jueves, 12 de septiembre de 2013

La Crisis y el remedio para América Latina

Por Elena Valero Narváez (*)
“La libertad cuyos beneficios asegura la Constitución, no es la política exclusivamente, sino la libertad de todo género, tanto la civil como la religiosa, tanto la económica como la inteligente, pues de otro modo no la prometería a todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino..” J B Alberdi

El gobierno de Cristina Kirchner sigue el modelo chavista de Venezuela. Éste no es compatible con la sociedad moderna.
 Los gobernantes argentinos son reacios a la comparación: la experiencia soviética, la cubana, y en menor grado la chavista, muestran falta de creatividad, conocimiento y una persistente resistencia al cambio.

En nuestro país se copia el ejemplo de Perón, quien golpeó a la propiedad privada y por ello al estado de derecho. Fundió empresas con el método de crearle huelgas o conflictos hasta que el empresario la vendía a un testaferro, o al Estado. Pasó con La Prensa, La Vanguardia,  La Razón, la fábrica Mu Mu y muchas otras.
Como el Estado peronista, el kirchnerista  pretende dejar de ser controlado por la opinión pública, los partidos, y el sector privado. Los persigue y limita.

Dice, el gobierno, tener la misma meta: engrandecer a la “Nación”. Para ello es necesario la autarquía económica y kristinizar a toda la población. Predica  el odio al que piensa diferente y maltrata a la oposición.

  También, como Perón, después de despotricar contra el capital extranjero, intenta atraerlo  para el área petrolera, pero, por la desconfianza que engendraron las diatribas nacionalistas, hay cláusulas secretas y poca transparencia en el contrato. La sociedad no sabe qué se firmó.

 Si tomamos como base a 1945 -un año antes de la llegada de Perón a su primer presidencia- en 1949 los precios se duplicaron y en 1952, año de una gran crisis económica, se cuadriplicaron. Cristina también nos ha llevado hacia el mal tan temido que sufrimos  con gobiernos peronistas y radicales: la inflación.
¿Cuál es el remedio para que Argentina y varios países de América Latina salgan del atasco? : Democracia y Capitalismo.

Debemos seguir repitiendo, entonces, que la acción social moderna basada en el cálculo, la utilidad, la tecnología, la ciencia, la  innovación y la libre elección fomenta el desarrollo del individualismo y la individuación sin las cuales no hay creatividad.

El impulso al cambio, y la  competencia en el exterior, necesitan de la libertad y la participación, que  tocan de lleno a la política.

El sistema democrático -hoy casi irreconocible en Argentina- permite tener información para tomar decisiones, las elecciones permiten conocer a quienes desean gobernar y las soluciones que ofrecen a los problemas.

Es preferible el sufragio a los métodos para llegar al poder que tienen las dictaduras. Aunque a veces, si no funcionan los controles democráticos, gobernantes populistas llegados a la presidencia, en vez de servir al ciudadano, se sirven de él para perpetuarse en el poder.

El progreso en Occidente se ha dado con democracia y capitalismo. No es correcto decir que una sociedad es capitalista porque  siempre hay segmentos que no los son, aunque hay algunas donde el capitalismo es dominante como es el caso de EEUU. Marx decía, que las sociedades avanzadas muestran como en un espejo, las etapas por las que luego van a pasar las demás. Tenía razón pero, contradictoriamente, intentó en su teoría, que no sucediera. Fue así que en vez de pretender que se mejorara el sistema que tan bien describe en el Manifiesto Comunista, predice su inevitable destrucción.

Existe el capitalismo donde hay empresas que realizan actividades lucrativas, con fuerza de trabajo libre para abastecer a un mercado lo más libre posible. Este  nunca es completamente libre; siempre habrá alguna regla que regule los intercambios. Quizá sean, incluso, malas porque las personas somos fantásticas en nuestras necesidades y creaciones individuales, exacerbadas por el mismo desarrollo del mercado.

 La empresa,  como bien lo remarcó Max Weber,  necesita de la estructura de derecho racional, la cual se fue formando espontáneamente a través de los siglos, como son los instrumentos  de cambio: el cheque, el dinero, las letras de cambio -entre otros elementos capitalistas fundamentales- que ahora nos parecen normales pero fueron verdaderos inventos en su época.

Aunque la democracia y el capitalismo traen progreso, siempre tendremos conflictos porque las relaciones humanas no siempre son buenas, y las crisis serán eternas, no hay ni habrá  manera de eliminarlas, son constantes. Pero, por ensayo y error aprendemos y podemos morigerarlas.

En las sociedades adelantadas, aunque la naturaleza del hombre busque el estancamiento, la seguridad, y nunca el cambio, éste arrasa. Lo vemos incluso en el desarrollo físico y psicológico, a partir del avance de la economía de mercado y el aumento de la complejidad social.

El capitalismo solo puede desarrollarse bien en un ambiente de paz,  justicia y de derecho. Si se limita la propiedad privada comienza la decadencia de la democracia, el  crecimiento estatal y con ello el aumento de la arbitrariedad.

El Estado debe ser fuerte pero solo en el sentido de tener un sistema legal transparente y eficaz, sino las relaciones entre particulares no funcionan. El monopolio de la fuerza debiera utilizarlo para hacer cumplir las obligaciones, y defender los derechos individuales, nunca para imponer un modelo antidemocrático y anticapitalista, a contramano de los países mas avanzados del mundo.


(*) Elena Valero Narváez. Analista política, periodista e historiadora.

Fuente: Comunicación personal de la autora