miércoles, 2 de abril de 2014

Las primeras burbujas especulativas

Por Adrián Ravier (*)
Prólogo del libro de Douglas E. French
Los hechos históricos se leerán de manera diferente, mientras los marcos teóricos que utilicen los analistas o historiadores sean diferentes. La gran depresión de los años 1930 suele ser un claro ejemplo de esto:
1. El marco analítico keynesiano comprende su naturaleza a través de la inestabilidad del capitalismo.[1]
2. El marco analítico monetarista comprende que hubo fallos de la Reserva Federal en gestionar la política monetaria, apuntando especialmente a la contracción del período 1929-1933.[2]
3. El marco analítico austriaco, por el contrario, comprende que hubo una política crediticia expansiva en el período previo, de 1924 a 1929, que gestó los gérmenes de la crisis al abrir una fase de mala-inversión que se liquidó en el período posterior.[3]
Se podrá decir que el keynesianismo encuentra “la causa” en el sistema capitalista, mientras Chicago & Viena coinciden en la responsabilidad de la autoridad monetaria, aunque un detallado análisis muestra que estas dos últimas escuelas también difieren en la explicación del proceso que condujo a la crisis.[4]
Las burbujas bursátil e inmobiliaria que Estados Unidos sufrió respectivamente en 2001 y 2008, y que tuvieron un efecto contagio y negativo sobre la economía global, han renovado el interés de los economistas por estudiar la naturaleza de las burbujas especulativas, al tiempo que despertaron el interés por recuperar ciertos escritos olvidados de los años 1920 y 1930 de Ludwig von Mises y Friedrich Hayek.[5]
Nicolás Cachanosky y Alexander W. Salter han compilado una parte extensa de la literatura moderna clasificando a aquellos trabajos de la corriente principal que ven el marco analítico austriaco como un marco útil o adecuado para comprender los hechos de la crisis financiera global. Se detallan al respecto los artículos de Borio & Disyatat (2011), Caballero (2010), Calvo (2013), Diamond & Rajan (2009a), Hume & Sentance (2009) y Leijonhufvud (2009).
Por otro lado, en la misma investigación se detallan aquellos trabajos que sin citar a Mises o Hayek, ofrecen una causalidad en los hechos que es compatible con la teoría austriaca del ciclo económico. Aquí se referencian los trabajos de Diamond & Rajan (2009b), McKinnon (2010), Meltzer (2009), Schwartz (2009) y Taylor (2009).[6]
Está claro que cada burbuja especulativa tiene sus específicas causas, pero tengo la sensación que hay ciertas teorías económicas que tienen la virtud de mostrar adecuadamente el carácter “general” de todas ellas. Este libro aporta a ello.
Si bien los hechos bajo estudio ocurrieron hace siglos, el lector encontrará una serie de tres etapas bien definidas, como el auge, la crisis y la depresión, que se repiten en cada burbuja especulativa. Más precisamente, el lector comprenderá que la causalidad descripta en este libro sobre las primeras burbujas especulativas es similar a la que hoy se observa en burbujas especulativas modernas: expansión crediticia, bajos tipos de interés, proceso de mala-inversión que conduce a una fase de auge, generación artificial de empleo, alza generalizada de precios, burbujas especulativas en las acciones de algunas empresas, suba en los tipos de interés que abre la etapa de crisis, quiebras generalizadas, caída en el valor de las acciones, aumento del desempleo y depresión de la actividad económica. Cada ciclo económico puede concluir con la apertura de uno nuevo, como de hecho ocurrió en 2001/2002 con el fin de la burbuja bursátil y el comienzo de la burbuja inmobiliaria americana.
