jueves, 31 de octubre de 2013

El dato económico más significativo del año

Por Massot & Monteverde (*)
Dramática conclusión de la consultora Massot & Monteverde sobre el desequilibrio externo argentino: "Los precios de las exportaciones se derrumbaron 6% interanual en septiembre mientras que los de las importaciones aumentaron 3%. Esta brecha de 9 puntos porcentuales es enorme y obedece a la caída de precios de los 4 grandes rubros de exportación y al notorio aumento en los valores de los bienes de capital y el combustible importados. La incidencia de agosto y septiembre ha sido lo suficientemente profunda como para torcer el acumulado de los primeros 9 meses y mostrar también un deterioro, con precios de las exportaciones elevándose 1% y los de las compras subiendo 3%".
"Además de la progresiva licuación del saldo comercial, la cuenta corriente externa está siendo afectada por el altísimo déficit de la balanza turística. La salida de dólares que representará este año la cuenta turística podría sumar cerca de US$ 10.000 millones."
El listado de variables que viene impactando negativamente en el saldo comercial es amplio.
> El desabastecimiento energético es un responsable principal de ese deterioro, dado que la producción doméstica de gas y petróleo sólo alcanza para cubrir menos de 75% de la demanda interna.
> Otro factor es la retención de granos por parte de los productores agrícolas, con el propósito de proteger su capital de trabajo y aprovechar la devaluación del tipo de cambio oficial.
> También está influyendo la disminución en el ritmo de compras de vehículos argentinos por parte de Brasil, que explica la mitad de las ventas a ese destino.
> De todas formas, la novedad más importante de la balanza comercial y que —de repetirse en los próximos meses— podría significar un auténtico fin de época, ha sido la caída —por segundo mes consecutivo— de los términos de intercambio.
> El modelo K se basó durante todos estos años en la mejora sin pausa de los términos de intercambio.
> Los precios de las exportaciones se derrumbaron 6% interanual en septiembre mientras que los de las importaciones aumentaron 3%.
> Esta brecha de 9 puntos porcentuales es enorme y obedece a la caída de precios de los 4 grandes rubros de exportación y al notorio aumento en los valores de los bienes de capital y el combustible importados.
> La incidencia de agosto y septiembre ha sido lo suficientemente profunda como para torcer el acumulado de los primeros 9 meses y mostrar también un deterioro, con precios de las exportaciones elevándose 1% y los de las compras subiendo 3%.
> Si este retroceso de los términos de intercambio persistiera, las consecuencias podrían ser fatales para las cuentas externas y se precipitaría una crisis cambiaria de magnitud.
> Claro que el control de cambios no ha sido ajeno a esta reversión, por su impacto nocivo en el contrabando y las maniobras de subfacturación de exportaciones y sobrefacturación de importaciones.
> Vuelve a llamar la atención una sugestiva inconsistencia: la suba del combustible importado y la caída de valor del que exportamos… —¿corrupción?
> En los primeros 9 meses de 2013 la balanza comercial fue superavitaria en US$ 7.142 millones, lo que significa una contracción de 30% respecto a igual período del año anterior.
> Las exportaciones acumuladas aumentan 4 % interanual.
> Las importaciones, por su parte, trepan 11% respecto al mismo período de 2012.
Mercosur
> El comercio con el Mercosur —incluyendo a Venezuela— concentró 26% de las exportaciones y 28% de las compras externas.
> Las compras al bloque vienen creciendo con fuerza mientras que las ventas se reducen.
> Las exportaciones a países del Mercosur mostraron en septiembre una disminución de 9% interanual.
> Las importaciones provenientes del área, en cambio, aumentaron 6% frente a las un año antes.
> Además de la progresiva licuación del saldo comercial, la cuenta corriente externa está siendo afectada por el altísimo déficit de la balanza turística.
> La salida de dólares que representará este año la cuenta turística podría sumar cerca de US$ 10.000 millones.
> Ese importe supera al déficit de la balanza energética, estimado para este año en más de US$ 7.000 millones.
> Peor aun, esa cifra es mayor a todo el superávit comercial —estimado este año en un valor intermedio entre los US$ 8.000 millones y los US$ 9.000 millones.
> La brecha cambiaria impacta negativamente sobre las reservas a través de distintos mecanismos; y el turismo es el más visible.
> El déficit turista podría elevarse incluso a US$ 14.000 millones el año que viene, de no mediar nuevas restricciones.
(*) Massot, Monteverde y Asociados. Consultores. Artículo publicado por Urgente 24 el 31 de Octubre de 2013

miércoles, 30 de octubre de 2013

Tres posturas sobre la intervención del Estado en la economía

Por Adrián Ravier (*)
Dejemos por un momento de lado al keynesianismo, la economía social de mercado y la escuela austríaca. Concentrémonos en tres autores: John Maynard Keynes, Wilhelm Röpke y Friedrich Hayek. Si bien considero que sería correcto ubicar la filosofía política y el pensamiento económico de Röpke entre los trabajos de John Maynard Keynes y los escritos de Friedrich A. von Hayek, me propongo en el siguiente artículo intentar responder a una sola pregunta: ¿hasta qué punto sería esto cierto?

Con un ánimo conciliador, trataré de mostrar consensos y diferencias entre tres de los pensadores más destacados del siglo XX. Es el objetivo final que estas comparaciones ilustren ciertos mitos que surgen en torno a ellos. Dice el profesor Resico sobre el pensamiento de Röpke: “…su planteo se apartaba explícitamente, por un lado de laeconomía coactiva (planificación central, corporativismo fascista, intervencionismo estatista) y, por otro, de laeconomía de mercado interpretada en la tradición del laissez faire, que excluye la intervención del Estado en asuntos económicos”.

Lucas Beltrán Florez nos ofrece otras precisiones sobre este aspecto, mostrando un Röpke que aceptaba la“intervención conforme” del Estado en la economíapero rechazaba la “intervención disconforme”: “la diferencia entre la intervención conforme y la disconforme [se comprende] comparándolas con la regulación del tráfico por las calles y carreteras. Mientras tal regulación se limite (como ocurre en la realidad) a exigir pruebas de aptitud a los conductores, señalar vías de tránsito y dictar instrucciones sobre el mejor modo de circular, cumple una misión absolutamente necesaria, y cada uno sigue siendo libre de ir a donde quiera, cuando y como quiera; esta forma de regulación es comparable a la intervención conforme. En cambio, se asemejaría a una intervención disconforme, la regulación del tráfico que tuviera la absurda pretensión de ordenar el movimiento de cada uno de los vehículos, como el capitán que manda una columna en marcha”. “Röpke cree que la eliminación de las intervenciones disconformes y la aplicación racional de las conformes, encaminadas a asegurar el funcionamiento de la economía de mercado y la implantación del programa del ‘tercer camino’, son requisitos necesarios de una sociedad sana y estable”. La pregunta que me surge de este “tercer camino” es la siguiente: ¿No estarían de acuerdo tanto Keynes como Hayek con esta apreciación?

