martes, 8 de octubre de 2013

Si se profundiza el modelo vamos a la era de las cavernas

Por Roberto Cachanosky (*)
Argentina es el único país en que un par de zapatillas se compra en 12 cuotas y una casa al contado
No recuerdo muy bien dónde leí una frase que pinta perfectamente la política económica del gobierno. La frase decía: “Argentina es el único país en que un par de zapatillas se compra en 12 cuotas y una casa al contado”. Esta frase me pareció una clara expresión de la política populista del gobierno, que empuja artificialmente el consumo presente por sobre el consumo sostenible de largo plazo y la inversión.
Alguna vez escribí que el aumento del consumo que veíamos era el consumo de la desesperanza, lo cual generó las típicas descalificaciones de los impresentables militantes periodistas k. Se ve que no deben hablar con los jóvenes comunes que no tienen los privilegios de ellos ni los de La Campora, porque los jóvenes, hoy en día te cuentan que ven imposible poder comprarse un departamento propio para irse a vivir solos. Ni tampoco tienen chances de alquilar. Los números no les dan para mantenerse solos. Sí les dan para vivir con los padres y “ahorrar” comprándose un auto y consumir viajando los fines de semana largo a algún lugar de vacaciones. La desesperanza es no poder tener su propia casa y se limitan a conformarse con tener un auto en cuotas. ¿Para qué ahorrar si nunca voy a llegar a poder comprar un departamento de 1 ambiente? Con lo que gano en mi trabajo no llego nunca.
Si uno mira el stock de créditos hipotecarios del sistema financiero en 1998, representaban el 27% del total de créditos al sector privado. En la actualidad representan solo el 9,6% del total. Este solo dato muestra que, salvo algunos casos muy especiales, no existe el crédito hipotecario. Y habría que ver cuánto de ese stock viene de fines de la década del 90.
¿Qué tipo de créditos al sector privado tiene hoy mayor peso? Los préstamos personales representan el 21,6% del total y el financiamiento de tarjetas de crédito el 16%.
Finalmente, el crédito al sector privado representaba el 22,5% del PIB en los 90 y ahora el 14%. El grueso del crédito es para bienes de consumo y muy bajo el destino a los créditos hipotecarios y la inversión.
¿Por qué ocurre esto? Porque el gobierno dejó sin moneda a la economía y solo hay financiamiento de corto plazo para consumo, pero el sistema financiero en particular y el mercado de capitales en general no existen para financiar créditos de largo plazo. Y no existen por dos grandes razones: a) no hay moneda y por lo tanto solo hay transacciones de corto plazo y b) destruyeron el mercado de capitales. El ahorro de la gente no se canaliza a financiar inversiones y créditos hipotecarios. Se refugia en el dólar. Otros compran autos importados a tipo de cambio subsidiado, pero nadie se queda en pesos cuyo poder de compra se derriten día a día.
Claro, Marcó del Pont y Kicillof creen que pueden sustituir el ahorro genuino (ingreso no consumido) por la impresión de billetes. Creen que el ahorro se imprime. No hace falta generarlo postergando consumo presente basta con emitir billetes y mágicamente se crea ahorro que se transforma en crédito.
Como dice mi amigo Armando Ribas, ni a Keyenes se le hubiese ocurrido aumentar el gasto público y financiarlo con emisión monetaria con un gasto público cercano al 50% y una inflación del 25%. Su receta, aunque yo no la comparta, era para tiempos de deflación y un gasto público que representaba el 10% del PBI. Ni siquiera leyeron bien a Keynes.
El dilema del gobierno es que el mercado de capitales es mínimo para financiar mucho más consumo y, encima, el Estado se mete en ese mercado de capitales desplazando al sector privado. El stock de bonos de corto plazo del BCRA (LEBACS, NOBACs y pases) es de $ 118.000 millones, casi tres veces el stock de créditos hipotecarios. Encima que el crédito es caro y escaso, el Estado se mete como un elefante en un bazar a llevarse parte del mismo.
Pero insisto, el dilema del gobierno es poder sostener el consumo de corto plazo sin que crezca el stock de ahorro genuino para financiarlo. Sin sostener ese consumo, no le queda margen para sostener la fiesta artificial. Solo podría intentarlo si continúa llenando el mercado de papeles llamados pesos generando más inflación e impactos indirectos sobre el tipo de cambio real, lo cual le pegaría en el sector externo que, por cierto, ya lo tiene bastante complicado.
Si a esto le agregamos que no hay acceso al crédito internacional o, en el mejor de los casos, hay acceso a tasas descomunales, la economía argentina vive al día. Es como si hubiésemos vuelto a la era de las economías autosuficientes y de baja productividad, donde la gente vivía de su huerta, se hacía su propia ropa y no existía el largo plazo, sino el hoy.
En síntesis, si como dice CFK vamos por 10 años más de modelo, terminaremos con una economía equivalente a la era de las cavernas. Seremos autosuficientes con el modelo de sustitución de importaciones, pero pobres porque tendremos muy pocos bienes y de baja calidad para consumir.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980). Asesor económico. Director de "Economía para todos". Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre. Artículo publicado por "Economía para todos" en su Edición N° 491 del 6 de Octubre de 2013