domingo, 2 de febrero de 2014

Entre el insomnio y el ataque de nervios

Por Jorge Raventos (*)
A medida que fracasan los palos de ciego con que el gobierno intenta refrenar el incremento de los precios y la caída de las reservas, tanto el oficialismo como la sociedad transmiten crecientes síntomas de desasosiego.

Síntomas
A principios de semana el jefe de Gabinete se sintió obligado a desmentir que el secretario de Comercio, Augusto Costa (un joven escudero de Alex Kicillof), hubiera sufrido reiterados ataques de pánico.” Una información difundida por La Política on Line había consignado que, en el breve período que Costa lleva reemplazando a Guillermo Moreno, “tuvo al menos tres episodios, producto del estrés agudo”. Capitanich, sin que nadie le preguntara, aseguró que"Costa se encuentra muy bien de salud".
El gobernador de Misiones, Maurice Clos, reclamó “que en 2014 las variables estén ordenadas” porque hace falta una transición tranquila” para evitar “crisis fuertes que pueden terminar como en las últimas décadas, como en la ida anticipada de Alfonsín o en la crisis de 2001”. Por esas palabras al gobernador lo sacudieron desde el poder central pública y privadamente. A decir verdad, Clos se limitó a expresó en voz alta y ante un micrófono lo que más de un funcionario murmura ante la prensa a condición de no ser citado.
El número uno de la CGT oficialista, el metalúrgico Antonio Caló, declaró sin pelos en la lengua que la situación económica no sólo desvela a los gremios de su organización: "Está todo el mundo preocupado, de la Presidenta para abajo, estamos todos preocupados", confesó. Y agregó, ya totalmente fuera de los libretos oficiales: "A la gente no le alcanza para comer".
Que la propia Presidente está nerviosa, lo revela, por lo menos, su evidente insomnio: desde que regresó de La Habana dedica las medianoches a navegar por las redes sociales. Esta semana disparó en dos ocasiones ráfagas noctámbulas de Twitter contra los medios de comunicación que le disgustan. Ocurrió mientras concluía enero con una pérdida mensual de reservas de 2.500 millones de dólares.
Curanderos
Ni la devaluación autorizada por el gobierno ni la anunciada flexibilización del cepo cambiario ni el alza de la tasa de interés consiguieron bajar la cotización del dólar paralelo o frenar la caída de las reservas (que en la semana alcanzó los 800 millones de dólares). Cálculos privados estiman que el valor de equilibrio del dólar para recuperar adecuados niveles de competitividad a la producción argentina en los principales mercados en los que ésta se coloca estaría por encima de los 8 pesos que el gobierno convalidó con su devaluación y debería superar los 9 pesos. Paralelamente, considerando el valor de la divisa con los parámetros de la convertibilidad (circulante versus reservas), el número sería aún mayor y emparejaría las últimas cotizaciones del mercado paralelo (rozando los 13 pesos). Confrontado con esos cálculos objetivos, el comportamiento de los mercados luce racional y es difícil suponer que las imprecaciones oficiales contra “la especulación” consigan resultados diferentes de los que están alcanzando.
Lo que se recorta en el escenario como hecho más significativo aún que las consecuencias económicas, financieras y cambiarias es el progresivo debilitamiento del gobierno y el creciente vacío de confianza pública y de poder objetivo.
Comparando la situación actual con las crisis de 1975 (gobierno de Isabel Perón, rodrigazo) y 1989 (final del gobierno de Raúl Alfonsín, hiperinflación) Domingo Cavallo señaló a un diario brasilero que “la naturaleza de la crisis es muy parecida (…) En el gobierno de Alfonsín, la diferencia entre el dólar paralelo y el oficial comenzó a aumentar a medida que el Banco Central fue perdiendo reservas, que eran menores a las de hoy. Cuando se quedaron casi sin reservas, fueron obligados a permitir una fuerte devaluación, la gente se asustó y hubo una corrida terrible contra el peso (…)
el país entró en hiperinflación. Cuando la gente se asusta e intenta convertir en dólares la nueva emisión monetaria, la devaluación puede ser muy fuerte. Se llega a una hiperinflación cuando el gobierno no puede hacer nada más en materia de limitar las demandas salariales o de impedir que los empresarios promuevan reajustes”.
Precisamente, el gobierno encuentra hoy serias dificultades para detener los reajustes y tiene por delante un período de negociaciones salariales que se presenta complicado, porque los sindicatos se resisten a que los salarios se vuelvan variable de ajuste de la crisis.
Terapia
Poner el centro de la atención en la lejana fecha que el calendario electoral marca para la sucesión y desplegar tácticas de posicionamiento para aquella puja es como estar mirando un canal diferente al de la realidad.
La principal preocupación –la que suscita la ansiedad social e inquieta inclusive a los sectores más perspicaces del oficialismo- reside en cómo evitar el descarrilamiento de la transición.
Esa, por ejemplo, parece ser la búsqueda del Foro de Convergencia Empresarial que se reunió esta semana en el predio de la Sociedad Rural en Palermo para “aunar a las fuerzas productivas” de la Argentina en la elaboración de un “diagnóstico común” sobre la situación del país.
En un comunicado firmado por 28 organizaciones empresarias -entre ellas, la Asociación Empresaria Argentina (AEA), la Unión Industrial Argentina (UIA), la Sociedad Rural, la Cámara de Comercio, la Cámara de la Construcción, el Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (Idea), la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (Acde), la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina (Amcham)- se subraya que “es intención de este foro trabajar junto a todas las fuerzas políticas presentes y futuras para consensuar un acuerdo de cumplimiento programático en este mismo año de 2014. Este acuerdo, con cuya implementación deberemos comprometernos todos, cada uno en función del rol que le cabe, tendrá que articularse en torno a las políticas públicas que permitan recuperar los valores definitorios de la República, garantía de su desarrollo justo y eficiente. Dicho acuerdo debe tener carácter público, abierto y efectuarse ante toda la comunidad nacional, como expresión de un compromiso franco e innovador, resultante de una comprensión profunda, por parte de todos los protagonistas políticos, de las necesidades básicas de la Nación en un momento tan determinante como el actual”.
Los líderes empresariales señalan explícitamente que se trata de pensar “en este mismo año de 2014”. Tienen clara la necesidad de contener los riesgos de una transición que podría volverse ingobernable y se proponen simultáneamente generar plataformas de relanzamiento del país a partir de un nuevo comienzo, apoyado en diálogos abiertos y búsqueda de consensos amplios.
Algunos voceros del oficialismo, cada vez que se ven limitados por su propia impotencia o cada vez que chocan con la realidad, denuncian conspiraciones de “los otros”, un amplio espectro que incluye desde a direcciones gremiales hasta medios independientes, desde empresas (“corpos”, “especuladores”, “egoístas”) hasta fuerzas políticas rivales. Si bien se mira, antes que una conspiración de esa naturaleza, lo que parece crecer es una coincidencia objetiva destinada a contribuir a que el gobierno no vuelque durante la transición, no eluda el cumplimiento de sus propios plazos ni la asunción de las responsabilidades que le caben a este mandato. Una confluencia destinada a ayudar al gobierno a que se ayude a sí mismo.
Por cierto, se necesitan dos para bailar el tango.
(*) Jorge Raventos. Periodista y analista político. Artículo publicado en "Peronismo Libre" por Diana Ferraro el 1 de Febrero de 2014