Keynes y Röpke
Concentrémonos primero en Keynes, a quien podríamos calificar como un defensor del “intervencionismo estatista”. 
Ricardo Crespo sostiene que “el caso de Keynes es un ejemplo de construcción social de una realidad donde el Keynes-hombre no siempre coincide con el Keynes-mito”. Lo cierto es que posiblemente el error más significativo de Keynes haya sido titular su obra maestra como la Teoría general, si consideramos que los estudios y conclusiones presentados en 1936 aplican únicamente al caso particular de una economía con desempleo de recursos, y en especial a aquellas específicas circunstancias de la gran depresión de los años treinta. Como decía su amigo y discípulo Richard Kahn, se ha abusado de la palabra “Keynes”. Con el tiempo (y gracias a la acción de malos políticos), ésta quedó asociada a soluciones inflacionarias, falaces y facilistas, a los problemas de la desocupación y a un Estado fuertemente interventor. Sin embargo, concluye Crespo, sólo con importantes restricciones y matices (y en determinadas circunstancias) Keynes habría estado de acuerdo con las recetas que le atribuyen. Por eso, en 1946, el año de su muerte, afirmó: “yo no soy keynesiano”.

De este modo, llegamos a un Keynes cuya teoría del intervencionismo económico sólo se acota a “determinadas circunstancias”. Algo similar podemos decir de la “economía social de mercado”. Resico muestra con precisión los “fundamentos de la economía de mercado” existentes en el pensamiento de Röpke, los que se sostienen sobre la base de su correcta comprensión de los órdenes espontáneos y en un marco institucional, social y ético favorable.
 ¿En qué circunstancias, sin embargo, considera Röpke que el funcionamiento de la economía de mercado se interrumpe? Hansjörg Klausinger, quien caracteriza a Röpke y otros alemanes como proto-keynesianos, nos explica que nuestro autor sólo alentaba la política expansionista en circunstancias específicas, haciendo referencia a la “depresión secundaria”. Röpke distinguía claramente la depresión primaria de la depresión secundaria. La primera es aquella depresión normal, que surge en todo ciclo económico y que es necesaria para liquidar la sobreinversión generada en la etapa del auge. Ante esta situación Röpke se podría denominar como un “liquidacionista”, en el sentido de que no propone aplicar políticas para paliar tal situación. La segunda es aquella depresión que va un poco más allá de la necesaria liquidación de los comentados errores de inversión. Se trata de una depresión que se retroalimenta por sí misma, y que lleva consigo una destrucción de capital innecesaria y que es imperioso detener.

Podemos dar un ejemplo. En 2001, la tasa de interés de corto plazo en EEUU, estaba en un 6,75 %. La crisis de las punto com generó una amenaza al crecimiento y al empleo, lo que llevó al presidente de la Reserva Federal a reducir la tasa de interés al 1 %. Los analistas coinciden en que dicha tasa estuvo en niveles muy bajos por demasiado tiempo, lo que estimuló el desarrollo de una burbuja inmobiliaria. En 2004, ante una posible aceleración de la inflación, Greenspandecidió subir la tasa de interés, y el mercado inmobiliario, que se sostenía sobre esa política de liquidez, se derrumbó. Hayek y Röpke, colegas en la Mont Pelerin Society, coinciden en que la recuperación de la crisis requiere de cierta liquidación de proyectos de inversión que surgieron en torno a una tasa de interés muy baja. Pero apuntan que puede ocurrir un problema mayor, si la tasa de interés sube por encima de su nivel natural. Para ser más concreto: ¿Qué ocurriría si la tasa de interés sube hasta el 10 %? Esto llevaría a que no sólo se liquiden los proyectos de inversión que surgieron en torno a la reducción artificial de la tasa de interés, sino que la liquidación de inversiones sería aún mayor, y esto es innecesario. La necesaria liquidación de inversiones, que corrige los errores de la política de dinero fácil, es lo que llamamos depresión primaria. La innecesaria liquidación de inversiones, conocida como depresión secundaria, es producto de que la tasa de interés haya subido por encima de su nivel natural. Esto puede evitarse si la Reserva Federal, ya inmersa en la crisis, expande la base monetaria comprando bonos en el mercado abierto.

Röpke agrega que la expansión monetaria puede no tener la fuerza suficiente para detener la depresión secundaria, y por ello, debe ir acompañada de políticas fiscales que aseguren que habrá una mayor demanda de los créditos que la política de dinero fácil introduzca en el mercado. Si bien ambos estarían de acuerdo en una política expansionista para circunstancias especiales, es esta explícita e importante distinción de Röpke de la que hoy carece el “intervencionismo keynesiano”.

Hayek y Röpke
Hayek por su parte, viene a representar al laissez faire, el que “excluye la intervención del Estado en asuntos económicos”. Nótese sin embargo, que Hayek también aceptaba -en circunstancias excepcionales- que los hacedores de políticas públicas hicieran algo ante la situación descripta. En términos de la ecuación cuantitativa del dinero (MV = Py), Hayek proponía mantener constante el ingreso nominal (MV). Esto tenía dos implicaciones. En primer lugar, permitir que ante un aumento de la productividad y su consecuente crecimiento económico (y), bajen los precios (P). Ya en Precios y producción de 1931, decía Hayek: “El que no haya ningún peligro en que los precios caigan cuando la producción sube ha sido subrayado una y otra vez, por ejemplo por A. Marshall, N. G. Pierson, W. Lexis, F. Y. Edgeworth, F. W. Taussig, L. Mises, A. C. Pigou, D. H. Robertson y G. Haberler”.

Cabe sin embargo hacer aquí la distinción -muchas veces ignorada por los economistas que animan políticas antideflacionistas- entre el proceso de deflación que surge por aumentos de productividad, de aquel proceso que surge en las etapas últimas del ciclo económico. En segundo lugar, que ante una contracción secundaria de dinero, la autoridad monetaria expanda la base monetaria. En pocas palabras, la expansión primaria sirve para compensar la contracción secundaria. Hayek, sin embargo, jamás habló de combinar esta política monetaria con políticas fiscales. Su preocupación, como la de Röpke, no era evitar el ajuste necesario del período de sobreinversión (que Hayek llamó más bien de mala-inversión), sino evitar que el ajuste sea mayor al necesario para volver a una situación de normalidad.

