martes, 8 de abril de 2014

Los sobornos falsos

Por Carolina Mantegari (*)

Después de 14 años absuelven al ex presidente Fernando De la Rúa, a Flamarique y de Santibañez, y a los senadores políticamente congelados.

“… los hechos motivo de acusación, cuya trascendencia y difusión afectó gravemente la credibilidad acerca del sano funcionamiento de las instituciones de la República y la honra de sus funcionarios, y que por el modo en que fueron presentados -de manera irresponsable, por actores de la época- llegaron a constituirse en una verdad revelada e incontrastable, no han encontrado una mínima corroboración…” Sentencia del Tribunal

Introducción
La industria del arrepentimiento

“Pontaquarto hizo del arrepentimiento una pyme”.
Síntesis brillante del senador Héctor Maya, mandato cumplido.
El suyo fue uno de los testimonios más desopilantes de la Causa 857/07, caratulada como “Cantarero y otros s/cohecho”.
Es el caso de los sobornos (falsos) en el Senado de la Nación.
Produjo la renuncia del vicepresidente Carlos Álvarez, y profundizó el fracaso -que se anunciaba- del gobierno de Fernando De la Rúa.
Por los cinco millones de pesos-dólares. Pagados, imaginariamente, para aprobar la Ley de Reforma Laboral.
Un texto “lavado” que -para Oberdán Rocamora- no valía ni cinco mil. Ver “Puerta del infierno”, cliquear.
Pasada la turbulencia del escándalo -nuestro insumo cultural- emerge el turno grave de la indiferencia, aún más escandalosa.
Osiris Alonso D’Amomio. Director – Consultora Oximoron 

El TOF 3

Nadie quiere tomar en serio la magnitud de la sentencia del Tribunal Oral en lo Criminal Federal 3, que integran los inobjetables juristas Miguel Guillermo Pons, Guillermo Andrés Gordo y Fernando Ramón Ramírez.
El TOF 3 que el 23 de diciembre de 2013, después de un año y medio de apabullante oralidad, y de casi 250 testimonios, decidió absolver “de culpa y cargo” a Mario Alberto Flamarique, Ricardo Alberto Branda, Fernando De la Rúa, Fernando Jorge de Santibañez, Augusto José María Alasino, Alberto Máximo Tell, Remo José Constanzo y Mario Luis Pontaquarto.
Y “sin costas”. Se imponen -las “costas”- a la Oficina Anticorrupción. Al Gorro Frigio. Caja boba del Estado.
Desfile de testigos notables. Políticos trascendentes de primer nivel y periodistas formadores de opinión.
Algunos afirmaron tener la certeza que los hechos de corrupción habían existido. Por inferencias, versiones, murmullos. Ficciones conjeturales que carecieron de la menor fundamentación.
Significa confirmar que no pudieron demostrarse los delitos, basados en datos inconvincentes.
Fueron “hechos”, por lo tanto, que nunca ocurrieron.
El lenguaje suficiente para masacrar en los medios a cualquier individuo, resulta insuficiente para masacrarlo en un tribunal.
Más que conceptos, rumores, impresiones o adjetivos, lo que hace falta son pruebas.

