jueves, 27 de febrero de 2014

Signos de debilidad económica: confianza del consumidor y demanda laboral

Por Niclás Cachanosky (*)
Las últimas semanas han mostrado cierta calma en término del tipo de cambio y de reservas en el BCRA. Los más optimistas se han aventurado a sugerir que ya no hay corrida cambiaria, ni fuga de capitales, o incluso que el nuevo equipo económico ha logrado dominar a los mercados…
No sería la primera vez que unos pocos puntos de “estabilidad” en una larga serie económicos sean confundidos con la tendencia a mediano y largo plazo. Si no hay cambio de política económica, difícilmente cambien los efectos económicos. Poco dicen indicadores económicos como el tipo de cambio y reservas cuando existe el cepo cambiario. Los datos económicos relevantes son los que surgen de libres transacciones en el mercado, no de imposiciones por parte del estado. Si el nuevo equipo económico fuese tan eficiente, el nuevo IPC no hubiese convalidado las estimaciones privadas a las que tanto se ha criticado desde círculos oficialistas.
Hay, sin embargo, otros indicadores que muestran señales que preocuparían a cualquier equipo económico. Uno de ellos es el Índice de Confianza al Consumidor (ICC) elaborado por la Universidad Torcuato di Tella. Este tipo de indicadores, al estar basados en las expectativas y situación actual de los consumidores, suelen predecir el desempeño futuro de la economía. El siguiente gráfico muestra la evolución de este indicador a nivel nacional. Esta serie muestra tres datos importante. En primer lugar tres fuerte caídas desde la crisis del 2001. A mediados del 2007, a principios del 2011, y a mediados del 2013. Nótese que esta última no muestra signos de detenerse. De hecho, a pesar de los supuestos buenos indicadores asociados al dólar (tipo de cambio y estabilidad de reservas) de las últimas semanas, el ICC lleva cuatro meses de caída ininterrumpida. El último datos (febrero) muestra una importante caída del 23%. Esta es una caída mayor al índice para Capital y GBA, que fue del 12%. Es decir, la preocupación por la economía no es una cuestión restringida a la capital y el GBA, aquel distrito que según importantes representante del oficialismo “no saben votar.” Lo segundo que este gráfico muestra es que el ICC se encuentra en sus valores mínimos desde la crisis del 2001. Es difícil explicar este resultado a nivel nacional tras una década ganada de un modelo supuestamente tan exitoso.
Otro indicador, también de la UTDT, que muestra la debilidad económica a la que ha llegado el modelo K es el Índice de Demanda Laboral (IDL). El siguiente gráfico muestra la evolución del IDL para Capital y GBA y para Rosario y Gran Rosario. Se puede apreciar un crecimiento relativo en Rosario sobre Capital, posiblemente por el crecimiento del sector agrícola. Pero también se aprecia una fuerte caídas a mediados el 2007 de la cual no hubo recuperación. En términos de demanda laboral, se perdieron 3 años. Esta caída sucede antes de la crisis del 2008 por lo que es difícil argumentar que el “mundo se le cayó encima a la Argentina” como tantas veces se ha repetido. Luego de una leve recuperación se aprecia otra caída a mediados del 2011 pocos meses antes de la instauración del cepo cambiario.
Pero el gráfico también muestra que Capital y Gran Buenos Aires no lograron superar los niveles de demanda laboral anteriores a la crisis del 2001. De hecho, desde el 2008 que la misma presenta una estable tendencia descendente. A enero 2014, la demanda laboral presenta un valor de 29.511, el mínimo histórico de la series. El mínimo de la crisis del 2001 se dio en marzo del 2002 con un valor de 35.58. Desde octubre del 2013 que este indicador se encuentra por debajo del mínimo de la crisis del 2001 sin signos de recuperación.
Hay dos requisitos necesarios para que la economía de un país funciones bien. Una buena política económica (léase intervenir lo menos posible; proteger al mercado en lugar de intentar manejarlo) y un sistema institucional apropiado y confiable (defensa a la libertad, propiedad privada, etc.) Correctas medidas de política económica no funcionan si no hay un buen marco institucional y confianza en el gobierno. El Kirchnerismo posee lo contrario a una buena política económica. Ofrece, más bien, un destructivo comportamiento errático con una increíble capacidad de destrucción de todo mercado que toca. Pero el Kirchnerismo es también la antítesis de un gobierno que inspire confianza y respeto. El problema del Kirchnerismo es que no inspira la confianza necesaria para atraer inversiones y actividad productiva al país. El kirchnerismo a logrado destruir la gallina que pone huevos de oro: un marco institucional que atraiga capitales de todo el mundo. Esperemos que la oposición sea consciente de este abstracto pero importante concepto.

(*) Nicolás Cachanosky. Assistant Professor of Economics at Metropolitan State University of Denver(MSU Denver) Department of Economics. Artículo publicado el 24 de Febrero de 2014 en la Edición 510 de "Economía para todos"