Conclusión
Estos comentarios acercan el pensamiento de Keynes, Röpke y Hayek, con el único objetivo de mostrar que ninguno representa los extremos con los que muchas veces se los identifica. Resulta fundamental, sin embargo, señalar -como lo hace Resico- que Röpke -al igual que Hayek- realizó una valoración crítica del pensamiento de Keynes, “en el que destacaba una generalización errónea del principio de la ‘demanda efectiva’”, esto es, el conocido modelo keynesiano de demanda agregada. Más precisamente Röpke se separaba de la propuesta keynesiana de pleno empleo, el que representó un manejo activo de la política económica de coyuntura, otorgándole un sesgo inflacionista y de control cada vez más amplio sobre el sistema económico, aspecto que se replica en Hayek. En otras palabras, la crítica de Röpke -que desde luego compartía con Hayek- estaba destinada a esa propuesta de manejar científicamente las variables monetarias, controlando la cantidad de dinero en circulación, los tipos de interés, el tipo de cambio, y mediante ellos, determinar el nivel de empleo y la tasa de crecimiento económico. Esta “fatal arrogancia” que hoy sostienen muchos economistas, de querer manejar la economía como si fuera un automóvil, mediante unos cuantos controles en un tablero, es el error fatal que Keynes introdujo y del cual necesariamente debemos distanciar tanto a Röpke como a Hayek. Después de todo, como ha señalado Garrison, “Keynes [en parte] fue un keynesiano”.

(*) Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Artículo publicado por INFOBAE el 25 de Octubre de 2013

Fuente: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/10/25/tres-posturas-sobre-la-intervencion-del-estado-en-la-economia/

martes, 29 de octubre de 2013

ANSES perderá más de la mitad de los fondos asignados al PROCREAR

Por IDESA (*)
La carencia de viviendas es un problema severo que perjudica la calidad de vida de muchos hogares. Esto explica las expectativas que genera el plan PROCREAR otorgando préstamos subsidiados con recursos previsionales a algunas familias elegidas por sorteo. Además de parcial e inequitativo, el plan acelera la aparición de una próxima crisis previsional como ya ocurrió con iniciativas similares en el pasado. Una solución genuina requiere eliminar la inflación para que se genere un mercado privado de créditos a largo plazo.  
 
El plan PROCREAR es una iniciativa del Estado nacional a través de la cual se ofrecen préstamos subsidiados para la construcción, compra y refacción de vivienda. Para financiar el plan se usan los ahorros previsionales de la ANSES. Los interesados deben inscribirse en la ANSES para acceder a un sorteo administrado por la Lotería Nacional. Los ganadores quedan habilitados para solicitar un turno en el Banco Hipotecario a fin de tramitar el préstamo. Esta institución es la que toma la decisión final en base a ingresos y antecedentes de las familias. En el último sorteo fueron elegidas 158 mil de 365 mil familias inscriptas.

Según el Censo 2010, en la Argentina hay más de 12 millones de hogares de los cuales 3,4 millones, o sea el 28%, no posee vivienda propia. Un 16% (2 millones de familias) son inquilinos y el otro 12% (1,4 millones de familias) son ocupantes por diferentes modalidades (préstamo, trabajo, ilegales, etc.). En un contexto en que 1 de cada 4 familias no tiene vivienda propia, las solicitudes de créditos son muy superiores a los cupos previstos en el plan y, por eso, se apela al azar para definir los posibles beneficiarios.

Según la ANSES, el monto promedio de los préstamos otorgados hasta el momento es de $266 mil, la cuota promedio de $2.524 y el plazo promedio es de 22 años. Esto implica que:
·         Si la tasa de inflación en la Argentina bajara a un promedio del 15% anual las familias devolverán sólo el 77% del valor real del préstamo.
·         Con una tasa de inflación del 25% promedio anual el recupero se reduce al 50%.
·         Con una tasa de inflación del 35% promedio anual las familias terminarán devolviendo apenas el 37% del valor real del préstamo.

Este ejercicio de simulación, si bien aproximado, permite ilustrar cómo actúa la inflación sobre el recupero de los préstamos otorgados con el PROCREAR. Si la inflación se mantiene en el futuro en los niveles actuales, por cada $2 que la ANSES destina al financiamiento del PROCREAR el sistema previsional sólo recuperará $1. En otras palabras, para lograr que la cuota del crédito sea accesible se le impone a la ANSES una operación financiera muy ruinosa. Prueba de ello es que, aun bajo escenarios de reducción de la inflación, con el paso del tiempo el valor de la cuota también se desvaloriza, erosionando la sustentabilidad del sistema previsional.

El beneficio que disfrutan las familias elegidas en el sorteo es equivalente al perjuicio que sufren los actuales y futuros jubilados por la desvalorización de los ahorros previsionales. Se trata de una experiencia ya vivida en el pasado con consecuencias muy negativas. El sistema previsional nació, a comienzos del siglo pasado, bajo la lógica de la capitalización colectiva, es decir, los aportes de los afiliados eran acumulados para permitir en el futuro financiar sus jubilaciones. En este esquema usar los ahorros previsionales para dar créditos hipotecarios es una muy buena alternativa en la medida en que se garantice la protección de la inversión y una razonable rentabilidad. Como estas condiciones no se dieron, la inflación erosionó los ahorros. El sistema previsional cayó en bancarrota, llevando a la crisis terminal que justificó la creación del régimen de capitalización individual en la década de los ´90.

Resulta curioso que luego de estatizar los ahorros en el año 2008 rápidamente se vuelvan a instrumentar las mismas prácticas que llevaron a la bancarrota al sistema previsional. La principal diferencia es que en la actualidad las bases financieras del sistema son mucho más endebles luego de haber regalado más de 2,6 millones de jubilaciones sin aportes, por lo tanto, la crisis previsional es mucho más próxima.

El PROCREAR no resolverá el problema de vivienda y acelerará la aparición de una nueva crisis jubilatoria. La política pública apropiada es generar condiciones de estabilidad para que opere un mercado de créditos hipotecarios a largo plazo

Así, la mayoría de la gente podrá con su propio esfuerzo pagar cuotas razonables y a las familias de más bajos ingresos el Estado asistirlas con créditos subsidiados, pero con fondos propios no de la ANSES. De esta forma, se eliminaría la necesidad de tener que apelar a sorteos que en la práctica implica rifar el futuro de los jubilados.    

