jueves, 29 de mayo de 2014

El presente surge del pasado

Por Elena Valero Narváez (*)

En Argentina, durante diez años, el gobierno kirchnerista se ha dedicado a destruir las instituciones. Se ha dejado muy poco por hacer para lograrlo, desde el avasallamiento del Congreso, hasta la utilización de superpoderes para favorecer la corrupción en pos de conseguir la adhesión incondicional de políticos y jueces,  aumentando de ese modo el poder, hasta límites casi dictatoriales. 

En la actualidad, las consecuencias de ésta política la estamos sintiendo en carne propia: alta inflación, enfermedad transmitida por el gobierno que está vaciando los bolsillos de los argentinos, comiéndoles el futuro, además de desprestigiándolos internacionalmente  evitando la llegada del aire que podrían darnos las inversiones.

La esperanza de un futuro mejor es la carta que se juega nuestro país. Todos sabemos que solo puede llegar a través de nuestros representantes quienes están tratando de llegar al 2015 haciendo, con indolencia premeditada, algunos pocos deberes para que no nos alcance, antes de darle el bastón de mando al futuro presidente, la catástrofe. En 1990, fue el motivo del cambio. Nadie olvida la hiperinflación y el apoyo que se le dio al nuevo rumbo iniciado por el ex presidente Menem, correcto al principio, antes de que el gasto público y otros errores, le quitaran la confianza de la gente.

Todos los aspirantes a la presidencia del próximo período, saben que ante la vista del precipicio “hay que hacer” pero la cosa es saber qué y como lograrlo.

Los historiadores sabemos que no hay mejor maestro que la historia. Observar las causas de los fracasos y de los éxitos  ayuda a decidir mejor. Tenemos ejemplos de todos los colores para que, dejando de lado toda fanática ideología, con tolerancia y transacciones con la oposición y las democracias del mundo,  reflejando los valores comunes, pudiéramos ir levantando  cabeza.

No solamente necesitaremos de quienes dirigen la política sino, también, todos debiéramos compartir la responsabilidad del desafío, participando de la vida política, social y cultural para transitar hacia un país donde se respeten , la dignidad de las personas, la igualdad ante la ley y quede a salvo la libertad de los ciudadanos.

En materia de relaciones exteriores, tan ligada a la política interna, la base debería reflejar la interdependencia de la civilización mundial para no obstaculizar los vínculos con todos los países que colaboran en la democratización del mundo, defendiendo los principios que rigen  la democracia liberal, congreso independiente, respeto por la constitución y los derechos civiles además de tolerancia, sobre todo, por las minorías.

Los jóvenes candidatos a presidente debieran ser optimistas, a pesar de que el pasado kirchnerista nos ha llevado a la pérdida de fé en el hombre como ser racional. La esperanza reside en ampliar nuestra comprensión de la historia, en inculcar la fe en la democracia como método pacifico de llegar al poder, y en dejar de creer en posiciones deterministas que nos hacen esclavos del “destino”. El pasado, afortunadamente, no determina el futuro, por lo cual tenemos  varias alternativas dentro , por supuesto, de la difícil situación en la que nos hallamos.

Lo importante -espero que se dé esta vez- es no dar una respuesta utópica al desafío que se viene en el 2015. Por eso,  revisar la historia nos sirve sabiendo que aunque es  irrepetible, los hechos no son totalmente nuevos ya que el hombre ante situaciones semejantes tiende a actuar de manera similar.

Para dar respuesta valedera se necesitan hombres con fe en la razón dejando el proselitismo populista basado siempre en promesas utópicas, para  tomar el rumbo y las medidas que los problemas reales reclaman, siempre inculcando con la palabra y el ejemplo la tolerancia, la decencia y sobre todo el respeto a los derechos individuales.

Ante los graves problemas que ya nos muestran  la cara, lo peor sería que se creyera, como muchas veces en el pasado, que con solo regresar a la normalidad constitucional se puede evadir nuevamente la realidad y continuar con las políticas que la han olvidado y por ello nos han sumido, una vez más, en un rotundo fracaso, el cual está pesando sobre las espaldas de  todos los argentinos.

(*) Elena Valero Narváez (analista política, periodista e historiadora.)


