sábado, 3 de mayo de 2014

El polo electoral de la libertad

Por Diana Ferraro (*)
Hay un hueco electoral del cual no se habla, al cual no se explora ni en los medios ni en la opinión pública: el de un polo de la libertad, opuesto tanto al kirchnerismo por su centralismo, autoritarismo y falta de republicanismo e institucionalidad como al Frente Amplio que comparte muchas de la mismas ideas socialdemócratas del kirchnerismo. Hace falta recordar que el radicalismo, Pino Solanas y otros fueron socios electorales del kirchnerismo en sus comienzos para advertir que una polarización Frente Amplio-kirchnerismo va a traer pocas novedades al escenario político. Más república tal vez, pero la Argentina precisa una revolución en su sistema de crear y repartir riqueza, que ninguna socialdemocracia, aún la más moderna, está en condiciones de producir. La polarización entre kirchnerismo y todo el arco opositor pretende resolver un problema en realidad ya resuelto de antemano, ya que todos los opositores son republicanos e institucionalistas. La polarización a buscar, entonces, es aquella que permita al electorado optar por un modelo de país socialdemócrata o un modelo capitalista de avanzada, que prolongue, corrija y supere al modelo capitalista de los años 90.

La clase política y la clase dirigente empresarial, sindical, e intelectual argentinas corren, como es habitual, por detrás de los acontecimientos y no prevén ni proponen nada más allá del listado de problemas pendientes y soluciones voluntaristas a menudo ampliamente imprecisas. Lejos de hacerse cargo de la realidad de que un país debe ser gobernado por una élite capacitada para hacerlo, no terminan de asumir ese rol de élite. Así, evitan la capacitación sistemática, no juntan fondos para institutos de investigación de políticas públicas y prefieren dejar la conducción de los temas a debatir a la opinión pública o a quien ocupa transitoriamente la administración de Estado cómo si éste fuera el único responsable. Rara vez avanzan al paso en que como élite deberían avanzar, formulando una visión coherente y avanzada del país, estudiando problemas y soluciones, y sometiendo un análisis detallado y planes consistentes a la opinión pública. La falta de profesionalismo de los dirigentes en el estudio de la gestión pública es lo que los ciudadanos definen, y con razón, como una deplorable clase política, muy por debajo del nivel de otros colectivos profesionales locales. Esta falta de profesionalismo no se limita a la gestión sino que además se extiende a la concepción de la política en general y a la percepción de cuales son los canales adecuados para la representatividad de ideas e intereses de los ciudadanos, de forma de liberar todas las energías de la comunidad en un conjunto armonioso y convenientemente competitivo.
En estos días, cuando por la gravedad de la situación argentina algún progreso ha debido hacerse, y los radicales y diversas corrientes socialistas y socialdemócratas se han unido en el Frente Amplio para competir en el aún lejanísimo 2015 contra el kirchnerismo, las alternativas sometidas a la opinión pública por las poco ambiciosas y aún menos esclarecidas dirigencias se limitan a dos: lograr que el PRO de Mauricio Macri adhiera al Frente Amplio con la antigua fantasía gorila de derrotar “para siempre” ya no al kirchnerismo sino al peronismo en su totalidad, o, toda vez que el PRO se muestra reacio a dicha alianza, debilitar a ese dubitativo PRO dibujándolo como el antagonista elegido y negociado del kirchnerismo y asimilándolo a éste en lo peor de sus políticas personalistas. El mismo PRO hace poco, por el momento, para definir sus límites, y juega a veces ideológicamente en el mismo frente socialdemócrata, tal vez convencido de que los votantes odian el capitalismo, el libre mercado y el rol económico reducido al mínimo posible en el Estado.
Los argentinos de a pie no tienen por qué estudiar por ellos mismo las soluciones a tantos problemas acumulados y, en sus frecuentes y justificadas quejas acerca de las dirigencias políticas, empresariales, sindicales, e intelectuales—es decir, las designadas para formular y atender los problemas comunitarios y diseñar políticas—olvidan dar precisión a la queja y no exigen a sus dirigentes un proyecto de país coherente. Después del nunca bien explicado final (y mucho menos colectivamente asumido) de los años 90, una gran parte de la opinión pública ha permanecido, en efecto, refractaria al capitalismo globalista y por esto, la mayor parte de la dirigencia política—salvo honrosas excepciones—ha preferido seguir la cómoda corriente de la opinión pública en vez de someter a ésta a un proceso de discriminación y aprendizaje.
Con estos antecedentes, es comprensible que no se advierta la pobreza de enfrentar al kirchnerismo con una masiva coalición de todos lo que no son ni kirchnerismo ni peronismo, transformando la próxima elección en un apuesta entre una socialdemocracia derrotada por su falta de institucionalidad y suficiente república, y una socialdemocracia republicana. La pobreza conceptual de esta propuesta está basada en el temor de no ser lo suficientemente fuertes y en la carencia de una suficiente confianza en que, frente a una alternativa de opciones claras y coherentes, los argentinos sabrán votar en libertad lo que les conviene. El movimiento correcto para aniquilar para siempre tentativas totalitarias, corruptas, retardatarias e ineficientes como el kirchnerismo, es así el de una certera pinza con un brazo socialdemócrata—el actual Frente Amplio—y un brazo peronista-liberal o liberal peronista, formado por el PRO y todos los peronismos no kirchneristas ni socialdemócratas. La fantasía de que el kirchnerismo podría a esta altura predominar en un escenario de primera vuelta con tres formaciones es sólo eso, una fantasía. En todo caso, la elección tendría una riqueza aún mayor que la que se percibe con las estrategias planteadas hasta la fecha, introduciendo en la opinión pública el tema de fondo.¿Seguirán los argentinos afirmados en su anticuada idea de un Estado hiperactivo o decidirán dar el salto a una sociedad libre en la cual las iniciativas privadas (en las cuales hay que incluir los nuevos, importantes significativos roles de sindicatos y cooperativas entendidos como organizaciones libres del pueblo) tengan el liderazgo del crecimiento? Este es el tema que, en definitiva, permitió el asentamiento del duhaldismo primero y el kirchnerismo después y el tema que se sigue soslayando en la discusión pública, quizá porque tanto el duhaldismo como el kirchnerismo tuvieron demasiados cómplices en todas las dirigencias y demasiados ciegos y golpeados en la opinión pública como para ver la realidad con claridad.
Un polo electoral por la libertad, opuesto a ambos polos socialdemócratas—el kirchnerista y el del Frente Amplio—podría avanzar el pensamiento político de los argentinos a gran velocidad y quizá evitar que en las próximas elecciones se elija otra vez perder diez años en vez de acelerar el paso hacia la Argentina moderna que nunca debimos perder.
Y en cuanto a la vieja fantasía de derrotar al peronismo, ¿por qué derrotar a quien tiene el empuje y la trayectoria política cumplida vía menemismo y cavallismo para avanzar hacia una sociedad libre? Habría que darse cuenta, entre tantas otras actualizaciones, que muchos de los antiguos gorilas liberales se han transformado en gorilas socialdemócratas—mirar un poquito el diario La Nación—y que los verdaderos liberales están allí donde nadie se atreve a descubrirlos. Donde el trabajo y el capital buscan desesperadamente quien los represente, aunque no sepan pedirlo con todas las letras ni con el coraje necesario.
(*) Diana Ferraro. Escritora, periodista y analista política. Artículo publicado en "Peronismo Libre" el 2 de Mayo de 2014