domingo, 16 de marzo de 2014

Los economistas austríacos han refutado a Marx (y Obama)

Por Richard Ebeling (*)
El presidente de los Estados Unidos ha declarado públicamente que él sabe cual es el salario mínimo que cualquier trabajador en los Estados Unidos debe ganar por cada hora de trabajo: “$ 10.10”.  ¿Por qué no $ 11.11 o $ 9,99 es evidente que ha dejado una incógnita. Pero de lo que el presidente Obama dice estár seguro es de que los hombres de negocios están claramente endurecidos y son acaparadores de dinero,  explotando a sus trabajadores por no pagarles el valor real de lo que el supone que su trabajo vale la pena.

Queda implícito en su afirmación que supone saber lo que es un mínimo "justo" del salario en Estados Unidos, el mismo fantasma de un pensador que mantuvo esas ideas durante mucho tiempo y que hoy ha sido relegado al basurero de la historia: Karl Marx (1818-1883).

Teoría del Trabajo de Marx del valor de un trabajador


La concepción de Marx de lo injusto de la "esclavitud asalariada", se basaba en que los empresarios imponen a sus trabajadores “un valor muy por debajo de lo que su salario produce”, lo que se convirtió en la premisa y el grito de guerra que dio lugar a las revoluciones comunistas del siglo XX, con toda su destrucción y terror.

Marx insistió en que el "valor real" de cualquier cosa producida se determina por la cantidad de trabajo social requerido para su producción. Si se necesitan cuatro horas de tiempo de trabajo para producir un par de zapatos y dos horas de tiempo de trabajo para preparar y hornear un pastel, entonces la proporción justa de intercambio entre los dos productos debe ser un par de zapatos por dos tortas. Por lo tanto, las cantidades de los dos bienes que se intercambian en el mercado lo hacen en una proporción que representa cantidades comparables del tiempo de trabajo necesario para producirlos.

Si por ejemplo la producción laboral de un trabajador es de tres pares de zapatos durante una jornada laboral de doce horas, entonces el trabajador tendría un justo derecho a la propiedad de los tres pares de zapatos que su trabajo había producido, lo que podría ser intercambiado por similares producciones de otros trabajadores, según lo que quisiera comprar.

Pero, Marx insistió, el empresario contratante no le paga al trabajador un salario igual al valor de los tres pares de zapatos que obrero ha producido. Simplemente porque el empresario arguye que es el dueño de la fábrica y de las máquinas como propiedad privada con lo que el trabajador produce esos zapatos. Sin otra perspectiva de acceso laboral el trabajador quedaría condenado a morir de hambre, por lo que el empleador pretende una parte de la producción del trabajador.

El empleador por ejemplo la pagaría un salario equivalente a dos de los pares de zapatos producidos. Y eso según Marx es "robar" una parte del trabajo del obrero. Por lo tanto, en el pensamiento de Marx, el valor de mercado del tercer par de zapatos que el empresario guardó para sí y que resulta la fuente de su ganancia o la ganancia neta en los costos de contratar al trabajador.

Este es el origen de la noción de "ingresos no ganados", la idea de la renta, no de trabajar y producir, basada en que no es justificable simplemente ser dueño de un negocio privado para adueñarse de todo lo producido, cuando ello es totalmente lo que produjeron los trabajadores empleados. 

Según esta interpretación el hombre de negocios no hace nada. Él vive a costa del trabajo de otros, mientras está sentado en su oficina, con los pies sobre la mesa, fumando un cigarro (cuando esta actitud era "políticamente correcta"). Así no es de extrañar que ante este razonamiento sobre el trabajo, los salarios y los beneficios impacte ante un presidente de los Estados Unidos y que luego diga a los empresarios "¿De verdad no lo hacen."

Carl Menger y el valor personal de las cosas


Karl Marx murió en 1883, a la edad de sesenta y cuatro. Una década antes de su muerte, a principios de los años 1870, su teoría del valor-trabajo había sido ya desmentida por una serie de economistas. El más importante de ellos fue el economista austriaco Carl Menger (1840-1921), en su libro de 1871, "Principios de Economía".

Menger explicó que el valor de algo “no se deriva de la cantidad de trabajo que se había dedicado a su fabricación”. Un hombre puede gastar cientos de horas haciendo pasteles de barro en la orilla del mar, pero si nadie le da algún uso a los pasteles de barro, pues no se los valorará lo suficiente como para pagar nada por ellos, entonces esos pasteles de barro no valen nada.

El valor como la belleza, tal como dice el viejo adagio, está en los ojos del espectador. El valor se basa en la "subjetiva" valoración que para el uso personal de los bienes, y/o el grado de importancia que alguien tiene de un producto o servicio para alcanzar un fin o propósito personal que le gustaría satisfacer.