(*) IDESA. Informe Nº 519 del 27 de Octubre de 2013

Sobre la Patria

Por Alberto Benegas Lynch (h) (*)
En esta instancia del proceso de evolución cultural, la idea de nación es solo para evitar los inmensos riesgos de la concentración de poder que significaría un gobierno universal. En sociedades abiertas, el fraccionamiento ayuda a preservar los derechos individuales con cierta competencia entre países y, a su vez, cada uno subdivide internamente las jurisdicciones en provincias y éstas, a su turno, en municipios. Un gobierno universal no cuenta con la dispersión del poder y, por tanto, no permite fraccionarlo y no hay escapatoria posible frente a un aparato estatal único que abarque el planeta.
Entonces, ese es el único sentido de las fronteras que son consecuencia de accidentes geológicos y, sobre todo, de acciones bélicas. No hay en ello nada natural. Los idiomas no separan a los países puesto que hay muchos que contienen diversas lenguas y dialectos, como Canadá, Suiza y España. No son fruto de las llamadas “razas” puesto que tal cosa no existe como, entre muchos otros, explica Spencer Wells (recordemos la noción idiota que desconoce que el judaísmo es una religión, por ello es que en los campos de concentración de los criminales nazis había que rapar y tatuar a los prisioneros para distinguirlos de sus captores) y que los rasgos físicos son circunstanciales y se modifican con la ubicación geográfica y que los grupos sanguíneos son cuatro para toda la humanidad.
Innumerables son los mestizajes entre las personas y los movimientos migratorios son permanentes lo cual, como especialmente apuntan Mario Vargas Llosa, Thomas Sowell y Juan José Sebreli, convierte a la cultura en algo cambiante y evolutivo en cuyo contexto hay un constante intercambio de hábitos, costumbres, vestimentas, comidas, arquitecturas, músicas que a veces se toman como propias sin percibir que son el resultado de largos procesos de entregas y recibimientos que, a su vez, generan nuevos resultados.
Es por ello que las pretensiones de establecer culturas alambradas constituyen una de las manifestaciones más claras y rotundas del espíritu cavernario. De todos modos, conciente o inconcientemente, persiste en ciertos círculos manifestaciones de nacionalismo a través de la expresión “patria” que tomada literalmente significa “tierra de los padres”, lo cual revela un afecto natural por el terruño, por los lugares donde vivieron nuestros mayores, incluso por los tiernos recuerdos que suscitan los olores, los ruidos e infinitas imágenes de nuestros barrios (lo cual para nada autoriza a descalificar a quienes abandonan sus lugares de nacimiento en busca de otros horizontes tal como lo han hecho la mayor parte de nuestros antepasados).
Pero el uso habitual y más generalizado de patria se extiende a conceptos distintos que abarcan territorios vastos y extendidos que hacen que se hable del amor global a tal o cual país  que es similar a sostener que se ama a tal o cual latitud geográfica o isobara o tal o cual hemisferio o que se ama a tal o cual estrella en el firmamento. Este concepto extendido lamentablemente no se refiere al respeto a los derechos individuales sino que se circunscribe a un instinto territorial y a una equivocada acepción de la soberanía que, como nos dice Bertand de Jouvenel, en lugar de aplicarla a cada individuo se la vincula a manifestaciones diversas de los aparatos estatales.
Más aun, como escribe Juan Bautista Alberdi “El entusiasmo patrio es un sentimiento peculiar de guerra, no de la libertad” o como concluye Esteban Echeverría “la patria no es la tierra sino la libertad, el que se queda sin libertad se queda sin patria”. Desafortunadamente, las ideas contrarias son frecuentemente inculcadas a los niños, puesto que desde la más tierna infancia se los obliga a cantar himnos guerreros, a marchar, a uniformarse, a no discutir con ninguna autoridad y a estudiar historia en términos de municiones y pertrechos de guerra. Por ese lavado de cerebro que forma autómatas es que hoy cuesta tanto a muchos adultos sacarse de la cabeza la idea de patria en el sentido de limitarse a la reverencia a pedazos de tierra, lo cual se estima debe “protegerse” del extranjero y del intercambio libre de bienes y servicios que “invaden” cual tropas de ocupación (me referí detenidamente a esto en mi largo ensayo publicado hace un tiempo en una revista académica chilena, titulado “Nacionalismo: cultura de la incultura”).
Se quiera o no, estos dislates nacionalistas, tarde o temprano conducen a la demanda por líderes mesiánicos. Tomemos el caso de Franco a título de ejemplo. Luego del final desafortunado de Manuel Azaña y las muy sospechosas muertes de los generales conservadores Sanjurjo y del Llano, comenzó lo que Segundo V. Linares Quintana denomina “el Estado paternalista español” que “se inspira visiblemente en la línea ideológica del fascismo italiano y del nacionalsocialismo alemán”. En este sentido, es de interés prestar atención a lo escrito por Luis del Valle Pascual, profesor de derecho constitucional que adhería al régimen, quien referido al franquismo consignaba que: “en el Estado nuevo, el pueblo político deposita, como hemos dicho, su confianza plena en un jefe y éste es el que desarrollará con actos decisionales y normas coactivas las exigencia más profundas de la comunidad nacional […] su voluntad será la voluntad de la comunidad misma. El jefe es así, no solo el supremo conductor, sino el intérprete y definidor de la voluntad nacional. Y mientras cuente con la voluntad plebiscitaria, como se afirma del führer en Alemania, podrá decirse que tiene siempre razón. El simboliza la realidad más profunda de la dirección nacional. Indiscutiblemente aparece como el órgano supremo del destino de la comunidad”.
Todos los personeros del régimen y “el generalísmo” usaban y abusaban de la idea de patria en el contexto de un poder sustentado en la tenebrosa combinación entre la religión y la espada, basado en el autoritarismo y en la judeofobia tal como lo prueban los textos escolares obligatorios de la época. Por ejemplo, en Historia del imperio español y de la hispanidad de Feliciano Cereda se lee sobre “el carácter judío, su actuación hipócrita y sus tendencias sociales que tantas veces han llevado a España a la ruina” y en Así quiero ser, el niño del nuevo Estado presentado por Hijos de Santiago Rodríguez se dice que “Nosotros, los subordinados, no tenemos más misión que obedecer. Debemos obedecer sin discutir […] Los españoles tenemos la obligación de acostumbrarnos a la santa obediencia”. Paul Preston en su célebre obra Franco, caudillo de España concluye que “Fue un dictador brutal y eficaz que resistió treinta y seis años en el poder y que le indujo a creer en las idas más banales” del mismo modo escribe  Salvador de Madariaga en España. Ensayo sobre historia contemporánea que “en lo único que piensa Franco es en Franco […] a fin de que el navío de su dictadura se mantenga a flote”.
Por todo esto es que podemos suscribir con gran beneplácito lo dicho por Demócrito en cuanto a que “la patria del sabio es el mundo entero” o lo escrito por Borges en el sentido de que “vendrán otros tiempos en los que seremos cosmopolitas como querían los estoicos” o lo dicho por Fernando Savater que “cuanto más insignificante se es en lo personal, más razones se buscan de exaltación en lo patriótico” o finalmente (para no cargar de citas) lo asentado por Lord Acton: “la teoría de la nacionalidad es más absurda y más criminal que la teoría del socialismo”.
En otros términos, los cánticos patrióticos -patrioteros en nuestra línea argumental- no ayudan a fortalecer la noción vital de las autonomías individuales y son hipócritas en cuanto a que declaman eso de “toma mi mano hermano” a menos que se trate de extranjeros los cuales, como queda dicho, son sospechosos de “invadir” territorios con sus personas y con sus bienes y servicios contra los cuales hay que “defenderse”. El espíritu cosmopolita y el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros (de todos) resulta el aspecto medular de la buena educación, lo cual constituye la columna vertebral de la convivencia pacífica y comprender que todos somos distintos con lo que las generalizaciones son del todo inconducentes. En este último sentido, tengamos presente la respuesta de Chesterton cuando le preguntaron que opinaba de los franceses: “no se porque no los conozco a todos”.
(*) Alberto Benegas Lynch (h) es Presidente del Consejo Académico de Libertad y Progreso. Artículo publicado el 29 de Octubre de 2013.

