lunes, 27 de enero de 2014

El inevitable final de los populismos

Por Eduardo Filgueira Lima (*)
Hemos comenzado un nuevo año con primer mes en el que nuestro país ha sido sacudido por una serie de acontecimientos políticos y económicos que eran predecibles desde fines del 2013.

Nuestros colaboradores y otros artículos incluidos en nuestras páginas – así como diversos medios del país y el exterior – nos advertían de las difíciles circunstancias a las que nos acercábamos y que en este Enero se han plasmado en hechos que obligaron al gobierno a tomar medidas desesperadas para evitar caer en una crisis que parece ya inevitable.

Por un lado – y seguramente solo una estrategia – la Sra. Presidente se mantuvo 40 días “ausente” de toda exposición pública, (desde el último 10 de Diciembre de 2013), aún a sabiendas de la difícil pendiente por la que las políticas populistas “K” nos han conducido. Solo pretendió el pasado 22 de Enero recuperar algo de su liderazgo desdibujado, en una exposición de 40 minutos, anunciando un plan de “subsidios para que los jóvenes de entre 18 y 24 años – los conocidos “ni-ni” – puedan estudiar.

El Plan PROGRESAR desnuda el estrepitoso fracaso de las políticas “inclusivas” – de educación y laborales – que han llevado adelante los 10 años de gobiernos “K” y repite viejas recetas y vicios de la política (la crisis educativa argentina requiere soluciones más comprometidas y de fondo en las políticas públicas que un simple subsidio), por otra parte insuficiente, por lo que debe suponerse solo discursivo.

Pero en su discurso eludió todos los demás problemas que nos aquejan como si no fueran de su responsabilidad,.. ni de su conocimiento. Solo el Jefe de Gabinete y/o el Ministro de Economía, que han dado sobradas muestras de su ineptitud intentan anunciar medidas de coyuntura.

Que la Sra. Presidente desconoce los temas económicos no debe quedarnos ninguna duda,.. pero un presidente no tiene porqué saberlo todo. De hecho solo se deben reconocer las propias limitaciones y saber rodearse de un equipo idóneo que pueda acercarle las soluciones más adecuadas. De otra forma con  cada medida que se toma, cada vez nos acercamos más al precipicio.

Y lo anterior no tiene la intención de desestabilizar, recrear el pánico o tener alguna idea conspirativa. Ya el común de la gente sufre en carne propia y día a día las consecuencias en su bolsillo, de lo que las políticas económicas populistas producen.

Porque este gobierno a la par de cercenar las libertades, cada vez que las cosas no le salen como espera, inventa enemigos de la justa causa que se supone defiende, como una gesta revolucionaria y son esos supuestos enemigos los gestores de su fracaso.

Por eso se debe luchar contra ellos, se los debe denostar, agredir, coaccionar,.. etc. y esto hizo la Sra. Presidente en su último discurso, lo que es a su vez una muestra más y el reconocimiento implícito del fracaso, la imposibilidad de cambiar aunque sea los modos y la declinación inevitable del mentado “modelo”.

Los problemas no son nuevos. Los argentinos sabemos ya de reiterados fracasos de las políticas de este tipo,.. porque de una u otra manera el procedimiento es siempre el mismo:

     Ø  Los políticos para acceder al poder necesitan votos y para ello deben prometer y convencer o efectuar alianzas – como la “transversalidad” – que les permitan llegar.

     Ø  Luego en el gobierno se encuentran ante dos disyuntivas: o generan políticas de crecimiento y desarrollo a “largo plazo” (lo que requiere enormes esfuerzos de capitalización) cuyos resultados tal vez no vean y sean tardíos a sus fines personales, o se preocupan más por el “corto plazo” intentando tapar con parches circunstanciales, las perspectivas de desarrollo mediante subsidios a sus socios y a los más postergados.

     Ø  Finalmente siempre optan por esta última opción que es la que más rédito les genera, aunque signifique un impedimento al desarrollo: una merma en la producción (es decir: que no se produce tanto como potencialmente se podría) y un incremento progresivo del gasto público.

