domingo, 16 de marzo de 2014

El peligro de los precios cuidados

Por Guillermo Sandler (*)
En el día de ayer tuve la oportunidad de ver en la TV el Programa a cargo de los prestigiosos periodistas María Eugenia Santillán y Santo Biasati, quienes seguían y comentaban la labor realizada por una veintena de periodistas y camarógrafos a cuyo frente se encontraban el Defensor de los Consumidores y el político Héctor Polino, quienes se quejaban que en algunos supermercados no estaban las listas de “Precios Cuidados” ni los folletos, que faltaban productos en las góndolas y que -según Polino- las frutas y verduras eran de baja calidad. 

Yo me pregunto ¿pretenden los participantes de esos eventos, conseguir productos cuyos precios están por debajo de los precios de equilibrio según la ciencia económica; porque más allá de todas las apariencias, los precios existen marcando la escasez, escapan a cualquier voluntad política que pretenda fijarlos y que -a su vez- quiera que se satisfagan las necesidades del consumo y la inversión.

Trataré de recordar algunos datos históricos que no deben ser ignorados por los gobiernos responsables y para una mejor comprensión del tema por parte de la ciudadanía.

El Emperador romano Diocleciano (244-311) dictó su famoso “Edicto de Precios Máximos hace 1713 años, en el año 301. Con esa ley se aceleró la Decadencia del Imperio Romano. En la “Época del Terror en Francia (1793/94)”, Robespierre prohibió el acaparamiento, estableció graneros públicos, requisó las cosechas y pena de muerte para los infractores. Sin embargo, no logró bajar los precios aunque sí aumentar la escasez, lo que explica que terminó guillotinado. En el siglo XX, el nazismo en Alemania, el fascismo en Italia y el comunismo en la Unión Soviética -todos regímenes totalitarios- sometieron a sus habitantes a terribles penurias. Nuestro país no escapó a ese error si no que cayó en él reiteradas veces.

En el año 1943 la dictadura militar recién asumida, congeló los alquileres urbanos y rurales, con el efecto de una terrible caída de la construcción de viviendas para alquilar, lo que obligó al Estado a aplicarse como principal “constructor de viviendas”. Las crecientes “Villas miseria” que hoy pululan por doquier ahí tienen una de sus raíces.

Durante la primera presidencia de Perón (1946-1952) para controlar los precios de las mercaderías que se disparaban a causa de la inflación reprimida se dictó la triste y celebre “Ley del Agio y la Especulación”. El pan francés pasó de ser blanco a gris , la azúcar se hizo rubia, además de interminables colas para conseguir algo de nafta y aceite comestible.
En el tercer gobierno de Perón y su Ministro Juan B. Gelbard para lograr la “inflación cero” congelaron los precios e intervinieron en la industria y el comercio. Todo acabó y llevó al rodrigazo de 1975 con columnas de trabajadores en las calles y la gente arrebatando mercaderías de los negocios. La medida terminó con el derrocamiento de la presidente Isabelita.

Retomada la democracia en el año 1983, el flamante presidente Raúl Alfonsín menospreció la elevada inflación existente y cuando los precios se descontrolaron, implementó el Plan Austral de Congelamiento de Tarifas y Servicios y posteriormente el Plan Primavera. Seis meses antes de cumplir con su mandato la inflación proyectada alcanzaba el 5000%. No encontró mejor salida que entregar el cargo, a las apuradas, al electo presidente Carlos Menem.

En los comienzos de la segunda década del siglo XXI, el tipo de cambio atrasado y administrado llevó a una inflación reprimida del 3,7% mensual. Con ello se ha puesto al país en el umbral de una recesión por caída de la demanda, menor producción, mayor desocupación y paritarias con pautas salariales que los trabajadores no quieren aceptar por estar por debajo del nivel de inflación.

La actual receta de control denominada “Precios cuidados” merece el calificativo de infantil, sino fuera además ruinosa. Para morigerar la potente inflación existente se ordena cuidar el precio de 192 artículos en los supermercados, cuando en realidad los supermercados ofrecen más de ¡10.000 artículos! Es decir, se controla apenas el 1,92% de las mercaderías exhibidas en las góndolas.

Es lamentable desperdiciar tanto esfuerzo material, humano y financiero para llevar a la práctica actos de gobierno como ese Programa de precios que está destinado indefectiblemente al fracaso. La teoría de los precios controlados, remplazando a los precios que surgen por el ajuste entre la demanda de los consumidores y la oferta de los productores es una tontería y una de las más dañinas a la luz de la experiencia histórica y la sana inteligencia. No sólo arruina la ya precaria condición del mercado interno argentino, sino que para colmo alimenta el fuego de los enfrentamientos entre los ciudadanos. Medidas de ese tipo para nada arreglan la economía pero en cambio perjudican a la democracia.

Todo esto no es ciencia económica, es comportamiento humano que existe desde el momento en que dos individuos se dieron cuenta de la importancia de la división del trabajo y de efectuar intercambio de bienes, ideas que se encuentran ya expresadas en la “Ética a Nicómaco” del filósofo Aristóteles, 300 años antes de Cristo.

¡Cómo es posible que nuestra dirigencia política, sindical y gran parte de la opinión pública sienta simpatía por esas absurdas e ineficientes medidas públicas! Sinceramente habla bastante mal de la cultura y costumbres de nuestra sociedad.

(*) Guillermo Sandler. Consultor en finanzas y economía pública. Artículo publicado por Informador Público el 16 de Marzo de 2014.

Fuente: http://site.informadorpublico.com/?p=42916