jueves, 30 de enero de 2014

La obsesión por la igualdad

Por Adrián Dubove (*)
La desigualdad económica es uno de los temas más recurrentes en la agenda política. Ningún político pierde la oportunidad de denunciar la desigualdad entre los que más riqueza poseen y los que menos tienen, que por el solo hecho de ser desigual se considera que es una “distribución” injusta. Esta obsesión por la brecha entre ricos y pobres no es exclusivamente argentina; por ejemplo, el mes pasado el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, utilizó a la a Argentina como ejemplo de un país desigual y al que no quiere que el país que preside se parezca.

La búsqueda de la igualdad económica se ha convertido en un verdadero dogma político. Para sus proponentes una “mejor distribución del ingreso” implica una distribución más igualitaria. Afirman que es preferible vivir en una sociedad en la que las desigualdades sean mínimas o, en el mejor de los casos, inexistentes. Según el Coeficiente Gini, que es el índice más utilizado para medir la brecha entre ricos y pobres, los pakistaníes viven en una sociedad más igualitaria que los holandeses. Y Burundi, uno de los países africanos con mayor pobreza, tiene un nivel de igualdad superior al de Nueva Zelanda. Sería bueno preguntarles a los apologistas de la igualdad dónde preferirían vivir: ¿Holanda o Pakistán? ¿Burundi o Nueva Zelanda?
El miércoles pasado Cristina Fernández de Kirchner reapareció en la escena pública, y en uno de los pasajes, que pasaron desapercibidos, de su discurso dijo:
“Nosotros hemos hecho, desde al año 2003 (sic) a la fecha, una importante reducción [del Índice de Gini], pero ahora estaríamos batiendo récord, porque estaríamos por abajo del 0,3. Lo ideal es el cero, una sociedad que tiene el cero de Índice de Gini significa que es una sociedad completamente igualitaria. Y hacía eso tenemos que marchar, a la utopía de una sociedad absolutamente igualitaria.”
No es de extrañar que los políticos tengan esta aspiración redistributiva. Muchos de ellos ignoran, o prefieren ignorar, el hecho de que para poder “redistribuir” riqueza (eufemismo de saqueo y robo) alguien tuvo que generarla primero. Pero es entendible que no lo comprendan, los políticos no generan riqueza. La única forma de poder hacerlo es ofreciendo en el mercado bienes y servicios que las personas demandan. La política sin dudas no es productora de riqueza, de lo contrario, no sería necesario que esté financiada por impuestos, que no son pagados voluntariamente sino bajo la amenaza latente de ser perseguidos y encarcelados.
En una economía libre, es decir, en donde el Estado no interfiere en los acuerdos voluntarios de las personas, no son un puñado de políticos con aire de megalómanos los que definen quienes aumentan sus ingresos y sus riquezas. Por el contrario, se trata de un proceso descentralizado en el que los empresarios deben ofrecer sus bienes y servicios según las necesidades y los deseos de los consumidores.
Veamos el siguiente ejemplo. Juan, con el fruto de sus ahorros, decide comenzar a fabricar triciclos con ruedas cuadradas. Después de invertir $ 100.000 en infraestructura, materias primas, personal, y demás gastos, no logra vender un solo triciclo, comienza a perder plata, y decide cerrar su negocio. Es lógico, nadie estaba interesado en comprar triciclos de ruedas cuadradas, y la señal de los consumidores a Juan fue clara: dejá de hacer esto, estás desperdiciando capital y otros recursos en algo que nadie demanda.
Aún a pesar de la mala decisión de Juan de fabricar triciclos con ruedas cuadradas, bajo el control de los igualitaristas nunca hubiese podido siquiera comenzar su emprendimiento. Si esos $ 100.000 de capital inicial hubiesen sido robados a Juan, en nombre del igualitarismo, y distribuidos entre 100 personas, nuestro empresario ni siquiera hubiese tenido la posibilidad de disponer del capital que le iba a permitir emprender. Su iniciativa fracasó, ofrecía algo que nadie quería.
Pero imaginemos un caso de éxito, en el que los triciclos de Juan fuesen hechos de un resistente material y con ruedas redondas y haya una demanda para ese producto. En ese caso, el dogma de la igualdad hubiese impedido no sólo el crecimiento económico de Juan, sino que además hubiese privado a todo los demás de beneficiarse de ese producto, eliminando miles de oportunidades que podrían haber sido aprovechadas, miles de oportunidades de generar más riqueza que fueron eliminadas por un fetichismo intelectual de las elites gobernantes.
A diferencia de los resultados en una economía libre, determinados por los consumidores y nadie más, cuando los políticos deciden que son ellos quienes deben redistribuir la riqueza la situación cambia. Los criterios políticos son arbitrarios, dejan de fluir hacia los que producen cosas que la gente demanda y necesita, y como dice Carlos Rodriguez Braun “son redistribuidos desde los sectores menos organizados hacia los más organizados”, en otras palabras, hacia los empresarios amigos del poder.
Cristina Kirchner cree que está al frente de una revolución igualitaria, puede ser que así lo sea. Una igualdad que distribuye pobreza y elimina cualquier tipo de aspiración a elevar la calidad de vida. Se adopta un fetichismo intelectual, como lo es el igualitarismo, mientras que en la realidad las medidas que se toman no hacen más que impactar en los que menos tienen.
Las políticas proteccionistas obligan a los argentinos a comprar productos más caros y de menor calidad, asegurándoles márgenes de ganancia mayores a los empresarios que abogan por las medidas que los protege de la competencia. La inestabilidad del sistema bancario, producto del monopolio monetario estatal, y la inexistencia del largo plazo, eliminan cualquier posibilidad de obtener préstamos hipotecarios. La inflación carcome los magros salarios. Las trabas a las importaciones impiden el ingreso de máquinas y productos que significarían un aumento de la productividad. El entramado regulatorio, los requisitos para abrir un nuevo comercio, y la carga fiscal son el mayor obstáculo para que aquellos que no cuentan con un ejército de abogados y contadores puedan emprender.
En definitiva, mientras Cristina Kirchner cree encabezar su revolución igualitaria con sus propiedades en el Calafate y los millones de dólares que supo obtener gracias a las conexiones políticas, todos estamos peor. Igualitariamente peor.
(*) Adrián Dobove es coordinador nacional del Partido Liberal Libertario y director académico del Instituto Amagi. Artículo publicado por INFOBAE el 29 de Enero de 2014

La Argentina paralizada

Por Alberto Benegas Lynch (h)
El título de esta nota no se refiere a la tan reiterada caída de reservas, ni a la expansión de la base monetaria, ni a la crisis energética, ni a la asfixia que generan las mal llamadas retenciones (en verdad impuestos), ni a los precios obligados por el aparato estatal, ni a las idas y venidas en el mercado cambiario, ni a la creciente liquidación de los marcos institucionales, ni a la colosal presión tributaria, ni a los sucesos en el ámbito laboral, ni a los empresarios genuflexos y prebendarios, ni los astronómicos gastos gubernamentales y creciente deuda pública interna, ni el incontrolable déficit presupuestario, ni tantos otros temas que ocurren en nuestra tierra.

