miércoles, 9 de abril de 2014

Proclamas inconsistentes

Por Walter Eckart (*)
Para comenzar por alguna parte, cabe la pregunta: En cuanto sociedad ¿Sabemos cómo se llega a lo más profundo?

Por ejemplo: cuando alguien del gobierno o la oposición, frente a un problema grave (como la inseguridad aberrante en la que estamos inmersos) dicen cosas como: “tenemos que ir por las causas más profundas…”

¿Entendemos lo que nos están diciendo?
A mero título enunciativo, tal vez convenga recordar algunas posturas de marcado tinte sofista, expresadas en las últimas horas.

Por ejemplo.
Cuando el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, dice que “el Gobierno tiene una apuesta ‘más profunda’ para enfrentar el crimen, como garantizar la enseñanza formal y el aumento de los puestos de trabajo”.

O cuando Norma Morandini (senadora nacional por el FAP) afirma que la respuesta a la criminalidad se corrige con mejores niveles de educación.

¿Entendemos lo que en verdad nos están diciendo?
Lo pregunto porque pareciera que el oficialismo y sectores de la oposición prefieren seguir -elegantemente- pateando la pelota para más adelante.

Reducir casi todo -y convenientemente, en términos de intereses políticos- a la educación formal, no es otra cosa que constituir un gran monumento a la ignorancia en materia de vida ciudadana.

Sólo faltaría decir que la hambruna también se corrige con educación; o que no existe la capacidad natural de cualquier ser humano de diferenciar el bien del mal, más allá de su condición social o su nivel de instrucción.

Para decirlo de otro modo: hasta el menos ilustrado sabe que robar está mal o que matar al inocente es repudiable. Y aunque hagan estas cosas u otras peores, no por ello desconocen la entidad de esos actos.

Por eso, en cuanto al discurso político, es como si no supieran que para llegar a lo profundo se debe partir de la superficie.

De otro lado, es una obviedad que los conflictos sociales que afloran en la superficie responden a causas profundas. Pero de ahí a una verborrea que solo prefiere prometer que va actuar en las profundidades pero ignora o dilata el abordaje de la coyuntura cotidiana, eso es otra cosa. Es otra perspectiva. Otro horizonte, que en mucho emula a la actitud de Poncio Pilato.

¿Es tan difícil entender que la respuesta a lo urgente es el primer peldaño para una política de largo plazo? ¿Tanto cuesta comprender que no se puede avanzar en un plan integral (en este caso sobre materia de seguridad ciudadana), si -al mismo tiempo- no se atiende a lo que pasa cada día?

Los lectores sabrán disculparme, pero desconfío de éstas y otras posturas similares; como asimismo descreo de cualquier discurso que sólo apunte al futuro.

La compulsiva cotidianeidad en la que vivimos no se cansa de expresar un mismo y único mensaje: se deben hacer las dos cosas. Lo urgente y lo de fondo, aunque esto último ciertamente implique tiempo.

Lo demás… me suena demasiado a un parloteo berreta… Tal vez me equivoque… o tal vez no…

(*) Walter Edgardo Eckart. Periodista y analista político.

Fuente: Comunicación personal del autor (Compartido públicamente a través de Google+) y en http://site.informadorpublico.com/?p=43867