martes, 1 de abril de 2014

Con el agua cerca de la nariz

Por Roberto Cachanosky (*)
Podrán seguir con el relato, pero en el fondo saben que tienen el agua que ya les llega a la nariz
Haciendo todo tipo de piruetas verbales para tratar de esconder la realidad, finalmente Kicillof anunció un tarifazo que el gobierno se niega a reconocer como tal y lo denomina redireccionamiento de los subsidios. La realidad es que al igual que en 1975 tenemos en puertas un rodrigazo, el cual vengo anunciando hace rato y hoy empieza a ser realidad, aunque este va a ser peor por la magnitud del ajuste que el de 1975.
En el fondo, este tarifazo no se diferencia del rodrigazo de 1975. ¿Qué pasaba en aquél momento y qué pasa ahora? En esos años las empresas estatales tenían pérdidas porque las tarifas eran políticas. Mantenían artificialmente baratas las tarifas de luz, gas, transporte público, etc. Esa artificialidad les generaba quebrantos que eran cubiertos por el BCRA con emisión monetaria la cual producía inflación. Para frenar la inflación, Celestino Rodrigo, que heredó el lío que había hecho José Ber Gelbard con la famosa inflación cero, ajustó las tarifas para que las empresas de servicios públicos tuvieran ingresos genuinos, el tesoro dejara de financiarlas y el BCRA no tuviera que emitir para darle los pesos al tesoro. Ahora pasa algo parecido. Ya con el déficit fiscal disparado por el descomunal aumento del gasto público, en parte por los subsidios para tener tarifas artificialmente baratas, el tesoro tiene que ser asistido por el Central vía emisión monetaria que dispara la inflación. ¿Qué se decidió? Eliminar los subsidios que eran como una especie de descuento sobre las tarifas para disminuir las pérdidas de las empresas y así aliviar las cuentas del tesoro. Pero aquí hay una diferencia con el rodrigazo. De acuerdo a lo anunciado por Kicillof, lo que se deje de gastar en subsidios irá a financiar el transporte y la distribución de gas y lo que sobre a los llamados planes sociales como la Asignación Universal por Hijo y PROGRESAR. Es decir, si realmente los recursos que le cobrarán a la gente por el tarifazo son destinados a financiar otra parte del gasto público, el mismo no disminuye en términos globales y el problema del déficit sigue vigente, con lo cual la inflación no cederá si el Central continúa emitiendo para cubrir el déficit fiscal.
La otra diferencia con el rodrigazo es que en esta oportunidad el tarifazo se hace en forma confusa, a tal punto que ni Kicillof sabía cuánto podía ahorrarse de subsidios ante la pregunta de una periodista. En otras palabras, largaron un tarifazo que ni ellos saben cómo va a funcionar. Pero el punto que me parece interesante señalar es que la industria queda fuera de la quita de los subsidios y corre para los domicilios particulares y los comercios. El argumento que dio Kicillof es que a la industria se le mantiene el subsidio y no tiene que ahorrar gas porque, citándolo textualmente: “el propósito es seguir sosteniendo la política nacional de subsidios como un resorte a la competitividad y a la producción.”  Si la industria necesita que le subsidien el gas para ser competitivos quiere decir que por definición Kicillof está diciendo que los industriales son unos inútiles ineficientes que necesitan subsidios.
La realidad es que la competitividad no pasa justamente por tener subsidios. El que los necesita es porque no es competitivo. La competitividad pasa por una política económica que no entorpezca o encarezca artificialmente la producción, por las inversiones, la tecnología que se utilice, el management, etc. Es como si dijeran que una industria es competitiva porque le devalúan la moneda local o no paga los impuestos que paga el resto de los sectores.
Con el mismo criterio podría decirse que los restaurantes dejan de ser competitivos porque le quitan el subsidio o los hoteles no pueden dar calefacción en invierno porque también les quitan el subsidio. Esto de creer que producir significa hacer algo que tenga un tornillo es un pensamiento realmente de cavernícola. Con el criterio de Kicillof un médico, un ingeniero o un comerciante no producen nada. Son unos seres que andan por el mundo vendiendo humo y cobran por vender humo. El ministro se quedó leyendo las críticas de Marx a la revolución industrial y todavía parece no haberse enterado que estamos en medio de una revolución tecnológica fenomenal.
