lunes, 9 de diciembre de 2013

Los saqueos nos enseñan: los recursos son escasos

Por Carolina González Rodriguez (*)
A diferencia de lo que sucede con los fenómenos físicos y químicos, al tratarse de fenómenos sociales la relación de causalidad entre causas y consecuencias es mucho más difícil de percibir, y -por supuesto- de identificar con claridad. Son muchas las variables que intervienen, en absoluto homogéneas y altamente subjetivas: algunas son consideradas y otras no, dependiendo del observador.

Dicho esto, creo que el problema de los reclamos salariales y los saqueos son mucho más que una causa y una consecuencia, respectivamente.

El problema de origen, en mi opinión, es una completa falta de ética imposible de soslayar cuando se trata de actores políticos con impacto en el agregado social. Es decir, cuando se trata de políticos profesionales, sindicalistas, empresarios grandes (con más o menos acceso al poder regulatorio), la Iglesia Católica, entre otros. En todos estos casos, como claramente lo identifica la Escuela de Public Choice, las organizaciones referidas están compuestas por INDIVIDUOS, que, lamentablemente, no cuentan con los incentivos ni la vocación por el servicio público. Por el contrario, puestos en una situación deliberativa en la que deban elegir entre sus intereses privados y el interés del colectivo que componen y representan... las más de las veces elegirán sus propios intereses.

Esa es la causa fuente de la corrupción, no sólo en el sector público sino en el privado. Pero volviendo al tema del post, la corrupción es la madre de todos los vicios político-sociales. Y lo es, a su vez, porque quienes tienen la capacidad y la responsabilidad de administrar lo hacen de manera deshonesta e irresponsable.

Si todos, gobernantes y gobernados tuviéramos claro y ontológicamente incorporado el concepto de ESCASEZ, pues entonces todos los demás conceptos platónicos, dogmáticos, poéticos y utópicos (generalmente propuestos por la izquierda y los colectivismos), serían descartados y nada de esto que estamos viviendo sucedería.

LOS RECURSOS SON ESCASOS. Si todos tuviéramos esto claramente presente e incorporado en nuestra conciencia cívica y aún particular, entenderíamos que todos aquellos recursos que se desperdician en los nidos de corrupción que son "fútbol para todos", Aerolíneas Argentinas, ENARSA, LAFSA, y los cientos de miles de Secretarías y Sub-secretarías de la sub-secretaría, de la secretaría de.... podrían destinarse a bienes públicos esenciales para la vida pacífica en sociedad: salud, educación, seguridad y justicia, difícilmente los políticos tendrían el apoyo electoral para embarcarse en esas aventuras de desperdicio y corrupción.

Sin estos cuatro sistemas (salud, educación, seguridad y justicia) funcionando plenamente, pues ningún otro recurso podría protegerse, y aún crearse y multiplicarse. Sin ellos no es viable la creación de riqueza.

Si la Argentina contara con sistemas fuertes y sólidos, los policías acuartelados no tendrían reclamos salariales, los sistemas de política carcelaria y de justicia serían eficientes, y -con el paso del tiempo- la educación se profundizaría, llevando a resultados satisfactorios para todos los involucrados.

Los policías se acuartelan porque no les pagan suficientemente como para incentivarlos a no corromperse, a cumplir con la delicada tarea de arriesgar sus vidas por los demás. Los delincuentes saben que no hay consecuencias desfavorables por su actuar delictivo. Pero de destinarse recursos a la seguridad, los mismos delincuentes contarían con un sistema de incentivos completamente diferente al actual: esos recursos destinados al sistema de justicia harían posible que todos los delincuentes tuvieran juicios justos, con pleno respeto a su derecho a defensa y debido proceso, y con absoluta seguridad de contar con abogados de oficio bien pagos y motivados a cumplir su rol con eficiencia y probidad. Y, por supuesto, una vez hallados culpables, la sociedad contaría con sistemas carcelarios y penitenciarios eficientes y modernos.

Simultáneamente, la seguridad jurídica impuesta por un estado mínimo (salud, seguridad, educación y justicia) pero fuerte y presente permitiría que la sociedad se abocara a producir bienes y servicios y a la generación de riqueza y puestos de trabajo genuinos. Con el tiempo, la educación, también sólida y eficiente, generaría recursos humanos capacitados y prestos a cubrir las demandas de los productores de bienes y servicios.