¿Porque crecen los países?

Por Emilio Ocampo (*)
Desde Adam Smith los economistas se preguntan por qué crecen los países. Igualmente importante es preguntarse por qué dejan de crecer. Para los argentinos esta es una pregunta muy relevante. En el ranking mundial de PBI per cápita de 1910 Argentina ocupaba la octava posición, hoy se encuentra arriba de 50. No hay otro país que haya experimentado una declinación semejante.
Según los economistas la productividad es la clave del crecimiento. Pero la cuestión es que factor o factores explican las diferencias de productividad entre países. Una teoría sostiene que la ubicación geográfica es el factor determinante. Basta observar un grafico comparando el nivel de PBI per cápita y la distancia al trópico para ver por qué: los países más cercanos a la línea del Ecuador son en promedio mucho más pobres. Pero esta teoría no explica la prosperidad de países tropicales como Singapur y Hong Kong, ni las diferencias entre Australia y Argentina, ni entre Botswana (US$7.191) y Zimbabwe (US$785). Evidentemente hay otro factor o factores en juego.
Según otra teoría ese factor es el origen cultural o religioso de una sociedad. Se argumenta que la ética protestante o los valores del confucionismo son esenciales para el desarrollo económico o que los países de cultura hispana son menos prósperos que los anglosajones. Pero esto no explica porque en 1980 la economía argentina era siete veces el tamaño de la chilena y hoy menos del doble, ni porque Corea del Norte, a pesar de contar con una población con la misma etnia y los mismos valores culturales y religiosos, tuvo un crecimiento mucho más bajo que Corea del Sur, ni porqué los chinos de Singapur, Taiwan y Hong Kong lograron crecer mientras la China Maoista se estancaba. Es decir que hay otro factor determinante de las diferencias de riqueza entre los países.
Otra teoría sostiene que ese factor es la abundancia de recursos naturales. Así lo confirmaría el ejemplo de EE.UU., Canadá, Australia y Noruega. Sin embargo, Japón, Suiza y Singapur no tienen recursos naturales y se encuentran entre los más prósperos del planeta. El contraste entre Noruega y Ecuador es notable. Ambos países descubrieron enormes yacimientos de petróleo en la misma época (fines de 1960). Pero el ingreso per cápita de Ecuador hoy equivale al 5% del de Noruega (en 1970 representaba el 10%). Indudablemente los recursos naturales son importantes pero no determinantes. Hay otro factor que explica la diferencia de riqueza entre los países.
Ese factor es la manera en que una sociedad decide organizarse. Es decir, sus instituciones, que no son más que las reglas de juego que definen tanto los incentivos para desarrollar una actividad económica como la distribución el poder (por ejemplo, la Constitución). Las instituciones pueden ser “incluyentes” o “extractivas”. Las primeras se basan en el respeto al derecho de propiedad y los contratos, la igualdad de oportunidades, una amplia participación ciudadana en la elección de los gobernantes, la división de poderes y la existencia de límites al poder ejecutivo. Las segundas sirven para que un grupo o sector de la sociedad controle el poder y “extraiga” recursos de otros sectores. Cuanto más “extractivas” son las instituciones de un país, menor es su crecimiento. Vulnerar el derecho de propiedad, es “arrebatar a la producción sus instrumentos, es decir, paralizarla en sus funciones fecundas, hacer imposible la riqueza.” Esto, que Alberdi explicó tan claramente hace 150 años, constituye la base de la teoría del crecimiento centrada en las instituciones.
Hay países con instituciones políticas “extractivas” que han logrado crecer rápidamente. Tal es el caso de China en las últimos dos décadas. Pero lo han hecho gracias a que implantaron instituciones económicas más “incluyentes”. Con el paso del tiempo uno u otro tipo de instituciones predomina sobre el otro. En el caso de Corea del Sur, un régimen autoritario estableció instituciones económicas “incluyentes” que con el paso del tiempo contribuyeron al surgimiento de un régimen democrático. En el caso de Venezuela, instituciones “extractivas” en la esfera económica (dirigismo) han llevado a instituciones cada vez más “extractivas” en el ámbito político (es decir, más autoritarismo). Aunque las instituciones económicas incluyentes son una condición necesaria y suficiente para al crecimiento sostenible a largo plazo, las instituciones políticas “incluyentes” (como la democracia) son necesarias pero no suficientes. Sin un sistema judicial independiente, respeto por los contratos y al derecho de propiedad, son imposibles la innovación y el espíritu emprendedor, dos ingredientes claves para que una sociedad prospere.
Justamente la calidad institucional explica por qué países ricos en recursos naturales muchas veces se estancan. Este fenómeno, que los economistas han dado en llamar la “maldición de los recursos naturales”, es aplicable a países como Nigeria, que a pesar de contar con enormes reservas de petróleo, no han logrado escapar del subdesarrollo. En América Latina esta maldición también existe. Países con patrones culturales similares, gobernados por regímenes democráticos y ricos en recursos naturales han adoptado estrategias de crecimiento y marcos institucionales radicalmente diferentes. Un grupo, que incluye a Venezuela, Argentina, Bolivia y Ecuador, optó por instituciones económicas “extractivas” signadas por un creciente intervencionismo. Otro, que incluye a Chile, Colombia, México y Perú, adoptó instituciones económicas “incluyentes” y estables. Todo indica que en 2013 el crecimiento del PBI será en promedio un 1,7% superior para el segundo grupo. Si se mantuviera ese diferencial de crecimiento (que sería mayor aún si consideramos los últimos 25 años), dentro una generación el PBI de Chile y Colombia superaría al de Argentina y el de Perú sería un 10% inferior (en 1980 representaba el 10% del PBI argentino).
La pobre calidad de nuestras instituciones explica porqué Argentina perdió posiciones frente a América Latina y el resto del mundo en el último siglo. Los índices de calidad institucional de la Argentina de largo plazo muestran un claro deterioro a partir de 1930. Y aunque a partir de 1983 hubo una mejora en la calidad de las instituciones políticas, la calidad de las instituciones económicas hoy está prácticamente al mismo nivel que en 1970. Los cambios arbitrarios e imprevisibles de las reglas de juego han tenido un efecto deletéreo sobre el crecimiento.
Ante una evidencia tan contundente, la pregunta obvia es por qué nuestros gobernantes insisten en imponer reglas de juego contrarias a los intereses de la sociedad. La moderna teoría de las instituciones tiene la respuesta. Adoptan estas reglas de juego porque son las que mas les convienen, ya que les permiten mantenerse en el poder. Esta teoría también explica porqué luego de diez años de viento de cola, la Argentina enfrenta serios problemas de infraestructura. Al aumentar los recursos controlables por nuestros gobernantes, el auge en el precio de los commodities hizo aún más valiosa su permanencia en el poder. De ahí que adoptaran políticas clientelistas (aumento del empleo público, subsidios, etc.) que, aunque generaron una mala asignación de recursos para la sociedad, les permitieron ganar elecciones.
En vez de invertir los recursos adicionales generados por el boom para modernizar el país, la política económica del gobierno fomentó el consumo y llevó a una creciente descapitalización. Algo parecido sucedió durante el primer y segundo gobierno de Perón y en ambos casos la consecuencia inevitable fue una seria crisis económica. Debido a una debilidad institucional crónica, desde 1940 cada boom en el precio de los commodities agrícolas nos ha llevado a la tentación populista. Una maldición más trágica que la de Sísifo, ya que en cada iteración se profundizó la decadencia.
(*) Emilio Ocampo es miembro del Consejo Académico de Libertad y Progreso. Artículo publicado el 29 de Octubre de 2013