Los productos no tienen valor debido a la cantidad de trabajo dedicado a su producción. Por el contrario, ciertas habilidades y capacidades pueden tener mayor valor aún, ya que se consideran útiles como medio productivo para lograr los objetivos que otros tienen en mente.
Y, además, el valor de las cosas disminuye a medida que nuestro suministro de ellos aumenta, porque aplicamos cada cantidad adicional de un bien a nuestra disposición para un propósito menos importante que el propósito para el cual las unidades de ese producto adquirido previamente fueron utilizadas.

Como estoy añadiendo camisas a mi armario, cada una de ellas adicional tiene generalmente un uso, para ese tipo de ropa, menos importante para mí que las camisas que había comprado antes. Los economistas llaman a esto la "utilidad marginal decreciente de los bienes."

Nadie paga más por cualquier cosa de lo que piensa que es su valor


Así que no existe un "objetivo" valor mínimo de lo que el trabajo vale de por sí. Un empleador contrata a los trabajadores no porque permitan producir un producto que él cree que puede vender a los compradores potenciales. Sino que los contrata por un tipo y habilidad en particular. A cada uno de estos trabajadores se les asigna a una tarea menos importante que la que para el trabajador anterior fue contratado.

Como resultado, ningún empleador puede o no pagar más por cualquier trabajador que piensa que sus servicios laborales valen en aportar valor a sus actividades de producción. El valor del trabajador para el empleador es un reflejo de lo que piensa que proporcionalmente participa en la elaboración del producto que vale la pena para el público consumidor y que puede comprar lo que el trabajador “ayuda” a producir.

Supongamos que él piensa que algunas de las personas de su fuerza de trabajo contribuyen no más de, digamos, $ 6.00 por hora a la fabricación de un producto que espera vender a los consumidores. No debería sorprender que si el gobierno interviene  y le dice que está legalmente obligado a pagar a cada uno de ellos un salario mínimo no menor de $ 7.40 por hora o $ 10.10 por hora, se verá forzado a excluir a los que él considera ahora más costosos que lo que su producción vale. Además, otros trabajos que podría haber puesto a disposición a los $ 6.00 por hora nunca llegarán a existir.

Un salario mínimo exigido por el gobierno solo logra dejar fuera del mercado laboral a aquellos trabajadores cuyo valioso aporte a los ojos del empresario en la participación productiva es inferior a lo que dicta el gobierno que debe ser pagado por su tarea.

Pero, ¿qué es, exactamente, lo que hace el empleador? ¿Qué es lo que contribuye al proceso de producción, más allá de la obra por los empleados contratados? Marx, como ya vimos, argumentó que los "beneficios" del empresario era el valor “no pagado” al trabajador por su producción. Es decir que el empresario se apropió para sí mismo injustamente, simplemente porque es el dueño del negocio en el que fue contratado el trabajador.

Böhm-Bawerk y la importancia del ahorro para la Creación de Empleo


Otro economista austriaco Eugen von Böhm-Bawerk (1851-1914), quien desarrolló muchas de las ideas que se originaron con Carl Menger, dio la respuesta final a los interrogantes que Marx planteaba. En una importante obra en tres volúmenes sobre "El capital y por intereses" (1914), y en varios ensayos, entre los más importante fueron: "La contracción sin resolver en el sistema económico de Marx" (1896) y "Control o Derecho Económico" (1914). Böhm-Bawerk le preguntó: ¿De dónde viene el negocio en el que se emplea al trabajador? ¿Y de dónde vienen los fondos con los que el trabajador recibe su salario?

Y además: ¿Cómo se ha construido la fábrica? ¿De dónde viene el capital - la maquinaria, las herramientas, el equipo - en la fábrica con la que los trabajadores contratados hacen su trabajo para producir los productos que eventualmente están disponibles para que los consumidores puedan comprar?

La ideas de Böhm-Bawerk fueron referidas a que “alguien tenía que hacer los ahorros necesarios de los ingresos obtenidos en el pasado”, así los recursos podrían destinarse a la construcción de la empresa y la vivienda con el equipo de capital, sin los cuales el trabajo de cualquier trabajador sería mucho menos productivo, de mucha menor salida, y de peor calidad.

El hombre de negocios que lleva a cabo una empresa, pudo haber guardado los fondos necesarios para cubrir sus propios gastos de inversión, o debió haber tomado en préstamo provenientes de otras personas que seguramente habían hecho los ahorros necesarios. Alguien tenía que sacrificarse, renunciar: el consumo deseable utiliza en el presente el ahorro que podría haber sido utilizado para otros fines. Pero eso en caso de no haber sido invertido en la puesta en marcha y el mantenimiento de las operaciones de la empresa que pueden generar una rentabilidad financiera en el futuro, por la venta de lo que producirá.

Nadie sacrifica los usos y disfrutes que sus ingresos podrían proporcionarle hoy a menos que esté suficientemente compensado con una ganancia en el futuro que hace que valga la pena renunciar a esos usos de consumo y placeres en el presente.

Es por eso que los intereses se pagan, ya que son el precio para el comercio de la utilización de los recursos a través del tiempo, entre el presente y el futuro. Es el precio que los que ahorran reciben por diferir su consumo a futuro, sacrificando sus satisfacciones en el presente, hasta que las sumas son pagadas. Y el prestatario paga ese interés porque valora más los usos que ha de darle al dinero y los recursos que ha pedido hoy que la prima de interés que se paga sobre el principio del préstamo cuando se paga en el futuro.

Los empresarios resguardan a los trabajadores de esperar por sus salarios


El hecho de que el empresario tiene esos ahorros a su disposición, ya sea con sus propios ahorros de ingresos obtenidos en el pasado o de los ahorros obtenidos por un crédito de los demás, significa que los que empleados no tienen que esperar hasta que el producto está terminado y en realidad vendido para recibir su salario por el trabajo que realizan durante el período de producción.

El empleador, en otras palabras, "adelanta" a los trabajadores la actualización del valor de lo que sus servicios laborales valen mientras que el proceso de producción está en marcha, precisamente para aliviar a los que él está empleando de tener que esperar hasta que se reciben los ingresos en el futuro de la venta del producto a los consumidores.

De hecho, es por eso que es correcto decir que el hombre de negocios realmente se "hace" (self made man), ya que sin su voluntad y capacidad para organizar, financiar y dirigir la empresa, tanto como a los que él emplea, estos últimos no tendrían ningún trabajo, ni tendrían ningún salario para vivir, antes de que se logre finalizar un producto comercial y venderlo con éxito.

Este último punto también es de crucial importancia para apreciar que el empresario no sólo es el organizador de la empresa y el inversor de ahorro para que la producción suceda, él es también el empresario, el que puede o no puede obtener un beneficio de sus esfuerzos emprendedores.

Los hombres de negocios llevan la incertidumbre de la Planificación hacia el Futuro


Los trabajadores y todos aquellos que suministran al hombre de negocios con los servicios y recursos de utilidad para llevar a cabo un proceso de producción reciben sus salarios, mientras que el trabajo está en marcha y se está realizando. Pero el empresario tiene la incertidumbre de si va o no a ganar lo suficiente con la venta del producto para cubrir todos los gastos en que ha incurrido, cuando el producto está finalmente listo para la venta y se ofrece en el mercado.

Mediante el pago de aquellos a los que emplea por un salario, les alivia a sus empleados la incertidumbre en cuanto la ganancia o la pérdida sufrida, como si la empresa casi no gana, ni pierde.

Es el hombre de negocios que tiene que hacer los juicios especulativos y creativos sobre qué es lo conveniente producir y en qué precio su producto se podría vender. La corrección de dicha criterio empresarial, para anticiparse mejor que sus competidores a lo que los consumidores pueden querer comprar en el futuro y el precio que pueden querer pagar por sus productos, es lo que determina el éxito o el fracaso de su empresa.

Así, Karl Marx se equivocaba dada su incomprensión de lo determinaba el valor de los bienes, así como en la participación de los trabajadores en el proceso de producción, y el papel vital y esencial del hombre de negocios que con mentalidad empresarial y emprendedor realmente "hace" que todo suceda.

El daño que resulta de las Políticas-marxistas de base


Poco importa que el presidente de los Estados Unidos y otros que comparten sus puntos de vista sobre el trabajo, los salarios y los empresarios sean conscientes de lo mucho grave que resulta su concepción del capitalismo y el mercado de trabajo. Lo grave se deriva implícitamente de la influencia de ideas obsoletas de un revolucionario socialista muerto en la mitad del siglo XIX.

Lo que importa es – finalmente – que las políticas económicas basadas en tales conceptos erróneos marxistas de la naturaleza y el funcionamiento de la economía de libre mercado sólo pueden conducir a un enorme daño y un gran desastre para las multitudes de las mismas personas que se afirma que se desea ayudar.

Y esas políticas equivocadas socavarán aún más los fundamentos esenciales del sistema de libre mercado que en los últimos doscientos años ha dado al hombre más libertad personal y una prosperidad material que nunca se había conocido en toda la historia humana. Son políticas que erosionan profundamente la libertad de las personas tanto para trabajar, como para asociarse en los caminos que encuentren más ventajosos y como consecuencia conducir a la sociedad por un camino ruinoso.

(*) Dr. Richard M. Ebeling es profesor de Economía en la Universidad de Northwood. Anteriormente fue presidente de la Fundación para la Educación Económica, fue el profesor Ludwig von Mises de Economía en Hillsdale College en Hillsdale, Michigan, y se desempeñó como vicepresidente de Asuntos Académicos en The Future of Freedom Foundation. Artículo publicado por Epictimes el 3 de Marzo de 2014

Notas
1. Comunicación de Nicolás Cachanosky a través de "Punto de vista económico" el 16 de Marzo de 2014 en "Menger, Marx y Obama".
2. Traducción del artículo original por el Dr. Eduardo Filgueira Lima

Fuente: http://epictimes.com/article/317797/the-austrian-economists-who-refuted-marx-and-obama?utm_source=facebook.com&awesm=awe.sm_jJKYS&utm_medium=awe.sm-facebook-share&utm_content=awesmsharetools-sharebuttons&utm_campaign=