domingo, 11 de mayo de 2014

Fortalezas y debilidades, despidos y despedidas

Por Jorge Raventos (*)
Para Daniel Scioli, el Congreso del Partido Justicialista consumado el viernes 9 en Parque Norte es “el comienzo de una nueva etapa”. El entusiasmo del gobernador bonaerense se basa, seguramente, en que la fuerza orgánica sobre la que planea asentar su candidatura presidencial el año próximo sale de esa asamblea suficientemente ensamblada como para afrontar los desafíos electorales que tiene por delante.

Es cierto (y decepcionante para Scioli) que a la reunión de Parque Norte no concurrieron ni los gobernadores peronistas de Córdoba, San Luis y Santa Cruz ni los delegados partidarios que les responden. Tampoco asistieron personalidades significativas del peronismo como Carlos Reutemann, los hermanos Rodríguez Saa, el misionero Ramón Puerta o el salteño Juan Carlos Romero. Esas ausencias señalan, a la fecha, no sólo importantes espacios vacíos en la estructura que Scioli necesitaría para hacer realidad sus sueños presidenciales, sino la posibilidad de que esas fuerzas hoy ausentes terminen enroladas en una fuerza competidora. El cordobés José Manuel De la Sota, que reconoció mantener “una muy buena relación personal” con Scioli, apuntó sin embargo que “con (Sergio) Massa podemos tener una relación de mayor afinidad en algunas soluciones y en nuestra visión crítica hoy del PJ vegetativo”. Reutemann también se siente políticamente más próximo al Frente Renovador que a un partido justicialista todavía atravesado por la cuña camporista y por su nexo con la estructura K. Así, dos distritos relevantes como Córdoba y Santa Fé se muestran por el momento esquivos a esa construcción.
Pero Scioli avanza paso a paso. La reunión del viernes dejó varias señales que para él son positivas. Referentes del núcleo duro K, como los líderes de La Cámpora, empezaron a aceptar que si el gobernador bonaerense es quien triunfa en las primarias (PASO), apoyarán sin objeciones su candidatura. En rigor, la proliferación de postulantes destinados a chucear a Scioli o a “bajarle el precio” es probablemente garantía de una victoria más interesante del gobernador. Las encuestas actuales (aunque todavía las PASO estén muy lejos) muestran que la suma de votos por Aníbal Fernández, Florencio Randazzo, Agustín Rossi, Sergio Uribarri y Juan Manuel Urtubey no alcanzaría a igualar el respaldo que obtiene Scioli, pero esos nombres compitiendo en una interna, le darían a la puja una apariencia de intensidad y competencia que la volvería más atractiva y seguramente más concurrida.
El costo de estar tan cerca
Sin embargo, su proyecto mantiene puntos vulnerables. Si en los meses que restan hasta el comicio la situación económica, los dramas sociales o los conflictos derivados de la inseguridad se agravaran y la mala onda pública con el gobierno se incrementara, el gobernador sufriría las consecuencias al estar sostenido en una plataforma en la que el componente kirchnerista sigue siendo notorio (y que podría serlo mucho más si se confirmara el proyecto de incorporar el nombre de Cristina de Kirchner en una candidatura como parlamentaria del Mercosur). Aunque buena parte de la sociedad sabe o intuye que Scioli es algo diferente del modelo y el relato K, en aquellas condiciones debería diferenciarse con mucha más nitidez para evitar la chance de que su candidatura aparezca como un caballo de Troya del kirchnerismo remanente.
Este sector –“el núcleo duro”- retendrá bancas actuales y ocupará puestos en las boletas partidarias. Su misión es mantener vivo el relato y operar como guardaespaldas jurídicos del vértice K, amenazado por las cada vez más extendidas promesas opositoras de constituir, a partir del próximo gobierno, una “Conadep de la corrupción” que investigue irregularidades y manejos opacos de la actual administración.
