miércoles, 2 de abril de 2014

El día de la insensatez

Por Dante Caputo (*)
Los motivos de unión, de encuentro, entre los argentinos son escasos. La incredulidad generalizada sobre los partidos y sus dirigentes; el escepticismo sobre el futuro; la ausencia de diálogos reales entre los actores políticos y sociales, más allá del oportunismo de algunos intentos; son algunos de los rasgos de un país dividido y con pocas ganas de conocer y entender al otro.
Los mensajes maniqueos del gobiernos (se es K o anti K) y la pobreza de la oposición profundizan estos rasgos que hace tiempo merodean nuestra sociedad.

Son pocas las excepciones que logran un razonable acuerdo entre nuestros compatriotas. Uno de ellos es la cuestión Malvinas. Mito o reivindicación, son pocos los que se oponen a la vigencia del reclamo de soberanía.

Extraño punto de encuentro para un pueblo que desearía previsibilidad y bienestar. Todos saben que si mañana las islas fueran efectivamente argentinas, nada cambiaría, que ninguna pena se aliviaría. 

Los obvio es cierto: si con una de las cuatro mejores praderas del mundo, con la tercera fuente de agua dulce, con una enorme riqueza energética, con la octava superficie en el planeta, hemos llegado a la crisis de la década ganada, ¿que podría alterar la posesión efectiva de las islas? Nada. Lo sabemos pero no lo decimos.

Con todo, la cuestión no puede sólo medirse en estos términos. Toda nación debe cuidar al que considera su territorio. Si desprecia la unidad de su territorio, en el que vive un pueblo con un razonable futuro común, la idea de nación se diluye.

En definitiva lector, estos argumentos breves sostienen que si tuviéramos las Malvinas nada cambiaría en nuestras vidas; que, sin embargo, la idea de su recuperación es una manera de reunir a los argentinos y a la vez una manera de mantener viva la idea de defensa del territorio, condición necesaria para la existencia de la nación.

¿Qué tiene que ver esto con el 2 de abril? Absolutamente nada, más bien esa fecha recuerda una aventura criminal y oportunista que alejó inmensamente la posibilidad de recuperación de las islas.

El 2 de abril es un acto de desesperación de un general alcohólico que quería salvar el proceso militar y convertirse en héroe y caudillo de la Argentina. General que participó del plan de represión, tortura, desaparición y muertes de miles de compatriotas. Un general que ni siquiera podía coordinar la acción de las tres armas que intervinieron en el conflicto.

El 2 de abril le dio al Reino Unido la excusa perfecta para negarse a la negociación y lograr la reelección de la entonces primer ministro Thatcher. En esa fecha conmemoramos la valiente gesta del ex capitán Astiz, un asesino de monjas, que se rendiría sin disparar una sola bala.

Quizás me equivoco y deberíamos recordar la fecha: como el día de la insensatez, de la locura colectiva, de la muerte vana de nuestro soldados y de lo único bueno que sucedió: la prueba de coraje de algunos que lucharon, en particular nuestros aviadores.

El 2 de abril es el día de la anti-reivindicación de Malvinas y la ocasión para los muchos oportunistas, que dicen hacer política, para cometer nuevas insensateces.

(*) Dante Caputo. Politólogo y Ex canciller de la Nación. Artículo publicado por Walter Eckart el 2 de Abril de 2014 y compartido por Google+