Si es posible o no desarrollar una teoría “general” de los ciclos económicos, es algo que la economía como ciencia aun no ha resuelto, pero que la Escuela Austriaca se ha planteado desde su fundación. De un lado, los historicistas liderados por Gustav Schmöller pensaban que no es posible crear una teoría económica abstracta, aplicable a todo tiempo y lugar. Del otro, la Escuela Austriaca de Economía liderada por Carl Menger, creía que la economía no podía ser limitada a simple historia. La economía, para ser ciencia, debía necesariamente crear ciertas leyes o teoremas a priori de la evidencia empírica, la que luego, complementada con hipótesis empíricas adicionales, podía describir correctamente la realidad.[7] Este episodio tan importante de la historia del pensamiento económico se dio en paralelo con la revolución marginal de 1871, se lo conoce como el Methodenstreit, y existe una extensa literatura que lo analiza.[8]
Ese marco analítico que han estudiado y formado los teóricos de la tradición austriaca, es el que en este libro se vislumbra. Douglas E. French escribió este libro como tesis de Máster en la Universidad de Nevada, en Las Vegas, bajo la dirección de Murray N. Rothbard, siendo Hans-Hermann Hoppe parte del comité de evaluación.
Su experiencia en el negocio bancario y la influencia recibida de Rothbard, lo convierten en una voz autorizada para estudiar las primeras burbujas especulativas, como aquel boom del mercado de tulipanes en Holanda entre 1634 y 1637, o aquel boom de las acciones de la Compañía del Mississippi y de la Compañía de los Mares del Sur, en Francia, a principios del siglo XVIII.
Claro que ya existía cierta literatura que pretende explicar estos hechos económicos, pero el autor no lo hace de la forma tradicional, culpando a los mercados libres o siguiendo la teoría de la exhuberancia irracional, sino que ajusta los hechos correctamente a la evolución de la oferta monetaria y en particular a la teoría austriaca del ciclo económico. El resultado es una nueva comprensión de estas burbujas especulativas que le permite sortear desafíos que la literatura tradicional no podía resolver.
El autor no sólo examina estos procesos históricos, sino que también ofrece una biografía de John Law, a quien responsabiliza como arquitecto directo e indirecto de estas y otras burbujas especulativas. Si bien es fácil vincularlo con las dos últimas burbujas, Law también fue responsable –hasta cierto punto- de la creación de los bancos centrales como monopolistas en la administración del dinero, instituciones que más tarde jugarán un rol central en la gestación de nuevas burbujas. Cabe recordar aquí las palabras del profesor Joseph Salerno, quien identificara a Law como el primer macroeconomista en implementar un sistema monetario keynesiano en Francia, aun 200 años antes que Keynes naciera.
Debemos reconocer, quizás como único fallo del libro, que el autor no haya siquiera mencionado en toda su investigación la vida y obra de Richard Cantillon. Y es que este autor, interactuó con Law en la gestación de la burbuja especulativa de la compañía del Mississippi y se aprovechó de ella para formar una gran fortuna, al tiempo que su entendimiento de la naturaleza de la misma, le permitió desarrollar en su Essai una adecuada comprensión de una prematura teoría de los ciclos económicos.
En otro lugar, citando el ensayo descubridor de W. S. Jevons, traté este punto:
“Asociado a un crédito inmenso—como dice la Biographie Universelle—afables maneras y aguzado ingenio, [Cantillon] era solicitado por la mejor sociedad y tuvo intimidad con personas del más alto rango.” Fue amigo de Lord Bolingbroke, y aún se afirma que estuvo en buenos términos con la Princesa de Auvernia. En efecto fue tal su éxito financiero y social que el gran John Law, entonces en la gloria de sus combinaciones financieras, estaba envidioso de él. Replicando a su compatriota, sobrevino una discusión que debió ser cierta porque, como diría un autor francés, era naturalísima. ‘Si estuviéramos en Inglaterra (dijo Law) no tendría más remedio que transigir con usted y arreglarnos; pero como estamos en Francia, puedo enviaros esta tarde a la Bastilla, si no me dais vuestra palabra de salir del Reino en las próximas veinticuatro horas.’ Cantillon se puso a pensar un momento y contestó: ‘¡Bueno, no me iré, y haré triunfar vuestro sistema!’ (Jevons, 1950 [1881], p. 206).”[9]
La disputa terminó por asociar a Cantillon con Law, tomando el primero unas veinte millones de libras de la sociedad comercial del Mississippi fundada por el segundo, y por mediación de sus numerosos amigos y agentes comerciales, y gracias a la reputación alcanzada, pudo colocarlos en el mercado con gran beneficio.