A esta altura, es necesario mirar desde otro ángulo, especialmente después del discurso por cadena nacional de la Presidente luego de una abstinencia de 35 días. Argentina está paralizada porque toda la llamada oposición y buena parte de la población se queda sin aliento y solo atina a marcar contradicciones en cuanto a que la titular de la Casa Rosada habló de los salarios en dólares cuando parece que no hay que hablar de esa divisa (serán oficiales?). Pero conjeturamos que prácticamente nadie criticará el anuncio de que el Estado, léase los contribuyentes, entregará sumas a jóvenes entre 18 y 24 años que reúnan ciertas características.
Esto es así porque la inmensa mayoría considera que el aparato estatal debe jugar al Papá Noel y entregar graciosamente el fruto del trabajo ajeno sin percatarse que, de ese modo, cada vez habrá más gente bajo la línea de la pobreza. La conjetura se basa en la lucha titánica de la mencionada oposición para atribuirse la paternidad de la asignación universal por hijo y, ahora,  ya hemos escuchado a quienes sostienen que en su jurisdicción vienen aplicando el anunciado plan ProgresAr con otros nombres y hay otras voces que se ufanan que ejecutarán algo parecido en un futuro próximo.
Personalmente tengo una idea mejor: ¿porqué no agregar sumas dinerarias para la franja de 24 a 36 años de quienes están en dificultades, en una primera etapa para luego incorporar también a los que van de 36 a 62 y, finalmente, los que van de 62 a 92 (que no es un asunto menor) al efecto de cubrir todo el espectro de los que la pasan mal que son cada vez más. Creo que es una buena idea para ganar elecciones a pesar de encontrarnos en situación de quiebra.
¿No es acaso hora de darnos cuenta después de más de siete décadas de fracasos en los que papá Estado crea incentivos perversos al tiempo que se demuele el Estado de Derecho? ¿No es acaso el momento de hacer un alto en el camino y comprender que el respeto recíproco basado en la propiedad privada atrae inversiones que es lo único que permite elevar el nivel de vida de todos, muy especialmente de la de los más necesitados? ¿Es necesario recorrer el camino de Venezuela donde no hay ni papel higiénico o de Cuba donde los niños deben escribir en sus cuadernos con lápiz para que pueda borrar el siguiente alumno y anotar las instrucciones de lavado de cerebro que impone el maestro-comisario de turno?
¿No es conveniente repasar historia argentina para constatar que la visión alberdiana permitió que los salarios e ingresos en términos reales de los peones rurales y los obreros de la incipiente industria en este país eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia y España y que la gente venía a hacerse la América hasta que irrumpieron los fascismos populistas en los treinta acentuados en los cuarenta? ¿Porqué no ensayamos ser libres como en la época referida en la que competíamos con Estados Unidos hoy lamentablemente latinoamericanizado?
Por último, ya que se mencionó el llamado neoliberalismo en el discurso oficial de marras, reitero que es una etiqueta inexistente puesto que ningún intelectual serio de nuestra época en ninguna parte del mundo se reconoce bajo esa denominación. Se trata del liberalismo, desafortunadamente del que no hay ni vestigios desde que en el treinta, junto a la innecesaria quiebra del sistema institucional, el Leviatán inauguró el control de cambios, instaló la banca central, el impuesto progresivo y las juntas reguladoras en el contexto de una proyectada reforma constitucional fascista.
(*) Alberto benegas Lynch (h) es Presidente del Consejo Académico de Libertad y Progreso. Artículo publicado el 30 de Enero de 2014.

De Lavagna a Kicillof, un único modelo

Por Adrian Ravier (*)
Ante el ya evidente fracaso de la política económica populista del kirchnerismoen los diez años que van desde 2003 a 2013, surge cierta literatura que busca rescatar a algunos responsables directos de los acontecimientos actuales.

