lunes, 30 de diciembre de 2013

El año que viviremos en peligro

Por Tomás Bulat (*)
Un título de una nota que no incentiva a leer el contenido ni por casualidad, sin embargo creo que refleja el desafío que viene por delante en la economía Argentina. ¿Por qué digo que se trata del año que viviremos en peligro? Porque hay que tomar decisiones que definirán no solo el 2014, sino los años por venir. 
La política económica puede, durante este año, dedicarse a cerrar algunos desequilibrios, o puede patear los problemas para adelante y ampliar las divergencias ya existentes. 

¿Cómo termina el 2013?
El año termina con un diciembre que resume los desafíos del año 2014. Los problemas de la economía argentina no son de demanda, son de oferta. No es que la gente no pueda pagar la luz, es que no hay suficiente energía para todos los que la demandan. No es que no haya dinero para comprar autos o para viajar al exterior, lo que no hay es oferta de dólares para poder hacerlo. No es que no haya gente en condiciones de tomar préstamos hipotecarios, el problema es que no se consigue quien los otorgue. Hay que entenderlo no tenemos problema de demanda, tenemos problemas de oferta.

Entonces si el gobierno sigue fomentando la demanda y castigando la oferta, señores lo único que tendremos será cada vez mayores  problemas. Más inflación, más déficit energético, menos reservas y menos crédito. Es decir los desequilibrios se seguirán ampliando. Eso nos deja diciembre para arrancar enero, más inflación y más déficit, más emisión y un dólar que está despegando.

Vivir en peligro
¿Cuál es el mayor peligro para la economía argentina? Que se quede sin dólares para poder pagar las importaciones que este país necesita para funcionar de manera adecuada. Dado que no tenemos acceso al crédito internacional, y no hay condiciones para que el sector privado incorpore dólares a la economía, el único proveedor es el comercio exterior (las exportaciones) y el BCRA. Como las exportaciones no crecen hace 2 años y las perspectivas es que el año que viene caigan en relación al 2013, está claro que las reservas del BCRA correrán con la carga de financiar las compras al exterior.

Ustedes piensen que el año que viene se estima que se van a necesitar importar unos 15.000 millones de dólares en energía. Eso es cerca del 24% del total que se consume en el país. Si de pronto no hubiera dólares para pagarlas, tendríamos un 20% menos de combustibles, de luz, de gas, etc. Imagínense la economía argentina con un 20% menos de energía que hoy.

O, por ejemplo, que no se pudieran importar las autopartes para producir los automóviles con el consecuente parate en toda la cadena automotriz. O bien que tampoco se pudiera continuar con el ensamble de televisores o de heladeras en Ushuaia por falta de las piezas importadas. O los problemas en el sector salud, si no existieran dólares para vacunas, medicamentos, aparatos de alta complejidad, etc.

Por lo tanto, de seguir el impulso al consumo, sin modificar la oferta, nos comeremos los dólares que se necesitan para seguir produciendo.

Es decir que si en 2014 se continúa con esta política, la situación macroeconómica  que dejará al 2015 será mucho más desequilibrada y con menores recursos acercándose a un parate brusco de la economía. 

A medida que pasa el tiempo, se aleja la posibilidad de un aterrizaje suave de la economía. Piensen que un nivel deseado de reservas para un país que tiene muy complicado el acceso al mercado de capitales es de un año de importaciones. Hoy la Argentina importa por 76.000 millones de pesos, por lo tanto las reservas cubren tan solo cinco meses de importaciones.
Las reservas hoy son como el tanque de nafta de un auto. Con un cuarto de tanque se puede seguir a 140 km por hora, pero si no vamos desacelerando y bajando la velocidad, sin combustible un auto pasa de 140 a 0. Es irresponsable seguir gastando  el combustible, tratando que el auto lo maneje otro cuando sufra el frenazo. 

Es por ello que el 2014 es crucial. No por todo lo que pueda pasar durante el año, sino por los desajustes que puede dejar en el 2015. Esperemos que prime la responsabilidad de largo plazo antes que el relato de corto.

(*) Tomás Bulat. Economista, periodista y docente universitario. Artículo publicado en "El Punto de Equilibrio" el 27 de Diciembre de 2013