El negocio consistió en prestar este dinero a numerosos clientes de gran prestigio con la condición de que compraran acciones de la sociedad comercial del Mississippi. Durante el auge, originado en la política inflacionista de John Law, estas acciones aumentaron fuertemente de valor, generando importantes beneficios a sus propietarios, pero viendo Cantillon que esta burbuja especulativa necesariamente iba a explotar en poco tiempo, tomó las medidas necesarias, se deshizo de sus propias participaciones así como de aquellas que pertenecían a sus prestatarios, y que le habían dejado en garantía, tomó el dinero que surgió como fruto de las ventas de estas participaciones y partió hacia Italia para esperar allí el fin de la burbuja, que se desencadenó al poco tiempo. Cuando en 1720, la sociedad comercial del Mississippi fue a la quiebra sus clientes habían perdido el dinero invertido, pero mantenían una importante deuda con Cantillon, quien les había prestado el dinero con el que compraron las participaciones, a una tasa de interés de hasta el 50 por ciento. Cantillon exigió que devolvieran el dinero que se les había prestado, y entonces comenzó una larga disputa legal, que duró hasta su muerte.
El propio Murray Rothbard (1999 [1995], p. 387) destaca que “Cantillon regresó a París multimillonario, aunque impopular entre sus antiguos asociados y deudores.”[10] Su fortuna, al momento de su muerte, era enorme, estaba conformada por propiedades y acciones, y se encontraba dispersa en un buen número países.
Lo cierto es que Cantillon gozaba de una buena comprensión del descripto contexto económico que caracterizaba a la Francia del siglo XVIII. Cuando la burbuja se aproximó a su máximo nivel, y John Law comenzó a practicar políticas desesperadas para evitar el consecuente colapso de su sistema, Cantillon se apresuró a vender sus acciones a un precio muy alto, las que luego recompró en el momento en que habían colapsado. Este acto implicó apostar contra el sistema de Law, lo que lo llevó a abandonar Francia en 1720, posiblemente para evitar dificultades personales, tanto con John Law como con el resto de los inversionistas, y asentarse, tras un paso por Italia y Amsterdam, en Inglaterra. Abandonar Francia, sin embargo, no lo absolvió de las disputas legales. Desde 1721, y hasta su muerte, tuvo que enfrentar numerosas causas relacionadas con su actividad bancaria.
El Essai –que la literatura describe como el primer tratado de economía política- habría sido escrito durante estos años, y existen buenas razones para creer que Cantillon desarrolló la teoría económica como parte de su defensa legal contra los cargos de usura. En este sentido argumenta Murphy (1986), señalando que habría similitudes entre algunas secciones del Essai y el testimonio presentado como defensa por los abogados de Cantillon.
Podrá parecer inapropiado enfatizar tanto el rol de Cantillon en el prólogo de este libro, sin embargo, pienso que es justamente el Essai de este autor el nexo que nos permite comprender estos hechos bajo estudio, como raíz de la propia teoría austriaca del ciclo económico que se utiliza como marco analítico para estudiarla.
Fueron estas primeras burbujas especulativas las que permitieron a Cantillon comprender la naturaleza “general” de todas ellas, sintetizando en su Essai una buena cantidad de elementos que permanecen al día de hoy en la formación de los economistas modernos. 