Eduardo Duhalde intentó rescatar por ejemplo a su ministro de Economía,Roberto Lavagna, al punto de candidatearlo como una persona de experiencia para resolver la situación actual. Martín Redrado o Martín Lousteau escriben decenas de columnas críticas en las que intentan separarse del actual gobierno, cuando hace unos pocos años acompañaron el proceso. Es cierto, se podrá decir que desde 2007 Cristina Fernández de Kirchner se ocupó personalmente de profundizar ese mismo populismo que “nació” post-convertibilidad, pero cada uno de estos tres economistas tuvo su responsabilidad en la actual situación que sufrimos.
Para empezar, diré que la salida de la convertibilidad fue la peor que se podía haber diseñado. Eduardo Duhalde acusa al gobierno actual de improvisación, cuando él mismo prometió devolver dólares a quienes depositaron dólares, y sólo unos días después pesificó todos los depósitos y fue el responsable de la mayor estafa al pueblo argentino de las últimas décadas. En segundo lugar, hay que ser claros en que esa devaluación, que implicó el abandono de laconvertibilidad y que hoy es vista como el comienzo de la “década ganada”, en realidad nos dejó con otra “década perdida”. Es cierto que entre 1998 y 2001 la economía estaba estancada y con alto desempleo, pero la devaluación convirtió esa crisis en una profunda depresión que hizo caer el PIB más del 10 % en 2002, además de destruir el Estado de Derecho.
A partir de 2003, la economía se fue recuperando, pero fue recién en 2008 cuando el PIB real alcanzó el nivel de 1998. Mientras Brasil o Chileemprendieron un proceso de crecimiento desde el techo alcanzado hacia fines de la década de 1990, Argentina tuvo que retroceder primero, para observar cómo en la década más afortunada en un siglo –en lo que refiere al contexto internacional-, tan sólo recuperábamos lo perdido. En pocas palabras, entre 1998 y 2008 Argentina no creció, sino que recuperó el terreno perdido por la desafortunada devaluación.
Recordemos que en 1999 hubo otra opción, que fue la dolarización propuesta por Steve Hanke y Kurt Schuler, claramente ignorada. De haberla implementado en su momento, la Argentina sería la primera economía latinoamericana en presentar un PIB per cápita de niveles europeos.
Volviendo a nuestros tres personajes de hoy, Roberto Lavagna asumió como ministro de Economía del presidente interino Eduardo Duhalde en abril de 2002, ratificado en el puesto por el presidente electo Néstor Kirchner en 2003 y desplazado en 2005 producto de disputas internas. Se destaca en general que lideró la recuperación de la economía argentina, pero durante su gestión inicia también el modelo económico vigente, que llamaremos “populismo”, caracterizado por un incremento acelerado del gasto público (especialmente en el nivel Nación), que se financió especialmente con mayor presión tributaria. Recordemos que con Lavagna como ministro de economía, ésta fue ascendiendo desde un 24 % hasta el 30 % del PIB.
Ser reemplazado por Felisa Miceli claramente no mejoró las cosas, aunque se puede decir que a partir de allí y hasta su muerte, Néstor Kirchner se mantuvo como un virtual ministro de Economía, aun con la llegada deCristina Kirchner al poder. El nombramiento del joven Martín Lousteau como ministro de Economía en diciembre de 2007 iba en línea con esto mismo. Su margen de decisión era muy acotado, aunque cometió el incomprensible error de intentar aumentar aún más la presión tributaria que entonces estaba en el orden del 36 % del PIB. Todos recordamos su propuesta de incrementar lasretenciones a las exportaciones de soja por encima del ya excesivo 35 %, que sólo se detuvo por el voto “no positivo” del vicepresidente. Más peleas internas dentro del gobierno, lo terminaron alejando en abril de 2008, y a partir de entonces se convirtió en un crítico del modelo.
El caso de Martín Redrado es un poco más complejo, ya que fue presidente del Banco Central entre septiembre de 2004 y enero de 2010. Durante su gestión jamás reconoció la inflación real, la que duplicaba y hasta triplicaba la oficial declarada por la institución que él presidía. Desde 2007 y hasta su renuncia la inflación sólo estuvo por debajo del 20 % en 2009, el año de la recesión global, al que la Argentina no pudo escapar. Redrado jamás reclamó la independencia del Banco Central, ni se negó a financiar el exacerbado gasto público del Ejecutivo, sino hasta que el oficialismo decidió apartarlo del gobierno.
En esta selección arbitraria de personajes responsables de la debacle que se viene, toca el turno ahora de Axel Kicillof. Claro, muchos dirán que Redrado y Kicillof piensan diferente y es cierto. Pero recordemos que era Kicillof quien antes de integrar el gobierno criticaba a Redrado por sus políticas inflacionarias en el Banco Central. Una vez dentro del modelo, Kicillof olvidó sus críticas, y al momento no hizo nada por corregir las contradicciones obvias de este modelo populista e inflacionario que él llama de “inclusión social”. La sensación que queda entonces es que no importa qué economistas se suman al modelo. Sin importar lo que piensen o en qué autores creen, una vez dentro del modelo se transforman en parte de él, y apoyan incluso aquello que va en contra de sus principios. Volviendo a esta última década, y con una mirada parcial, se podrá decir que hasta 2007 la economía argentina mostraba un superávit fiscal primario, que la inflación estaba controlada y que no existían los problemas cambiarios actuales, pero mi impresión es que se estaban generando las semillas de aquellos problemas que hoy sufrimos.
Y es que en la primera etapa del populismo, uno siempre observa el éxito del modelo, y especialmente cuando la economía parte de una situación deteriorada de actividad económica y empleo. Entre 2003 y 2007 entonces, el modelo populista muestra recuperación de la actividad económica, del empleo y del salario real. La continuidad del kirchnerismo era entonces obvia. Somos muchos, sin embargo, los que ya en esa etapa exitosa pedíamos cautela, y es que el gasto público empezaba a desbordarse, y las tendencias mostraban que ni el precio creciente de la soja, ni sus crecientes retenciones, podían sostenerlas.
No pasó mucho tiempo, hasta que los economistas que revisamos los datos nos empezamos a dar cuenta que la presión tributaria no cedía en su aumento constante, y al mismo tiempo, empezaba a ser normal la monetización del ahora evidente déficit fiscal primario. La aparición de los desequilibrios fiscales, monetarios y cambiarios caracterizan precisamente a esta segunda etapa del populismo.
Preocupados por una inflación creciente, muchos economistas empezamos a alertar de los problemas en el modelo, pero fuimos ignorados. La tercera etapa del populismo es la actual, cuando estos desequilibrios básicos se extienden y empiezan a ser evidentes para toda la población a través de la mayor suba de precios, falta de ciertos productos, y anuncios desesperados del gobierno para ocultar lo que en realidad sucede.
Si el lector se pregunta por lo que vendrá, entonces debemos hablar de la cuarta etapa, la del “ajuste”, una etapa de la que nadie quiere hablar, pero que es difícil evitar. El “ajuste” viene acompañado de una inflación acelerada, recesión, problemas de empleo, caída en el salario real y aumento de pobreza e indigencia. Los economistas científicos pedimos a quienes niegan la necesidad del ajuste que nos muestren cómo se sostiene este nivel de gasto a lo largo del tiempo, pero no hay respuesta.
Ante esta realidad, la oposición debería presentar propuestas, pero éstas brillan por su ausencia. Muchos economistas identifican los desequilibrios, pero nada dicen de que es lo que se debe hacer. Nuestra propuesta, junto a Nicolás Cachanosky, es otra vez la dolarización, porque se corrigen los tres desequilibrios, se minimizan los efectos del ajuste y se genera una regla para evitar seguir cometiendo los mismos errores. Pero está claro que esta propuesta aislada es insuficiente. Ella debe entenderse sólo como una parte de una propuesta integral que poco a poco iremos presentando para delinear la Argentina del futuro.
(*) Adrián O. Ravier economista, especializado en teoría monetaria, el estudio de los ciclos económicos y la historia del pensamiento económico. Ha obtenido su título de doctor en economía aplicada, en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (2009), bajo la dirección del profesor Jesús Huerta de Soto. Ha sido alumno de ESEADE donde obtuvo un Master en Economía y Administración de Empresas (2004). Y ha obtenido su licenciatura en economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires (2002).  Artículo publicado en "Punto de vista económico" el 29 de Enero de 2014

miércoles, 29 de enero de 2014

El mundo al revés

Por Armando Ribas (*)
Ya sé que he sido criticado por la secuencia de mis citas correspondientes al pensamiento ajeno. Voy a insistir en que afortunadamente las ideas a las que me refiero en mis citas no me son propias. Si así hubiese sido estaríamos viviendo en la Edad Media. Lamentablemente esas ideas que permitieron la transformación del mundo, y se alcanzara la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia se encuentran en olvido o aún en descalificación en nuestra llamada civilización Occidental y Cristiana.

Si leemos la obra de Alexander Bernstain “The Birth of Plenty” (El Nacimiento de la Abundancia) podemos ver que durante más de 1.700 años de cristianismo, no se produjo ningún cambio favorable en la historia. Es decir que hasta principios del siglo XIX se vivía como vivía Jesucristo. Y no quiero hacer hincapié en la Inquisición, cuando durante siglos la Iglesia quemaba por hereje a quien pensara que la tierra le daba la vuelta al sol. Galileo fe salvado de la muerte por el Cardenal Bellarmino quien le sugirió que dijera que el enfoque de Copérnico sólo era una mejor forma de comprender el universo pero no la realidad. Puedo decir que ese fue el primer holocausto en la tierra de la Civilización Occidental. Y no olvidemos tampoco que como bien escribiera G. R. Elton: “Ni Lutero ni Calvino hicieron ninguna propuesta para ampliar el ojo de la aguja”. Y más aun podemos recordar que Calvino incineró a Miguel Servet por haber descubierto que la sangre le daba la vuelta al cuerpo.

La confusión en el mundo continúa y ahora tenemos al Papa Francisco a quien no podemos dejar de valorar no por su modestia, sino por su valentía para enfrentar la corrupción de la Iglesia a través del banco del Vaticano, que aparentemente vino a sustituir al Banco Ambrosiano, y también por el reconocimiento del crimen que ha significado la pedofilia eclesiástica, que le ha costado miles de millones de dólares a la Iglesia. No menos trascendente ha sido también su reencuentro con las otras religiones, como la judía y la musulmana. Una actitud de esa naturaleza era considerada por la Iglesia como herejía.

