domingo, 2 de febrero de 2014

¿Existe hoy un “vacío de poder”?

Por Alberto Benegas Lynch (h) (*)
En estos días, en medios argentinos, a raíz de la ausencia de discursos de la Presidenta, se suele repetir en tono de queja que hay un “vacío de poder”. Personalmente me llama poderosamente la atención esta queja puesto que los argentinos tenemos al Leviatán sobre las espaldas a diario y si operaran las fuerzas de seguridad y la justicia no es para nada necesario que el Poder Ejecutivo siga interviniendo en nuestras vidas. Lo dicho sería en verdad una buena noticia para festejar.

Pero lo que ocurre es que la cabeza del Ejecutivo no está en realidad ausente, está en todos los detalles solo que, por el momento, aparecen en primera fila otros miembros del gobierno porque el asunto hace agua por todos los costados. Además, desafortunadamente, como es del dominio público, la seguridad y la justicia no funcionan adecuadamente.
La expansión monetaria se acelera junto con el gasto público, el déficit fiscal y la deuda estatal interna. La corrupción mancha áreas cada vez más extendidas. Las reservas en la banca central son la mitad de las declaradas oficialmente ya que deben descontarse los depósitos recibidos en calidad de encajes, los préstamos del exterior y los títulos colocados en la plaza local.
Como ya hemos señalado antes, los precios máximos hacen estragos en la asignación de los siempre escasos recursos puesto que desarticulan la oferta y la demanda con precios artificiales, lo que, a su vez, genera desperdicio de capital que, en última instancia, afecta ingresos y salarios en términos reales. Por su parte, las exportaciones e importaciones están sujetas a los caprichos de los burócratas del momento debido a las manipulaciones en el tipo de cambio, subsidios que se tradujeron en desajustes mayúsculos como el de la energía y, por último en este breve pantallazo, la presión impositiva se ha tornado insoportable.
A esto se agrega que el proyecto de reforma del Código Penal, cuya versión original, entre otros dislates, contenía tres disposiciones alarmantes que es de desear que a esta altura se hayan suprimido. Las dos primeras se referían a que la peligrosidad y la reincidencia no serían agravantes cuando se comente un delito y la tercera sostiene que la pena del robo estaría vinculada al patrimonio de la víctima: en la media de que su riqueza sea mayor, menor será el castigo al delincuente.
Frente a este panorama bastante desolador ¿cómo es posible que haya quienes estén seriamente preocupados por el “vacío de poder”? Si fuera cierto -cosa que, como queda dicho, no lo es en absoluto- significaría un recreo y un alivio para la ciudadanía respecto a las garras de megalómanos que todo lo pretenden controlar. Es de gran importancia recordar la célebre frase de Thomas Jefferson en el sentido de que “El mejor gobierno es el que menos gobierna” y el pensamiento de Juan Bautista Alberdi en cuanto a preguntarse “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse en crearse? Lo que Diógenes le exigía a Alejandro: que no le haga sombra”.
Frente a este cuadro de situación entonces, resultan absurdas las quejas por el supuesto vacío de poder. Como hemos dicho, si fuera cierto y si la seguridad y la justicia funcionarían normalmente, habría que celebrar entusiastamente la ausencia de las intervenciones asfixiantes en las vidas y las haciendas por parte del Ejecutivo.
(*) Alberto Benegas Lynch (h) es Presidente del Consejo Académico de Libertad y Progreso. Artículo publicado originalmente en Ámbito Financiero el 16 de Enero de 2014 y en "Punto de vista económico" por Adrián Ravier.