lunes, 3 de febrero de 2014

El artificial dólar riverito

Por Tomás Bulat (*)
A esta altura de los acontecimientos económicos y viendo cómo la situación se va lentamente escapando de las manos de las autoridades, sería momento de archivar el papel de víctima de una conspiración local e internacional y plantear un plan antiinflacionario con las tres C de Blejer: Completo, Coherente y Creíble.

La principal causa hoy de la inflación ya no es sólo el déficit fiscal financiado con emisión, sino que todos los actores económicos (trabajadores, empresarios, comerciantes) están viendo que la inflación se dispara y, por lo tanto, se suben precios, se piden incrementos salariales para cubrirse y no perder capacidad de compra con el futuro incremento de precios. Seguro que existen sobre-reacciones –de hecho, es una de las características de la incertidumbre- pero lo fundamental es que hay un gobierno que no hace nada para tranquilizar a nadie, ni a propios ni a ajenos.
Jugale al ooocho
Lo cierto es que el gobierno no explica nada de lo que hará con sus políticas monetarias, cambiarias y fiscales. Todos tenemos que ir adivinando cuál será el próximo paso. Que el valor del dólar a 8 pesos es un nuevo equilibrio que el gobierno está dispuesto a defender a capa y espada es algo que suponemos. Pero no estamos seguros. Sabemos que no lo quiere a 13, pero ¿lo quiere a 8 por mucho tiempo? ¿Por ahora? ¿Hasta cuándo? Pero más importante aún, ¿de dónde salió el 8? ¿Cómo llega a ese número? ¿Acaso tenemos nueva convertibilidad y nadie nos dijo?
Hasta Florencia Peña está desorientada y para hacer las cosas más sencillas dijo tengamos convertibilidad 10 a 1. No es que Flor Peña sepa de economía, pero sí refleja algo interesante: que el valor de 10 pesos sale seguramente de la charla con  sus amigos como algo “razonable”. Porque existe la convicción de que el dólar a 8 es barato, y ya sabemos que cuando hay algo barato, queremos comprarlo. Así que muchos argentinos que pueden salen a comprar dólares. Porque tampoco estamos seguros que el gobierno no vaya a seguir devaluando.
Y seamos sinceros: hasta ahora el que apostó que el gobierno iba a devaluar, ganó. Hoy –pese a que se niega en el discurso- no se ven medidas claras en sentido contrario.
El gobierno ya perdió la virginidad devaluatoria. Y siempre la primera vez es la más difícil.
Las tasas de interés
Las tasas de interés subieron en términos nominales, pero no lo hicieron en términos reales. Esto es así porque la inflación se aceleró. Entonces la suba de las tasas de interés de 6% anual quedó con sabor a muy poco para la incertidumbre existente.
Si se desea poner un plazo fijo hoy a 30 días, al ver que las tasas subieron pero no lo suficiente, se podría pensar en esperar un nuevo incremento. Porque también acá el que apostó a que subían las tasas de interés ganó su apuesta. Por lo tanto, por qué no podría seguir creyendo que el gobierno volverá a subir las tasas, y esperar a que ocurra.
Hasta ahora el impacto en la economía real del aumento de tasa no es significativo, pero lo será lentamente bajando el consumo. No obstante, si no sube la tasa el problema financiero será cada vez peor.
El déficit fiscal
Acá las medidas están más claras. Un poco más de impuesto y un poco más de gasto. Es decir más déficit. En esto hay más certidumbre.
El ajuste sin convicción y sin futuro
Y ahí está el problema, el gobierno devaluó (pero no lo suficiente), subió las tasas (pero no lo suficiente). Ambas medidas las tomaron sin convicción y con culpa, por lo tanto las tratan de disfrazar y nos terminan confundiendo aún más.
La macroeconomía argentina está complicada, hay una fuerte restricción externa y no entran dólares. Por otro lado, el déficit fiscal solo se puede financiar con emisión. Por lo tanto, es el momento del nunca querido y siempre eludido ajuste.
Y lo peor de un ajuste es que se haga sin saber para qué me sacrifico hoy. Si es para ordenar la economía, para volver a empujar la inversión y las exportaciones, los ajustes son más cortos y menos traumáticos. Pero ajuste sin horizonte de futuro es el ajuste por el ajuste mismo.
Lo lamento, le tocó a Kicillof estar en el lugar que siempre soñó en el momento equivocado. Pero es donde quería estar. Así que ahora deberá hacer urgente un plan antiinflacionario con las 3 C.
Si así no lo hiciere, el oooocho durará muy poco tiempo y luego pasaremos al dólar de Florencia y luego al de la hinchada de boca, y así sucesivamente.
El problema es que la inflación con recesión y mayor desempleo será el escenario que deberemos enfrentar. No el ministro de Economía, sino nosotros, los argentinos.
(*) Tomás Bulat. Economista, periodista y docente universitario. Director del "El punto de equilibrio". Artículo publicado en INFOBAE el 3 de Febrero de 2014