Lamentablemente detrás de esas evidentes virtudes surge la sombra de un desconocimiento de la realidad del mundo en que vivimos y así se ha permitido vituperar al mal llamado capitalismo. O sea ignorar que solo en virtud de la aparición del capitalismo se redujo la pobreza en el mundo. Como bien escribiera Ayn Rand: “El capitalismo no generó la pobreza sino que la encontró, y la compasión no produce ni hoja de hierba y mucho menos de trigo”. En este aspecto creo que el Papa debiera releer a su antecesor León XIII en la Rerum Novarum: “En la sociedad civil no pueden ser todos iguales, los altos y los bajos. Afánense, en verdad por ella los socialistas; pero en vano es ese afán y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades…”

Yendo entonces a los hechos del presente nos encontramos que la confusión en el mundo prevalece, y ahora surge como de primera instancia los amores y amoríos del Sr. Hollande. Que desgracia que el presidente de la segunda economía de la Unión Europea traicione a su actual amante por otra amante, en tanto que se pretende ignorar la razón de la crisis que enfrenta y que surge del estado de bienestar. Tal como lo expresa The Economist, Francia es el país de Europa en peores condiciones económicas, y consiguientemente el Sr. Hollande es conforme a las encuestas el menos popular de los presidentes de la Quinta República. 

Evidentemente la causa de esa situación es el elevado nivel del gasto público que alcanza al 57% del PBI. Y ese nivel de gasto es precisamente lo que llevara a la izquierda al poder.
En sus últimas manifestaciones públicas el Sr. Hollande parece haber tomado conciencia de la causa de la deteriorada situación económica francesa, y ha propuesto que los impuestos son muy elevados y el gasto público muy grande. Después de tales manifestaciones el Sr. Hollande aparece como un liberal o un social liberal. Y esa calificación en Francia es un insulto político. Es decir tal como el neo liberalismo es la descalificación que prevalece en América Latina. Ante esa realidad el problema privado de Hollande es inmaterial respecto a la situación política que vive el país, y no menos en gran medida la Unión Europea. El problema es el sistema y el que lo pretende cambiar pierde las elecciones. Tal fue la situación que enfrentó Gerald Shroeder después de haber arreglado la economía alemana, fue su propio partido el que lo destituyó.

Recientemente siguiendo esa misma línea conforme a la cual basta que la mayoría apruebe la estupidez, la Unión Europea ha decidido preparar lo que denomina el deshielo de las relaciones con Cuba. Acuerdo que propone poner fin a lo que denomina erróneamente bloqueo. Ya debiéramos saber que el bloqueo no es lo mismo que el embargo. Tanto así que según la información precedente la Unión Europea es la mayor inversionista en Cuba así como el mayor socio comercial después de Venezuela. Las exportaciones a Cuba alcanzan a unos 2.000 millones de Euros por año, en tanto que Cuba exporta unos 700 millones de Euros a Europa. Esa decisión de la Unión Europea se me asemeja a lo que hubiera sido si después de terminada a segunda guerra mundial Hitler y su esposa Eva Braun no se hubiesen suicidado, las naciones vencedoras le hubiesen ofrecido restaurar las relaciones con la Alemania nazi. Pero por supuesto ya Raúl Castro ha reconocido que la propuesta de restaurar los derechos humanos en Cuba es una violación de la soberanía nacional.

Siguiendo con nuestro continente ahora también en Estados Unidos aparece ante la problemática actual que las relaciones del presidente Obama con su esposa Michelle, han pasado a la primera plana, y consecuentemente se narra preponderantemente la fiesta de cumpleaños de la misma en la Casa Blanca. Parece así olvidarse que la presidencia de Obama en Estados Unidos amenaza la continuidad del sistema que cambió la historia del mundo y que fuera el denominado Rule of Law, que como he repetido es un sistema ético, político y jurídico, en el que la economía es su consecuencia y no la causa. Y asimismo esa tendencia se manifestó en África del Sur cuando Obama le dio la mano a Raúl Castro durante el velatorio del presidente Mandela. Siguiendo con esa posición el Sr. Kerry le ha propuesto igualmente iniciar las conversaciones para restaurar las relaciones de Estados Unidos con Cuba bajo el presupuesto de que se respeten los derechos humanos en la isla. Sueño de una noche de verano.

Pero el ánimo de la izquierda y por supuesto de América Latina ha sido y sigue siendo secular. Puedo decir que todos los presidentes actuales de América latina son amigos y visitan a Fidel Castro. Por ello no nos debe sorprender que el presidente Santos de Colombia haya decidido negociar con las FARC, y desconociendo los crímenes cometidos durante cincuenta años, le proponga que participen del Congreso colombiano. Podemos ver una vez más que los crímenes de la izquierda son producto del idealismo, y por tanto no constituyen genocidio. Consecuentemente parte del acuerdo incluye al narcotráfico que ha financiado históricamente a los idealistas.

En fin insisto en que el mundo está más que confundido en nombre de la virtuosidad de la izquierda llorando por los pobres, en nombre de la igualdad. Tanto así que en un artículo reciente del Foreign Affairs, Jerry Muller escribió que el capitalismo crea riqueza pero la distribuye mal. Por tanto pretende al igual que Obama que en Estados Unidos se instituya el estado de bienestar. Ignorando así que esa es la causa prevaleciente de la crisis europea. No es el caso de Estados Unidos donde la causa de la crisis fue la violación de principios fundamentales del Rule of law, que causaron la llamada burbuja de la cual ya se están reponiendo. Pero la amenaza persiste durante el resto del gobierno de Obama y ante la expectativa aparente de que la próxima presidente sea Hillary Clinton.

(*) Armando Ribas. Abogado de la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en la Habana. En 1960 obtuvo un Máster en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Filósofo. Escritor. Artículo publicado en Informador Público el 26 de Enero de 2014.

Fuente: http://site.informadorpublico.com/?p=41043

Carta Abierta al Ministro Axel Kicillof

Por Martín Tetaz (*)
Estimado Axel, Sigo de cerca las medidas que ha tomado tu Gabinete desde que asumieron, te escuché el viernes con Victor Hugo (link acá) y también leí atentamente tu entrevista del domingo en Página12 (http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-238550-2014-01-26.html). 

Te quisiera hacer algunos comentarios.
Me gustaría empezar con la crisis del 2011 que desembocó en el cepo.
Tanto en la entrevista que te hizo Página como en la que te efectuó Victor Hugo, hablas de una corrida bancaria y cambiaria preelectoral. Te quiero recordar que no hubo corrida bancaria y que los depósitos del sector privado en pesos, si bien crecieron menos que lo que lo venían haciendo, subieron nominalmente (1862 millones en septiembre y 3512 en octubre).

Sí hubo corrida cambiaria, pero a diferencia de lo que vos decís, no fue electoral. 
La prueba de ello es que persistió en noviembre luego que las elecciones habían pasado y el gobierno cosechó un espectacular apoyo político, casi sin precedentes.