La propia Presidente se encarga de marcarle el ritmo a ese núcleo duro. El sábado amplificó en un discurso de homenaje al fallecido sacerdote Carlos Mujica (asesinado en los años setenta) críticas a la Conferencia Episcopal Argentina, que venía de cuestionar la violencia e inseguridad reinantes en la actualidad. “Quieren reeditar viejos enfrentamientos”, acusó la señora de Kirchner a los obispos. Lo hizo procurando apoyarse en palabras del Papa y hasta en dudosos argumentos teológicos (“Jesús fue el mayor pecador”, aventuró), como si pretendiera no sólo dar batalla a los obispos sino reemplazarlos en la interpretación de la enseñanza de la Iglesia.
Ese es el tipo de flancos que la forzada convivencia con el kirchnerismo crepuscular le debilita al proyecto presidencial de Daniel Scioli.
Los otros flancos
En verdad, cada una de las ofertas electorales que se perfila con chances para el 2015 debe aún desplegar sus fortalezas y remediar sus debilidades.
Desde su victoria de octubre, Sergio Massa sigue encabezando las posiciones en la mayoría de las encuestas. Ese predominio en la opinión pública, asentado sus iniciativas políticas y en la construcción de sólidos equipos técnicos, no se refleja aún en una estructura de alcance nacional. Fuera de la provincia de Buenos Aires “Massa tiene más aviación que infantería”, resumió un analista: llega bien, particularmente a través de los medios, pero no termina de hacer pie orgánicamente. El tsunami de pases (particularmente desde el PJ), que muchos pronosticaban a partir de su triunfo electoral, no se produjo; no, al menos, en las dimensiones esperadas. Massa sigue primero, pero su evolución se amesetó y volver a subir requiere esfuerzos y diseño estratégico.
La aparición del Frente Amplio panradical y ahora, pese a sus límites, la reorganización en marcha en el PJ son vallas para la expansión del Frente Renovador, que sembraba con expectativas en ambas banquinas.
Además de extensión nacional, Massa debe procurar que la primaria del Frente Renovador no sea un desfile solitario. Necesita que haya puja y competencia: si el cordobés De la Sota inscribiera su candidatura en el espacio de los renovadores, tanto él como Massa se fortalecerían. Pero esa posibilidad aún está en el terreno de las hipótesis.
La aritmética panradical
El no peronismo también mide fortalezas y debilidades. El radicalismo le da al Frente Amplio-UNEN una estructura organizativa nacional. Pero no tienen una figura fuerte para pelear la decisiva provincia de Buenos Aires y, por ahora, tampoco se perfila claramente un candidato de entre el ramillete de figuras con pretensiones. Eso sí: la suma de sus principales cuatro postulantes (Julio Cobos, Ernesto Sanz, Hermes Binner, Elisa Carrió) supera a Scioli y empara con Sergio Massa. Es decir, le promete al que salga primero de ese espacio, la esperanza de llegar al ballotage.
Por cierto, la suma aritmética de todos los candidatos de UNEN no es, en el plano político, necesariamente transmisible a uno de ellos. La propia Elisa Carrió confesó que ella no votaría a ciertos candidatos de su propio espacio. No dijo a cuáles.
El Frente Amplio, además, debe definir en la intimidad hasta dónde está dispuesto a ampliar su política de alianzas. Allí se discute qué hacer con el macrismo, pues es posible que sólo sumando las dos vertientes no-peronistas (panradicalismo y Pro) se pueda evitar que la segunda vuelta se resuelva entre dos candidatos peronistas. Para un amplio sector de la opinión pública asegurar que esto no ocurra es imprescindible. Ese sector aspira a un sistema político equilibrado y, por ese motivo, se sentiría sofocado en caso de que dos candidatos de matriz peronista ocupen el primero y el segundo puesto en los comicios.
Pro: ¿Michetti patea el tablero?
