lunes, 5 de mayo de 2014

¿Que país nos dejará el kirschnerismo?

Por Nicolás Cachanosky (*)
¿Debe el gobierno de CFK compararse con el 2001, con el 2003, o con el 2006?
En una de sus últimas apariciones por cadena nacional, Cristina Kirchner dijo que estaba dejando un país mejor del que recibió a sus sucesores. Las reacciones no se hicieron esperar. ¿Debe el gobierno de CFK compararse con el 2001, con el 2003, o con el 2006? La trampa estadística de referirse a la peor situación de la crisis no sólo vicia los resultados de cualquier indicador económico, sino que Néstor Kirchner no fue presidente recién hasta mayo del 2003. El panorama no es tan alentador para CFK si en lugar de tomar el inicio del Kirchnerismo, se toma el inicio de su presidencia en el 2007. La mayoría de las reacciones a los dichos de CFK, sin embargo, pasaron por alto el ámbito institucional, justamente donde más daño se hecho en la última década.
Antes de hacer un breve comentario sobre el deterioro institucional, es oportuno recordar algunos de los problemas de evaluar una presidencia única (o principalmente) en base a indicadores económicos. En primer lugar, no deja de ser curioso que este sea el punto de referencia no sólo del Kirchnerismo, sino también de la oposición cuando la credibilidad del INDEC es casi nula. Como si esto fuera poco, en las últimas semanas se han corregido sustancialmente indicadores centrales como el PBI, la inflación, se alegaron “problemas de empalme” para calcular pobreza e indigencia, y recientemente también se corrigieron los resultados de comercio exterior. Todos indicadores que el Kirchnerismo y autoridades del INDEC defendieron frente a estimaciones privadas que ahora, con una notable amnesia, reconocen al corregir los propios indicadores del INDEC.
En segundo lugar, la importante distinción conceptual entre crecimiento y recuperación. En economía no todo aumento del PBI es crecimiento. Crecimiento es un aumento en la capacidad productiva. Recuperación, en cambio, es un aumento del PBI luego de una caída hasta que alcanza su nivel potencial nuevamente. Crecer es ser más alto. Recuperarse es pararse luego de tropezarnos y caernos. Interpretar las tasas chinas de aumento del PBI como si fuesen únicamente crecimiento económico es un serio error de diagnóstico. Empujar con política monetaria (canalizado a través de política fiscal) el PBI confundiendo recuperación con crecimiento lleva a que, una vez alcanzado el nivel potencial de producción, comiencen a surgir presiones inflacionarias y pérdida de reservas por tener que importar la energía que no se puede producir localmente. Como ya he dicho en otra ocasión, esto no quiere decir que no haya habido crecimiento en Argentina, pero sí anestesia el entusiasmo ciego con el que el Kirchnerismo se refiere a las tasas chinas de aumento del PBI. Por lo tanto, bien podría afirmarse que la economía Argentina durante el Kirchnerismo se recuperó a pesar del Kirchnerismo, no gracias al Kirchnerismo. De lo contrario, ¿por qué tantos desequilibrios económicos?
Finalmente, es importante no confundir mejora en los indicadores económicos con tener una economía saludable. Que una economía saludable produzca buenos indicadores económicos no quiere decir que al ver buenos indicadores económicos podamos concluir que la economía se encuentra en buen estado. Aumentar el gasto y empleo público pueden mejorar estos indicadores, pero sería un error de diagnóstico concluir que la economía se encuentra sana y pujante. Lo importante no es la dirección que toman los indicadores económicos, sino el por qué se mueven. Estos problemas hacen que evaluar el desempeño económico del Kirchnerismo sea por lo menos ambiguo. Cualquier evaluación, a favor o en contra, puede encontrar sustento en dudosos indicadores económicos libres de ser interpretados de distinta manera.
En al ámbito institucional, sin embargo, hay pocas dudas del deterioro que ha producido el Kirchnerismo. Los indicadores institucionales cumplen un rol informativo distinto al de las variables económicas como el PBI o el desempleo. El marco institucional de un país (respeto a los derechos de propiedad, división de poderes, estado de derecho, etc.) determinan la situación económica de un país a largo plazo. Es decir, mientras la política económica puede tener efectos en el corto y mediano plazo, en el largo plazo lo que diferencia a las naciones ricas de las pobres no son sus políticas económias, son sus instituciones. Corea del Norte tiene el desarrollo de Corea del Sur por problemas de política económica, el problema es institucional. Esto también quiere decir que los indicadores institucionales no marcan la situación económica presente de un país, marcan el camino que el país está tomando a largo plazo. Mientras el marco institucional define el nivel de desarrollo al que se converge, la política económica puede producir oscilaciones alrededor de esa tendencia, pero no definen la tendencia. No es casualidad ni capricho que los economistas insistamos tanto en los problemas institucionales de Argentina.