Esa corrida no fue fogoneada por los medios ni coordinada por 4 tipos poderosos reunidos en un rascacielos de New York, sino la consecuencia directa del atraso cambiario que venía acumulando el Gobierno y que hasta el verdulero comprendía que resultaba insostenible y que ustedes iban a tener que corregir. La lógica era que lo hicieran después de las elecciones, porque políticamente no era redituable devaluar en medio de la campaña.

Vos sabes muy bien que si los precios de la economía suben 124% como ocurrió entre 2007 y 2011, el dólar no puede subir solo 32%, como subió y obviamente leíste el famoso paper de Krugman de 1979, en el que explica por qué esa política de tipo de cambio cuasi fijo, combinada con monetización del déficit eventualmente termina en un ataque contra las reservas. Si no recordas el artículo te pido que lo vuelvas a leer porque explica exactamente lo que ocurrió entre agosto y noviembre del 2011. 

Luego, si en 2009 (plena crisis) emitís 204 millones para financiar al tesoro, pero en 2010 cuando la economía ya volaba emitiste 19.478 para pagar la factura del déficit fiscal y en 2011 casi duplicaste la emisión y aumentaste la base monetaria 32.575 millones con el mismo fin, no te puede sorprender el ataque contra las reservas del 2011, ni se lo podes achacar a los especuladores.

Tampoco podes aducir que se trate de fenómenos comportamentales, como cuando sostenes que; “Los fenómenos económicos tienen esta magia. Son profecías autocumplidas, efectos manada que pueden no tener causa real”.

Puede darse un fenómeno de manada y una profecía auto cumplida amplificarte una corrida inicial, ojo, pero lo que ocurrió en 2011 no tiene nada que ver con ese cuadro, sino con un comportamiento racional de los agentes de volcarse masivamente a algo que estaba artificialmente barato, del mismo modo que te vaciarían las góndolas si la carne tuviera hoy los mismos precios que en el 2007, o te quedarías sin electrodomésticos si los cobraras a los valores de hace 5 años atrás.

Además, justamente esa es la función del Banco Central y ese es el papel de las reservas; si hay una profecía de que el dólar va a subir y la gente se vuelca masivamente a comprarlo, inyectas todo lo que sea necesario para desarmar la profecía. No hay ningún problema, tenés una espalda anchísima de 52.000 millones y si perdes 4 o 5.000 los recuperas en menos de un mes cuando la profecía no se cumpla y la manada se la dé contra la pared. Si no las usas para eso, ¿para que queres las reservas?

Lo que pasa Axel, es que somos tontos pero no tanto, dijiste “los mismos que nos querían hacer creer que 1 dólar valía 1 peso…” y vos sabes perfectamente bien, que en junio del 2011 ustedes nos querían hacer creer que un dólar valía 4,10 y que esos 4,10 del 2011, cuando se tienen en cuenta la verdadera inflación en argentina (IPC 7 provincias) y la de los EEUU (27% en el ínterin) eran equivalentes a $1,02 expresado en valores del 2001. O sea que la corrida que vos atribuís a los diarios y a las redes sociales se dio porque ustedes nos querían hacer creer que 1 dólar valía 1,02 pesos.

Además, si se hubiera tratado de una mera corrida especulativa, la hubieras aguantado perfectamente con las reservas, que para eso están. Te insisto; cuando empezó el ataque contra las reservas tenías 52.000 millones de dólares de espalda. Puede que la gente común no entienda mucho estos números, pero 52.000 millones para aguantar una corrida, es como tener una ametralladora Uzzi de esas que usaba Rambo, para enfrentar el ataque de un punguista de la 9 de Julio. 

Más aún; el 2008, cuando la crisis con el campo, Boudou se aguantó una corrida de 5.000 millones poniendo el lomo de las reservas y la economía se recuperó perfectamente. 
Pero ustedes no pudieron aguantar el ataque del 2011 porque el atraso cambiario era fenomenal y si insistían en que un dólar valía 4,10 (o 4,25 como decían en noviembre), o sea 1,02 en términos reales, se iban a pelar hasta el último dólar de las reservas, tal y como lo predice el paper de Krugman. De manual muchachos.

Por otro lado, si en noviembre del 2011 estaba bien que un dólar saliera 4,25 y ustedes sufrían una confabulación de los grupos económicos, alentados por los medios dominantes, por qué razón ahora, dos años después, te parece bien que un dólar salga 8 pesos. ¿Qué cambió en la economía para que el dólar tenga que salir prácticamente el doble que lo que salía hace dos años? ¿Por qué esto no pasó en ningún otro país latinoamericano, salvo Venezuela que acaba de desdoblar?

No será que ustedes se mandaron la macana de poner el cepo y ahora están arrepentidos. Capitanich dijo que la devaluación la había hecho el mercado; el libre juego de la oferta y la demanda y que les parecía bien un dólar a 8. La pregunta es; ¿Por qué no dejaron entonces que el mercado le pusiera el precio al dólar en noviembre del 2011? ¿Era necesario perder dos años, licuar 23.000 millones de reservas y rifar 24 puntos de capital político?

Por otro lado, dijiste en tu entrevista de Página que; “En 2011 existía un momento peculiar con mucha inestabilidad financiera y caída del comercio a nivel mundial que afectaba fuertemente la posibilidad de acceso a divisas comerciales de la Argentina”, pero las estadísticas comerciales oficiales te desmienten rotundamente; en 2011 las exportaciones crecieron 23,36%, marcando un record de crecimiento de los últimos 16 años. Nunca entraron tantos dólares comerciales en la historia de la economía Argentina como en 2011.

Decís luego que la brecha con el Blue, fue tomada por los medios para desestabilizar como sucedía en la época de De La Rua con el riesgo país. Y que buscan hacerle creer a la gente que el dólar está a 13 pesos. 

Mirá; el Gobierno de De La Rua cayó por que se juntaron la insostenibilidad de la convertibilidad con un poder político deteriorado. No le echemos la culpa a los medios que publicaban un dato de la realidad (el riesgo país) que retrataba perfectamente la impagabilidad de la deuda externa, sumada al agotamiento de la paridad del 1 a 1.
Y ustedes al vender un dólar de atesoramiento que en la realidad va a orillar los $10, están dándole la razón al Blue que cotizaba en diciembre en ese valor.

Por otro lado, nadie cree que en Argentina un dólar tienen que estar $13 pesos. Es de manual de introducción a la economía que si pones un precio máximo, el mercado negro siempre raciona con un precio que está incluso por arriba del de equilibrio sin intervención.
Además, decías que; “En la Argentina hay un problema cultural en relación con el dólar” y te comparas con “…países como Brasil, Chile y Uruguay, que devalúan fuerte, no tienen sus economías tan dolarizadas como la argentina”

El problema no es la tasa de devaluación, la razón por la que la gente se dolariza es la inflación, y perdóname pero cuando miras las tasas de inflación de los países latinoamericanos en los últimos 60 años Argentina siempre va a la cabeza, Chile no tiene un cuadro de alta inflación en 36 años, y Uruguay, si bien pasó del 100% en el 68, 73 y 90, no ha experimentado hiper inflaciones como las nuestras ni mucho menos.