Fuente: Comunicación personal de la autora

Oxfam: La libertad amenaza, la desigualdad mata

Por Carlos Rodriguez Braun (*)
Oxfam es ejemplo del pensamiento único antiliberal, y su argumentación suele contar con más demagogia que sustancia. Recientemente he visto dos documentos suyos disparatados, que pretenden demostrar que la libertad amenaza y la desigualdad mata.
El primero de ellos se titula Alianzas Público Privadas en sanidad: una amenaza global. Amenaza global, nada menos. Nótese que no se trata de privatizar la sanidad, que seguramente les haría desmayar del susto, sino de las reformas que en varios países se están llevando a cabo para reducir los costes de la sanidad externalizando partes del servicio. Algunas actividades sanitarias lo están desde hace mucho, como los medicamentos, pero en tiempos recientes se ha incluido la gestión sanitaria entre lo que puede ser privatizado, en cursivas, unas cursivas muy importantes porque en realidad no se privatiza nada si el ciudadano es obligado a pagar mediante tasas o impuestos, y eso es lo que ocurre prácticamente siempre.
Sin embargo, Oxfam rechaza todo lo que no sea la provisión total y exclusivamente pública. Sus argumentos no son muy convincentes, como el manido de que el sector público es más barato que el privado (por si acaso, claro, no nos dejan elegir no pagar el primero). Pero la corrección política subraya los méritos de la coacción política y legislativa, y para ello cualquier cosa es válida, como informarnos de que según las estadísticas mueren más mujeres al dar a luz en los países pobres que en los países ricos, como si eso probara que hay que subir los impuestos y el gasto público en sanidad.
Pero aparte de obviedades y desvaríos, una línea de pensamiento está siempre presente: la malvada desigualdad. Dice Oxfam: "La provisión privada de los servicios sanitarios puede aumentar la inequidad en el acceso porque favorece por naturaleza a los que pueden permitirse pagar un tratamiento". Esto es muy notable, porque sugiere, primero, que las cosas buenas sólo las compran los ricos, y, segundo, que la sanidad pública es gratis y para los pobres.
Lo primero es absurdo: las cosas no las compran exclusivamente los ricos sino los que creen que valen más que el dinero que entregan a cambio. Esto le sucede a todo el mundo que compra cosas muy importantes en el mercado más o menos libre, sin que a nadie, incluido Oxfam, se le haya ocurrido llevarse las manos a la cabeza.
Lo segundo también es absurdo, porque la sanidad pública no sólo no es gratis sino que cuesta cada vez más, y desde luego no es para los pobres sino para todos. El Estado puede presumir de ser la Madre Teresa, pero la realidad es que nunca se especializa en cuidar a los más pobres sino en montar gigantescas y onerosas burocracias para cuidarnos a todos quitándonos a todos cada vez más dinero.
Eso, es decir, la falta de libertad, naturalmente, no sólo no es una amenaza para Oxfam sino que es precisamente lo que recomienda, porque la desigualdad es mala como la peste. De hecho, Oxfam asegura que mata.
¿Mata? ¿De verdad?
Esta disparatada afirmación aparece en un informe titulado Gobernar para la mayoría, que clama por más gasto público y más impuestos que "eliminen la desigualdad", que es una "epidemia". Para eso los servicios públicos deben ser… ¡gratuitos!
Por si uno levanta la mano para protestar, Oxfam se apresura a aclarar que lo que pide es "un sistema fiscal más justo que recaude más de aquellos con mayor poder económico (…) incrementando la recaudación sobre los más ricos", que por supuesto nunca define, pero el mensaje está claro: todo va a ser estupendo y lo pagarán… otros.
Para lograr tan benévolo objetivo hay que "luchar contra la desigualdad", es decir, luchar contra las elites, las multinacionales, los paraísos fiscales… pero nunca contra el poder. Al contrario, la desigualdad entre el Estado y sus súbditos no les quita el sueño a los señores de Oxfam: más aún, le dan la bienvenida, oponiéndose a todo lo que sea libre, incluso a las escuelas privadas… si son baratas. Todo tiene que venir de los impuestos y nada con programas "privados u optativos": vamos, que deben ser públicos y obligatorios.
Y si uno persiste en protestar, va la prueba final: "Además, la desigualdad económica pone vidas en riesgo: cada año, solo en los países ricos, mueren 1,5 millones de personas por la elevada desigualdad de ingresos". Esto ya es una cosa muy seria: la desigualdad mata.
La prueba que presentan es el artículo "Income inequality, mortality, and self rated health: metaanalysis of multilevel studies", de Naoki Kondo, Grace Sembajwe, Ichiro Kawachi, Rob M. van Dam, S. V. Subramanian y Zentaro Yamagata. Estos especialistas en salud y nutrición parten de dos ideas asombrosas. Una es la identificación entre desigualdad y pobreza: "Una sociedad muy desigual implica que un segmento sustancial de la población es empobrecido, y la pobreza es mala para la salud"; y la otra es la siguiente:
La desigualdad de rentas afecta a la salud no sólo de los pobres sino también de los ricos (…) por el estrés psicológico derivado de las comparaciones sociales envidiosas así como por la erosión de la cohesión social.
Con estas bases tan disparatadas acometen un metaanálisis, es decir, un análisis de los análisis de otros, referidos en su mayor parte a los países ricos, y concluyen que los estudios demuestran que hay que reducir ya la desigualdad y salvaríamos vidas, "si la relación desigualdad-mortalidad es realmente causal", es decir, precisamente lo que deben demostrar.
Reconocen la heterogeneidad de los estudios, pero no analizan variables tan cruciales como la existencia de Seguridad Social, los mercados de trabajo y la inmigración. Al final admiten que la desigualdad puede deberse a muchas causas, y que el índice Gini resume la distribución independientemente de su forma, de manera que un Gini elevado puede ser el resultado de un elevado número de individuos muy ricos o de individuos extremadamente pobres.
En resumen, como suele suceder, detrás de las consignas alarmistas que reclaman más y más usurpaciones de la libertad hay más entusiasmo que razones.
(*) Carlos Rodríguez Braun es doctor en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid y catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la misma universidad. Este artículo fue publicado originalmente en Libertad Digital (España) en dos partes el 18 y el 26 de mayo de 2014. Publicado por El Cato el 28 de Mayo de 2014

