martes, 29 de abril de 2014

El color del cristal

Por Armando Ribas (*)
Cada vez más se percibe la tendencia a la crítica conceptual y del comportamiento en nuestro mundo.
O sea la desvalorización de este mundo que nos ha tocado vivir en el que “A nuestro parecer todo pasado fue mejor”. (Jorge Manrique).
Me voy a atrever a desafiar esa postura idealista que no nos permite reconocer la realidad que estamos viviendo, y su consecuencia es que la información nos aparta de la formación que permitiera la creación de este mundo que hasta hace más de doscientos años, habría parecido un sueño de una noche de verano.
Al respecto vale recordar las palabras de Karl Popper: “Este no es el mejor mundo posible, pero es el mejor que hemos conocido. Y esto fue escrito hace más de cincuenta años. ¿Qué diría si viviese hoy?
No me cabe la menor duda de esa realidad, que fuera recientemente reconocida por William Bernstein en su obra The Birth of Plenty (El Nacimiento de la Abundancia). Allí explicó claramente que hasta hace 200 años vivía como vivía Jesucristo.
Este hecho ya lo había detectado Simón Kuznets en su “Modern Economic Growth” (El Crecimiento Económico Moderno) Allí hizo la siguiente observación: “Pero el producto per cápita de una veinteava parte de los niveles presentes, no podría haber sostenido la población de aun los países más desarrollados.
Ante esa evidente realidad quedan dos preguntas pendientes, cuyas respuestas constituyen el mayor riesgo que enfrenta la sociedad actual, llamada diría despectivamente la sociedad moderna. Peo no tengo dudas tampoco respecto de que esos filósofos políticos que desafían la modernidad, si los pusiesen a vivir en el mundo del pasado, se suicidarían.
A partir de esa confusión histórica todo parece indicar que se vota estúpidamente con la cabeza e inteligentemente con los pies. Por ello nadie que vive en el mundo desarrollado pretende mudarse al subdesarrollado. Viceversa, la estupidez política que se sufre en el subdesarrollado, impulsa la emigración, que al mismo tiempo se desvaloriza en el mundo desarrollado.
La ignorancia presente se manifiesta en la crítica pertinaz del sistema que permitiera que se hiciera la luz y la luz fue hecha. Esa crítica se manifiesta precisamente en el mundo desarrollado basada en la supuesta ética de la exclusión y el consumismo.
Consecuentemente en el mundo desarrollado avanza cada vez más el socialismo que se sostiene en el supuesto ético de la desigualdad económica que genera el sistema capitalista. Los resultados están a la vista, pero se ignoran. Al mismo tiempo en el mundo subdesarrollado, con algunas importantes excepciones como la China, prevalece la doctrina de Lenín expuesta en su “Imperialismo, Etapa Superior del Capitalismo.
En el primero impera la social democracia y el supuesto estado de bienestar, y la crisis que ha generado está a la vista. En el segundo, el populismo, que he calificado como la etapa inferior del socialismo. Es decir la supuesta pretensión de igualdad económica antes del desarrollo.
No se si Lombroso tiene razón en su teoría respecto a que el delincuente es el eslabón perdido, o sea la etapa intermedia entre el hombre y el simio. Lo que si podemos ver en la historia es que los delincuentes que alcanzan el poder político son mucho más peligrosos que los que roban en la calle.
La historia reciente lo ha demostrado a través de Stalin, Hitler, Mao Tse Tung y decididamente Fidel Castro. Pero si debemos darnos cuenta de que los que consideran que los delincuentes en la calle, producto del consumismo y la exclusión que significa la desigualdad económica son los que llegan al poder. Y en ese sentido debo resaltar que el delito no es solo matar sino también robar, y se roba más fácilmente desde el poder que en la calle.
Pasando a la crítica de los actuales comportamientos en la sociedad moderna, ¿acaso podemos pensar que los hombres en la antigüedad eran mejores personas que los actuales? Los que así piensan no se han tomado el tiempo de leer la historia. Así sabrían que la guerra ha sido la única alternativa y la exclusión su consecuencia pues jamás hubo más desigualdad que la que provenía del derecho divino de los reyes.
Y si no había consumismo era por que no había bienes que consumir, pues el hambre fue el carácter terrible de la historia a la que habría que añadir las pestilencias y las guerras. Ya en el siglo XIX y a principios del siglo XX se produjo el advenimiento del totalitarismo, que es el derecho divino de la diosa razón. Y esta se vive aun como alternativa en algunos países latinoamericanos y otros países, en nombre de la supuesta democracia en oposición al imperialismo americano.
En fin volviendo a las preguntas originales podemos contestar sin lugar a dudas, que el origen de la riqueza surgió de la libertad determinada por los principios del sistema liberal que es ético, político y jurídico, y la economía es el resultado del mismo. Ese sistema fue descalificado éticamente por Marx, y a el le debemos los crímenes de la dictadura del proletariado. Más recientemente la crisis de Euro zona, es el resultado de la social democracia basada en el socialismo de Eduard Bernstein, que a fines del siglo XIX discutió a Marx que el socialismo se podía alcanzar sin revolución y democráticamente. Así se pasó de la descalificación de Marx del capitalismo por ser la explotación del hombre por el hombre, a la supuesta exclusión.
El subdesarrollo se debió y se debe a la ignorancia y aun la descalificación ética del sistema que como hemos explicado generó la riqueza por primera vez en al historia. Y no olvidemos que tal como lo reconociera recientemente The Economist, que la Argentina fue un ejemplo para el mundo por haber aplicado ese sistema durante la segunda mitad del siglo XIX y haber alcanzado a principios del siglo XX ser uno de los países mas ricos del mundo. Es decir que la naturaleza humana es inmutable y si queremos cambiar las circunstancias o sea el sistema político en el que se desarrolla la actividad del hombre tal como lo expusiera David Hume. Ahí tenemos ahora a Miami como la capital de América Latina.
Como dice Karl Popper en su “Conjectures and Refutations” (Conjeturas y Refutaciones) en la que discute la proposición de Bertrand Russell de que en el mundo había avanzado la tecnología pero no la moral: “El principal problema de nuestro tiempo, y yo no niego que vivimos en tiempos de problemas, no son debidos a nuestra maldad moral, sino por el contrario a nuestro a menudo desagrado entusiasmo moral, a nuestra ansiedad de mejorar el mundo en que vivimos”. Yo estoy de acuerdo con la tesis, pero no dudo que en gran medida esa supuesta propensión moralista es producto de la maldad de tratar de llegar al poder político y así lograr la riqueza que se adquiere mediante su distribución.
Por último pero no menos importante tenemos la problemática que resulta de la información y la formación. Hemos podido ver que la informática ha avanzado en todos los niveles, pero de la misma ha resultado en gran medida la desvalorización de la formación de la que dependiera el sistema al que nos hemos referido como el origen de la libertad en el mundo. Las consecuencias de esta desvalorización ética están a la vista, más socialismo y más antiimperialismo como las condiciones sine qua non de alcanzar el poder político. El resultado las crisis en el mundo desarrollado y más pobreza en el mundo del subdesarrollo. Por ello el color del cristal con que se mira es rojo y de ahí surge la falacia de que cualquiera tiempo pasado fue mejor.
(*) Armando Ribas. Abogado de la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en la Habana. En 1960 obtuvo un Máster en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Filósofo. Escritor. Artículo publicado el 28 de Abril de 2014 en Libertad y Progreso y en Crónica y Análisis.