Pensa en el tipo que vende un depto. de 3 ambientes para mudarse a otro barrio o poner unos mangos encima y comprar algo mejor. No sé cuántas operaciones inmobiliarias hiciste en tu vida, pero no es una cosa que se haga de la noche a la mañana. Pueden pasar 6 meses tranquilamente entre que vendiste y compraste. Si la tasa de interés no cubre la inflación (como pasa en Argentina), en esos 6 o 7 meses el tipo puede haber perdido el 10% de su capital…y en épocas de hiper muchísimo más (es un ambiente menos o un baño menos, por quedarse en pesos). 

En esos contextos dolarizar las operaciones resulta la única opción racional posible. No necesitas apelar a ningún factor idiosincrático o cultural.

Sumado a eso, si las subas fuertes del dólar coinciden con grandes crisis (como ha sido el caso de la Argentina históricamente), la gente comprará dólares como un seguro, porque les baja la incertidumbre y la ansiedad.

Cambiando de tema, sos Ministro de Economía, no podes decir cualquier cosa o tirar números disparatados que no se condicen con la realidad. Dijiste que “Al tomar decisiones, no se deben guiar por los profetas que llevaron al país al 25 por ciento de desempleo, caída del PBI y desindustrialización durante décadas” y en primer lugar jamás hubo 25% de desempleo. 

En lo peor de la crisis (mayo del 2002) la medición de la EPH arrojó 21,5%, que es un montón igual ojo, pero terminémosla con la sarasa del 25%. 

En segundo lugar, te recuerdo que el peso de la industria en el PBI, lo midas como lo midas, es hoy más bajo que el que había en 1998, pleno auge de la desindustrialización y que la Ministra de Industria de tu gobierno es la misma que la que tenía De La Rúa.

El gobierno de Nestor, y en mucha menos medida el de Cristina, han tenido grandes logros en materia de crecimiento económico, reducción de desempleo, mejora de la distribución del ingreso y caída de la pobreza, entre otros, pero el desarrollo económico es su gran deuda. No han transformado la matriz productiva ni producido un proceso de crecimiento del peso relativo de la industria. No tenés absolutamente ningún número para mantener ese argumento, y encima los procesos industriales que más han crecido se concentran en actividades de ensamblado con altísimos porcentajes de partes importadas, como el escandaloso agujero negro improductivo de tierra del fuego.

Para terminar con las referencias directas a tus entrevistas, dijiste que; “El panorama económico es muy tranquilo: comercio exterior superavitario, vencimientos de deuda razonables, un presupuesto que enero arrojará un equilibrio, una política monetaria predecible y un contexto internacional que mejora.”

Mirá, sabés mejor que nadie porque sos un tipo inteligente y bien formado, que en materia de sector externo es un error mirar solo el balance comercial y que cuando mirás la cuenta corriente del balance de pagos, en los 3 trimestres del último año para los que hay datos oficiales acumulas 2870 millones de déficit y que el cuarto trimestre es por lo general deficitario también, circunstancia que va a empeorar en 2014 por culpa del creciente déficit energético.

El presupuesto también sabes que no está equilibrado y ni hablar del dibujo caricaturezco que mandaron al congreso. 

Vos sabes muy bien que terminó 2013 con una emisión monetaria de 94.082 millones de pesos del BCRA para tapar el agujero fiscal y que la recaudación de impuestos terminó solo un 27,2% arriba respecto al año pasado, con una notable desaceleración en diciembre (creció solo 22,7%), en un contexto en que el gasto público se viene expandiendo al 33% y que no hay razones para suponer que van a poder enfriar el gasto, sobre todo si tenemos en cuenta que la Presidenta sigue anunciando programas sociales onerosos (PROGRESAR) y que las paritarias no vienen nada fáciles y no creo que ustedes quieran ajustar salarios reales, ¿o sí?.

Me gustaría recordarte acá que la sección III del capítulo 21 de la Teoría General, Keynes explica muy bien las consecuencias de la emisión monetaria en contextos de ocupación plena y nula preferencia por liquidez, aunque estoy seguro que lo sabes mejor que yo.

El contexto internacional tampoco mejora, en Brasil la inflación fue más alta que lo esperado (5,9) y es poco probable entonces que bajen las tasas. En china acaban de anunciar que en 2013 tuvo el crecimiento más bajo en 13 años y las proyecciones de la USDA en materia de cosecha de soja son al alza, de modo que es difícil que recibamos mejores precios que en 2013.

Y te faltó (seguramente por razones de espacio en la entrevista) referirte a la inflación, que es la clave (ahora que ya devaluaste un 25% en los últimos dos meses) de lo que va a pasar el resto del año.

Para las consultoras privadas (Congreso) la inflación de diciembre fue del 3,38% que anualizada te da 49%. Si no te gusta la del Congreso, podes usar la que confecciona la gente Elypsis, que releva 140.000 precios online y arrojó 3,4%, aunque siendo conservadores podemos quedarnos con la estimación de Graciela Bevacqua (sí, la que hacía ese trabajo en el INDEC antes de que ustedes la rajaran para dibujar vergonzosamente los datos), que arroja 2,9% (40,9% anualizada).

Para enero Bevacqua que es nuevamente la más moderada, estima un piso de 3,3% (47,6% anualizado), mientras que Ferreres calcula 4,8% (75% anualizada) y para Elypsis, en las últimas 4 semanas se viene acumulando un 5,5% (90 anualizada).

Calculo que por esa razón aceleraron la devaluación, porque se dieron cuenta que los productores, comerciantes y demás formadores de precios le habían tomado el tiempo a la estrategia gradualista de las micro devaluaciones.

Sería muy interesante, entonces saber qué plan tienen para frenar la velocidad a la que vienen lanzados los precios (las tasas anualizadas) porque la explosión de la inflación es una de las razones por las que la gente se vuelca masivamente al dólar.

Vos sabés muy bien que en el largo plazo hay una relación muy fuerte entre la inflación y el precio nominal del dólar y también sabés que si la tasa de interés es mucho más baja que la devaluación de la moneda, hay un riesgo muy grande de que la gente deshaga los plazos fijos y se vuelque masivamente al blue.

Por eso no es tan descabellado que el blue cotice a 13, porque esa es prácticamente la relación entre los pesos que tiene la economía y los dólares de las reservas, lo que indica que en última instancia la demanda de ese dólar paralelo es una apuesta contra la sostenibilidad de la política cambiaria del Gobierno que se acerca al valor del dólar de cobertura según una relación inversa con la confianza en la política económica.

Te recomiendo en ese sentido que mires lo que está pasando en Venezuela, donde el tipo de cambio oficial está a 6,30 (ahora desdoblado a 11,30 para turismo y financiero), mientras que el paralelo cotiza a 75 bolívares.

Para arriba, el dólar paralelo no tiene techo, porque al no estar intervenido el mercado es muy fácil que se forme una burbuja, donde la clave son las expectativas. Para cualquier persona es razonable comprar a 13, si cree que el aumento que experimentará el activo es mayor que la tasa de interés que tiene como alternativa, sin importar el valor técnico que tiene que tener el billete. Y lo mismo daría si la cotización llegara a 16 o 20.