Piketty debe sus lectores algunas respuestas

He argumentado que lo principal problema con el libro es que hace una gran afirmación de que a continuación, no apoya. Piketty dice el capitalismo encarna una contradicción fundamental: en la naturaleza del sistema, las desigualdades de ingresos y riqueza tienden a aumentar inexorablemente, con la plutocracia la consecuencia lógica.Él proporcionó una teoría de las clases que apoyen esta tesis, pero está lejos de ser convincente - no es realmente una teoría del todo, más una mezcla de identidad contable y conjeturas. También ofreció un montón de supuestamente corrobora los datos históricos. Los números en el libro no respaldan la afirmación tampoco.
Y eso fue asumiendo que eran correctas. En cierto modo, la constatación del FT que algunos de los números de Piketty son sospechosos no avanza la discusión muy lejos -, porque las cifras no fueron de mucha ayuda a la idea central de Piketty en el primer lugar.Aun así, en la excavación con tanta diligencia a través de los datos, Chris Giles y sus colegas han prestado un valioso servicio. Los datos en cuestión no pueden conformarse con el argumento acerca de la contradicción fundamental del capitalismo, sino que influir en el contexto político y de la materia en su propio derecho.
Hizo crecer la desigualdad de riqueza en el Reino Unido entre 1980 y 2010? Piketty dijo que lo hizo. Esto se ajustaba a (aunque no probó) su cuenta de la lógica subyacente del capitalismo, y afirmó que muchas personas en la creencia de que la desigualdad es la cuestión definitoria de nuestra época.
El FT dice que las fuentes de datos propias de Piketty no están tan seguros acerca de esta tendencia: Parece que es plano, no en aumento. Y la conclusión del Piketty para el Reino Unido parece conducir un resultado similar dudas sobre la creciente desigualdad de la riqueza en "Europa" (que toma Francia, el Reino Unido y Suecia para representar).
Sería bueno conseguir esto y otras cosas en su sitio. Piketty parece haber cometido algunos errores simples. Eso es inevitable en este tipo de trabajo. Ha hecho una gran cantidad de ajustes y ajustes en los datos de origen; que ha tenido que construir de datos donde las fuentes tienen lagunas; que ha tenido que elegir entre distintas fuentes de donde entran en conflicto. Algunas de estas opciones parecen cuestionables.
De Piketty primera respuesta al análisis del FT no es sustantiva, y él tendrá que decir más. Él puede tener buenas respuestas.
Todo el mundo, incluidos los críticos como a mí mismo, elogió la industria y el ingenio en la recopilación de datos sobre la desigualdad de Piketty. Las conclusiones del FT no me hacen pensar que esta alabanza es inmerecida. A menos que haya peor está por venir, la reputación de Piketty como investigador empírico de primera fila va a sobrevivir. Es mucho más a su favor, y da fe de su buena fe, que puso todos sus datos en línea. Nosotros no estaríamos teniendo esta conversación lo contrario. Más bien, las críticas de la FT son un recordatorio necesario de lo difícil y propenso a errores de este tipo de investigación es.
Una gran cantidad de juicio entra en la recopilación de datos, sobre todo cuando las definiciones complejas están involucrados y cuando se están intentando hacer comparaciones entre países ya lo largo largos períodos de tiempo. El debate del FT hace que los peligros llano.
Estos problemas exigen un cierto pudor a la hora de sacar conclusiones. En gran parte del libro, como ya he señalado, Piketty es apropiada modesto acerca de los límites de los datos. Pero su estado de ánimo fluctúa página por página. Antes de que usted lo sepa, está saltando de sus datos resbaladizas a proponer una nueva ley del capitalismo.
¿Qué hay de la idea de que el FT ha hecho demasiado de todo esto (a cargo, por cierto, que no se limita a los admiradores del libro)? Es una tontería.
Por supuesto, una disputa acerca de las estadísticas no justificarían un artículo de primera plana con el material de apoyo detallado y un editorial. Sin embargo, "de capital en el siglo XXI" no es cualquier libro, o por lo que sus admiradores nos han estado diciendo. El mantenimiento de un sentido de la proporción en calma, los expertos recibieron esta verdaderamente excepcional y impresionante tomo como una cuenca obra de extraordinaria importancia , uno que cambiaría la forma en que la política económica se analiza a partir de ahora. En cuanto a los datos - que le valió un premio Nobel por sí mismo. Opus de Piketty es un éxito de librería, un tema principal de la conversación entre las personas inteligentes de todo el mundo. Los economistas y los analistas económicos han sido poco más discutiendo durante semanas.
Los expertos estaban tan ocupados siendo cautivado que no se molestaron en hacer la comprobación de que el FT decidió llevar a cabo. Ahora están discutiendo las críticas de la M - y así debe ser.
Para contactar con el autor de este artículo: Clive Crook en ccrook5@bloomberg.net
Para ponerse en contacto con el editor responsable de este artículo: Max Berley en mberley@blooomberg.net