Limitándonos sólo a los aspectos macroeconómicos, se pueden mencionar: el origen espontáneo del dinero, las consecuencias de su adulteración, el conocido “efecto Cantillon”, la teoría cuantitativa del dinero, la velocidad de circulación del dinero, la no neutralidad del dinero, la naturaleza de la tasa de interés y una incipiente teoría de los ciclos económicos.[11]
Celebro entusiastamente que el marco analítico de la Escuela Austriaca esté extendiéndose en este libro para comprender las primeras burbujas especulativas y espero que sea tomado por sus lectores como ejemplo del un extenso trabajo que aun queda por hacer en el mundo empírico, para comprender las posteriores burbujas especulativas, y desde luego, las que conjeturo que lamentablemente vendrán en el futuro.
Referencias
[1] Véase J. M. Keynes (1930), “La gran depresión de 1930”, en Ensayos de Persuasión, Vol. II, Folio, Biblioteca de Economía, Barcelona, 1988.
[2] Véase M. Friedman y A. Schwartz (1963), A monetary history of the United States, 1867-1960, Princeton, NJ: Princeton University Press.
[3] Véase L. Robbins (1934), The Great Depression, Freeport, N.Y.: Books for Libraries Press. 1971; B. Anderson (1972) [1949], Economics and the Public Welfare, Financial and Economic History of the United States, 1914–1946. Princeton, N.J.: D. Van Nostrand, 1975M M. N. Rothbard (1972) [1963], America’s Great Depression, 3.ª ed., Kansas City: Sheed and Ward. Una síntesis en español de esta literatura se puede encontrar en J. C. Cachanosky (1989), “La crisis del treinta”, Revista académica Libertas, Vol VI, No. 6, Instituto Universitario ESEADE, Buenos Aires, mayo de 1989.
[4] Véase O. Schenonne y A. Ravier (2007), “Vienna & Chicago: friends or foes? A tale of two schools of free-market economics. Mark Skousen”, History of Economics Review, 46, The Australian National University (ANU), Summer 2007, pp. 190-194.
[5] Véase P. Lewin y A. Ravier (2012), “The Subprime Crisis”, The Quaterly Journal of Austrian Economics, Vol. 15, Num. 1, Spring 2012, pp. 45-74.
[6] Véase N. Cachanoksy y A. W. Salter (2014), “The View from Vienna: An Analysis of the Renewed Interest in the Mises-Hayek Theory of the Business Cycle”, documento de trabajo disponible en http://www.ncachanosky.com/research.html
[7] Véase G. J. Zanotti (2009), La economía de la acción humana. Un ordenamiento epistemológico de los teoremas de la economía según Mises, Unión Editorial, Biblioteca Austriaca, Madrid.
[8] Véase J. Huerta de Soto (2004), Capítulo 1: “El Methodenstreit o el enfoque austriaco frente al enfoque neoclásico en la ciencia económica”, em los Nuevos Estudios en Economía Política, Unión Editorial, Madrid.
[9] Véase A. Ravier (2011), “El misterioso Richard Cantillon”, Laissez Faire, No. 34, Universidad Francisco Marroquín, Guatemala, marzo de 2011.
[10] Véase M. N. Rothbard (2013) [1995], Historia del pensamiento económico, Unión Editorial, Clásicos de la Libertad, Madrid.
[11] Véase A. Ravier (2011) “El Essai de Richard Cantillon”, Laissez Faire, No. 35, Universidad Francisco Marroquín, Guatemala, septiembre de 2011.
Adquiere este libro en Unión Editorial.
(*) Adrián Osvaldo Ravier (Ciudad de Buenos Aires, 1978) es economista, especializado en teoría monetaria, el estudio de los ciclos económicos y la historia del pensamiento económico. Ha obtenido su título de doctor en economía aplicada, en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (2009), bajo la dirección del profesor Jesús Huerta de Soto. Ha sido alumno de ESEADE donde obtuvo un Master en Economía y Administración de Empresas (2004). Y ha obtenido su licenciatura en economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires (2002). Artículo publicado en "Punto de vista económico" el 1° de Abril de 2014