viernes, 11 de octubre de 2013

Los problemas económicos que no pueden esperar

Por Orlando Ferreres (*)
Las elecciones y la salud de la Presidenta, que nos preocupa mucho, nos pueden hacer olvidar los problemas que sufre el país. Pero estas complicaciones no se detienen por estas circunstancias sino que están presentes y siguen creciendo mientras esperan una solución. Quizá después de los comicios se tomen algunas decisiones en este sentido. El listado de problemas a solucionar es bastante largo.

Atraso cambiario y de tarifas de servicios públicos, gran aumento del gasto público sobre los valores sustentables de largo plazo, presión tributaria consolidada agobiadora que pasó del tradicional 24% al 42% del PIB, inflación de más del 25% anual, necesidad de salir del cepo cambiario y de la alta "brecha" entre el dólar paralelo y el oficial, importaciones explosivas de energía, estancamiento de la actividad y del empleo, falta de dinamismo en las inversiones reproductivas, empresas que cierran en mayor medida que las que nacen, turismo saliente insostenible, falta de crecimiento de la productividad industrial, y la lista puede seguir. Para sumar, por ejemplo: el default con el Club de Paris, los problemas con los holdouts o el no cumplimiento de los fallos del Ciadi. Esos, sin hablar de la inseguridad, el gran ausentismo educativo y la falta de calidad de la enseñanza, la lentitud de la justicia, los problemas de relaciones diplomáticas con casi todos los países, excepto con Venezuela y quizá con Brasil. No podemos olvidarnos del problema más grave que es una pobreza que afecta al 25% de la población del país si para este cálculo utilizamos el costo de vida real y no el del cuestionado e intervenido Indec.
Se va acercando el momento en que será necesario enfrentar con orden estos problemas postergados por más de una década. Ha sido fácil repartir la generación de valor agregado, pero hay que recordar que esta generación se ha podido concretar en buena medida como consecuencia de que hubo inversiones coaguladas en periodos anteriores y a los precios extraordinarios de los últimos años de las materias primas que exportamos -soja, maíz y demás productos del agro-.
La situación actual es que la capacidad instalada se ha usado completamente. Además estamos descubriendo que el consumo no viene primero, sino que la inversión es la condición previa para su crecimiento. Esto último es lo que todos queremos, pero para sostenerlo primero hay que invertir. En economía no hay magia, hay inversión. China invierte el 45% del producto y crece al 9% anual y nosotros con una inversión del 21%, naturalmente, sólo podemos crecer la mitad o algo menos que China.
Como ejemplo de que la inversión es lo primero tomemos el caso de la energía. En este momento podemos observar que toda la energía adicional, que requiere la producción para que aumente el consumo interno de bienes y servicios, tiene que importarse y peor aún la importación crece más que el PIB pues la producción interna de energía baja entre 1% y 2% por año.
Como consecuencia de que no invertimos antes, esta evolución es inevitable dado que no hay nada que se mueva solo, todo requiere energía, tanto el agro como la industria, la construcción, el transporte y demás servicios. La producción declinante es consecuencia de que los precios de la energía fueron políticos y además el intervencionismo estatal anuló por muchos años los incentivos para las inversiones en exploración y en explotación de energía primaria. Consumir energía sin invertir no aumenta la producción de petróleo o de gas sino que, por el contrario, lo primero es la inversión y después el consumo. Parece obvio, pero muchos políticos y periodistas tienen la idea contraria.
Hoy, con los acuerdos de YPF-Chevron y otros vemos una reacción bien orientada por elmanagement de la empresa que muestra un giro de 180 grados respecto de la anterior política de desincentivos. Este cambio se vio reflejado en el precio de la acción de YPF en el mercado de valores. Igualmente, aún faltan varios años para solucionar el problema energético.
Sigamos con otro ejemplo, el tipo de cambio, "el dólar", que es el tema que más les preocupa a muchos argentinos. La cotización del dólar oficial ha crecido mucho menos que la inflación verdadera y eso desubicó a nuestras exportaciones industriales, a las de las economías regionales e incluso a las del agro, el sector más competitivo que tenemos.
Esta política revaluadora es típica aunque no exclusiva del populismo, pues usa el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria, mientras emite grandes masas de dinero para financiar el déficit fiscal, con lo cual revalúa el tipo de cambio hasta que ya no se puede más. En ese momento, el populismo prefiere imponer el "cepo cambiario" y la prohibición de importaciones, pero todo eso trae nuevos problemas. Aparecen la brecha cambiaria, los mercados negros de cambios y el desabastecimiento de mercadería que usa insumos importados.
Otro caso importante es el de los precios de los servicios públicos que, en el populismo, se fijan no según los costos sino sobre consideraciones de imagen política positiva, es decir, son "precios políticos". Como los costos son mucho más altos que los precios al público, la única manera de mantener la ficción es subsidiando a los colectivos, la electricidad, el gas, el agua, las aerolíneas, el subte, el tren y demás servicios públicos. Esto lleva progresivamente a un gran aumento de los subsidios económicos que, con el paso del tiempo, se vuelven insostenibles.
En definitiva, para no seguir con cada uno de los casos, podemos concluir que ha llegado la hora de la verdad y que tendremos que enfrentar los desvíos aunque no nos guste, pues los problemas se vuelven amenazantes y las soluciones de ayer ya no arreglan los problemas de hoy y menos aún los de mañana. Podemos llamar a estas decisiones "sintonía fina", o como mejor nos parezca, pero no vamos a poder seguir mucho tiempo más sin un gran " service integral" del "modelo".
Sería muy deseable que las correcciones se hicieran de una manera ordenada y consistente pues, así, se evitaría el sufrimiento que la mayoría de los argentinos deberán afrontar. Es necesario e inevitable hacer un reordenamiento de las variables económicas aunque sea una tarea muy difícil. Sin ello no podremos avanzar. La clave del futuro argentino es que el país cuenta con grandes recursos naturales, económicos y humanos que, combinados, constituyen la posibilidad concreta de que la Argentina sea un gran país, pero hay que hacerlo, no se hace solo, no se hereda sino que se construye día a día.
(*) Orlando Ferreres. Director de Orlando Ferreres y Asoc. consultores económicos. Artículo publicado en La Nación el 11 de Octubre de 2013.