lunes, 21 de octubre de 2013

Mucho diagnóstico y miedo a decir la verdad

Por Roberto Cachanosky (*)
Habiendo tenido un período de precios buenísimos para los productos de exportación y bajas tasas de interés, el kirchnerismo y el cristinismo han cometido un verdadero destrozo con la Argentina
Mientras la oposición denuncia el problema inflacionario y Scioli acaba de reconocer que la política antiinflacionaria ha fracasado, desde el gobierno tratan de quitarse el problema de encima buscando culpables fuera de su área.
Abal Medina, haciendo gala de su desconocimiento sobre temas económicos, acaba de afirmar, muy suelto de cuerpo, que ““los empresarios aprovechan la recuperación de la clase media para subir los precios”. La realidad es que no sé de qué clase media recuperada estará hablando Abal Medina porque ese sector es uno de los más golpeados por el famoso modelo. Pero en todo caso, siguiendo el razonamiento tan peculiar del Jefe de Gabinete, éste debería preguntarse: ¿por qué si hay más demanda, los empresarios no invierten para aumentar la oferta? Una respuesta posible es porque no están aseguradas las condiciones institucionales para hacer inversiones. Con un Moreno atropellando a todo el mundo, son muy pocos los kamikazes que pueden llegar a animarse a invertir en un país dónde el patoterismo es parte de la política de estado.
Pero si Abal Medina piensa que Moreno es un fenómeno en el manejo de la economía, entonces, para que los empresarios no aumenten los precios ante la supuesta mayor demanda que señala, el remedio es muy simple: abrir la economía eliminando las restricciones a las importaciones para que los productores locales no se aprovechen del mercado cautivo que el gobierno les otorga, de manera de forzarlos a no subir los precios mediante una sana competencia. O invierten para no subir los precios o quedan fuera del mercado.
Ahora bien, si Abal Medina no entiende lo de la calidad institucional y lo de la apertura de la economía, entonces que repase los números de emisión monetaria y encontrará la verdadera causa de la inflación. Que no invente excusas para quitarle al gobierno la responsabilidad de estar destruyendo el peso.
Y es aquí donde comienzan a encadenarse una serie de factores que económicos de los que casi nadie se anima a analizar para llegar al hueso del problema.
Un problema es la mencionada inflación y la otra es la caída del tipo de cambio real. Todos hablan de la caída del tipo de cambio real, que en castellano básico significa que Argentina es cara en dólares, pero nadie se anima a decir que si no hay profundas reformas estructurales para mejorar la competitividad de la economía, todo termina en una devaluación del peso o suba del dólar.
Ahora bien, dejando de lado las delirantes elucubraciones de Abal Medina sobre la causa de la suba de los precios y hasta su propia contradicción defendiendo el modelo de sustitución de importaciones y luego señalar a los empresarios como los responsables de la suba de precios, la pregunta que sigue es: ¿y por qué el BCRA destruye el poder del compra del peso? ¿Por qué emite a tasas incompatibles con la estabilidad? La respuesta es que emite porque tiene que cubrir el déficit fiscal del gobierno. Es decir, como el gobierno gasta más de lo que recauda en impuestos, la diferencia se financia con el impuesto inflacionario.
Pero la existencia del déficit fiscal lleva a otra pregunta: ¿por qué el Estado gasta más de lo que recauda? Porque hace populismo. Dilapida recursos para atraer votos aumentando la cantidad de empleados públicos en todos los niveles de gobierno, otorgando subsidios para que la gente no trabaje, gastando en subsidios para mantener artificialmente bajas las tarifas de los servicios públicos aún a riesgo de la vida de la gente como lo volvemos a ver en otro desastre en Once, creando empresas estatales ineficientes que pierden dinero, haciendo populismo con el fútbol para todos y el listado sigue. Con este desborde de gasto populista, no hay recursos fiscales que aguanten, así que la maquinita de imprimir billetes funciona a pleno generando la ilusión de aumentos de precios cuando en realidad no es que los precios suben sino que el peso se deprecia por la política monetaria del gobierno.
A su vez, como el gobierno tiene anclado el tipo de cambio como mecanismo antiinflacionario pero la inflación aumenta más rápido que la leve suba del dólar oficial, tenemos la famosa caída del tipo de cambio real. Resulta realmente curioso que este gobierno, que se la pasa hablando pestes del Proceso, aplique un sistema cambiario muy similar al de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz. Recordemos que el fallecido ministro de Economía de esos años aplicó una tablita cambiaria que iba reduciendo la tasa de devaluación. El problema es que el déficit fiscal, al igual que ahora, obligaba al BCRA a emitir moneda, generar inflación y ésta subía más rápido que la tasa de devaluación, haciendo cara la Argentina en dólares. Curiosidades de la historia, un gobierno que despotrica contra Martínez de Hoz y termina aplicando una política cambiaria casi igual salvo por algún detalle.
Por eso, cuando se habla de inflación y de problemas con el tipo de cambio real, todos lo diagnostican como dos cuestiones a solucionar pero lejos están de formular las medidas concretas. Tanto en el gobierno como en gran parte de la oposición hay miedo a decir la verdad.
¿Cuál es esa verdad? En primer lugar que para frenar la inflación habrá que tener disciplina fiscal y esa disciplina fiscal requerirá de una importante baja del gasto público. O lo bajan en forma nominal o con una brutal devaluación y llamarada inflacionaria. Como nadie se va a animar a bajar el gasto en términos nominales (recuerden la experiencia de Ricardo López Murphy en 2001, que por no hacerle caso terminó en el destrozo de fines del 2001 y principios del 2002) vamos de cabeza a una llamarada inflacionaria, incluidos fuertes aumentos en las tarifas de los servicios públicos.
La otra verdad que nadie se anima a decir es que ni este gobierno ni el que venga van a hacer reformas estructurales profundas en materia de legislación laboral, tributaria, de gasto público, etc. para ganar en competitividad. En consecuencia, nadie se anima a decir que va a devaluar el peso. Porque  además saben que los únicos dólares que ingresan son los de las exportaciones y con este tipo de cambio real cada vez entrarán menos dólares de exportación y las importaciones tenderán a aumentar por el dólar barato. Saldo de balance comercial cada vez más chico. Con faltante de dólares y exceso de pesos en el mercado, es como fumar en la destilería.
En síntesis, es tal el daño que el kirchnerismo y el cristinismo le han hecho a la economía, que ni el gobierno actual se va a animar a corregir los problemas que ellos mismos generaron y la oposición, o no está consciente del verdadero problema que recibirá en el 2015 o tal vez antes si es que las actuales autoridades salen corriendo porque ven que las bombas que pusieron pueden estallar antes del 2015, o no se anima a hablar del problema por miedo a decir la verdad y perder votos. Lo cierto es que, salvo un milagro de Francisco, el camino a transitar que nos dejará el cristinismo será realmente complicado.
Habiendo tenido un período de precios buenísimos para los productos de exportación y bajas tasas de interés, el kirchnerismo y el cristinismo han cometido un verdadero destrozo con la Argentina que no tiene perdón de Dios.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980). Asesor económico y Director de "Economía para todos". Artículo publicado el 21 de Octubre en la Edición Nº 493