Es en esta materia donde el daño del Kirchnerismo es inequívoco. Existen distintas mediciones (lo más objetivas posibles) que ofrecen estimaciones y rankings sobre distintas áreas de calidad institucional. El siguiente gráfico muestra la posición relativa de Argentina entre los países rankeados de cinco indicadores. Es decir, cuál es la posición de Argentina en la tabla de posiciones donde 0 corresponde al primer ranking y 100 a estar en el último lugar. En el gráfico se puede ver la evolución del ranking en (1) el Index of Economic Freedom (Heritage Foundation and Wall Street Journal), (2) Economic Freedom of the World (Fraser Institute), (3) Índice de Calidad Institucional (Fundación Libertad y Progreso), (4) Corruption Perception Index (Transparency International) y (5) los tres resultados PISA [matemática, ciencia, y comprensión de texto] (OECD).
Ya sea que CFK se quiera comparar con el inicio de su presidencia en el 2007 o con el inicio del Kirchnerismo en el 2003, los resultados dejan mucho que desear. En los indicadores económicos se ve que Nestor Kirchner no logró mejorar el ranking del país, ya ubicado en la mitad inferior de la tabla. Se aprecia, sin embago, un colapso a partir del 2007 cuando CFK asume su mandato. Actualmente Argentina rankea entre el 10% de los países con menor libertad económica. Nuevamente, esto no quiere decir que Argentina sea hoy un país pobre, pero sí marca tendencia de largo plazo. Esto también sugiere que la pérdida de libertad económica comezó antes del Kirchnerismo. El rechazo a las libertades económicas en la clase política trascienden al Kirchnerismo.
El Índice de Calidad Institucional (comienza en el 2007) también muestra un acelerado deterioro. La calidad institucional tampoco es un área donde CFK pueda alegar dejar un país mejor del que recibió.
Por último, la percepción de corrupción y el desempeño educativo en los exámenes PISA tampoco muestran mejoras importantes. Ni Nestor Kirchner ni CFK han logrado disminuir la percepción de corrupción. Se hacec dificil defender un gobierno que se mantienen en la mitad inferior del ranking en cuanto a percepción de corrupción. Los casos de Skanka, Ricardo Jaime, Ciccone, administración de trenes, y un sin número de situaciones patrimoniales inexplicables no contribuyen a la autoridad moral del gobierno que impone una presión fiscal cercana al 50% del PBI. Que el Kirchnerismo haya gobernado una décad con largo períodos de mayoría en ambas cámaras del Congreso les impone una responsabilidad mayúscula en este problema.
Los resultados PISA tampoco son alentadores. Ciertamente hay una mejora en la posición relativa en el 2009. Sin embargo, cuando se está tan abajo sólo se puede subir. Este aumento puede deberse a la incorporación de nuevos países que mejora la posicion relativa del país en la muestra sin que por ello haya mejoras educativas. Una buena política educativa no hubiese producido la caída en el ranking que se ve en el 2012.
El evaluar el gobierno Kirchnerista en base a indicadores económicas es quedarse con el árbol y perderse el bosque. Un país está formado por sus instituciones primero y por su economía después. Los efectos de las mejoras y de los deterioros institucionales llevan tiempo, pero no por ello son menos reales. Más allá de los costos económicos de corto plazo, el Kirhnerismo está dejando costos institucionales de largo plazo. La oposición que busca ser gobierno luego del Kirchnerismo no debe confundir movimientos económicos de corto palzo (convenientemente contrastados contra una crisis como la del 2001) con la tendencia a largo plazo que el marco institucional. 
El Kirchnerismo deja un país con un marco institucional en clara oposición al país que Argentina quiere y puede ser.
(*) Nicolás Cachanosky / Metropolitan State University of Denver. Artículo publicado en "Economía para todos" el 28 de Abril de 2014
Twitter: @n_cachanosky