martes, 27 de mayo de 2014

El libro estatista de moda

Por Alberto Benegas Lynch (h) (*)
Nos referimos a Capital in the Twenty-First Century de Thomas Piketty, francés, doctorado en economía en MIT y profesor en la Escuela de Economía de París (institución que él contribuyó a establecer en 2005). El libro está muy bien traducido del francés por Arthur Goldhammer (Le captital au xxi siécle). Está dividido en tres partes y la conclusión, casi 700 páginas que contienen 32 cuadros estadísticos.

Es una obra que combate la desigualdad de ingresos y patrimonios sustentado en confundir el capitalismo con el llamado “capitalismo de amigos” (en verdad ausencia de capitalismo puesto que las relaciones incestuosas entre el aparato estatal y los empresarios prebendarios -desde Adam Smith en adelante- niega el significado de esa tradición de pensamiento), además, como han demostrado economistas como Hunter Lewis, Rachel Black, Robert T. Murphy y Louis Woodhill, basado en  proyecciones sesgadas y estadísticas equivocadas (especial aunque no exclusivamente las referidas a retornos sobre el capital).
Dejemos las transcripciones numéricas que efectúa el autor de este libro para reflexionar sobre el centro de su tesis para lo que sugiere elevar considerablemente los impuestos al efecto de mitigar las referidas desigualdades, puesto que como es sabido incluso para leer tablas estadísticas se requiere un andamiaje conceptual previo y es a esta estructura teórica del autor la que vamos a comentar telegráficamente en esta nota periodística.
Incluso aunque las series en cuestión estuvieran bien fabricadas, las comparaciones pertinentes, los años base significativos, bien realizadas las correlaciones, bien seleccionadas las muestras y bien construidos los índices, no cambia la línea argumental. Esto es, si es cierto que en mercados abiertos y competitivos las diferencias patrimoniales las decide el consumidor en el supermercado y equivalentes, cualquier resultado en el delta es, por definición, el que ha establecido la gente con sus compras y abstenciones de comprar. Como los recursos no crecen en los árboles, su correspondiente asignación no resulta indistinta: la administración debe estar en manos de los que atienden mejor las demandas de sus congéneres a través de los cuadros de resultados para que los que dan en la tecla ganen y los que yerran incurran en quebrantos en posiciones que no son irrevocables sino sujetas a las cambiantes necesidades del público consumidor.
Resulta un tanto cansador repetir un aspecto de reflexiones ya hechas con anterioridad pero me incentivó la posibilidad de introducir nuevas consideraciones a raíz de la obra de Piketty. Otra razón para producir esta nota, es que economistas como Krugman y Stiglitz alaban el libro de marras, junto a las autoridades del FMI y el mismo Obama y, en el momento de escribir estas líneas, el libro está en la lista de los best-sellers del New York Times.
Como queda dicho, en la medida en que las riquezas van a los bolsillos de empresarios que operan en base a privilegios otorgados por gobiernos, la consiguiente desigualdad se traduce en una flagrante injusticia que nada tiene que ver con la eficiencia para atender al prójimo sino con el poder de lobby para acercarse a los funcionarios del aparato estatal, es decir robo indirecto (para no decir nada de los patrimonios más abultados del mundo -según Fortune- que son fruto de usurpaciones y despojos directos como es el caso de la Rusia actual que se incluyen en las antedichas estadísticas globales como si fueran el resultado del mercado).
Y esto es lo que desafortunadamente existe en buena parte del mundo y es lo que Piketty confunde con capitalismo en el libro que comentamos. Lo que vivimos no es “la crisis del capitalismo” como afirma el autor sino la crisis del estatismo cimentada en gastos públicos astronómicos, deudas estatales siderales, déficit insostenibles, impuestos insoportables y absurdas, asfixiantes y crecientes regulaciones, de modo que está embistiendo contra un blanco equivocado.
Escribe Piketty que “La distribución de la riqueza es uno de los temas más discutidos y controversiales hoy”, lo cual es evidentemente cierto si nos guiamos por las propuestas políticas y por gran parte de los textos en economía y ciencia política, pero el asunto consiste en investigar la razón o sinrazón de las partes en este delicado debate. La tradición que inició J. S. Mill al pretender la escisión entre la producción y la distribución sentó las bases de la confusión. Para comenzar, como ha puesto de manifiesto Thomas Sowell, los economistas no deberíamos hablar de “la distribución del ingreso” puesto que “los ingresos no se distribuyen, se ganan”. Por su parte, Robert Barro ha señalado repetidamente que lo relevante no es la desigualdad de patrimonios sino la elevación del promedio ponderado de los ingresos (que es la tendencia en la medida en que la sociedad sea abierta), lo cual, dicho sea de paso, puede simultáneamente incrementar las desigualdades.