Por supuesto, nada de esto es lineal y posible de la noche a la mañana. Infinidad de ajustes, reclamos e inconvenientes surgirían a lo largo del proceso de instauración de este sistema de sociedad abierta y libertad. Pero cuanto más nos demoremos en iniciar el proceso de transición, las pérdidas en materia de seguridad, salud, educación, justicia, calidad de vida, tranquilidad, paz y recursos físicos y morales, y aún vidas humanas se agravarán en cantidad de casos y en profundidad.

En el interín, "a río revuelto, ganancia de pescadores". El sistema de criminalización de la producción, oferta y consumo de drogas conlleva, ineludiblemente, el mercado negro que se sostiene a través de la violencia. Y los narco-traficantes serán los que proveean de salud, seguridad, educación y justicia, ahí donde el estado no lo hace... por el mero hecho de no contar con los recursos para hacerlo. Es lógico... hay que pagar Aerolíneas, ENARSA, LAFSA, futbol para todos y los cientos de miles de "Planes Descansar"

Los narcos cuentan con los recursos y saben de la importancia de contar con esos cuatro pilares de organización social que mencionamos. Como sucedió con Pablo Escobar Gaviria en Medellín, Colombia (1) , en los '80 y principios de los '90, los narcos brindarán salud, financiando salitas de primeros auxilios en zonas carenciadas; educación, formando "soldaditos" y entrenándolos en las artes de la guerra, empezando con el manejo de armas; y por supuesto,poniendo al servicio de ls sociedad los servicios de mediación y ajusticiamiento para los conflictos entre individuos (sin vínculo con el narcotráfico en sí). 

En concreto, los saqueos se producen porque la policía reclama por sus salarios, se declaran en huelga, no patrullan ni controlan las calles; las ingentes cantidades de personas viviendo en la convicción de ser "merecedores" de bienes y servicios sin dar nada a cambio, y del asistencialismo clientelar saquean, en hordas, supermercados y casas de electrodomésticos, porque cuentan con los incentivos para hacerlo: no habrá consecuencias para ellos. Y esto es así por el éxito del discurso colectivista y de izquierda. Es políticamente incorrecto "criminalizar la protesta", ir en contra de los "excluidos", solventar sus necesidades (vicios incluidos) en mérito al "enfoque de derechos" que los legitima a EXIGIR la provisión de bienes y servicios y así lograr la "inclusión social"... Y todo ello en el marco del saqueo mayor que cotidianamente concreta el gobierno, a través de cargas tributarias nunca antes vista e índices de corrupción endémicos.

Y todo por no lidiar con la terrible realidad: LOS RECURSOS SON ESCASOS. Estamos obligados a aceptarlo, asumirlo y administrarlos con el máximo rigor de ética, decencia y eficiencia. Y eso sólo es posible en una sociedad libre, abierta, y respetuosa de los derechos individuales.

(1) "Muchos años antes de su participación en política, Escobar se había constituido ya en el mejor exponente del denominado narcopopulismo. Escobar fue famoso por la obras sociales y bienes públicos (casas, canchas de fútbol, entre otros) que suministraba a los habitantes más pobres de Medellín lo cual lo llevó en un momento a merecer el título del ‘Robin Hood’ criollo. Hay muchos motivos que explican por qué un criminal decide proveer bienes públicos. En primera medida, con el narcopopulismo Escobar buscaba ganar apoyo popular y una base de seguidores que lo defendiera de sus enemigos lo cual resultó fundamental en sus últimos años. Adicionalmente, con las obras sociales Escobar pretendía “limpiar” el origen ilegal de sus recursos, y eventualmente justificar las bondades de los recursos del narcotráfico ganando poder de negociación ante el gobierno y ante la opinión pública" Pablo Querubín. "Pablo Escobar y la Política" http://bit.ly/1fcCGpE

(*) Carolina Fernández Rodriguez. Magíster en Derecho Empresario (ESEADE). Doctoranda en Filosofía del Derecho (UBA). Docente en Política Económica (UBA), Investigadora Adjunta de la Fundación Bases. Artículo publicado en República y Desarrollo el 9 de Diciembre de 2013