Insumo cultural del escándalo

En la cultura argentina, el insumo del escándalo suele ser tan necesario como el insumo de la soja, para la economía.
El escándalo, aquí, es un commodity cultural. Es sólo atemperado por un escándalo superador. Y así sucesivamente.
El inconveniente es cuando la pólvora, intensamente transitoria, accede a los tiempos de la justicia, que mantiene su propio ritmo.
El culebrón de las “coimas en el Senado de la Nación” mantuvo sus momentos elevados de furor institucional.
Primero, por la oportuna genialidad de Hugo Moyano, El Charol, que resistía la aprobación de la Ley, y aludió al recurso persuasorio de “la Banelco”.
Aunque cueste imaginar el pago innovador de coimas a través de la tarjeta de crédito.
Después, por la inspiración literaria de un texto anónimo, leído por el vicepresidente Álvarez en una reunión de la Comisión de Labor Parlamentaria. Fue poco antes de producir el “gesto ético” del 6 de octubre de 2000. Consistió en renunciar inútilmente a la Vicepresidencia de la Nación, en una conmovedora ceremonia del hotel Castelar (y en uno de los éxtasis más estremecedores del “alpedismo político”).
Pero como “convivía con la contradicción” -según su propio testimonio- Álvarez atendía el proyecto de volver al gobierno. Cuando el “gesto ético” se apaciguara. En tándem con Domingo Cavallo, el creador de la Convertibilidad que emergía como el ministro providencial de la economía, y que volvía para salvarla, con Álvarez como Jefe de Gabinete, o Premier (ampliaremos, sólo si viene al caso, con el patético diálogo entre De la Rúa y Álvarez, registrado en el tribunal de Comodoro Py; contiene innegable valor histórico).
Otro instante de furor transcurrió en 2003. Cuando ya se lo habían llevado puesto, como una media, a De la Rúa. Ya presidía Néstor Kirchner, por entonces un paladín en la lucha contra la corrupción.
Aquí Mario Pontaquarto, el Tato, en su “supuesta” condición de protagonista, ofrendó la atractiva historia para una revista semanal.
Entonces Pontaquarto peregrinó después con su mercadería por los despachos decisivos. De la mano de Daniel Bravo, El Hijo del Profesor, El Tato estuvo con el Jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra (que tiene pendiente una “posible comisión de delito por falso testimonio”) y con el Primer Ministro Alberto Fernández, El Poeta Impopular (ampliaremos, también solo si viene al caso, con los invalorables testimonios de Cafiero, Bravo, Fernández, Morales Solá, etc.).

Romanticismo

Al concluirse la primera parte del Informe Oximoron, aún no se registró el pedido de disculpas al ex presidente Fernando De la Rúa. Lo reclama. Es un gesto lícito de romanticismo reparador.
Tampoco, que se sepa, su partido, la Unión Cívica Radical, planifica ningún acto de desagravio a su vituperada figura.
Entre enigmas, los abundantes maliciosos sospechan que algunos radicales venerables, en coincidencia con los apurados peronistas, se confabularon expresamente para derrocarlo (ampliaremos). O por lo menos para que el presidente distraído, de una vez por todas, renunciara. Acosado como estaba por el desprestigio de las corrupciones inflamadas. Y por las manifestaciones violentamente desesperadas que aportaban muertos. Cuando Cavallo debió irse después de haber hecho el peor negocio político de su vida. Al llegar como salvador, pero para comprarse la quiebra definitiva.
Y cuando De la Rúa, ya sin vestigios de romanticismo, debió treparse a aquel helicóptero emblemático, expresionista y final.

Los congelados

Tampoco se planifican desagravios públicos, ni reivindicaciones morales, para los difamados senadores peronistas, mandatos cumplidos.
Los que padecieron el congelamiento de sus proyectos personales. Durante 14 años.
Augusto Alasino, de Entre Ríos; Remo Constanzo, de Río Negro; Alberto Tell, de Jujuy; y Ricardo Branda, de Formosa.
Los resignados al escarnio se la bancaron y mantuvieron la asistencia casi perfecta en las dilatadas sesiones. Transcurrían en el subsuelo de Comodoro Py, donde acontecían los testimonios de patriotas que aguardan la respectiva valoración histórica.
Hubo, sí, dos ausentes. El senador Emilio Cantarero, de Salta, El Seductor Trunco, que quedó técnicamente “fuera de juego”. Por falta de lucidez.
El otro ausente fue el senador radical por Mendoza. José Genoud, El Flaco. Un precipitado ostensiblemente influenciado por la humillación y los conflictos personales. Prefirió inclinarse por el tango menos aconsejable. El del suicidio.
¿Continuará?
(*) Carolina Mantegari para JorgeAsisDigital.com Publicado en el Envío Nº 1196 del 8 de Abril de 2014
Redacción Final/Informe Oximoron