Piketty, por una parte, alude a Marx en cuanto a la concentración de la riqueza (que según él equivale a la explotación de los más pobres sin inferir conclusiones de sus niveles de vida en términos absolutos), y por otra, Kuznets que pronosticaba armonía en base a la reducción de las desigualdades (con célebres gráficos no del todo ajustados a la realidad). Pero es que, nuevamente destacamos que en la sociedad abierta las diferencias patrimoniales y de ingresos de deben a las instrucciones del consumidor en el mercado y, por tanto, cumplen un rol vital para maximizar las tasas de capitalización que es la única causa que eleva salarios.
Este es el sentido de lo consignado por Buchanan en cuanto a que “mientras las transacciones se mantienen abiertas y mientras no se recurra al fraude y a la fuerza, el acuerdo logrado es, por definición, clasificado como eficiente” y es el sentido por el que escribe Hayek en cuanto a que “la igualdad de las reglas generales es el único tipo de igualdad compatible con la libertad y la única igualdad que puede asegurarse sin destrozar la libertad”.
Sin embargo, Piketty se refiere a “los violentos conflictos que inevitablemete instiga la desigualdad [de rentas y patrimonios]” y los relaciona con los sucesos ocurridos en la Francia pre-revolucionaria, lo cual es nuevamente una situación totalmente distinta a la de los mercados libres y la sociedad abierta. Incluso sus reflexiones sobre la sobrepoblación de esa época no son comparables al crecimiento vegetativo en el contexto de la libertad. El antes referido Sowell muestra que toda la población mundial podría ubicarse en el estado de Texas con un promedio de 600 metros cuadrados por familia tipo de cuatro personas y señala que la densidad poblacional de Manhattan es la misma que en Calcuta y la de Somalía igual a Estados Unidos con lo que concluye que en un caso se habla de hacinamiento y en otro de opulencia debido a marcos institucionales diferentes y no debido a la llamada sobrepoblación.
Incluso las referencia a Malthus y a Ricardo en el libro no se condicen con lo que puede inferirse de épocas posteriores, no solo en cuanto a la población sino en cuanto a los impuestos a la tierra que parecen un adelanto de la teoría de Henry George al sugerir cargas fiscales adicionales a la tierra debido a que es un bien que aumenta su escasez sin que pueda atribuirse mérito al propietario, es decir, una especie de externalidad de la naturaleza, sin percatarse que, por ejemplo, eso mismo ocurre con nuestros ingresos que son debidos a las tasas de capitalización generados por otros (y tantas otras ventajas que obtenemos como que al nacer estamos insertos en lugares donde ya existe un lenguaje, insitituciones, etc.).
Thomas Piketty concluye que no está todo perdido puesto que “Hay sin embargo maneras en que la democracia puede recuperar el control sobre el capitalismo y hacer que los intereses generales prevalezcan sobre los particulares”. En esta conclusión hay por lo menos tres asuntos que deben resaltarse. Primero, en gran medida no estamos en democracia en el llamado mundo libre tal como la concibieron en combinación con la República los Padres Fundadores en Estados Unidos, ni como la conciben los Giovanni Sartori de nuestros tiempos. Se trata mayorías ilimitadas que arrasan con el derecho y toda la tradición constitucionalista desde la Carta Magna de 1215. Segundo, no hay tal cosa como el capitalismo para controlar por las razones antes apuntadas. Y tercero, aunque es un lugar común, en la sociedad abierta no hay conflicto entre lo particular y lo general por la sencilla razón que lo general es la satisfacción de todo lo particular que no lesione iguales derechos de otros.
El autor de esta obra ahora de moda le da por completo la espalda al hecho de que el proceso de creación de riqueza es dinámico y no un bulto estático que opera en el contexto de la suma cero y que los burócratas tienen que decidir como “lo distribuyen”.
Por último, debe subrayarse que, en rigor, no es posible imponer el igualitarismo ya que las valorizaciones son subjetivas y, aunque todos dijeran la verdad no pueden realizarse comparaciones intersubjetivas, al tiempo que debido a la intervención gubernamental para imponer la guillotina horizontal se deterioran los precios relativos lo cual malguía aun más la producción. En el contexto del igualitarismo forzoso se requiere un sistema autoritario puesto que cuando alguien se sale de la marca niveladora establecida, debe recurrirse a la violencia para encauzar al “infractor”. Y, además, en otro plano de análisis, si fuéramos todos iguales con las mismas inclinaciones y talentos, la división del trabajo y la cooperación social se derrumbarían y la misma conversación se tornaría en un aburrimiento colosal ya que sería lo mismo que dirigirse al espejo.
(*) Alberto benegas Lynch (h). Es Presidente del Consejo Académico de Libertad y Progreso. Artículo publicado el 14 de Mayo de 2014

