viernes, 29 de noviembre de 2013

Tercera Recuperación

Por Carolina Mantegari (*)
“El cristinismo se interpreta a través de sus recuperaciones”.
Es decir, se lo explica por sus caídas.
Como se recuperó después del invierno de 2008 (con la “crisis del campo”).
O después de la primavera de 2009 (con el papelón de las “candidaturas testimoniales”).
Apenas un mes atrás, cuando transcurrió el desastre electoral de 2013, encarar la “Tercera Recuperación” parecía una utopía.
Sin embargo…
Osiris Alonso D’Amomio
Director Consultora Oximoron
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“El sujeto de la referencia (el cristinismo) estaba en el piso. Aislado. Histérico e inofensivo. En estado casi caniche. En la instancia de la imposible recuperación. Aunque la Argentina sea tan generosa para la revancha. Siempre”.
No podía compararse la derrota de 2009, en la provincia (inviable) de Buenos Aires, propinada por Francisco de Narváez, El Caudillo Popular, con la paliza provocada doblemente por la “Franja de Massa” (cliquear), en agosto y -sobre todo- octubre de 2013.
El desmoronamiento de 2009 aún lo mantenía vivo a Néstor Kirchner, El Furia. Y la señora Cristina Fernández, La Doctora, contaba con el derecho constitucional a la reelección.
Sobraba con el protagonismo asegurado de ambos para encarar la aventura de la recomposición.
En cambio, el derrumbe de 2013 resultó más grave. Casi definitorio. El Furia estaba impugnado y muerto. La Doctora ya ni podía alucinar con el proyecto de quedarse.
Sin herederos, con la continuidad clausurada, el deslizamiento -desde el barranco- era inevitable.
Para colmo, La Doctora ofrecía la programada vulnerabilidad física. Sorprendía con la convalecencia. Hubo intrusión quirúrgica en su cabeza.
En una ausencia que coincidía justamente con el escenario letal de la derrota.
De pronto hasta los cristinistas más salvajes comenzaban a contemplarlo, con simpatía y complacencia, a Daniel Scioli, el Líder de la Línea Aire y Sol I.
Aunque fuera de estilo diferente, aunque no gritara “Clarín Miente”, Daniel era leal. Bancaba. Estaba adherido al “modelo” y brotaba como último recurso.
Aire y Sol I se hacía cargo de la quiebra que no le correspondía. Y se elevaba, como si fuera el heredero inexorable.
Pero el cristinismo vuelve a sorprender. El efecto sorpresa forma parte de su modo natural.
En este caso, impactaba con la anunciada designación -como Jefe de Gabinete- de Milton Capitanich, El Montenegrino Denso que se elevaba como Premier.
En adelante, la dinámica del comportamiento del funcionario iba a signar la clave principal del flamante intento de recuperación. Hasta el cierre del informe puede decirse que está logrado. Al menos gestualmente. A pesar del escepticismo de los racionales que descuentan que todo, en la Argentina, sale mal. Invariablemente mal.