Y es verdad que ese valor influye (no por culpa de los medios, no maten al mensajero) en la confianza que la gente tiene en la economía, porque en la memoria episódica de los argentinos está gravado a fuego que cada vez que se disparó el dólar vino una fuerte crisis económica, casi sin excepción, y porque la gente, carente de formación en economía, toma al precio del dólar como termómetro que le indica la sensación térmica de la economía.

Por eso mi humilde consejo es que no pierdan tiempo contando historias de villanos (que seguramente los hay), cuando no las pueden sostener empíricamente y existen teorías mucho más razonables y plausibles para las cuales además hay pila de literatura científica atrás (en su mayoría escrita por neo keynesianos como Krugman).

No podes decir, como sostuviste con Victor Hugo, que un tipo te fijó un precio comprando 3,5 millones, cuando vos le sacudiste con una intervención de 220 palos.

Ponele que viene Aranguren y paga 8,50 o 9,00. ¿Qué problema hay?, Venís vos con 220 millones atrás y lo volves a poner a 7,20 que era donde supuestamente estaba, sin transpirar. 

Salvo, claro está, que no estuviera a 7,20 el mercado, lo cual parece lógico, porque ustedes cambiaron la estrategia el miércoles y subió 25 centavos a 7,14 cuando dijeron que no se metían más. Entonces era muy razonable que como habían tomado al mercado completamente por sorpresa, al otro día la suba iba a ser mucho mayor. Se hacen las víctimas de lo que ustedes provocaron, y tras cartón después dicen que $8,00 les parece bien, entonces no se entiende porque te sorprendes de que se transara muy por arriba de 7,20.

Pero permitime terminar con algo que tiene que ver con mi área de especialidad; el comportamiento. Para estabilizar la economía necesitan dominar las expectativas de los agentes; necesitan estacionar el tipo de cambio oficial en un valor tal que la tasa de aumento natural del dólar (sin intervención del BCRA) vaya por debajo de las tasa de interés.

Los exportadores no quieren que el Gobierno colapse, pero no van a liquidar una sola tonelada de granos hasta que no perciban que el dólar llegó a ese valor de equilibrio, que evidentemente no es de $8 en tanto y en cuanto el BCRA tenga que quemar 140 millones para sostener ese valor. No se necesita ser economista para darse cuenta que ese no es un precio sostenible. Tampoco los importadores van a dejar de stockearse masivamente atacando las reservas, mientras perciban que la paridad no es estable, en el sentido de que pueda mantenerse sin intervención.

Está bien que gasten un poco de reservas para evitar el overshooting y estacionar armoniosamente el tipo de cambio en su valor de equilibrio (el que fije la oferta y la demanda en condiciones normales de negocios), pero no se casen en valores artificiales, porque quedarse corto con una devaluación, a los efectos de las expectativas de los agentes, es peor que no devaluar en absoluto.

Y pónganse a trabajar en el problema de fondo de la inflación. Armen un plan; anúncienlo y quiebren las expectativas (que hoy según Di Tella están en el 37,6%), que la verdadera batalla no está en las góndolas, sino en la mente de los agentes económicos.

(*) Martín Tetaz. Economista especializado en Economía del Comportamiento, Profesor de la UNLP y la UNNoBA, investigador del IIL. Artículo publicado en "El punto de equilibrio" el 28 de Enero de 2014.

Es la inflación, estúpido

Por Tomás Bulat (*)
Ahora que ya quedaron en claro las nuevas medidas, pasibles de ser definidas como mucho ruido y pocas nueces, nos encontramos con que algunos argentinos (los más ricos) van a poder comprar hasta 24.000 dólares por año para atesorar, en tanto los de menores ingresos podrán adquirir hasta 2.160 dólares por año.

Es decir, señores, tal como se puede observar, una revolución macroeconómica para un país cuyo PBI es de 400.000 millones de dólares. Seamos sinceros, si se puede o no comprar dólares tiene que ver la idea de descomprimir al mercado del dólar blue. Pero lo cierto es que esta posibilidad tiene, por los montos vigentes, un impacto marginal.

Es bueno que muchos argentinos que laburan legítimamente puedan ahorrar en dólares legítimamente. Es su derecho, así que en ese sentido, aunque limitada, bienvenida sea la medida.

Liquidar o no liquidar divisas, esa es la cuestión
El supuesto éxito de este mini plan financiero es que trata de que a 8 pesos mucha gente autorizada no compre dólares, pero sí que el exportador que tiene mercadería retenida comience a venderla. Para que esto suceda, entonces, la percepción de los compradores es que el dólar a ocho debería estar caro y no comprar, mientras que para los exportadores debería estar alto y vender. Lo cierto es que pareciera que para una parte de la población que busca atesorar, el dólar a ocho pesos está barato, por lo que saldrán a comprarlo, y para los exportadores también está barato, por lo que van a  esperar que valga más para vender.

Es decir el valor de ocho solo sale de la cabeza del Ministerio de Economía, pero no de la sociedad, que ya tiene en su propia cabeza un dólar, como mínimo, de 10 pesos. (Muy lejos de los 13 de los desestabilizadores de los que habla el Gobierno).

Por lo tanto, a 8 pesos, estos días solo le queda al BCRA vender reservas hasta que convenza a la gente de que el dólar es este y está bien que así lo sea. Pero cuidado porque si el verdadero problema de Argentina -que es la inflación- sigue creciendo, quedará barato cada vez más rápido.

La inflación después de la devaluación
Ahora vamos a lo importante. El dato más significativo de la macroeconomía es que el dólar oficial se devaluó un 23% en menos de un mes. Por lo tanto, todos los que importaban y los que exportaban a un dólar de 6,50 a principio de año ahora lo hacen a 8.

Esta abrupta suba del dólar oficial le metió más presión a los precios de la economía, que ya venía acelerándose. A algunos precios los impacta más directamente, tales como los bienes que tienen muchos componentes importados como ser televisores, celulares, motocicletas o autos cuya transferencia a precio será casi lineal. En estos días ya veremos oficialmente las subas. 

Pero no van a ser los únicos. Pensemos que la Argentina importa y exporta  por un valor de 150.000 millones de dólares, es decir que casi el 35% del PBI. No es poco lo que sube de precio, entre otras cosas, porque importamos 12.000 millones de dólares en energía. Esto obligará a que suban en el surtidor la nafta y el gas oil, y de ahí a todo lo que tenga que transportarse. 

Es cierto que el peluquero no tiene por qué subir mucho su precio, pero lo subirá en menor proporción para cubrir su nuevo costo de traslado a la peluquería. 

Por lo tanto, el problema que ahora se debe enfrentar es la inflación, madre de todos nuestros males, y que con las actuales medidas se acaba de incrementar. 

Si la inflación se acelera, entonces el supuesto precio de equilibrio de 8 solo duraría un par de meses. Porque efectivamente el 8 de hoy con una inflación de 4 mensual, en dos meses ya es 8,60. 

Es decir, la convergencia a ocho pesos de Capitanich tiene poca vida sin un plan antiinflacionario. 

