miércoles, 13 de noviembre de 2013

Keynesianos contra el mercado de los ordenadores

Por Luis I. Gomez Fernández (*)
A propósito de la bajada de la inflación hasta situarse en negativa, vamos una bajada de precios, se publicaba este artículo en EXPANSIÓN.
El artículo no tiene desperdicio y es una muestra del pensamiento keynesiano en todo su esplendor.
Pero antes de entrar en análisis voy a hacer eso que tanto les gusta a los economistas keynesianos: un poco de empírica.
Hace ahora 20 años que tuve en mis manos el primer ordenador personal. Era un mamotreto con pantalla en blanco y negro, una resolución mínima, que apenas daba para que funcionase un programa de contabilidad, sin internet, ni altavoces, ni micrófonos… ¿Precio? El equivalente, teniendo en cuenta la inflación, 2.700 € de hoy.
qué se hace hoy con 2.700 €. Pues comprar esto, por 1.329 €…
Y también nos daría para esto …
(recuerdan que uno de aquellos ladrillos valían hace 20 años 500.000 pesetas, el equivalente a 5.600 € de hoy y por supuesto no tenían ni una miserable cámara digital de 1 megapiexes) un Xperia Z1 por 699 €.
Y nos sobraría para este trasto (649 €)…
El primer televisor en color que entró en mi casa fue un armatoste que daba unas imágenes semipixeladas en colores chillones y costó 100.000 pesetas de 1982… al cambio de hoy serian 2.250 € !!!
Vamos ahora al análisis:
Nos dice B. Amigot en EXPANSIÓN que aunque…
el Instituto Nacional de Estadistica asegura que técnicamente no se puede hablar de deflación hasta que no se registren “seis meses consecutivos con tasas negativas de la inflación subyacente”.
…el fantasma está ahí y habrá que estar atentos a su evolución porque la secuencia de la deflación tiene unos efectos devastadores sobre la economía.
Y ¿en que consisten esos “efectos devastadores”? Pues la secuencia perfectamente explicada por el periodista es esta:
1.-Al caer los precios, se reducen los ingresos de las empresas.
2.-Como los costes de producción no disminuyen, las compañías recortan la inversión y el empleo.
3.-Así que cada vez es más pequeña la masa salarial y también la demanda, lo que implica menos ventas.
4.-A la vez, los consumidores retrasan sus compras y las empresas sus gastos, al creer que más tarde todo será más barato.
5.- Por si fuera poco, la situación se ve agravada porque el peso de las deudas en relación con los salarios aumenta y, con él, el riesgo para el sistema financiero.
6.- Ante esta coyuntura, aumenta la prima de riesgo de los bancos, que reducen la oferta de crédito.
El primer fallo de la secuencia (punto 1) es que analiza los precios sólo desde el lado de la demanda y no desde el de la oferta. Los precios pueden bajar porque la demanda sea baja y las empresas tengan que bajar sus precios… y pueden bajar porque las empresas disminuyan sus costes y puedan bajar sus precios. Y por supuesto pueden bajar por una innumerable combinación de las dos casos.
Todos sabemos, excepto, quizá, Montoro, que los salarios han bajado en España, y aunque otras cosas como la electricidad no lo hayan hecho, la mayoría de las empresas dispone de un pequeño margen para bajar o no subir sus precios. Es evidente que también han sacrificado márgenes y beneficio para no subir los precios debido a la baja demanda. Es muy raro que un fenómeno económico se de exclusivamente por una causa.
Lo siguiente que nos dice el artículo (punto 2) es que los costes de producción no disminuyen, cosa que es falsa como sabemos por los salarios y como hemos comprobado por el pequeño experimento que hice al principio.
Otro ejemplo: un Ford Fiesta de 45 caballos del año 1985 (sin equipamiento si lo comparamos con un coche de hoy) valía el equivalente a 12.500 € de hoy.
 
Las mejoras tecnológicas abaratan los costes y permiten ofrecer productos mucho mejores.
Si los keynesianos tuvieran razón los vendedores de ordenadores, teléfonos móviles, televisores o automóviles se habrían arruinado esperando que sus productos se vendiesen…. mientras que los posibles compradores esperaban artículos más baratos y mejores.
Sigámos con el análisis keynesiano (punto 3)…  como los costes (los salarios), según el autor, no disminuyen, lo que tiene que menguar, al bajar la demanda, son los empleos.
En este apartado el sr. Amigot puede llevar algo de razón: una de las causas de la Gran Depresión fue que los precios bajaron un 30% pero no los salarios, debido a las leyes en favor de los sindicatos, el resultado fue que los empresarios dejaron de ganar dinero y la inversión privada cayó hasta casi cero.
Pero lo que sucedió en la Gran Depresión no tiene por qué suceder (o no tendría que suceder) si se liberalizase de verdad el mercado laboral.
Si las empresas pudieran reducir sus costes salariales no tendrían que despedir a tantos trabajadores y si los precios bajasen, como teme que suceda, y como en mi opinión debería suceder, los salarios podrían bajar… pero no la demanda!!! porque los salarios reales no bajarían.
¿Tan difícil es de entender para un keynesiano la diferencia entre salario real y salario nominal?
¿Tan difícil es de entender que la demanda real depende de los salarios pero también de los precios?
Pero lo siguiente (el punto 4) ya es insoportablemente estúpido. La gente compra las cosas porque las necesita. Y las necesidades tienen un marco temporal. Si yo necesito comer necesito la comida ahora, o dentro de un par de días como mucho, pero no puedo aplazar indefinidamente mis necesidades alimenticias porque la perspectiva sea de que va a bajar el precio de los alimentos, porque me moriría de hambre.
Si las necesidades no tuviesen un marco temporal los bancos no existirían.
Piénsenlo: si la gente no comprara las cosas ante la perspectiva de que van a bajar de precio ¿por qué iba a pagar intereses, es decir un precio más alto por tener antes las cosas?
Lo que haría todo el mundo sería ahorrar, es decir aplazar la satisfacción de sus necesidades, para no pagar los intereses (y comprar más barato).
Esa es la razón por la que a pesar de que los ordenadores no han dejado de bajar de precio y de mejorar sus prestaciones durante toda la historia… no han dejado de bajar sus ventas. Ah! ¿Que no, que ha sucedido lo contrario? Bueno es que a lo mejor el descenso de precios ha aumentado la demanda, raro ¿no?
Si yo necesito comunicarme por internet lo necesito hacer en un marco temporal, de nada me sirve pensar que dentro de un año o dos los ordenadores van a ser más baratos o la conexión a internet más rápida porque dentro de un mes no me voy a poder comunicar de ninguna manera.
Todas las cosas que se han hecho populares entre la gente, desde el chocolate hasta los viajes por avión, lo han hecho porque los costes han bajado y los precios se han abaratado. Si la gente dejase de comprar las cosas porque bajan de precio Mercadona hubiera tenido que cerrar hace años y el Corte Inglés no se vería obligado a bajar los precios y Ryanair o Vueling habrían muerto antes de nacer
Y llegamos al final del razonamiento keynesiano  (punto 5) : el aumento relativo de las deudas, auténtico ogro de los keynesianos. Porque el sistema keynesiano se basa en dos cosas: que la gente se endeude y en que la inflación se coma las deudas, y por tanto la bajada de precios (o la no subida) les parece inaceptable.
Es evidente que una bajada de salarios (y de precios) va a hacer que la gente que se ha endeudado tenga menos renta disponible, pero precisamente a esta crisis se ha llegado por un endeudamiento masivo. Si la fórmula del keynesianismo de “patada hacia adelante” y seguir endeudándose  indefinidamente funcionase ahora los pisos valdrían medio millón de euros y no tendríamos desempleo. Pero ocurre que al final, en ese largo plazo en el que Lord Keynes decía que todos estaríamos muertos, o el sistema quiebra o hiperinflaciona y…  quiebra.
Si se hubieran ajustado los salarios y los precios desde el principio nunca se hubiera llegado a los niveles de desempleo ni de deuda pública a los que hemos llegado.
Lo del punto 6 es de traca: la prima de riesgo subió no por ninguna deflación en ciernes sino por un exceso de gasto público típico de las políticas keynesianas de inflar la demanda.
Zapatero tiró de gasto público, de déficit y contrató 300.000 funcionarios en los primeros años de la crisis, siguiendo al pie de la letra el libro keynesiano y fracasó. Fracasó porque se le agotó el crédito, pero es que las recetas de aumento del endeudamiento solo tienen dos maneras de acabar: o se acaba el crédito o se llega a la hiperinflación.
El gran engaño.
La auténtica estafa de esta crisis es decir que la ha causado un “neoliberalismo” que jamás ha existido,cuando la culpable ha sido una clase política socialista hasta los tuétanos que se ha dedicado a engañar a la gente durante 35 años.
Se ha engañado a la gente ocultándole el coste de la sanidad “gratuita”, de la educación “gratuita”, de las “energías verdes”, de los servicios públicos. Se ha engañado a la gente vendiéndoles unos pisos y casas por el triple o el cuádruple de su valor gracias a planificadores y urbanistas de lo público, a compadreos con los constructores y a las cajas de ahorros públicas.
El Banco de España miró para otro lado cuando debía de haber parado la borrachera de créditos pero eso no interesaba a los políticos.
Se engañó a la gente diciéndole que el sistema de pensiones público era seguro y ahora se tienen que hacer apresuradas reformas.
Pero lo más repugnante de esta crisis son la caterva de pseudointelectuales, desde catedráticos de Universidad a opinadores de medios de comunicación pasando por gente del “mundo de la cultura”, que dicen que la culpa de la crisis es del neoliberalismo, del ataque de los mercados o de alguna oscura conspiración mundial.
En una país con hiperinflación de leyes, donde hasta la temperatura de los centros comerciales está regulada por ley, con los impuestos más altos del mundo, que figura entre los menos libres para emprender negocios, con uno de los mercados laborales más rígidos… acusar al liberalismo tiene narices. Pero la estrategia no les está saliendo mal y después del desastre de décadas de socialismo parece que la mayoría sigue queriendo más socialismo.
¿Veremos en España el socialismo del siglo XXI? Sistema que consiste en la vieja fórmula ya ensayada por Salvador Allende en los 70, y antes por el Imperio Romano, : aumentar el gasto, imprimir dinero y cuando llega la inflación expropiar los negocios acusando de “acaparadores” a los empresarios.
Vale estamos en la UE y en el euro y esas burradas no se harán, pero es sintomático que a la tercera fuerza política de España el sistema chavista-madurista les encanta.
Con decir que el otro día leí que el General Riego (un liberal del siglo XIX) hoy sería del 15-M.
(*) Luis I. Gomez Fernández. INDAGO GmbH. Leipzig, Alemania. Artículo publicado en la web personal del autor "Desde el exilio" el 13 de Noviembre de 2013