lunes, 10 de febrero de 2014

Precios cuidados; cuidado con los precios

Por Martín Tetaz (*)
Según el último informe de prensa publicado por el INDEC, en Argentina un varón adulto de entre 30 y 59 años puede cubrir sus requerimientos calóricos diarios (2700 kcal) a partir de una dieta balanceada que costaría 254 pesos por mes. Pero cuando uno busca comprar exactamente esa canasta que publica el organismo estadístico, obviamente nadie logra comer con $8,46 por día. Más allá de lo ridículo de la adulteración obvia de los números relativos a la inflación, durante mucho tiempo hubo un debate difícil de saldar respecto de cuanto costaba efectivamente comer en nuestro país. La respuesta es importante, porque comparando lo que sale alimentarse hoy, con lo que había que gastar hace 7 años atrás, cuando el INDEC no había sido intervenido, se puede tener una idea bastante aproximada de cuánto ha sido la inflación en el rubro “comestibles y bebidas”, fundamental para los consumidores. 

Por suerte desde que el Gobierno acordó con las grandes cadenas de supermercados el programa de “Precios Cuidados”, existe en una página oficial la posibilidad de ingresar y calcular lo que cuesta una canasta de bienes muy parecida a la que usa el INDEC para saber cuánto se necesita para llenar la olla. 

Diferencias

Tomando para cada uno de los productos de la Canasta Básica Alimentaria, la más barata de las alternativas de Precios Cuidados, se llega a un gasto mensual por adulto equivalente, de $792; es decir: más de 3 veces lo que el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos sostiene. Y ese es el dinero necesario sólo para comprar los alimentos. Si se incluye otros servicios básicos, como luz, gas, agua y transporte, entre otros; la factura asciende a $1.797 por mes, que es el dinero necesario para que un varón adulto no sea pobre. 

Pero lo interesante es que ese mismo adulto comía en enero del 2007 por $137, lo que indica que los precios de los alimentos se multiplicaron por 5,75 en el ínterin, a una tasa acumulativa del 28,4% anual, coincidente con muchas estimaciones alternativas de consultoras privadas y direcciones de estadística provinciales. Por fortuna, estos casi 200 precios que acordó el Gobierno permanecerán presumiblemente con pocos cambios en los próximos meses, pero el resto de las más de 10.000 etiquetas que tienen los supermercados transitaron enero con una velocidad de remarcaciones mucho más considerable que el 28% anual al que venían subiendo en los últimos años. 

La gente de “inflacionverdadera.com” tiene un motor de búsqueda que entra todos los días en las páginas online de las principales cadenas y “compra” un mismo changuito virtual, para poder estimar lo que está pasando con los precios. En promedio, los productos relevados por ese portal venían creciendo en noviembre del año pasado al 17,9% (siempre a velocidad anual), pero se aceleraron drásticamente en los últimos dos meses, subiendo a una velocidad del 41,7% en diciembre y del 53,89% en enero. 

¿Por qué se aceleraron los precios? Las causas de la inflación suelen ser múltiples y complejas, pero dado que en estos últimos dos meses no hubo ni paritarias, ni cambios importantes en los precios internacionales de los alimentos, ni cuellos de botella significativos en el aparato productivo, quedan tres sospechosos; la salida de Moreno, la devaluación y el creciente déficit fiscal financiado con emisión. 

El nuevo escenario

El cambio de gabinete puede haber liberado aumentos de precios que estaban reprimidos y que el ex Secretario de Comercio barría bajo la alfombra. La devaluación, ya lo hemos explicado en esta columna, inexorablemente hace subir el precio de los bienes susceptibles de ser comercializados internacionalmente. Así, todo lo que pueda ser subido en un barco y vendido afuera o traído del exterior, queda en precio dólar. 

Es importante aquí la cuestión de las expectativas, porque los formadores de precios no esperarán a que efectivamente suba el dólar para aumentar, sino que bastará la creencia de que la divisa extranjera va a subir, para que busquen anticiparse y no perder plata a la hora de reponer stocks. 

Por último, en diciembre del 2012 el Banco Central había emitido 14.524 millones de pesos para auxiliar al tesoro, al tiempo que en enero del 2013 solo había fabricado 129 millones con ese fin. Pero en diciembre pasado la autoridad monetaria le dio a la maquinita por 21.779 millones, mientras que en enero se despachó con 8.515 millones destinados a pagar el déficit fiscal. Tomando los dos meses juntos, la emisión creció un 106% y no se necesita ser economista para darse cuenta que ello genera inflación. 

¿A dónde vamos? Esta semana el Banco Central logró, por primera vez desde que asumieron Kicillof y Fabregas, bajar el dólar oficial, lo que obviamente hizo ceder también el paralelo. Por una cuestión de expectativas, las chances de que el tipo de cambio sufra modificaciones bruscas de acá a abril, cuando entra la próxima cosecha, se ven así reducidas y si el dólar continua estable esta semana, deberían ceder las remarcaciones “por las dudas” que tantos estragos hicieron últimamente. 

La clave pasa entonces porque el Gobierno explique cómo va a hacer para reducir el déficit fiscal, o de donde va a sacar el dinero para pagar la cuenta que hoy se está cancelando con emisión. Tiene tiempo de hacerlo hasta las paritarias, porque de otro modo será muy difícil convencer a los gremios para que acepten subas mirando la inflación del año pasado (28%), en vez de ver lo que pasó en los últimos dos meses (41 y 53%), porque además, en caso de continuar con la emisión discriminada no podrá sostener al dólar en los valores actuales, por mucho tiempo más.

(*) Martín Tetaz es economista, profesor de la UNLP y la UNNoBA, investigador del Instituto de Integración Latinoamericana (IIL) e investigador visitante del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (CEDLAS). Artículo publicado en "El día" el 8 de Febrero de 2014. Twitter: @martintetaz

Fuente: http://www.eldia.com.ar/edis/20140209/opinion0.htm