     Ø  El estado – colonizado progresivamente por los gobernantes y sus adláteres – crece de manera gigantesca y para alimentarse recurre a las variadas fuentes de recursos de los que dispone: los impuestos (hasta que ahogan a la actividad productiva) – nuestro país es uno de los que hoy tiene mayor carga impositiva – o las expropiaciones y confiscaciones de empresas (AFJP, AA, YPF, etc.), venta de servicios, y finalmente la grotesca emisión monetaria que erosiona el valor de la moneda.

     Ø  Pero por otra parte necesita mantener el equilibrio fiscal que obviamente se sustenta en gastar lo justo y recaudar lo necesario,.. a la larga los gobiernos populistas terminan en invertir la ecuación y gastan más de lo que deben: la cuestión es generar una falsa sensación de bienestar,.. beneficia bien a los socios, mal a la gran  mayoría,.. y el déficit generado lo pagamos todos.

      Ø  El pensamiento “mercantilista” (de los Siglos XVI, XVII y XVIII), tiene gran predicamento entre los políticos y la población en general. Tanto como las teorías de Singer-Prebich  y el consabido “vivir con lo nuestro” y sustituir importaciones. Es más fácil pensar lo que esas teorías suponen, que comprender que hoy no es posible generar riqueza y producir sin importar. Esto es decir que: para exportar más necesitamos importar más. El cepo a las importaciones impone restricciones severas a la generación de bienes por nuestra parte.

     Ø  Finalmente la política monetaria: el BC se convierte en un financiador imprescindible de un estado elefantiásico e ineficiente mediante la emisión monetaria. Sin excluir las “otras cajas” a las que el gobierno echará mano sin miramientos hasta agotarlas. Este mecanismo de exceso en la emisión monetaria (más allá de la demanda de dinero), así como el mal manejo del crédito (que induce de manera implícita un incremento de la masa monetaria), son los factores que generan una inflación incremental.

      Ø  Todos percibimos la pérdida de nuestro poder adquisitivo y tratamos de refugiar nuestros activos en una moneda “dura”. Los argentinos ya conocemos el “camino del dólar”.

La inflación no es el aumento indiscriminado de precios como le gente la define en general. La inflación es la pérdida del valor de la moneda, que se traduce en que para conseguir la misma cantidad de bienes cada vez es necesaria mayor cantidad de dinero. La inflación es el impuesto más perverso pues deteriora los salarios, genera desconfianza e incertidumbre y sus efectos – si bien los pagamos todos – los pagan en mayor medida quienes se encuentran en peores condiciones.

La paradoja es que lo anterior quiere decir que: las políticas que instaura el gobierno terminan por perjudicar más a quienes dice querer “incluir”.

Y este ciclo de una u otra forma es generado por las políticas de gobierno que – por intervencionistas – desnaturalizan las reglas del mercado el que termina por imponerle “sus” límites a la política, de una manera dolorosa para quienes inadvertidos han depositado siempre renovadas esperanzas en el gobierno de turno.

Se trata de gobiernos que se aferran a una visión anacrónica y limitada de la política. Que ideológicamente siguen atados a falsos nacionalismos colectivistas, a pensar de manera simplista las variables económicas, a identificar enemigos internos y externos cuando las posiciones son distintas, a creer que el trasfondo de nuestros males está en el mercado y en el aprovechamiento de sus beneficios por parte de (lo que llaman) la oligarquía y los imperialismos. 

Así como sus métodos nos conducen a aislarnos cada vez más del mundo, con sus graves consecuencias, intervenir cada vez más en la economía y en la vida política: silenciando voces críticas,.. promoviendo una justicia adicta, (aunque sea alquilada), sin  mencionar la corrupción que tiñe todos los actos y se convierte en una constante.

Todo lo anterior desmerece a la política y deja a los ciudadanos a merced de caprichosas decisiones, sumiéndolos en la desconfianza y la desesperanza.