Otro aspecto disparatado de este tarifazo es el criterio con el que se diagramó. El criterio es que aquellos domicilios o comercios que reduzcan el 20% el consumo no pierden el subsidio. Si siguen consumiendo más o menos lo mismo, entonces les cobra más caro. Desde el punto de vista de la lógica económica y comercial es un delirio. Imagine el lector que va a un comercio y compra una computadora. El precio que pagará será el de lista. Ahora, imagine que entra al comercio y en vez de comprar una computadora le dice al vendedor que quiere comprar 10 computadoras. ¿Acaso no le pedirá un descuento? ¿Acaso el vendedor no le hará un descuento por volumen de compra? Bien, resulta que el criterio k para el gas es cobrarle más caro al que compra 10 computadoras que al que compra una.
Alguien me ha dicho que no es lo mismo porque el gas no es un recurso renovable que hay que cuidar. ¿Cómo se cuida ese recurso no renovable? Mediante el precio. Si el precio es alto la demanda disminuye. El ejemplo al respecto es el caso de la extracción de petróleo en el mar del Norte. Mientras el precio del petróleo se mantuvo en un cierto nivel no era rentable explorar y explotar el petróleo en esa zona. Pero cuando el petróleo subió de precio se hizo económicamente viable explotar el petróleo en el mar del Norte porque el precio de mercado cubría los costos de explotación. Como dato adicional este ejemplo le serviría Kicillof para darse cuenta que es el precio el que determina los costos en que puede incurrirse y no al revés. Fue el aumento del precio del petróleo lo que permitió asumir los costos de producción en el mar del Norte. No fue que se pusieron a extraer petróleo del mar del Norte y como era más caro todo el mundo subió el precio del petróleo. Lección básica de economía que todavía no les entra en la cabeza.
Con el gas puede pasar lo mismo. Si escasea y su precio sube, habrá otras formas de energía que hoy son descartadas por la relación precio-costo. Es más no sabemos si de las diferentes formas de energía hoy disponibles no se desarrollarán otras que desconocemos actualmente. En definitiva un recurso escaso no se cuida distorsionando su precio y aplicando sanciones a quienes los consumen. Se cuida, si es que hay que cuidarlo, mediante el precio.
Finalmente, y para no ser menos, CFK dijo, luego del tarifazo, que esto no era un tarifazo y que ahora se podían reducir los subsidios porque la gente ganaba cada vez mejor y millones de argentinos tenían trabajo nuevamente. Lo dijo sin que se le moviera un pelo en plena crisis con los docentes de la provincia de Buenos Aires, con una huelga general en puerta y con empresas que están suspendiendo o despidiendo personal por la caída de la actividad. Sin pudor largó esta afirmación como si la gente no padeciera día a día la pérdida del poder adquisitivo de su salario.
Recordemos que el argumento que utilizaba CFK para justificar los subsidios era que de esa manera la gente tenía más poder de compra y consumía más, como si los subsidios los pagara el Espíritu Santo. Y resulta que en el momento más crítico del poder adquisitivo de la población anuncia que le quitan parte del subsidio. Delicias de las contradicciones k.
En definitiva, la semana pasada, en un solo día, se advirtió la crítica situación que enfrentamos. Por la mañana se anunció el tarifazo que dicen que no es un tarifazo, igual que a la devaluación la llaman deslizamiento cambiario. Y por la tarde, luego que el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que elabora el INDEC proyectara una suba del PBI del 4,9%, corrigieron el número y dieron un 3% de aumento del PBI para 2013 de manera de no pagar el cupón del bono PBI.
Podrán seguir con el relato y los “espontáneos” cantitos de La Compora darle aliento antes de empezar sus discursos en cadena, pero en el fondo saben que tienen el agua que ya les llega a la nariz.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980). Asesor económico y Director de "Economía para todos". Artículo publicado el 30 de Marzo de 2014, en la Edición N° 516