Argentina es el país de las grandes oportunidades perdidas

Por Agustín Etchebarne (*)
Hoy Agustín Etchebarne, director general de Libertad y Progreso, fue invitado por Jorge Heili al piso de InfobaeTV para hablar de la ausencia de ideas liberales en la política latinoamericana y cuáles han sido los efectos del populismo. También participó en la charla Guillermo Lousteau, presidente del Interamerican Institute for Democracy.

Mirá la entrevista completa:
Mirá el video: http://www.infobae.com/2014/05/22/1566631-argentina-es-el-pais-las-grandes-oportunidades-perdidas

Roca, el grande

Por Rolando Hanglin (*)
Nada hay más incorrecto, hoy día, que exaltar la figura de Roca. Al parecer, es el villano actual de la historia argentina. Digamos: se le ha dado un descanso a don Juan Manuel de Rosas, que también protagonizó una expedición a los desiertos pampas en 1833, y ahora está de turno Julio Roca, el exterminador de indios, el aliado del imperio británico.

Algunos críticos de Roca, en su misma época (1879-1880) exclamaron: "¡El general Roca ha descubierto que en la Patagonia no hay indios!"(Sarmiento) o señalaron que la expedición al Río Negro fue sólo un paseo militar en calesa, en el que no se registraron combates ni escaramuzas, ni siquiera una discusión acalorada. Nada. Un desfile de entorchados. Algún autor ha señalado que, durante la campaña, Roca montó a caballo cuatro veces en total, una para la foto. Nos cuesta comprender cómo un hombre tan insignificante, del que no se sabe si fue guerrero feroz o farolero impar, logró figurar en el billete de 100 pesos y en miles de calles, avenidas, pueblos, ciudades y monumentos de la República Argentina.
Conviene recordar algunos hechos, aunque sea en Google, para no aburrirse con largos libros. ¿Y por qué hacerlo ahora? Porque este 2014 se cumplen 130 años de la sanción de la Ley 1420 (conocida como de enseñanza laica, gratuita y obligatoria) y el primer centenario de la muerte de Roca, al que consideramos el gran estadista de nuestra historia. Efectivamente, fue Roca quien promulgó la gran ley de enseñanza laica, junto a su ministro de Justicia e Instrucción Pública, don Eduardo Wilde. Domingo Faustino Sarmiento fue, por así decirlo, el gran propagandista de la enseñanza pública. Algunos números: al comenzar el primer mandato de Roca, había 1214 escuelas públicas. Seis años después eran 1804. Las escuelas normales (para formar maestros) pasaron de 10 a 17. Los alumnos, de 86.927 a 180.768. Docentes: de 1915 a 5348 en seis años. Con fuerte influencia de Sarmiento, en su segundo mandato propone un sesgo laboral en los estudios, al modo yanqui: se crean escuelas de Artes y Oficios, de Agronomía y Veterinaria, de Ingenieros en Minería para San Juan, de Agricultura vinícola en Mendoza.
Roca fue el único presidente argentino que cumplió dos mandatos constitucionales (1880-1886 y 1898-1904) con doce años de intermedio. No procuró la reelección armando cadenas de amigos, aliados y socios para perdurar indefinidamente en el poder y los negocios.
Con Roca termina la guerra entre unitarios y federales: la ciudad de Buenos Aires queda federalizada y las rentas de la Aduana del Puerto (que eran el principal ingreso de aquel tiempo) se convierten en propiedad nacional, terminando así con un conflicto de 70 años entre Capital e interior.
Roca defendió el orden constitucional, incluso con las armas, pero buscando siempre la pacificación y la amnistía.
Roca apreció con sagacidad que la primera potencia del mundo no era otra que Inglaterra, y que superaría por largos años a los Estados Unidos, España, Francia y Rusia. Por lo tanto, impulsó una útil asociación comercial con Londres. Por otra parte, el gobierno inglés había sido un discreto pero eficaz aliado de la Argentina, sobre todo desde enero de 1825, cuando Jorge IV reconoció nuestra independencia. El crecimiento logrado por el país en tiempos de Roca sólo puede compararse con el que hoy ostentan los tigres asiáticos o la propia China.
Obra de Roca: a partir de 1881 no se discutieron ya territorios con Chile, sino sólo líneas divisorias. Cabe recordar que habíamos estado ya en guerra con el Brasil, cincuenta años antes de Roca: este promueve un acercamiento que diluye los conflictos.
En su segunda presidencia, Roca crea el servicio militar obligatorio, para unir en la civilización a todos los jóvenes criollos, indios... y gringos, que empezaban a llegar. En este período se incorpora al Congreso el primer diputado socialista de América, don Alfredo Palacios.