El Pro también tiene sus problemas. Como el massismo, carece de estructura nacional, aunque el empeño que ponen algunos de sus dirigentes (como el presidente del partido,Humberto Schiavone o Rogelio Frigerio, presidente del Banco Ciudad y operador en Entre Ríos) ha abierto puertas en algunos distritos, que se suman a la fuerza santafesina que sigue a Miguel Del Sel. El principal agujero negro del Pro es la provincia de Buenos Aires, donde no consigue imponer una figura capaz de pelear la gobernación. La vicejefa porteña, María Eugenia Vidal, no hace pie y el intendente de Vicente López, Jorge Macri, parece más interesado en mantener el poder en su municipio y comandar el partido en el distrito bonaerense que en ser candidato en una elección con pocas chances de triunfo. Si bien se mira, el político del Pro con mejores posibilidades en la provincia es … Mauricio Macri. Pero él no quiere ser gobernador sino presidente, claro.
En tren de inventariar problemas actuales y potenciales, es posible que la tormenta más complicada para el macrismo se esté formando en su bastión porteño. Mauricio Macri y sus hombres de confianza se habrían inclinado por despejar el camino para que el sucesor en la jefatura de gobierno sea Horacio Rodríguez Larreta. Estos sutiles movimientos han generado una reacción en Gabriela Michetti, que se consideraba destinada a esa misión. Resultado: Michetti ha aparecido en varios programas televisivos insinuando que puede producirse una rebelión en “los partidos políticos (que) divididos, no son representación de la sociedad”. 
Michetti está a favor “patear el tablero” para avanzar en un encuentro con lo más amplio posible (en el sector no peronista, claro) que –dice- “no estoy convencida que sea un diálogo entre cúpulas partidarias”, sino más bien un acuerdo entre políticos que tienen coincidencias. Es conocida su muy buena relación con Elisa Carrió y con el radical Ernesto Sanz. ¿Se abre el libro de pases?
Final con despedidas y despidos
Una enfermedad pulmonar se llevó el sábado 10 a la jueza Carmen Argibay y abrió una vacante en la Corte Suprema de Justicia. Argibay llegó a la Corte de la mano del kirchnerismo y acompañó con entusiasmo desde el máximo tribunal todas sus reformas en materia de políticas de género; insinuó en algunas entrevistas que hubiera respaldado propuestas destinadas a facilitar el aborto, pero el oficialismo no llegó a formularlas. En cambio, Argibay resistió a pie firme las ofensivas del gobierno destinadas a extender su control sobre la Justicia. Habrá que ver ahora si el gobierno se esfuerza por colocar un reemplazante para esa banca que sea más homogéneamente aliado o si admite de hecho que la Corte funcione con los miembros supérstites. Por el momento, las prioridades de la Casa Rosada están en designación de conjueces para reemplazar a magistrados ausentes o recusados, sobre la base de nóminas de acólitos proporcionadas por organizaciones paragubernamentales.
Durante la semana la Presidente despidió a su secretario de Cultura, Jorge Coscia. El funcionario fue, si se quiere, injustamente maltratado. Después de años de probada fidelidad K, se hizo trascender desde la Casa Rosada que se lo apartaba por soplón: por haber informado a algún periodista el poderoso papel del señor Javier Grosman, director de la Unidad Bicentenario, que maneja y gasta la parte del león del presupuesto de Cultura, factura que Coscia estaba forzado a suscribir. Se trata de una acusación improbable: Coscia muy raramente se refería a hechos, prefería moverse en el mundo de la ideología y las opiniones.
Además, el saliente fue ninguneado cuando, en paralelo con su cesantía, se declaró que ahora se iba a “jerarquizar” el área. ¿Hacía falta decirlo? De todos modos, como para probar la impiedad del castigo y su férrea disciplina, Coscia aplaudió su propia exoneración y escoltó a su sucesora –la áspera chamamecera Teresa Parodi – en varios actos. Es evidente que a Coscia se le pagó mal su lealtad al kirchnerismo. Habrá que ver si su reemplazante es capaz de emularlo en ese rubro.
(*) Jorge Raventos. Periodista y analista político. Artículo publicado en "Peronismo Libre" el 10 de Mayo de 2014