir un nombre, y sólo lo haré cuando quienes pujan por hacerse con el poder nos informen qué quieren hacer con él; por ahora, también, imito a Churchill cuando le preguntaron por qué se asociaba a Stalin y respondió que, para terminar con Hitler, estaba dispuesto a abrazarse al mismo Diablo.
La próxima semana, si esta calma que preanuncia tormentas continúa, me explayaré sobre el tema de la Justicia, que merece una reforma substancial, sin por ello perder la independencia que, como uno de los poderes del Estado, la Constitución establece.
Mientras tanto, a seguir rezando a Dios, cualquiera sea el nombre con que lo llamemos, que la señora Presidente no siga haciendo de las suyas, la mediquen bien y le quiten el acceso a Twitter.
Portimão, 15 Sep 13 
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
Blog: http://egavogadro.blogspot.com.ar

Fuente: Comunicación personal del autor