sábado, 1 de marzo de 2014

Ella dijo,...

Por Malú Kikuchi (*)
La presidente de la Nación, cumpliendo un ritual que se repite, gracias a Dios desde hace 30 años ininterrumpidos, dio  inicio a las sesiones ordinarias del congreso de la Nación     N° 132.

No sé si duró 3 horas, o 2,45 o 2,30, no importa, fue largo. Muy largo y aburrido. Y eso que conocí una Cristina diferente, conciliadora, buenita, plural, inclusiva con los que se permiten pensar distinto. ¡Todo un logro!

¿Habrá tomado clases con Andrea del Boca? Sea como fuere, dieron resultado. No retó a nadie, una manita de bleque le tiró a los empresarios, pero alguien tenía que pagar el costo de los precios que no paran de subir, y por supuesto  el gobierno no tiene nada que ver. Y menos que nadie, Ella.

Siguió con su tono coloquial, hablando con determinados personajes casi en un mano a mano, ¡hasta con Gerardo Morales UCR, 2 veces! y nos abrumó con números, estadísticas y espectaculares éxitos conseguidos a los largo de estos casi 11 años de gobierno K. Datos y estadísticas, casi todos del INDEC.

También nombró varias veces al Banco Mundial que parece que habla bien de nosotros. De ser cierto, ¡qué mal están los demás! Entre los logros, que me permito poner en duda, están: la educación, la salud, el empleo, AA, YPF.

No vale la pena comentar que en educación pagamos más y educamos peor, que la salud está enferma y sin insumos, que el empleo en negro sube casi tanto como los precios, que AA nos cuesta la plata que no tenemos y que a YPF mis nietos van a tener que seguir pagándole los reales US$ 10.000 millones que pretendían y les otorgamos (con los interés incluídos). 

Nunca nombró pequeños detalles que hacen a vida diaria de los argentinos, como la inflación, la inseguridad, el narcotráfico, los salarios y la caída de las ventas. De eso no se habla. Tampoco habló de lo que piensa hacer el gobierno este año en infraestructura, tema en el que está en deuda.

Rescato algunas frases desconcertantes: ¡nombró a Perón refiriéndose al 10 de junio!; reconoció que “los peronistas militantes de los 70 no respetaban la democracia”. Después de instalar los piquetes como forma de hacer política, en particular escrachando al “enemigo” de turno, dijo: “está bien protestar, pero sin impedir que la gente vaya a trabajar” y puso de ejemplo la envidiable forma de protestar que tienen en Nueva York.

Reconoció que EEUU era la primera potencia del mundo, y aunque sea una perogrullada, viniendo de Cristina es toda una revelación. También dijo en defensa de YPF que “vamos a autoabastecernos de energía finalmente”, Ella que tiene tanta memoria, ¿se olvidó de Frondizi y de Menem? También sostuvo que “la economía volvió a crecer y estamos en el proceso más virtuoso de los últimos 200 años”. Sin comentarios.

Y muy al principio nos “relató” que producimos alimentos para 400 millones de personas. Si consideramos que somos sólo 40 millones, ¿cómo es posible que haya tantos argentinos con hambre? Ahí lo tenemos al Dr. Albino peleando por tener madres bien alimentadas, para que los bebes no nazcan desnutridos, y generemos una raza de seres con un cerebro sub desarrollado.

Para creyentes y no creyentes, esto es un pecado mortal que no tiene perdón de Dios, y sucede durante la maravillosa, espléndida, justiciera, inclusiva década ganada. Inverosímil, argentinos y argentinitos, con hambre.

Hay más, no vale la pena insistir. Cristina sigue viviendo en su país de las maravillas al que pocos tienen acceso. Si alguien conoce el consulado donde se puede conseguir una visa para el país de Cristina, avise, una gauchada no se le niega a nadie.

Cuando salió del recinto, ya en las escalinatas, ante la gente que Parrilli trajo de todas partes, a pesar de la militancia, los jóvenes que son “su debilidad”, siguió con el tono conciliatorio, más de presidente que de émulo de la Pasionaria, y eso está bien. Dentro de las infinitas deudas que nos va a dejar este gobierno, el odio entre compatriotas es el peor y el más difícil de solucionar. Ojalá se consiga. No se puede construir una nación partida en dos.

Y dejo para el final lo mejor de todo. Algo que me hace sentir profundamente feliz, a pesar de haber tenido que soportar el discurso completo (que en algún momento me hizo pensar en dedicarme al periodismo gastronómico). Eso mientras me preguntaba: ¿por qué tengo que torturarme escuchado esto? Y de pronto, se hizo la luz.

Es el penúltimo discurso de este tipo de Cristina. El año que viene será el último. ¡El último! Esto se acaba. No falta tanto, es cuestión de aguantar un poco más. El tiempo necesario para que el relato se disuelva, para que tengan que dar marcha atrás con todas las cretinadas que han hecho en estos 11 años,  o que la bomba que han armado, les explote a ellos.


No desespere, el año que viene, ¡se VAN! ¡No más discursos de Cristina! 

(*) Malú Kikuchi. Periodista y analista política.

Fuente: Comunicación personal de la autora.