miércoles, 2 de abril de 2014

La realidad estadística

Por Tomás Bulat (*)
Uno de los avances importantes en las ciencias sociales es el herramental estadístico. Como ciencias humanas que estudian comportamientos -tanto individuales como grupales- son inexactas, dado que las alternativas de comportamientos son varias y -por lo tanto- distintas para cada individuo. Sin embargo, algunas respuestas son más comunes que otras lo cual permite predecir con cierta probabilidad cómo se moverá una sociedad ante una situación dada.

Por ejemplo, ante un semáforo con luz roja en una avenida determinada, lo más probable es que el 99% de los automovilistas lo respete durante el día. Siempre habrá una excepción, pero mínima.

Si estudio el comportamiento de los automovilistas con el mismo semáforo, pero a las 3 de la mañana, quizás solo el 50% lo respete. 

Esos son datos estadísticos tratan de reflejar la realidad de la mejor manera posible para saber cómo actuar. Es probable que con estos resultados  se decida que a partir de la 1 am el semáforo titile en amarillo y lo haga hasta las 5 de la mañana, por ejemplo.

La estadística nos sirve de mucho para comprender la realidad, para poder con ello tomar decisiones y actuar en consecuencia.

Estadística primero, realidad después

En Argentina nada es tan simple. La estadística se usa para tergiversar la realidad. Es decir, los índices tienen que mostrar lo que se desea contar y no lo que de verdad ocurre. Por lo tanto, no se toman algunas decisiones en función de la realidad, sino de los índices cuyas lógica es diferente.

Esto vino pasando con la medición de la inflación, la realidad iba por un lado y la estadística por otro. Ahora, dada la necesidad de conseguir préstamos, se tomó la decisión de acercar la estadística a la realidad, pero no que la reflejara fielmente. Es una estadística negociada. Debe parecer un “avance” para que los organismos internacionales crean que las estadísticas  en Argentina se han saneado. Si alcanza para conseguir un acuerdo y de ahí plata, son los datos necesarios. Si ponen objeciones, deberemos hacer un nuevo retoque.

También pasó lo mismo para el crecimiento del PBI. Los datos y el ministro venían diciendo que la economía crecía al 5% y de pronto un comunicado dice que crece 3%. Realmente ¿creció el 3%? ¿o el 2,5%? ¿o el 3,5%?. En realidad a nadie pareciera importarle, lo que pasa es que el dato debe reflejar un número que no obligue a pagar el cupón PBI.

Ahora bien, ¿Qué pasaría si Guillermo Nielsen tiene razón y con el cambio de base, el % por el cual hay que pagar el cupón es más bajo, digamos el 2%? ¿Volvería el INDEC a hacer el recalculo para no pagar la deuda?

La realidad no importa, el dinero sí

Así de maravillosa es la estadística argentina. No pretende reflejar la realidad y a nadie le parece importarle mucho. Lo importante es que su manejo nos permita conseguir dinero fresco o ahorrar al momento de pagar una deuda.

La estadística y los índices son utilizados para nuestra conveniencia inmediata, y la realidad es una simplemente una  molestia para lo que queremos demostrar o hacer.

El problema es que sin estadísticas confiables, vemos la realidad que deseamos y no la verdadera. En consecuencia, nuestras decisiones y nuestros actos son en función de nuestro imaginario o nuestro deseo y no de situaciones concretas. Eso nos da la oportunidad de, ante un mal resultado, culpar a otro que no nos entendió o decidió atentar contra nuestro sueño, pero nunca asumir nuestras propias responsabilidades.

La incertidumbre ya no es sobre el futuro, sino sobre el pasado. Pero no de la realidad, sino de las estadísticas.

(*) Tomás Bulat. Economista, periodista y docente universitario. Artículo publicado en "El punto de equilibrio" el 1° de Abril de 2014