Comisión Liquidadora del cristinismo

Por Oberdan Rocamora (*)
Nada nuevo bajo el sol. Se viene la Comisión Liquidadora del cristinismo, anunciada en “La calle cerrada de la derrota”, cliquear.
“Sin novedad en el frente”.
Sirve el título de la novela de Erich-María Remarque para confirmar que todo aquello que debe decirse hoy, el Portal ya lo dijo.
País en repetición.
Se asiste a la oficialización de las previsibles candidaturas presidenciales.
En primer lugar de Mauricio Macri, El Niño Cincuentón, precipitado en la parada, muy fortalecido por el notable triunfo de la señora Gabriela Michetti, La Princesa de Laprida.
Aunque aún formalmente no lo acepte, está lanzada también la aventura presidencial de Sergio Massa, Aire y Sol II. Es el principal ocupante de la centralidad.
Massa amplifica la victoria humillante, lograda en las PASO. Se catapulta desde la mini gobernación de Tigre hasta donde pueda.
Su revolución de mini-gobernadores consolida, en la práctica, un relevamiento generacional.
Una señal, apenas una advertencia, para los sexagenarios que se obstinen en cotizar sus experiencias.

También está virtualmente lanzada la postulación presidencial de Julio Cobos, El No Positivo.
Como se descontaba, goleó en Mendoza con más de 20 puntos. A los radicales les va a costar, en adelante, obstinarse en negarlo.
Insertarse en jeroglíficos genéticos, para postergarlo.
Hermes Binner, el John Wayne de El Hombre Quieto, con la certificación de su victoria en Santa Fe, agita también los pergaminos. Debe aprovechar la penúltima oportunidad para presentarse.
Si Binner avanza en negociaciones con Cobos, Macri, Solanas y Carrió, sólo depende de la inteligencia emocional de sus protagonistas.
Admitiría la gestación de un proyecto alternativo no peronista. Podría clausurar la dinámica perversa que impone un peronismo duro en reconocer el retroceso.
O la vulgaridad de la caída.

Scioli y la escrituración de la derrota

Macri, Massa, Cobos y Binner, son cuatro de los siete samuráis presentados en “De Aires, Soles y Terceras Vías” (cliquear).
En cuanto a Daniel Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol I, queda riesgosamente envuelto en la derrota que se le transfirió.
Y la escritura porque, en gran parte -a “consciencia pura”, como en el tango-, le pertenece.
Pero conste que de ningún modo Scioli está para descartarlo. Para que se le extienda el certificado de inhabilitación.
O para descalificarlo definitivamente por no haberse ido con La Franja de Massa (cliquear).
Para quedarse al frente de una escuadra desvencijada, con los protagonistas escogidos inicialmente para anularlo.
También queda “en forma” la señora Elisa Carrió, la Empresaria en Demoliciones, pero exactamente en un momento de construcción. De recuperación.
Carrió consigue la proeza de condecorar, como senador nacional, a Fernando Solanas, El Dirigente Universitario.
Tal vez Solanas va a amagar con sentarse en la mesa de los presidenciables junto a Binner, Cobos, Macri. Y la propia Carrió.
En realidad, uno de los escasos enigmas que debía clarificarse, en la elección sin sorpresas de ayer, consistía en averiguar quién iba a quedarse con la senaduría por la minoría en el Artificio Autónomo.
Si Solanas o Daniel Filmus, El Psicobolche.
Debe aceptarse que la pasión social, por dejarlo sin trabajo a Filmus, era exagerada.
Motivó que muchos jugados se forzaran en encontrarle méritos al Dirigente Universitario de extensa filmografía. Pero transformado en instrumento.
El “killer” del pobre Psicobolche.

Corazones destrozados

Resta la Samurai 7, La Doctora. La que encabeza la Comisión Liquidadora del cristinismo.
Como ya pasó el violento expresionismo de la derrota, se aguarda, en diez días, la reaparición estelar.
Espectacular, como si La Doctora fuera Madonna.
Justamente en una instancia en que el Frente para la Victoria tiene la moral por el subsuelo. Que besa la lona.
Sólo le queda, al cristinismo, el relato.
Y La Doctora es la única que mantiene la articulación oral para narrarlo. Aunque nadie, en el fondo, lo crea. Y la aplaudan en defensa propia.
De todos modos, en literatura, la manera de contar suele ser siempre valorable. Importa poco, en literatura, si aquello que se cuenta es verdad.
La atmósfera literaria se percibió en el palco de los “corazones destrozados”, como el hotel de Elvis Presley.
Los que pretendieron persuadir, a la sociedad, que estaban enteros y no habían perdido.
Porque eran “la principal fuerza del país”, mientras se detenían en la contabilidad de los diputados.
El espectáculo televisivo de los cristinistas eufóricos que merecían ser presididos por Boudou, El Descuidista.
Produjeron una fascinación grotesca, casi desgarradora. Se mostraban felices y cantaban, con “los corazones destrozados”.
En una negación de la realidad que asegura un lugar en la historia de la psicopatía colectiva.

El Gran Triunfador

Lo expuesto no debe atenuar, de ningún modo, el impacto de la victoria de Massa, Aire y Sol II.
Es el gran triunfador de 2013. Le birló el discurso a Macri. Desplazó de la centralidad a La Doctora. Postergó a Scioli, pero sólo después de legitimarlo.
Al mostrarse, en gran parte, como una fotocopia. De aquí el Aire y Sol II.
Es -Massa- el brazo que se separó del cuerpo cristinista para vencerlo.
Cultor también de la voluntaria ideología del vitalismo. Con un discurso factible, colmado de alusiones genéricas a “la gente”, al “bien de la gente”, para “mejorar la vida de la gente”.
Con un inteligente tráfico de portación de presente y de futuro, a Massa le sobró para erigirse en la máxima esperanza.
Para proyectarse, en adelante, en una sintonía similar a la de Macri. A quien le arrebató el espacio natural. Para compartirlo.
Massa contiene el discurso de Macri y el vitalismo de Scioli. Pero con la osadía admirable que armoniza, a la perfección, con la capacidad de armado.
Lo que Massa muestra, hasta hoy, a la sociedad, en la práctica, es una condición de ex cristinista, oportunamente independizado, abierto y presentable.
Una especie de kirchnerista disidente. Prolijo. Sin desmesuras ni desmanes.
Dos aspectos, kirchnerismo y cristinismo, que lo contenían hasta hace (la eternidad de) cuatro meses.

Revisar las PASO

Por último, la metodología electoral tendría que ser, en adelante, más eficaz. Menos aburrida.
Esta campaña, “insosteniblemente larga e insufriblemente monótona”, mantuvo un desfile de candidatos previsibles que produjo, en la sociedad, cierto “cansancio moral” (ver“Más aca de la veda”, cliquear).
Habrá que revisar el sistema. Las PASO imponen una duplicación costosa de esfuerzos.
Una repetición inconcebible, sobre todo innecesaria.
(*) Oberdán Rocamora para JorgeAsisDigital.com. Artículo publicado en el Envío Nº 1156, el 28 de Octubre de 2013

El peronismo de los no peronistas ha llegado

Por Gabriela Pousa (*)
Después de toda elección cualquier exégesis resulta redundante. A pesar del intento del kirchnerismo por disfrazar de triunfo la derrota, los hechos exceden el limitado margen de la especulación. Ganó Sergio Massa, ganó Mauricio Macri, ganó Julio Cobos, ganó Hermes Binner… En definitiva, ganaron muchos pero perdió uno sólo. Eso es quizás lo que interesa teniendo en cuenta el contexto donde se votó. El resto suena más a expresión de deseo que a escenario empírico y razón.

El electorado votó por un freno. Se eligió un límite. Así, en el escenario porteño, Fernando Pino Solanas fue apenas el medio para un fin que lo justificaba. Sería un gran error que el senador electo no entendiese esto. Mayoritariamente, quienes emitieron sufragio a su favor no están dispuestos a repetir ese acto en un comicio presidencial. Por esa razón, Pino no habló del 2015 tras su triunfo, fue un acierto su decisión.

Distinto es el panorama para Mauricio Macri. El jefe de la ciudad autónoma de Buenos Aires ya estaba lanzado a la presidencia antes de llevarse a cabo la última elección. No parece insensato que tras la victoria de sus candidatos refuerce esa convicción. Sin embargo, Macri debería entender que sus tiempos no son los del común ciudadano. Las urgencias y prioridades de sus votantes están lejos de su ambición.

La Argentina no es un país que pueda darse el lujo de pensar el largo plazo porque ha sido sentenciada al cortoplacismo más básico. Salir de ese estado requiere mucho más que voluntarismo por parte de los candidatos. El líder del Pro tiene además dos años de gestión por delante. En un país donde una tormenta puede dejar cadáveres e inundados al por mayor es complejo proyectarse.
A diferencia del alcalde de Tigre, Macri tiene un lapso demasiado amplio donde cualquier obstáculos será leído como impericia o desidia de su parte, con justicia o no. Su apuesta inmediata debería ser pues la administración porque también es dable admitir que el gobierno nacional hará lo indecible para impedir su proyección a nivel nacional.

De los candidatos que se prueban hoy el cetro y la banda, sin duda el jefe del Pro es quien más difícil se la verá.

Sergio Massa tiene dos ventajas: el resultado electoral y su audacia. Audacia que no tuvo Daniel Scioli a la hora de definir su “lealtad” (valgan las comillas) a Cristina. El gobernador bonaerense anoche la pasó mal. A pesar del indescifrable misterio que lo reviste de amianto a la hora de medir adhesiones y rechazos de la opinión pública, Scioli tiene por delante un camino con menos rosas que cardos. Deberá demostrarse independiente de quienes ha dependido en los últimos años. No es tarea fácil.

Ahora bien, es verdad que las diferencias intrínsecas entre el ex jefe de Gabinete de Cristina Kirchner y Daniel Scioli no son tantas. Ambos podrían ser respaldados por los mismos aparatos, ambos son netamente pragmáticos por más que discurseen amparados en recursos gramaticales vastos, y prometan cumplir sueños e ideales de tantos… En síntesis, ambos son políticos de 300 palabras que acomodan según las circunstancias.

La ventaja de Massa radica en el hecho de tener dos años por delante con mucho menor riesgo. No es lo mismo estar al frente de una provincia que estar sentado en una banca a resguardo de un bloque con negociadores natos. El Congreso no se inunda, La Plata si. En febrero y marzo los docentes no estarán protestando en el recinto de diputados, en la gobernación sí. Son sutiles diferencias que alimentan las esperanzas de Massa, por eso su oratoria de anoche, por eso su foto familiar en las portadas de los diarios, por eso su próxima aparición en los medios foráneos.

El intendente de zona norte arranca con ventaja, se beneficia con la duda. Claro que en Argentina esa ventaja puede licuarse de la noche a la mañana. Le sucedió a más de un político avezado. Jurisprudencia no falta. Ni Raúl Alfonsín, ni Carlos Menem, ni Néstor Kirchner soñaban con el sillón de Rivadavia dos años antes de haberse sentado. Cobos, Binner y Carrió tienen un desafío aún mayor: mantener la esperanza de un país sin peronistas gobernando. A muchos les resulta impensado.

Lo cierto, por otra parte, es que estamos en un teatro muy peculiar donde falta ni más ni menos que la titular. Por eso los suplentes derrapan. Las imágenes del búnker del Frente para la Victoria tras la elección mostraron sin tapujos hasta qué punto el desconcierto invade al gobierno. Están más acéfalos ellos que el pueblo. Tienen el poder pero están indefensos.

No fue la gente quien compró la idea de “Cristina eterna”, fueron ellos quienes se autoconvencieron. Levantaron para si los muros de sus propia cárcel. ¿Cómo se sale? Es la pregunta que se hacían muchos mientras Amado Boudou intentaba matizar el fracaso con un “stand up” que rozaba el grotesco. Pero todo ese circo no puede causar risa. Hay un detalle que no habría que olvidar para que este freno que se las ha puesto ayer, no sea similar al que se le puso en el 2009. Pierdan o no el monopolio del poder aún mantienen la capacidad de daño intacta. Con hechos o con omisión lastiman, atacan…

Desde luego que el acto democrático del domingo pasado fue más favorable a la recuperación de la república que al caos propuesto por el gobierno. El primer paso fue dado y no parece ser un paso en falso. Sin embargo, este no es el final sino el comienzo del mismo.

Al ciclo le queda todavía un largo tramo. Habrá que andar con cuidado y entender que una cosa es el peronismo y otra – tanto o más complicada también -, es el peronismo de los no peronistas que, sin ir más lejos, ayer lo han votado, conscientes o no de su acto.