Roca sostuvo un concepto estratégico del territorio nacional: ocupar la Patagonia hasta la Tierra del Fuego, integrar el país mediante una red ferroviaria (que hoy está destartalada) resolver todo conflicto de límites y modernizar a la nación para insertarla en el mundo.
El ex ministro del Interior de Roca, Joaquín V. González, presenta al Congreso el primer código de trabajo, muchas de cuyas iniciativas serían plasmadas recién en la década del 40 por el general Perón. Lo mismo puede decirse de las políticas industriales que Roca esbozó, y continuó su antiguo aliado, el presidente Carlos Pellegrini.
Una aclaración: todos los hombres de la generación del 80, que convierten a la Argentina en la décima potencia mundial, quinta exportadora del globo y más alfabetizada que la mayoría de las naciones de Europa, fueron aliados y adversarios en distintos tiempos. Esto incluye al propio Roca, Sarmiento, Mitre, Avellaneda, Alsina, Pellegrini.
Sobre la derrota militar y cultural de los indios araucanos, cabe señalar que ya había comenzado en tiempos de la Zanja de Alsina. Este gran foso que cruzaba la provincia de Buenos Aires impedía los grandes malones ya en 1877, y sobre todo dificultaba la retirada de los indios con su inmenso arreo de cautivas, caballos, ovejas y sobre todo ganado vacuno. Que alimentaba a su gente en las tolderías o servía al comercio de carnes en Chile, cruzando la cordillera tras una plácida invernada en Neuquén o en Choele-Choel. Como los malones se atascaban en el foso tratando de arrear miles de cabezas de ganado, esto daba tiempo a las tropas argentinas para alcanzarlos y sablearlos, recuperando lo robado. En tiempos de la Zanja de Alsina, diseñada por el ingeniero francés Alfred Ebelot, autor de "Adolfo Alsina y la Ocupación del Desierto", los indios tuvieron que desplazarse hacia el sur y el oeste. Los productores agrarios ganaron vastas extensiones. Ya había ocurrido, el 8 de marzo de 1872, la batalla de San Carlos (hoy Bolívar) donde el General Ignacio Rivas vence al chileno Calfucurá, considerado el Napoleón de las Pampas, que muere al año siguiente: 4 de junio de 1873 en Chilihué. Durante aquel combate se movilizaron 3600 lanceros argentinos y chilenos encabezados por Calfucurá, Reuquecurá, Mariano Rosas, Catricurá y Pincén. La muy cuestionada zanja, de 300 km. cavada en 1877 (aún se encuentran algunos tramos en nuestro campo) dificultó los malones y, a la larga, generó escasez y hambruna en las tolderías. Pampas y araucanos consideraban que la riqueza y los alimentos debían adquirirse mediante la guerra y el pillaje, despreciando todo trabajo "de a pie", por ejemplo la siembra. Se enfrentaron en San Carlos 3600 lanceros indios contra otros tantos soldados argentinos, reforzados por la indiada amiga de Catriel. En aquel entonces comenzaba a manifestarse claramente, entre los indios, la separación de argentinos y chilenos.
En fin, no cabe duda de que fue una guerra a muerte entre dos civilizaciones irreconciliables. No se trata de exculpar a Roca por la matanza. Más bien los indios estaban ya desmoralizados... y con hambre. Enfrentaron al Ejército Argentino en un combate formal, que no era su fuerte. Fueron derrotados y empezó su declinación. Cuando Roca realizó su famosa expedición al Río Negro, ya los encontró dispersos.
Roca tuvo un lema: "Paz y Administración". Y le hizo honor.
(*) Rolando Hanglin. Periodista. Artículo publicado por La Nación el 27 de Mayo de 2014

La resurrección de Kunta Kinte (Raíces)

Por Gabriela Pousa (*)
La semana que pasó se registró un hecho que puso en evidencia uno de los problemas más graves que tiene el gobierno. Nos referimos al episodio de la carta-telegrama del Papa y a la serie de “malentendidos” en torno al mismo.

Más allá de cómo se dieron las circunstancias, se ha dicho que en cualquier otro país hubiera resultado apenas una anécdota. Acá no fue así, claro que la nacionalidad del Sumo Pontífice influye, pero lo notable del caso ha sido la inmediata falta de credibilidad en la palabra oficial.

Aún cuando salieron del Vaticano a confirmar su veracidad – y más allá de las internas que pueda haber delante o detrás -, la aparición de Oscar Parrilli dando crédito a la autenticidad no cumplió su cometido. No se le creyó o al menos quedó la duda sobrevolando.