Hay que entender que si se busca que una devaluación sea competitiva, tiene que hacerse dentro del marco de un plan antiinflacionario. De lo contrario, una devaluación trae más inflación. 

Una política de shock, para que tenga efecto, debe ser sorpresiva y completa. No tibia y con parches. 

Tengamos algo en claro, lo que trae incertidumbre no es qué valor va a tener el dólar en el futuro, sino qué valor va a tener la nafta, la harina, los salarios y los impuestos. Si otra vez se cree que clavando el dólar a ocho la economía se ordena, es que no entendimos que el dólar es el síntoma y no la enfermedad.

(*) Tomás Bulat. Economista, periodista y docente universitario. Director de "El punto de equilibrio". Artículo publicado el 28 de Enero de 2014.

El "neoliberalismo", el enemigo

Por Roberto cachanosky (*)
En una de sus recientes matinales conferencias de prensa, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, afirmó que "desde el neoliberalismo se pretende ajustar el salario de los trabajadores". Vaya uno a saber qué significa neoliberalismo, lo que siempre estudié es la corriente liberal que, por cierto, no se concentra en la economía sino en una serie de principios en el que el monopolio de la fuerza que se le delega al Estado es para defender el derecho a la vida, la propiedad y la libertad de las personas. 

El liberalismo se opone, justamente, a que los gobiernos utilicen ese monopolio de la fuerza contra los habitantes del país. En todo caso, Capitanich, que pasó por la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (Eseade), debería saber que el primer libro de Adam Smith se titula Teoría de los Sentimientos Morales, que el tratado de economía de Ludwig von Mises tiene como título La Acción Humana porque la economía es la ciencia de la acción humana o que una monumental obra de Friedrich Hayek se titula Derecho, Legislación y Libertad y otra anterior Constitution of Liberty, por no citar el famoso Camino de Servidumbre. Cito estos tres autores porque todo parece indicar que Capitanich se limita a identificar el liberalismo con la curva de oferta y demanda, cuando, justamente, los autores liberales concentraron su análisis en el marco institucional que debe imperar para que la economía pueda crecer y mejorar la calidad de vida de los habitantes en forma sustentable.

El Gobierno actuó al revés de lo que indica una sana política económica, olvidando la ley de Say, que dice que la oferta crea su propia demanda.

Formulada la aclaración sobre el fantasma del liberalismo que parece ver el Gobierno, según las palabras de Capitanich, la realidad es que es el propio Gobierno el que quiere limitar los aumentos salariales marcando máximos de un 18 o 20 por ciento anual.


Pero el problema es que durante todos estos años, el Gobierno actuó al revés de lo que indica una sana política económica, olvidando la ley de Say, que dice que la oferta crea su propia demanda. ¿Qué quiso decir Jean Baptiste Say en su famoso Tratado de economía política? Simplemente que "los productos, en última instancia se intercambian por otros productos" o, puesto de otra manera, antes de poder demandar bienes hay que haber producido otros bienes para intercambiarlos por los bienes deseados. Ejemplo, el panadero le compra al zapatero los zapatos gracias a que primero generó ingresos produciendo pan que le vendió al pintor, que a su vez ganó dinero pintando casas y con eso le compró pan al panadero. Y el dueño de la casa le pagó al pintor con los ingresos que generó fabricando trajes, que se los vendió al abogado que le compró el traje gracias a los ingresos que generó vendiendo sus servicios de abogado. Lo que nos dice Say, es que para poder demandar, primero hay que producir.

Es más, cuanto mayor stock de capital tenga la economía, mayor será la productividad y más bienes y servicios estarán a disposición de la gente, lo que implica que a mayor inversión, más oferta de bienes, precios más reducidos y salarios reales que crecen gracias al aumento de la productividad. Es en este punto en que se relacionan calidad institucional con inversiones y mejora en la calidad de vida de la gente.

Forzó un consumo artificialmente alto que nada tenía que ver con la productividad de la economía.

Pero el kirchnerismo tomó otro camino. Forzó un consumo artificialmente alto que nada tenía que ver con la productividad de la economía (el stock de capital existente). Más bien se limitó a consumir el stock de capital que había para financiar un nivel de consumo artificialmente alto.


Como ya no queda gran stock de capital que el Estado pueda confiscar para financiar el consumo artificialmente alto que impulsó en todos estos años, además la tasa de inflación es asfixiante y genera malestar en la población, la presión impositiva es insoportable y el acceso al crédito está cerrado, Capitanich no tiene mejor idea que inventar un nuevo enemigo: el neoliberalismo, que en palabras del jefe de Gabinete, quiere ajustar los salarios, cuando en rigor, es el Gobierno el que está ajustando los salarios reales licuándolos con el impuesto inflacionario y no encuentra más stocks de capital y flujos de ingresos para confiscar y repartirlos para que la gente sostenga un nivel de consumo artificialmente alto.

Puesto en términos más sencillos, las palabras del jefe de Gabinete parecen confirmar que el Gobierno tiene miedo a decirle la verdad a la gente, esto es, que durante la famosa década ganada lo que se hizo fue forzar el consumo por encima de los bienes y servicios que realmente podía generar la economía, y ahora, como no puede decir que estuvo engañando a la población, inventa un enemigo fantasma: el temido neoliberalismo que nadie conoce, pero por lo que cuentan las voces oficialistas, parece ser un monstruo muy malo cuyo mayor placer es que la gente se muera de hambre por la calle.

Nunca les avisó que a cambio del televisor, del celular o del electrodoméstico iba a tener cortes de luz por crisis energética, trenes que generan tragedias y rutas que están destrozadas.

Recordará el lector cuando la Presidenta decía que era bueno que las tarifas de los servicios públicos fueran baratas porque de esa forma la gente disponía de más dinero para consumir. Claro que nunca les avisó que a cambio del televisor, del celular o del electrodoméstico iba a tener cortes de luz por crisis energética, trenes que generan tragedias y rutas que están destrozadas. Y, encima, no hay plata para financiar el arreglo de toda esa destrucción de stock de capital. Ahora no hay ni más electrodomésticos ni luz.


Mi impresión es que esa desafortunada frase de Capintanich, "desde el neoliberalismo se pretende ajustar el salario de los trabajadores", esconde un problema mucho más profundo, que es que tienen miedo de decirle la verdad a la gente. ¿Cuál esa verdad que tiene miedo de decir? Que ya no hay más recursos para sostener la fiesta de consumo artificial. Tienen miedo de decirle a la gente que la engañaron durante un tiempo, pero ya no pueden engañar a todos todo el tiempo. No hay más plata para seguir con la borrachera de consumo que ellos mismos crearon.

Podrán inventar el enemigo del neoliberalismo, pero la realidad es que están por pagar el costo de haberse lanzado a un populismo desenfrenado. Simplemente llegó la hora de la verdad.

(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980), asesor económico. Director de "Economía para todos". Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre. Artículo publicado por la Fundación Atlas el 27 de Enero de 2014

Fuente: http://www.atlas1853.org.ar/index.php?m=art&s=544 en Fundación Atlas 1853 <atlas@atlas.org.ar>