jueves, 27 de febrero de 2014

América Latina, el gran ausente del G20 en Australia

Por Tomás Bulat (*)
Es mi primera experiencia en una reunión del G20 y como economista ha sido realmente muy enriquecedora. Estar en espacios de conversación y verlos personalmente a Janet Yellen o Mario Draghi, la presidente de la FED y del BCE respectivamente, o escuchar al parco Jack Lew o al impactante Wolfgang Schauble en su silla de ruedas, ministros de finanzas de EEUU y Alemania.

También la fuerte presencia de los países asiáticos, con mucha menos exposición. Pero ahí escuchamos al CEO del Banco de China que tiene una cartera de créditos de 2 trillones de dólares y casi 300.000 empleados. O la sonora presencia rusa en los pasillos pero alejada de la prensa por los eventos en Ucrania.

Una de las entrevistas más esperadas fue la de Christine Lagarde, directora del FMI, dado que la reforma del FMI fue uno de los temas tratados en la reunión. Darle más poder a los países emergentes en el FMI.

Es decir, los que hacen la política monetaria y fiscal del mundo todos reunidos. Es, como experiencia profesional, muy interesante. Porque uno puede ver de primera mano las preocupaciones que tienen, dentro de sus economías y del mundo.  Lo más importante, el tiempo que dedicaron para venir a Australia y reunirse para compartir un espacio donde coordinar las políticas globales.

La agenda del G20
El país que ejerce la presidencia es el que define la agenda. Y en ese sentido Australia fue muy activa. El responsable de la reunión fue el secretario del Tesoro Joe Hockey, que estuvo todos los días previos y posteriores marcando la agenda en los medios.

En esta reunión había cuatro grandes temas.
-Crecimiento económico: Si bien el G20 tuvo su fortalecimiento por la crisis internacional, ahora se cambia la agenda hacia el crecimiento. Ya no es cómo contener la crisis, es cooperar para el crecimiento.
-Reforma del FMI: Se insiste con la reforma para que se capitalice más y que los países emergentes tengan más injerencia en el organismo
-Regulación financiera: Acá se hizo especial énfasis en no poner más regulaciones a los bancos, sino esperar cómo funcionan las reformas ya implementadas, pero sí regular y homogeneizar criterios para los denominados Shadow Banking, es decir, fondos de inversión que prestan dinero y no están alcanzados por la regulación de los banco centrales.
-Reforma impositiva: Para que las empresas globales no usen ventajas fiscales y de esta manera ganen competitividad pagando menos impuestos que empresas más chicas que no pueden usar esa ventaja: la idea es que se paguen impuestos donde se genera la actividad.

Dentro de crecimiento económico, el Treasurer y anfitrión de la reunión buscaba dos cosas. La primera, que haya un compromiso a poner una meta cuantitativa al crecimiento del mundo. Se propuso tener como meta un crecimiento 2% superior a la tendencia en los próximos cinco años y que se coordinen políticas entre los países para alcanzarla. Esto en el marco de Australia de que no haya solo diagnósticos, sino algunas acciones concretas.
En Australia diría que oficialmente se dio por terminada la crisis financiera del 2008.
Lo más importante es todo un compromiso con la inversión en infraestructura. Según un informe de la OCDE, se necesita de aquí al 2030 unos 57 trillones de dólares en inversiones en infraestructura, esto es desde puentes, puertos, hasta escuelas u hospitales, en los países del G20.
Toda esta inversión recae en gran medida en los Estados, pero sólo serían capaces financiar unos 30 trillones. Esto debido a que muchos cuentan con importantes déficits fiscales y niveles de endeudamiento que les dificulta conseguir financiamiento.
La propuesta es entonces cómo volcar fondos privados a invertir en infraestructura. De aquí se están conversando diferentes reformas (legales y financieras) para fomentar la inversión privada en estos sectores para que se desarrollen.

Capítulo aparte: América Latina
Así como les conté que para mí como economista era muy interesante tener en persona a estos líderes, no pude ver a ninguno de América Latina, que fue la gran ausente de la reunión. No vinieron ninguno de los tres ministros de economía de los países representados (México, Brasil o Argentina). Los presidentes de los Bancos Centrales sí estuvieron presentes, excepto el de Argentina que fue reemplazado por el vicepresidente.
No hubo conferencia de prensa del representante mexicano y el presidente del Banco Central de Brasil fue solo para periodistas de medios de Brasil y para hablar del G20.
Está bien que era una reunión que tenía por eje principalmente Asia. La presencia de China, Indonesia, Corea y Japón marcaron el ritmo, y en menor medida la India.
Es decir, era una reunión en la cual el rol de América Latina no era importante y se retroalimentaron. Ninguna presencia muy fuerte y ningún tema para debatir que los incluya especialmente.

Más allá de eso, en las varias reuniones que pudimos participar en general las perspectivas son de una gran expectativa por México y una gran preocupación por Brasil.
Las reformas de Enrique Peña Nieto junto con la recuperación de la economía norteamericana y la suba de costos de China apuntan a un México que presenta muchas oportunidades en los próximos años. Su macroeconomía estable y su buen ranking crediticio lo ponen en una buena perspectiva para crecer.

Por otro lado hay una decepción por las bajas tasas de crecimiento de Brasil y esperan las elecciones de octubre para ver si hay alguna reforma que vuelva a poner a la economía brasileña en tasas de crecimiento más fuertes. Entre el mundial de fútbol y las elecciones, no se esperan novedades en el gigante americano durante el 2014.

Sobre Argentina hay algo en común: ningún comentario en general, ni bueno ni malo. En todas las conferencias que pude participar nunca se la nombró. Cuando pregunté a un par de empresarios por Argentina la respuesta fue políticamente correcta. Tenemos otras prioridades por ahora.

El futuro del G20
Lo definió muy bien el ministro turco (que asumirá la presidencia del G20 el próximo año): es un espacio de coordinación con las limitaciones que eso tiene. No hay que esperar grandes modificaciones mundiales. Pero si no existiera algo como el G20 donde nos sentamos a debatir el mundo y coordinar acciones juntos, deberíamos inventar algo como el G20.
Así que nada de lo que paso acá nos cambia la vida en el corto plazo en la Argentina, pero sí nos va a influenciar en el mediano y largo plazo porque son las nuevas reglas internacionales que lentamente van definiendo el mundo económico que viene.

Y si Argentina en algún momento decide que quiere estar allí, va a tener que reconocer y en algún momento, comenzar a implementar.

(*) Tomás Bulat. Economista, periodista y docente universitario. Artículo publicado en "El punto de equilibrio" el 25 de Febrero de 2014