(*) Gabriela Pousa es Analista Política en Medios, Licenciada en Comunicación Social y Periodismo (Universidad del Salvador), Analista Política y Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Directora de “Perspectiva Políticas


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lunes, 28 de octubre de 2013

Un ciclo político que se cierra

Por Joaquín Morales Solá (*)
Los argentinos decidieron ayer cerrar el ciclo político kirchnerista. La amplia derrota del oficialismo fue tan espectacular como la victoria de Cristina Kirchner hace dos años. El error de haber convertido aquellos votos de 2011 en herramientas para consumar caprichos personales explican en gran medida la actual hemorragia electoral. Ni siquiera la enfermedad de la Presidenta, que empujó hacia arriba sus índices de imagen positiva, sirvió para mejorar la pobre elección del Gobierno en las primarias de octubre. Al revés, la oposición ganó ayer por márgenes más amplios en distritos cruciales, como la provincia de Buenos Aires, la Capital, Córdoba y Santa Fe.

Una forma de gobernar, signada por el autoritarismo y la pertinaz insistencia en los fracasos, fatigó a una clara mayoría social. No fue sólo la política de ruinas de Guillermo Moreno lo que espoleó la derrota.
También influyó, y mucho, el estilo pendenciero y déspota del funcionario.
No fue sólo la inexplicable presencia en el escenario cristinista de Luis D'Elía; fue también el hecho de que el Gobierno nunca se distanciara de su discurso agresivo y antisemita. No fue sólo la arrogancia de Juan Cabandié frente a una humilde empleada de Lomas de Zamora, sino también la saga arrogante y provocadora de La Cámpora, el reservorio de los jóvenes cristinistas.
Esos nombres no fueron elegidos al azar. Todos ellos convocan el rechazo unánime de los intendentes de Buenos Aires, sean massistas, kirchneristas o neutrales. En todos los casos, se trata de antojos presidenciales que carecen de explicación política. Sin embargo, fueron la obstinación en continuar con los zafarranchos de la política económica y la ceguera frente al flagelo de la inseguridad las razones más objetivas de tanta decepción social.
Todo lo demás, la soberbia, el dogmatismo y la confrontación como sistema no sólo político, sino de vida, emergieron como prioridades cuando se agravaron el conflicto económico y el auge del crimen.
La reacción del Gobierno en la tarde de ayer fue la de un boxeador aturdido por los golpes. Como en los tiempos de los soviéticos, los pocos funcionarios que hablaron después de conocida la derrota se mantuvieron, estrictos, dentro de un discurso previamente escrito.
La primera reflexión hacía referencia a que el Frente para la Victoria fue el partido más votado. ¿Qué importancia tiene ese pergamino cuando el partido fue aplastado por los votos de la oposición?
La segunda consideración que hacían consistía en aclarar que el oficialismo conservará la mayoría en las dos cámaras del Congreso. Es probable que el dato sea cierto desde la aséptica matemática parlamentaria. Pero ¿todos los legisladores oficialistas seguirán aferrados a un gobierno perdidoso, que carece, por ahora, de cualquier posibilidad de continuidad más allá de 2015? ¿Muchos kirchneristas de ocasión no darían el salto, acaso, hacia el bando ganador más pronto que tarde?

SCIOLI, PERJUDICADO

Hasta un kirchnerista diferente y desconfiado por los kirchneristas, como Daniel Scioli, quedó ayer embadurnado por la derrota. El gobernador, dueño de una paciencia sobrehumana, debió defender listas de candidatos provinciales y nacionales de su provincia en las que él no tenía ningún candidato. Todos los lugares habían sido arrebatados por kirchneristas puros y duros. El discurso que el sciolismo ha deslizado le traslada a Martín Insaurralde la categoría de candidato. Esto es: no fue Scioli el candidato, sino Insaurralde. Fue así, pero Insaurralde no hubiera sido nadie sin Cristina Kirchner y sin Scioli. Scioli no está muerto como político, pero el ascenso hacia una eventual candidatura presidencial será desde ayer más escarpado de lo que preveía.
El oficialismo seccionó la elección desde el segundo lugar hacia abajo (a veces, desde el tercero) con el argumento de que había sacado más votos que en agosto. No decía que sus opositores más importantes, los que estaban en el primer lugar de las preferencias sociales, también habían conseguido más votos que hace tres meses.
Hay que separar la realidad de las palabras. La imagen de la derrota oficial podría sintetizarse en sólo dos resultados: el kirchnerismo fue vapuleado en las urnas bonaerenses por Sergio Massa y perdió los dos senadores que tenía en la Capital Federal. Hubo muchos más fracasos. ¿Cómo ignorar, por ejemplo, la derrota en gran parte de la Patagonia otrora kirchnerista? ¿Cómo, cuando la oposición radical ganó hasta en Santa Cruz, la cuna y el sanctasanctórum del kirchnerismo? No obstante, aquellos resultados en el distrito electoral más grande de la Argentina y en la vidriera política del país, la Capital, representan el espejo más fiel del castigo electoral al clan gobernante.
Es rara una política que engendra las alternativas opositoras desde los que fueron oficialistas. La verdad es ésa: Massa, el antiguo integrante de los jóvenes cristinistas de 2007, se convirtió ayer en el más deslumbrante candidato presidencial como opositor al cristinismo. Su aplastante triunfo en el distrito que alberga al 38% de los electores nacionales lo elevó de simple alcalde de un municipio mediano al primer lugar en la lista de los posibles próximos presidentes argentinos. Deberá encontrar una fórmula para mantener el fuego de su expectativa presidencial durante un año, por lo menos, hasta que comiencen las negociaciones previas a las próximas primarias.
Tal vez por eso, Mauricio Macri se apuró anoche en lanzar su candidatura presidencial. El jefe de gobierno porteño ratificó su liderazgo político en la Capital, y su fuerza, Pro, descubrió el camino de la continuidad de Macri en el distrito con la excelente elección de Gabriela Michetti. El macrismo se afianzó también como fuerza nacional con Miguel Del Sel en Santa Fe, donde salió segundo, y con Alfredo De Angeli, en Entre Ríos. De Angeli será senador y Del Sel será diputado. También el ex árbitro Héctor Baldassi, recientemente adoptado por el macrismo, empató virtualmente en Córdoba el tercer lugar con la candidata kirchnerista, Carolina Scotto. Macri puede decir que una estructura política propia empieza a tener rasgos nacionales.

LA SUCESIÓN

Hermes Binner ganó ampliamente en su provincia, Santa Fe, uno de los cuatro grandes distritos del país. Santa Fe es gobernada por una coalición socialista-radical, de la que Binner es su dirigente más importante. Julio Cobos arrasó en Mendoza y el también radical Oscar Aguad se le acercó peligrosamente en Córdoba a Juan Schiaretti, el candidato del gobernador José Manuel de la Sota. De la Sota esperaba una mejor elección para su partido.
Entre esos dirigentes se esconde la sucesión al actual oficialismo. El kirchnerismo empezó anoche su etapa final de dos años cuando está enferma su única referente creíble. Los verdaderos problemas de salud de la Presidenta, además, son explicados por los médicos con indescifrables jeroglíficos. El conflicto de la enfermedad coincide dramáticamente con la devastación política.
(*) Joaquín Morales Solá. Periodista, escritor y analista político. Artículo publicado en La Nación el 28 de Octubre de 2013.