domingo, 6 de octubre de 2013

Para imaginar lo que vendrá

Por Jorge Raventos (*)
Ya no hay suspenso sobre el resultado de la elección del 27 de octubre. Los enigmas principales -quién gana, quién pierde- están prácticamente despejados: pierde el gobierno central (que ya ha rendido su principal objetivo original: la búsqueda de condiciones para la re-reelección de la Presidente); el principal triunfador (por la dimensión del escenario en que pelea, por los efectos de su irrupción, por sus perspectivas) es el Frente Renovador bonaerense de Sergio Massa. Quedan como incógnitas algunos detalles: la dimensión de la victoria de Massa (seguro que más de 10 puntos de diferencia, pero ¿cuánto más? Que su ventaja roce los 15 puntos o los supere, como ya sugieren algunos estudios demoscópicos, anticiparía su, de todos modos obvia, proyección como candidato presidencial); la suerte del macrismo en su propio distrito, la ciudad de Buenos Aires (¿resistirá el embate del frente panradical que acaudilla Elisa Carrió?, ¿podrá asegurarse una mayoría cómoda en la Legislatura porteña?, ¿conseguirá extender su influencia extraporteña suficientemente, como para sostener su vocación de candidato presidencial?

Pero quizás el interrogante mayor que suscitan la elección y su resultado previsible se centra en cómo asimilará el gobierno su derrota. Se sabe que 7 de cada 10 votos se pronunciarán a favor de un cambio de rumbo y de personal pero, ¿podría la Presidente confiar que los tres restantes constituyen tropa propia o debería más bien suponer que allí anida una fuerza -básicamente el peronismo que no se divorció aún del Frente para la Victoria- que empezará a diferenciarse de ella tan pronto extraiga las conclusiones del escrutinio?
En esas condiciones, ¿puede suponerse que la Presidente buscará sintonizar en la línea de cambios que la sociedad viene exponiendo o reincidirá en sus propias ideas, en la llamada "profundización del modelo"? Y si, como presagia la mayoría de los analistas, ella decide "morir con las botas puestas", seguir en la brecha y negarse a las correcciones, ¿podrían suscitarse, más temprano que tarde, problemas de gobernabilidad?
Para acercarse a la resolución conjetural de esos enigmas, conviene observar algunos datos del contexto en que se inscribirá la profetizada derrota; principalmente en dos frentes importantes: el internacional y el de la solidez fiscal.
De "la patria grande" al oportunismo de campanario
Hay una cierta ironía en la circunstancia de que un gobierno que se esmera en conjugar la retórica de la patria grande y la hermandad latinoamericana se vincule con los países del vecindario con modales de autito chocador. Los jóvenes funcionarios de La Cámpora hostigan a LAN, una compañía aérea argentina de capitales chileno-brasileros, pretenden desalojarla de un hangar en Aeroparque y, cuando la medida es suspendida por acción cautelar de la Justicia, el gobierno la obliga a mudarse del hall principal de check in del mismo aeropuerto.
Con Brasil la situación se encuentra tan averiada que su cancillería empieza a abandonar la "paciencia estratégica" que se ufanaba de emplear en su relación con el gobierno argentino. Su nuevo ministro de Relaciones exteriores, Luiz Alberto Figueiredo, en funciones desde hace cinco semanas, cuestionó de movida las trabas comerciales informales que se aplican aquí bajo la batuta de Guillermo Moreno, diagnosticó que no resolver esa cuestión "contamina el conjunto de la relación comercial” y advirtió que “cuando hay obstáculos al comercio, las partes terminar por buscar otros socios". El año pasado, en virtud de esos obstáculos, cayeron un 17 por ciento las importaciones desde Brasil.
Para Brasil, el cepo comercial de facto que aplica Argentina (algo que inclusive excede ese "proteccionismo como mal necesario" que acaba de elogiar el canciller Héctor Timerman) es un laste para que la región pueda insertarse plenamente en las tendencias centrales del intercambio global. El Mercosur no ha podido concretar en 13 años un acuerdo de libre comercio con Europa, que ahora, ante la perspectiva del histórico tratado transatlántico de libre comercio que están negociando la Unión Europea y Estados Unidos, Itamaraty quiere acelerar. Pero -afirman en Brasilia- “hay una dificultad y es la Argentina. Lo que más obstaculiza llegar a una propuesta única es la demora que imprime Buenos Aires".
Más cerca aún, el tema de las pasteras sobre el río Uruguay ha vuelto a recalentar la relación con la Banda Oriental. El gobierno de José Mujica ha venido pagando un costo político doméstico por disimular el maltrato que le dispensa Buenos Aires a su vínculo con Uruguay, cuyos productos son detenidos por barreras análogas a las que sufre Brasil, pese a que las exportaciones uruguayas a la Argentina son naturalmente menos significativas. La decisión de Mujica, oportunamente anunciada a la Argentina, de autorizar un ampliación en las operaciones de la pastera conocida como Botnia, ha derivado en un nuevo intermezzo hostil en el que el gobierno K ve la oportunidad de catapultar al gobernador entrerriano Sergio Uribarri, un probable candidato presidencial cristinista en el 2015, envolviéndolo en banderas pretendidamente patrióticas y ambientalistas. Para sumar a esa atmósfera, Timerman mandó a Mujica, sin demasiada diplomacia a "que se ocupe de su chacra" y amenazó con plantear las cosas ante el Tribunal de La Haya (un ámbito que no fue favorable a la Argentina en este punto).
El ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti -ahora senador de un partido adversario de Mujica- cuestionó la "agresividad" del gobierno K y reclamó: "No nos pueden tratar como una provincia con un gobernador opositor".
Como se ve, el gobierno no se acredita las mejores opiniones en el ámbito mercosuriano. Con todo, su agresividad y aislamiento no son menores en otros ámbitos: la Presidente habló ante un salón vacío en la Asamblea General de la ONU, procuró (inopinadamente y en vano) que el G20 analizara el tema de los fondos buitres que sobrevuelan la deuda argentina en momentos en que el mundo se empeñaba en evitar un incendio en la zona más explosiva del planeta; su administración, contra la opinión académica interna y la exhortación de las entidades internacionales de la que Argentina es miembro, sigue gambeteando la transparencia estadística y dando por buenas las cifras que inventa el INDEC. En fin, ella considera que esos desdenes y aquella mala fama son castigos por los éxitos propios, sosegates ocasionados por su desafiante decisión de navegar contra la corriente, tanto en la región como en el mundo.
El blanqueo y las reservas menoscabadas
La Presidente ha ofrecido bastantes señales de que no piensa corregir sustancialmente los desperfectos económicos suscitados por el "modelo" del que ella se envanece.
Se resiste a recortar el gasto público desbordado, a privarse de los recursos que provienen de una carga fiscal inequitativa y enemiga de la productividad, a establecer metas de inflación, a establecer una lógica cambiaria sustentable y corregir el desbarajuste de precios relativos. Actúa con la idea de que otros (los que la sucedan) se hagan cargo de esas tareas, pero hay que ver si los desajustes del "modelo" no reclaman acción mucho antes de las elecciones presidenciales programadas.
La economía gubernamental se mueve hoy muy lejos de sus tiempos más virtuosos, cuando se sostenía en los llamados superávits gemelos. Hoy paga las consecuencias de políticas desastrosas, como la energética, que este años devorará 14.000 millones de dólares en importaciones (cifra que habría sido mayor aún si el crecimiento del PBI que miente el INDEC fuera real, pues habría demandado mayores importaciones).
La cifra que requieren las compras de energía (en un país que era exportador neto al iniciarse el ciclo K) equivalen al 40 por ciento de las reservas declaradas por el Banco Central. Ocurre, sin embargo, que esas reservas declaradas son embelecos. Los rigores del cepo cambiario impuestos por el gobierno desde la semana siguiente a su triunfo electoral de 2011 son una prueba de que la cantidad alegada de reservas es una argucia de la contabilidad creativa. ¿Por qué pagar el indudable costo político de la severidad cambiaria si el Central hubiera tenido los 47.000 millones de dólares que invocaba en diciembre de 2011? Y ahora mismo, ¿para qué insistir en el fracaso del blanqueo (admitido por el propio jefe del AFIP) por 400 o 500 millones de dólares eventuales, si las reservas fueran superiores a 35.000 millones?
Dos economistas prestigiosos, Roberto Cachanosky y Agustín Monteverde, vienen advirtiendo hace meses que la cifra de reservas del Banco Central es engañosa. Como viene de señalar Monteverde, el Central transfiere al gobierno central fondos vivos que ayudan a financiar el gasto del Estado y recibe a cambio pagarés firmados por el ministro de Economía."El peso de los títulos públicos en el activo del BCRA representaba un alarmante 63 % a fin de agosto".
Se pregunta Cachanosky: " ¿cuál es el valor de mercado de esos bonos?". Y se responde: "Cero porque no se pueden vender. Y si se pudieran vender, tendrían un valor de mercado cercano a cero".
Conclusión de Monteverde: "Una valuación ajustada a los principios y normas de contabilidad internacionalmente reconocidos arroja entonces un valor real del activo del BCRA muy inferior a su pasivo".
Por lo demás, las reservas brutas actuales del Central -alrededor de 35.000 millones- equivalen, según Monteverde, a menos de seis meses de importaciones del país. Comparación: en diciembre de 2001, en pleno torbellino económico y político, las reservas representaban nueve meses de importaciones. Con esos datos a la vista no es caprichoso suponer que el país puede encontrarse con un problema de divisas antes de las elecciones presidenciales programadas. Hay que tener en cuenta que los mercados adelantan sus previsiones.
Enhebrar datos no proporciona una respuesta automática a las preguntas que suscitan los pronósticos electorales, pero ayuda a rastrearla y contextualizarla. Lo que pase no será como un rayo en cielo despejado.
(*) Jorge Raventos. Periodista y analista político. Artículo publicado por Diana Ferraro en Peronismo Libre el 5 de Octubre de 2013