El regreso del peronismo

Otra tesis clásica del Portal confirma su estricta vigencia.
Alude a la utilización, oportunamente conveniente, del peronismo.
Tanto El Furia (extinto) como La Doctora, en la instancia de la ofensiva, optaron culposamente por ocultar el peronismo que los catapultaba.
Preferían lateralizarlo. Despojarle importancia al peronismo. Superarlo. Dejarlo en el plano secundario para instalar, en primera fila, a los diversos exponentes del “frepasismo tardío”.
Los que otorgaban la chapa de progresista. De innovadores y casi de revolucionarios. Mientras crecía, sin alarmar a nadie, la épica explícita. El objetivo de la recaudación.
Presentaban exponentes emblemáticos de los derechos humanos. Como las dos damas, veteranas “luchadoras” que se detestan entre sí. Una en cada mano y con el peronismo molesto degradado a un costado (caso de El Furia).
O promovían considerablemente a los “buscapinas de Unidos y Organizados”, desde La (Agencia de Colocaciones) Cámpora a la Agrupación Evita, con buscapinas de Miles y del Frente Grande, mientras el detestable “aparato del peronismo” se quedaba atrás, diluido en el perdonavidismo del que quiere vivir (caso de La Doctora).
Sin embargo, en las instancias ingratas del retroceso, durante los repliegues, cuando se sienten acosados, ambos sacaron siempre a relucir la identidad peronista.
Para resumir:
En momentos de avance y euforia, el peronismo se oculta.
En momentos de caída, se recurre a la identidad peronista para defenderse mejor.
Para recuperarse y pasar, si se puede, al frente.
Siempre se puede. Cuentan con la invalorable cooperación de oponentes que actúan, en la práctica, como decorativo complemento.
Porque la oposición no genera hechos ni oposita: sólo completa el monólogo inagotable del oficialismo.
Es la clave -para Oximoron- de la Tercera Recuperación en marcha. Que sólo puede negarse, descalificarse, con la inexplicable ceguera o la altiva idiotez.
El reemplazo de Juan Manuel Abal Medina, El Abalito, por Milton Capitanich, El Montenegrino Denso, es el reflejo condicionado de la segunda tesis.
Marca la magnitud del retorno del peronismo al gobierno. Aunque deba tragarse el sapo atravesado de la concesión. Compartir los espacios gravitantes con los sobrevalorados exponentes de La Agencia de Colocaciones. A los Tontos pero no Tanto, que reciben la pasantía del Ministerio de Economía, que protagonizan, a “conciencia pura”, el fin del relato que colapsa. Un fenómeno que se percibe con claridad en el Acuerdo con Repsol-YPF.
¿Desconocían, los chiquilines, al confiscar, lo que se venía? Como quienes los protegían, desde De Vido hasta Zannini o La Doctora.
¿Pueden ser tan improvisados, los chiquilines, y estar al frente del país?
No es Vaca Muerta. Lo que está definitivamente Muerta, en la Argentina de estos irresponsables, es la credibilidad.
El Acuerdo con Repsol, que el Portal celebra, demuestra que los kirchner-cristinistas son muy duros en el difícil arte de arrugar. Pero a la larga arrugan.
Por responsabilidad editorial, el Portal acompaña el favorable arrugue de barrera.
Se justifica, a pesar de los sapos, el desplazamiento del peronismo, que estaba mayormente ofuscado y crítico. Por los desplantes de una administración prácticamente captada por las imposturas del frepasismo tardío. Que para colmo los conducía -lo más grave- a la derrota.
Con imperfecciones y contradicciones, se asiste a una suerte de corrimiento del peronismo, hoy girado hacia las posiciones del gobierno. Para -en lo posible- blindarlo. Y mantenerse.
Con el acaparamiento total de la iniciativa. Demostrable en el despliegue fabuloso del sujeto -Capitanich- que relega al opositor, otra vez, hacia la condición secundaria de comentarista.
Así se trata del opositor interno o del referente presidenciable -sea Macri, El Niño Cincuentón, o Massa, Aire y Sol II- que se ubique en el podio de los sucesores.
A los aspirantes no les queda otra alternativa que acudir a la prudencia. Refugiarse, sin ansiedad, en la cautela.
Sin dejarse arrastrar por el deseo voluntario. Que al otro, al que ocupa la centralidad y hegemoniza la iniciativa, le vaya mal.
O que comiencen los roces entre La Doctora y El Premier. Para que con un decretazo lo devuelva hacia el Chaco.
Significa confirmar que, pese a la caravana de situaciones límites -agravados en gran parte por la mala praxis del gobierno- el cristinismo otra vez se recupera.
Mantiene el sabot en su poder. El que aguarda ahora, para lanzarse sobre la yugular, es precisamente el candidato a sucesor que creía tener el país servido. Listo para heredarlo. Con una implosión y una elección anticipada.

Residencia en la Lona

El cambio de atmósfera deja un tendal de damnificados. Los que transitoriamente se refugian en la prudencia.
Damnificados de afuera y (relativamente) de adentro del gobierno.
La intensa movilidad de Capitanich, con su tono monocorde, con la apertura comunicacional, con el copamiento total del escenario, acaba también con la influencia misteriosa del secretismo de Carlos Zannini, El Cenador. El que se creyó el cuento de la presidencia marginal.
Hoy Zannini queda relegado a la categoría de nuevo Abalito. De secretario privilegiado, que se destaca por acompañar la mesa de La Doctora. La que no vaciló en estamparle a Capitanich, y no a Urribarri, El Padre del Marcador de Punta, el preferido de El Cenador.
La irrupción de El Montenegrino Denso fue consecuencia de la calculada perversidad de La Doctora. Derivó en una movida brillante.
Para Oximoron, La Doctora delega gran parte del poder para aliviarse. Para aproximarse también a la otra recuperación. La física.
Lo suyo es, incluso, hasta comprensible. Se encontraba vulnerablemente enferma y políticamente derrotada.
Debía delegar o irse. Asediada por las distintas perspectivas que signaban su Residencia en la Lona. Distinta a la Residencia en la Tierra de Pablo Neruda.
Correspondía delegar. Descargar responsabilidades. Y acaso mientras estaba en la etapa del camisón, junto a sus familiares mujeres, La Doctora, según nuestras fuentes, lo tenía decidido.
Iba a delegar, sin decirle a nadie en quién.
Siempre valoró, hasta la admiración, a su amigo “El Coqui”. Con El Montenegrino Denso sospechaba que iba a abandonar paulatinamente la Residencia en la Lona. Adónde la habían arrastrado las imposturas, los arrebatos, bobas confiscaciones.
Las tergiversaciones de los pobres “pibes que le reclamaban la liberación”. Con Exxon y Chevron.
Y con tantos jóvenes que hicieron verdaderas pasantías como secretarios de estado o directores de empresas.
O que utilizaron el cargo -como Axel Kicillof, El Gótico- para aprender el oficio de funcionario. Para saber, en definitiva, de qué se trata.
(*) Carolina Mantegari. Consultora Oximoron. Redacción final para JorgeAsisDigital.com Publicado el 28 de Noviembre de 2013 en el Envío Nº 1166