domingo, 23 de marzo de 2014

Ahora ajusta la economía real

Por Tomás Bulat (*)
El año pasado, para ser sintético, se priorizó el consumo interno y el gasto público para mantener la actividad económica en un año electoral. Así es como el BCRA mantuvo baja la tasa de interés, emitió para financiar el déficit público y el gasto privado en autos, nacionales e importados, los viajes al exterior, la compra por internet y sostuvo la energía barata.

El mantener en movimiento la economía tenía un costo, la fenomenal caída en las reservas del BCRA, que terminaron perforando los 30.000 millones de dólares  y lograron convertir al 2013 en el año con la mayor caída de reservas desde la salida de la convertibilidad.

Es decir, mantener el modelo tuvo un costo financiero (en reservas del BCRA) importante.
Desde el 23 de enero cuando el Banco Central  decidió una mini devaluación y subir un poco la tasa de interés, para así parar la caída de reservas, la contrapartida es que ahora el ajuste lo hace la economía real.

Entonces surge la gran duda. Si para mantener el  modesto nivel de actividad económica del año 2013, la sangría del sector financiero  fue enorme; para lograr una modesta tranquilidad financiera ¿cuánta recesión económica se va a necesitar? 

Los datos por ahora marcan una tendencia recesiva, pero no es clara su profundidad.
Sabemos que algunos sectores sufrirán más y otros menos. Automóviles, motocicletas, embarcaciones seguro caerán. Pero la caída será ¿de un 20% o de un 50%?. No es irrelevante el monto de la caída. Un 20% de caída en la venta de autos (digamos a 750.000) estaba previsto, pero un 50% a (500.000) claramente no.

Y no es lo mismo si el PBI real cae un 1-2% o si cae un 4-5%. Seamos sinceros, hoy nadie tiene muy en claro el impacto en la economía real. Es la gran duda del año. Pongámoslo simple: Un ajuste del 1% significa suspensiones de personal. Un ajuste de 5% significa despidos.

Recesión vs tranquilidad
Si la tranquilidad financiera tiene un efecto recesivo muy fuerte, entonces la tranquilidad social comenzará a deteriorarse rápidamente, no por el valor de dólar, sino por una mayor conflictividad social, que deteriore aún más la economía.

Esta menor actividad representará menor recaudación fiscal que se resentirá, forzando al BCRA a cubrir el bache financiero del Estado. Una mayor emisión, presionará a la inflación que obligará a lo largo de los meses a devaluar nuevamente el tipo de cambio. Y en cuanto esto se haga volveremos a repetir lo que ya vivimos. 

(*) Tomás Bulat. Economista, periodista y profesor universitario. Artículo publicado el 19 de marzo de 2014 en "El punto de equilibrio".