Los problemas que heredamos son demasiados y no finalizan hoy, ni en el escueto listado que he hecho. Todavía faltan por encarar muchos problemas para los que el gobierno parece tener “recetas hechas”, aunque el rumbo errático parece demostrar lo contrario:
Ø  El control de la inflación que se estima mayor al 30%

Ø  Las deudas de las provincias en un contexto de Nación federal con un medio centralizado de manejo de los recursos (el 75% queda en el gobierno central), lo que le permite someter y disciplinar gobernadores, que ya sienten el peso de su gasto (y deudas que alcanzan los u$s 1.720 millones)

Ø  Un acuerdo de precios que será insostenible (los argentinos tenemos suficiente experiencia de los fracasos a los que estas medidas conducen), sino se logra estabilizar el precio del dólar, cuya inevitable consecuencia es el desabastecimiento.

Ø  El precio del dólar del que no se conoce su próxima evolución, las especulaciones son muchas y que lo anunciado – una limitación del cepo a la compra como reserva de valor – pienso que tendrá poco efecto sobre su demanda, en particular por las limitaciones que impondrá la AFIP.

Ø  Las reservas del BCRA, que en picada se han desplomado hasta perforar la barrera de los u$s 30.000 millones, con lo que se supone una marcada disminución en su potencialidad para influir en el mercado del dólar, así como para pagar con reservas las deudas pendientes.

Ø  Las dificultades que – dados nuestros antecedentes y la desconfianza que hemos generado – tendremos para acceder al mercado internacional de capitales, necesarios para lograr inversiones productivas en el país.

Ø  La inevitable puja salarial que se avecina: ¿podrán convencer a los asalariados que deben moderar sus reclamos y absorber mayor parte aún del deterioro que la inflación produjo en sus salarios?,.. ¿Se desconoce acaso que el 30% de la población vive en condiciones de pobreza y que el salario para sostener una canasta básica supera hoy los $ 6.000 por mes?

Ø  La crisis energética que nos insume importaciones por valor de u$s 14.000 millones para este año, si se quiere mantener la actividad industrial y la provisión regular de servicios. 

Se trata de solo unos pocos de los problemas que debemos enfrentar y todo ello sin ingresar en las consecuencias sociales como el deterioro de la calidad educativa, de la salud y de muchas otras políticas públicas.

Probablemente el deterioro social e institucional sea el problema más grave y que nos llevará muchos años reconstruir.

En el año 2010 la Sra. Presidente dijo: ”…quienes quieran especular con otra devaluación y hacer extraordinarias ganancias con ello, deberán esperar otro gobierno,..” Y también agregó ya en 2011: “… nuestro gobierno jamás recurrirá a un ajuste para equilibrar,…”

En realidad la Sra. Presidente se anticipaba a lo que hoy estamos viviendo: la hora del ajuste.

Tal vez intuía el derrotero inevitable de sus políticas y de la impericia de sus funcionarios. Tal vez, como la mayoría de las veces – y como casi todos nuestros gobernantes – prefirió inclinarse por políticas cortoplacistas que hacen más a sus intereses políticos personales que a la promoción de un país desarrollado.

De cualquier manera que sea, hoy deben contenerse las variables que nos conducen al descalabro y en particular el gasto público, pero en cualquier caso no se tratará de “sintonía fina”,.. sino lisa y llanamente de un ajuste que unos pagarán más que otros, pero que nos afectará a todos.

El problema radica en analizar “cuáles son las variables que el gobierno prefiere” ajustar y cuales menos: ¿serán los salarios,.. o los subsidios a las empresas,.. o emitirá más aún,…o….?
Sin dudas estamos atados a sus “preferencias”, que se declaman progresistas pero si se mantienen en el mismo derrotero seguramente nos sumirán cada vez más en el estancamiento y el deterioro de nuestra sociedad.

La década “K” ha generado incertidumbre, impuesto un promocionado “modelo”, perseguido a sus detractores y críticos, colonizado el estado como botín de guerra y emitido dinero sin respaldo para financiarse.

Además aunque los funcionarios leen la situación – y la sociedad se los ha dicho en las últimas elecciones – se enredan en un diagnóstico errado: ¿Por qué habríamos de pensar que “sus preferencias” serán las acertadas para generar un país mejor?

Nosotros debemos hacerlo según nuestras propias convicciones y sabemos que del intercambio surgirán nuevas propuestas y oportunidades, por ello los invito a continuar el trabajo pendiente en este nuevo año 2014.

(*) Dr. Eduardo Filgueira Lima 
Director del CEPyS
Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social (ISALUD)
Magister en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE)