miércoles, 2 de abril de 2014

Terminemos con la venganza privada socialista y terminarán los linchamientos

Por José Benegas (*)

Hay que evitar empobrecerse analizando las palabras de ciertas personas que tienen el único propósito de hacerse notar. De tonterías dichas en cadena nacional no voy a hablar.
Si en cambio de qué es lo que creo que significa la sucesión de episodios de venganza privada que estamos presenciando en la Argentina.

El venerado estado no estuvo, ni para parar a los ladrones ni para parar a los que les aplicaron castigo inmediato. Porque el estado está para ser “bueno”. Esta es la era de la corrupción, la opresión y el totalitarismo “bueno”, por la bondad misma, que se alimenta de sus usinas y de muchas de sus víctimas que ponen en primer lugar la “bondad” ontológica de la que alimentan su ego podrido. La realidad, lo que significa y sus consecuencias, les importa tres pitos.
Por eso quienes dicen tonterías en cadena nacional, también pueden ser entendidos por la corrupción de estos abuelitos del Bebé de Rosmary con sus sonrisas dulces, porque aquellos son parásitos de esa ética.
Pero como digo, lo importante acá no son ni los crímenes ni sus víctimas sino que se mantenga la adscripción de los buenos a la bondad, que es lo que nos trajo a este punto.
Lo que pasa es que algunos tienen freno en su bondad y otros las llevan hasta sus últimas consecuencias como lo hicieron los grandes totalitarismos del último siglo, siempre épicos.

Esta mañana estuve soportando a los que quieren resolver nada más el problema que les causa a ellos la posible tensión entre su bondad (izquierdidad, develemos el centro de su pelotudez) y los linchamientos ¿Cómo explico que a los ladrones hay que castigarlos sin defender el criterio “neoliberal de justicia” y sin decir algo progre? Fundamental entonces alguna poesía y poner cara de circunstancia. Pues Fernández Díaz encontró la fórmula: La impunidad que practica el kirchnerismo con el crimen es “anarco liberal”, dijo, para que no confundan su deseo de que mejore la seguridad con una herejía hacia su propia iglesia del sandwichito y la coca. Nunca nada sale mal porque alguien sea zurdo, siempre es porque no lo es.
El domingo me banqué a Majul diciendo que la economía K es “neomenemista liberal”, porque él no se equivoca en su izquierdidad de proverbio de chicle bazooka, todo el que se equivoca por definición es porque está fuera de su iglesia de chocolate. Cuando las cosas no salen bien es porque los responsables han blasfemado.
Pero empecé a escribir esto para hablar del tema de las venganzas privadas en si. Termino tocando a la religión farandulera argentina porque me tiene muy podrido. Por suerte no soy de los que piensan que los sentimientos y sufrimientos justifican el crimen, si no ya sería un Robledo Puch.
Cualquier historia del derecho penal empieza por la venganza privada (que sea privada no significa que la privatizó Menem o que es liberal, Majul). Frente a un crimen, la víctima recurre a sus allegados y hace sufrir al criminal sin ninguna proporción entre el daño padecido y el que se hace padecer. Fácil de entender por el hecho de que el primer acto criminal puede no tener una motivación emocional, pero seguro la respuesta la tendrá.
Hoy tomamos como algo salvaje la idea de la Ley del Talión, que viene después de la venganza privada, pero consiste en la primera noción de proporcionalidad. El ojo por ojo y diente por diente era una forma de que el castigo no fuera más allá.
La última etapa empieza con Cesare Beccaría y su obra “De los delitos y las penas”, que es la base del moderno “Derecho Penal Liberal” (ahora si Fernández Díaz). Ahí el problema es la violencia organizada y sus abusos, es decir el estado y no solo la venganza de las víctimas. Se establece el procedimiento legal, objetivo, para conocer los hechos. Se configuran los fundamentos de la responsabilidad individual frente a los actos criminales, el principio de legalidad de que nadie puede ser penado sin una ley anterior que defina el hecho como delito, el derecho de defensa, etc. Su núcleo puede leerse en el artículo 18 de la Constitución Nacional, la original (la liberal, Majul).
El derecho penal liberal persigue un método sistemático para hacer justicia frente al crimen sin cometer a su vez injusticias. Es apoyado por la permanente tensión de la refutación. Podría no ser la última etapa del tratamiento del crimen pero es un gran avance en el desarrollo de la civilización. El proceso se basa en el debate entre defensores y acusadores, vistos por jueces que tienen la última palabra y todos ellos están sujetos a reglas. El fin es que se castigue el crimen sólo cuando corresponde y sólo en la proporción que corresponde.
Ahora si vienen los buenos a meter basa en esta historia. No a pensar otras formas de tratar el delito más eficientes, sino a comprender al delincuente y dejar de comprender a las víctimas. Ellos nos contaron con Zaffaroni a la cabeza que la sociedad es injusta ¿Alguien conoce a la sociedad? La sociedad no nos hace nada, fulano y mengano si. Ellos se preguntan sin embargo cosas como ¿es injusto el crimen o es injusta la víctima que es capitalista, egoísta y de derecha? Lo que dieron vuelta no fue sólo al derecho penal, sino al criterio de justicia.
Para estos mal llamados garantistas (porque el único verdadero garantismo es el Derecho Penal liberal) la sociedad es injusta porque no rige su amado socialismo, es decir la igualdad. Igualdad vendría a ser una condición de la que la providencia se olvidó y ellos serían los llamados a salvar el error. Ese socialismo y su igualdad que están recontra refutados no solo en su base teórica, sino por los resultados monstruosos de genocidio, sufrimiento y pobreza extrema a los que conduce. Por si alguien cree que ser bueno es gratis.
Pero no les importa a estos creyentes, porque como a nuestros analistas del comienzo, la cuestión es que sobreviva la explicación que los hace buenos y restauradores del bien. La realidad, para decirlo en términos que expresen que cansado me tienen, les chupa un huevo.
Si alguien piensa que se preocupan por el pobrecito ladrón al que mataron a patadas, se equivoca. Les preocupa que se mantenga el supuesto de bondad (izquierdismo a lo Tognetti) al que han adcripto y sin el cual serían como nosotros. Los muertos son siempre instrumentos de la bondad. Tampoco les importan los que eran víctimas del ladrón, primero porque el manual dice que los buenos ya no pueden estar con los que son robados, sino con los que tienen “necesidades” (como los ladrones y los “formadores de opinión”). Segundo porque atacan a un ladrón, en lugar de preguntarle cómo se llevaba con su mamá y su papá.

Es decir, los llamados cultores del “garantismo” no están preocupados por garantías, sino que creen que crimen es que alguien tenga lo que yo quiero o necesito y no me lo entregue. Lo que reivindican a partir de ahí es una especie de venganza privada, pero esta vez el que se venga es el criminal y no las víctimas (ellos nada más usan estos apelativos al revés). La sociedad injusta nunca es sometida a un juicio con un procedimiento legal, ni tiene derecho de defensa. La “justicia” se hace en la calle sin ninguna proporción, igual que en las cavernas cuando se les decía buenos a los que ahora se les dice malos y viceversa. Si la “sociedad” es injusta con el asaltante callejero como piensa “Zaffaroni” y toda la santa iglesia de la buenitud de los recaudadores de pauta, ellos lo que hacen es habilitar la etapa primitiva de la punición por medios privados, en nombre del socialismo en el (y del) siglo XXI. El ladrón se sirve por si mismo, como se satisfacían solos los parientes de la víctima en esa etapa no civilizada.
Ambos primitivismos tienen un solo remedio. Volver a la ley. Es la única forma de convivencia. Ninguna persona tiene que aceptar un crimen con el fundamento de los traumas del criminal. A los que no somos buenos como Stalin, el Che Guevara o Pol Pot, no nos importa nada si el tipo que nos apunta con un arma era maltratado en el colegio, no consigue trabajo o está casado con Diana Conti. Es más, tan malos somos que nos alegraría saber que le pasa todo eso junto, dado lo que nos está haciendo. Lo único que pretendemos es que no nos apunte, defendernos de su agresión y que después haya un cauce legal, racional y debido para que reciba un castigo, de modo de no tener que llevarlo a cabo por nosotros mismos; de modo que no nos hagamos igual que él. Porque si lo hacemos, seguro que nos pasamos de la raya.
El punto es que en esta maroma lubertinezca, asombrarnos por las reacciones de la gente es tan idiota como hacer moralina con los que roban pan en un campo de concentración. Están todas las condiciones dadas para que ocurran todas estas cosas que estamos viendo, hagamos algo con las causas y no admoniciones fuera de lugar con las consecuencias. Esas condiciones incluyen el alto nivel de delito y su complemento perfecto a la hora de generar una explosión: la opresión buenista que requiere nuestro sacrificio en nombre de la “auto distribución de la riqueza” y nos pone en el lugar de los malos por no aceptarlo, junto con el broche de oro de la discusión de un nuevo Código Penal que se fundamenta en que culpa de los diarios “de repente” ese cuerpo legal se ha vuelto “punitivista” en lugar de amoroso y comprensivo con el tipo que termina linchado.
(*) José Benegas. Abogado, periodista y analista político. Artículo publicado en su web personal "No me parece" el 1° de Abril de 2014