lunes, 9 de diciembre de 2013

El dilema cambiario del gobierno: precio o cantidad

Por Roberto Cachanosky (*)
Los economistas solemos decir que sobran pesos y faltan dólares, lo cual es cierto, pero incompleto para explicar el problema 
Basta con seguir diariamente la evolución de las reservas del BCRA para ver que la sangría se acelera. El cambio de gabinete solo trajo unos pocos días de menor crispación, pero lejos estuvo de generar la confianza que necesita el país para recuperar la economía. Ni el anuncio, que por ahora no pasó de ser un simple anuncio, del acuerdo con Repsol detuvo la caída de las reseras ni las expectativas de los agentes económicos.
Habiendo aceptado que la caída del tipo de cambio real está destruyendo la economía y desangrando al BCRA a pesar del CEPO y demás restricciones cambiarias, el gobierno aceleró la tasa de devaluación, el problema es que todavía está muy lejos del precio de equilibrio. Es más, con esta tasa de inflación, el precio de equilibrio, aunque se alcanzara alguna vez, se movería todo el tiempo hacia arriba.
En rigor los economistas solemos decir que sobran pesos y faltan dólares, lo cual es cierto, pero incompleto para explicar el problema. ¿Faltan realmente dólares o es un problema de precio? Desde mi punto de vista el problema es que a este tipo de cambio faltan dólares, si el tipo de cambio flotara libremente no faltarían dólares porque el mercado siempre ajusta por precio o por cantidad. Si el mercado fuera libre ajustaría por precio y no por cantidad con lo cual no faltarían dólares, aunque sí sobrarían pesos si continuara el déficit fiscal.
La realidad es que al tipo de cambio de $ 6,25 la oferta no está dispuesta a vender y la demanda aumenta. Es la historia de los controles de precios. Cuando el Estado pone un precio máximo artificialmente alto para algún producto, aumenta la demanda y se contrae la oferta y lo tradicional es que aparezca el mercado negro que se encarga de abastecer la demanda insatisfecha pero a un precio mayor al artificialmente bajo fijado por el gobierno.
Otra de las características de los precios máximos que se estudia en introducción a la economía es que los precios máximos generan desabastecimiento a precio artificialmente bajo y los gobiernos suelen racionar la oferta del bien o los bienes en cuestión. En definitiva, lo que está pasando con el mercado de cambios con el precio máximo que le pusieron al tipo de cambio, es de manual de economía. Se contrae la oferta, aumenta la demanda, el gobierno raciona la entrega de dólares (cepo) y aparece el mercado negro.
En este lío que han armado con el tipo de cambio, desde mi punto de vista el gobierno ha tomado la peor decisión: acelerar la tasa de devaluación en dosis diarias. ¿Por qué? Porque los que tienen que importar anticipan las importaciones para no tener que pagar más caro el dólar en el futuro. Y los que tienen que vender dólares, los exportadores, postergan la venta a la espera de un tipo de cambio más alto, con lo cual la brecha entre cantidad ofrecida y demandada se agranda y el Central tiene que salir a abastecer el mercado perdiendo más reservas.
Con estas devaluaciones diarias crean la expectativa  de que el dólar seguirá subiendo, enviándole al mercado la señal de postergar venta de divisas al tipo de cambio oficial y adelantar la compra de divisas al valor oficial.
Si a esto le agregamos que el déficit fiscal genera una alta tasa de expansión monetaria que aumenta la tasa de inflación, el tipo de cambio esperado no tendrá techo, porque la gente descontará la suba inflación futura y se la aplicará al tipo de cambio nominal.
¿Qué pasaría si hoy, bajo estas condiciones macroeconómicas e institucionales, el gobierno dejara flotar libremente el tipo de cambio y eliminara el cepo? Seguramente habría un overshooting del tipo de cambio como ocurrió en el 2002. Sin duda tiene su costo político, económico y social.
Si, por el contario, no elimina el cepo y sigue con estas devaluaciones diarias, seguirá la sangría y, al ritmo que viene perdiendo reservas, tal vez aguantaría menos de un año hasta informar que ya no quedan reservas en el Central. En ese caso habría que ir a buscar el tipo de cambio a otra galaxia.
El gobierno, puede intentar buscar un puente para seguir aguantando con esta estrategia mediante el crédito externo, abandonando el relato del desendeudamiento. Tomar deuda para sostener el tipo de cambio, lo mismo que se hizo infinidad de veces en el pasado, y terminar sin reservas pero con la deuda contraída. Si fuera asesor de CFK no se lo recomendaría, salvo que piense dejar el gobierno antes y obsequiarle a su seguidor un de lío económico mayor al actual.
Una tercera opción sería bajar el gasto, para dejar de emitir, reducir notablemente la inflación y liberar el tipo de cambio. Claro que hecho esto en un contexto institucional de falta de confianza tampoco resuelve el problema. Nadie entraría divisas para ser esquilmado impositivamente y sometido a todo tipo de controles y regulaciones por parte del Estado.
Me parece que, dada su larga trayectoria de estatizaciones, regulaciones, confiscaciones y ausencia de seguridad jurídica, el cristinismo no tiene forma de evitar una crisis cambiaria, porque en el fondo el problema no es solamente económico sino de falta de confianza de los agentes económicos en un gobierno que ha demostrado en infinidad de  oportunidades redoblar la apuesta por el lado de los controles y las regulaciones. Si como toda solución al problema cambiaria tenemos a un gobierno que tiene que estar mendigando que los exportadores le traigan por anticipado U$S 2.000 millones, quiere decir que el problema no es transitorio, sino estructural, en lo económico y en la confianza que genera. Especialmente el segundo punto.
¿Entonces? Me parece que el gobierno difícilmente pueda resolver el problema cambiario y pérdida de reservas (podrá intentar pedir préstamos en el exterior pero para seguir perdiendo reservas) porque el modelo populista está agotado y el cristinismo carece de la confianza de los agentes económicos.
Intentar solucionar el problema cambiario ignorando la deteriorada calidad institucional es una utopía. Los dislates de Moreno, Kicillof, Marcó del Pont y la misma presidente tienen su costo que hoy aparece con toda la fuerza.
A esta altura del partido, en Olivos deberían pensar seriamente si están dispuestos a pagar el costo de tantos destrozos económicos o prefieren pasarle la cuenta a otro lo antes posible.
(*) Roberto Cavhanosky. Economista. Director de "Economía para todos". Asesor económico. Artículo, publicado el 9 de Diciembre de 2013 en la Edición Nº 500