domingo, 16 de febrero de 2014

Tres décadas de democracia: Argentina y el mundo

Por Nicolás Cachanosky (*)
Los problemas económicos son inocultables. Sólo un kirchnerista empedernido puede insistir en ignorar lo evidente
Mientras el mejor gobierno de los últimos 200 años está ocupado decidiendo quién debe ser el locutor de Fútbol Para Todos y cuál debe ser el logo televisivo, el país incrementa sus inocultables signos de serios problemas económicos y sociales. Mucho se ha hablado en los últimos tiempos de los 30 años de democracia Argentina. No viene mal refrescar la importancia que en el largo plazo tienen las instituciones. ¿Qué pasó en Argentina y el mundo en estos 30 años en términos de bienestar económico? ¿Cómo le ha ido a la Argentina respecto a otros países? Debe ser claro que “democracia” no es sinónimo de libertad, ni de república, ni de buena gestión económica.
La década del ochenta terminó con una seria hiperinflación y un gobierno que entregó el poder antes de tiempo dada la inestabilidad de sus propias políticas. Un desbordado gasto público financiado con emisión monetaria y planes económicos inconsistentes (ej. Plan Primavera) dieron lugar a una década del 90 dónde la adicción política (esta vez del peronismo) al gasto público obligó a reformas llevadas a cabo por necesidad más que por convicción. La destrucción de la moneda llevó al gobierno a adoptar una Caja de Conversión heterodoxa manifestado en la Ley de Convertibilidad. Ante la imposibilidad de usar el BCRA a discreción, el gobierno se volcó a la venta de activos (privatizaciones) y créditos externos para financiar el gasto público. Al momento de tener que elegir entre un default histórico, devaluación fuera de escala y confiscación de los dólares en los bancos o una reducción racional del gasto la dirigencia política de turno eligió lo primero. No se puede decir que no se hayan inspirado en sus antecesores históricos; la devaluación es más una patología que una excepción en la historia Argentina. Luego de efímeros presidentes tras la caída de De La Rúa, el Kirchnerismo se encontró con el acceso a créditos externos cerrados, una importante capacidad ociosa y una opinión pública no muy favorable hacia instituciones internacionales y el mal llamado “neoliberalismo de los 90.” El Kirchnerismo pudo hacer uso de este contexto para financiar una nueva fiesta de consumo cuyos costos quedaron escondidos tras la utilización de la capacidad ociosa y el consumo del capital invertido en infraestructura durante la década gobernada por el “innombrable.” El aumento del gasto público, sin embargo, no fue revisado y esta vez se recurrió a la expropiación de activos y flujos (ej. AFJP, retenciones, etc.) y a la emisión monetaria cuando estos recursos comenzaron a escasear. Bien podría decirse que en estas tres décadas el radicalismo de Alfonsín y el peronismo de Menem y los Kirchner difieren en los modos de financiar el gasto público, pero no en los vicios políticos de fondo.
Estas tres décadas también vinieron acompañadas de una crónica devaluación institucional que ha llegado a los límites que actualmente el Kirchnerismo impone, donde se ha llegado al absurdo institucional de programas como “cuidar los precios” y “apagones de consumo” acompañado de afiches por agrupaciones afines al Kirchnerismo. Por más abstracto que parezca hablar de instituciones como “confianza, derechos de propiedad e igualdad ante la ley”, lo cierto es que es el marco institucional el que define el crecimiento y desarrollo a largo plazo de un país. La gestión puede ser mejor o peor, y el país puede andar marginalmente mejor o peor, pero no es puramente buena gestión lo que puede transformar a Corea del Norte en Corea del Sur, son las instituciones. Aquellos partidos políticos que confunden gestión con instituciones erran sensiblemente al diagnóstico.
El siguiente gráfico muestran al evolución desde 1980 hasta la fecha del PBI real per cápita (PPP) [ajustado por “costo de vida”] para (1) Argentina [azul], (2) el mundo [negro], (3) Chile [violeta], (4) Canadá [rojo], y (5) Australia [verde]. Salvo el errático comportamiento de Argentina, todas las series muestran una relativa estable tendencia creciente. Gracias a la intervención del Indec, la serie de Argentina no tiene datos más allá del 2006. No obstante se pueden tomar algunas lecciones importantes.
Si bien este gráfico admite muchas lecturas interesantes, quiero enfocarme en algunas conclusiones que considero importantes.
1-. Se puede apreciar una tendencia decreciente para la década del ochenta que se revierte rápidamente a partir de 1991. Es patente la importancia de tener un sistema monetario que inspire confianza. Si bien no existe tal cosa como el sistema monetario perfecto, la Ley de Convertibilidad fue un shock institucional con efectos positivos al lado de la hiperinflación del gobierno de Alfonsín. Sin embargo, un sistema monetario como el de la convertibilidad no es compatible un crónico déficit fiscal. Es un error de diagnóstico responsabilizar a la convertibilidad de la crisis del 2001, más allá de otros problemas que el diseño pueda tener.
2-. Recién en el año 1996 se alcanzan los niveles de PBI per cápita del año 1980. El desmanejo económico costó 16 años que no se puede recuperar para volver simplemente al mismo punto de partida.
3-. La crisis del 2002 retrocedió la serie a los niveles de 1991 (he hizo caer a Argentina casi a los niveles del mundo.) Es decir, en término de PBI per cápita, el gasto público del peronismo llevó a esta serie a su punto de partida.
4-. Lo que se aprecia luego de la crisis del 2001 es un recupero de la economía con algo de crecimiento genuino (especialmente el sector agrícola.) Es tan errado ver en los años post-2001 puro crecimiento económico como ver únicamente recupero sin nada de crecimiento en ciertos sectores productivos. Lo que sí es un error es el vicio Kirchnerista de continuamente compararse con el 2001-2003 y capitalizar el rebote de una fuerte crisis como propio. La Argentina post-2001 no se recuperó gracias al Kirchnerimo, lo hizo a pesar del Kirchnerismo.
5-. Durante el período 1980-2007 Argentina incrementó su PBI per cápita (PPP) en un 116%, Australia lo hizo en un 167%, Canadá un 155%, Chile un importante 234% y el mundo un 156%. Argentina no sólo creció a un ritmo menor al de Chile, que varios sectores Argentinos tanto gustan de criticar, sino que gracias a las crisis auto-provocadas Argentina creció a un velocidad menor a la del resto el mundo. En términos relativos, esto quiere decir empobrecimiento. Mientras, países como Australia y Canadá que tanta critica han sufrido por parte del gobierno poseen un PBI per cápita (PPP) de alrededor de tres veces el Argentino para el año 2006.
Los problemas económicos son inocultables. Sólo un kirchnerista empedernido puede insistir en ignorar lo evidente. Pero los problemas ecónoicos no son de origen puramente económico, son de origen institucional. Con instituciones ineficientes la pregunta no es sí va a haber o no problemas, sino cómo se van a manifestar. Por último, el nivel de desazón que sufre la sociedad Argentina al transitar un nuevo período de serias complicaciones económicas muestran que el largo plazo, eventualmente, se hace presente. Mientras Argentina siga eligiendo populismo de corto plazo, el mundo seguirá mostrando líneas ascendentes mientras que Argentina seguirá mostrando oscilaciones con una tendencia estable en lugar de creciente.

(*) Nicolás Cachanosky / Assistant Professor / Metropolitan State University of Denver. Artículo publicado el 10 de Febrero de 2014 en "Economía para todos".