Pues bien, en esa duda o en ese escepticismo de la sociedad se apoya el “fin de ciclo”. En el 2015 el kirchnerismo se acaba por la simple razón que ya no se le cree nada más Horas después del bochorno epistolar, la jefe de Estado asistía al Tedeum en la Catedral, con una puesta en escena que no dejaba margen a lo real.

Vestida de punta en blanco, Cristina pretendía dar la imagen de la hija prodiga que vuelve arrepentida al hogar… Pretendía no más. Al rato, la mandataria estaba bailando en Plaza de Mayo con una actitud singularmente distinta, con una oratoria polémica, en el contexto de un circo amorfo y patético para celebrar una fecha como esa.

Lo distintivo quizás sea que Cristina ya no habla horas como antes. Últimamente sus alocuciones son más breves. Cambió la duración, no la forma y mucho menos el fondo. A tal punto que ella misma pidió disculpas si no gusta su tono de voz.
Y es que la Presidente no habla, grita, y hay pocas cosas que marcan más la debilidad de una autoridad, que elevar el tono de voz. Nadie alcanzó la categoría de estadista ni de gran líder de la historia, gritando cuando la ocasión no lo amerita.

El alarido revela nerviosismo, falta de confianza en uno mismo y poca convicción en lo dicho máxime cuando la tecnología te ofrece múltiples variantes para que hablando normalmente se escuche en un radio de acción grande.

Es como si se tratara de convencer a sí misma. Y no era ya la Cristina del mediodía, emocionada y modosita. O lo era sí pero en otro rol, como pasa con los artistas. No hay arrepentimiento, ni conversión ni mucho menos intención de cambiar el rumbo de las cosas. De aquí en más se puede esperar lo mismo que sucedió en los últimos once años de gestión.

El discurso en Plaza de Mayo no fue conciliador aún cuando haya mencionado el diálogo. Porque ese diálogo ha sido anunciado un sinfín de veces sin que se haya concretado. De hecho, se engañó a toda la dirigencia política cuando Florencio Randazzo. convocara después de las legislativas del 2009, y ni hablar de lo inútil que resultó cada llamado a dialogar cuando los Kirchner erigieron como enemigo al campo.

Cristina el pasado domingo “marcó la cancha”. Nada más. No puede dialogar por la simple razón que no escucha y ese tipo de sordera, voluntaria y maniquea, enmudece inexorablemente. La Presidente sólo decide y su decisión es siempre un acierto, de no ser así hay un culpable afuera que puso palos en la rueda.

¿Cuándo se rectificó de algún error? Desde 2003 todo se ha hecho bien. El 2003 fue una gesta patriótica y Néstor pasó a ser el prócer de este ahora. Esa es la religión política impuesta en Balcarce 50.

Este 25 de Mayo no flameaban banderas celestes y blancas auténticas, en la plaza. No se aludió a ninguno de los hombres de aquel Mayo supuestamente festejado. El Gato, el Pericón y las zambas fueron reemplazadas por el rap y “reggaeton”, las escarapelas por la siglas del sindicato que convocó. Las imágenes reflejadas en las ventanas de la Casa Rosada mostraban a Cristina, Néstor y Perón.

Lo mismo sucederá el 20 de junio cuando la mandataria vuelva a postergar a Manuel Belgrano porque las únicas hazañas son las de ellos en los últimos diez años. Y el 9 de Julio, gracias si es un fin de semana largo de modo que nadie, ni ella misma, reparará en ningún aniversario patrio. La independencia es la de “los pibes para la liberación”, no la de 1816 sino la del FMI o la del Club de París aunque ahora este el ministro de Economía de rodillas allí.

Laprida, Paso, Anchorena, Sánchez de Bustamante, Darragueira, Medrano, Gascón y tantos otros, hoy son apenas calles de algún barrio más o menos paquete según su ubicación. Pero el gobierno no es el único responsable del vaciamiento de costumbres y tradiciones. La sociedad cooperó con creces a esa “gesta” que nos tiene hoy sin identidad, sin cultura, sin educación escuchando como las publicidades nos dicen que en 15 días – como empieza el Mundial -, seremos mejores, más hermanos, más argentinos, más apasionados.

Un poco de vergüenza debería darnos…
Lo cierto es que esa estrategia de cambiar la historia no es gratuita ni fue casual. Fue el plan sistemático de este gobierno que cortó de raíz el país próspero que eligieron nuestros antepasados y vació ese ayer de verdaderos héroes patrios. Y ya se sabe que sin raíces nada crece, por el contrario, sin raíces el árbol muere.

(*) Gabriela Pousa es Analista Política en Medios, Licenciada en Comunicación Social y Periodismo (Universidad del Salvador), Analista Política y Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Directora de “Perspectiva Políticas”. Artículo publicado el 26 de Mayo de 2014