martes, 27 de mayo de 2014

Roca, el grande

Por Rolando Hanglin (*)
Nada hay más incorrecto, hoy día, que exaltar la figura de Roca. Al parecer, es el villano actual de la historia argentina. Digamos: se le ha dado un descanso a don Juan Manuel de Rosas, que también protagonizó una expedición a los desiertos pampas en 1833, y ahora está de turno Julio Roca, el exterminador de indios, el aliado del imperio británico.

Algunos críticos de Roca, en su misma época (1879-1880) exclamaron: "¡El general Roca ha descubierto que en la Patagonia no hay indios!"(Sarmiento) o señalaron que la expedición al Río Negro fue sólo un paseo militar en calesa, en el que no se registraron combates ni escaramuzas, ni siquiera una discusión acalorada. Nada. Un desfile de entorchados. Algún autor ha señalado que, durante la campaña, Roca montó a caballo cuatro veces en total, una para la foto. Nos cuesta comprender cómo un hombre tan insignificante, del que no se sabe si fue guerrero feroz o farolero impar, logró figurar en el billete de 100 pesos y en miles de calles, avenidas, pueblos, ciudades y monumentos de la República Argentina.
Conviene recordar algunos hechos, aunque sea en Google, para no aburrirse con largos libros. ¿Y por qué hacerlo ahora? Porque este 2014 se cumplen 130 años de la sanción de la Ley 1420 (conocida como de enseñanza laica, gratuita y obligatoria) y el primer centenario de la muerte de Roca, al que consideramos el gran estadista de nuestra historia. Efectivamente, fue Roca quien promulgó la gran ley de enseñanza laica, junto a su ministro de Justicia e Instrucción Pública, don Eduardo Wilde. Domingo Faustino Sarmiento fue, por así decirlo, el gran propagandista de la enseñanza pública. Algunos números: al comenzar el primer mandato de Roca, había 1214 escuelas públicas. Seis años después eran 1804. Las escuelas normales (para formar maestros) pasaron de 10 a 17. Los alumnos, de 86.927 a 180.768. Docentes: de 1915 a 5348 en seis años. Con fuerte influencia de Sarmiento, en su segundo mandato propone un sesgo laboral en los estudios, al modo yanqui: se crean escuelas de Artes y Oficios, de Agronomía y Veterinaria, de Ingenieros en Minería para San Juan, de Agricultura vinícola en Mendoza.
Roca fue el único presidente argentino que cumplió dos mandatos constitucionales (1880-1886 y 1898-1904) con doce años de intermedio. No procuró la reelección armando cadenas de amigos, aliados y socios para perdurar indefinidamente en el poder y los negocios.
Con Roca termina la guerra entre unitarios y federales: la ciudad de Buenos Aires queda federalizada y las rentas de la Aduana del Puerto (que eran el principal ingreso de aquel tiempo) se convierten en propiedad nacional, terminando así con un conflicto de 70 años entre Capital e interior.
Roca defendió el orden constitucional, incluso con las armas, pero buscando siempre la pacificación y la amnistía.
Roca apreció con sagacidad que la primera potencia del mundo no era otra que Inglaterra, y que superaría por largos años a los Estados Unidos, España, Francia y Rusia. Por lo tanto, impulsó una útil asociación comercial con Londres. Por otra parte, el gobierno inglés había sido un discreto pero eficaz aliado de la Argentina, sobre todo desde enero de 1825, cuando Jorge IV reconoció nuestra independencia. El crecimiento logrado por el país en tiempos de Roca sólo puede compararse con el que hoy ostentan los tigres asiáticos o la propia China.
Obra de Roca: a partir de 1881 no se discutieron ya territorios con Chile, sino sólo líneas divisorias. Cabe recordar que habíamos estado ya en guerra con el Brasil, cincuenta años antes de Roca: este promueve un acercamiento que diluye los conflictos.
En su segunda presidencia, Roca crea el servicio militar obligatorio, para unir en la civilización a todos los jóvenes criollos, indios... y gringos, que empezaban a llegar. En este período se incorpora al Congreso el primer diputado socialista de América, don Alfredo Palacios.
Roca sostuvo un concepto estratégico del territorio nacional: ocupar la Patagonia hasta la Tierra del Fuego, integrar el país mediante una red ferroviaria (que hoy está destartalada) resolver todo conflicto de límites y modernizar a la nación para insertarla en el mundo.
El ex ministro del Interior de Roca, Joaquín V. González, presenta al Congreso el primer código de trabajo, muchas de cuyas iniciativas serían plasmadas recién en la década del 40 por el general Perón. Lo mismo puede decirse de las políticas industriales que Roca esbozó, y continuó su antiguo aliado, el presidente Carlos Pellegrini.
Una aclaración: todos los hombres de la generación del 80, que convierten a la Argentina en la décima potencia mundial, quinta exportadora del globo y más alfabetizada que la mayoría de las naciones de Europa, fueron aliados y adversarios en distintos tiempos. Esto incluye al propio Roca, Sarmiento, Mitre, Avellaneda, Alsina, Pellegrini.
Sobre la derrota militar y cultural de los indios araucanos, cabe señalar que ya había comenzado en tiempos de la Zanja de Alsina. Este gran foso que cruzaba la provincia de Buenos Aires impedía los grandes malones ya en 1877, y sobre todo dificultaba la retirada de los indios con su inmenso arreo de cautivas, caballos, ovejas y sobre todo ganado vacuno. Que alimentaba a su gente en las tolderías o servía al comercio de carnes en Chile, cruzando la cordillera tras una plácida invernada en Neuquén o en Choele-Choel. Como los malones se atascaban en el foso tratando de arrear miles de cabezas de ganado, esto daba tiempo a las tropas argentinas para alcanzarlos y sablearlos, recuperando lo robado. En tiempos de la Zanja de Alsina, diseñada por el ingeniero francés Alfred Ebelot, autor de "Adolfo Alsina y la Ocupación del Desierto", los indios tuvieron que desplazarse hacia el sur y el oeste. Los productores agrarios ganaron vastas extensiones. Ya había ocurrido, el 8 de marzo de 1872, la batalla de San Carlos (hoy Bolívar) donde el General Ignacio Rivas vence al chileno Calfucurá, considerado el Napoleón de las Pampas, que muere al año siguiente: 4 de junio de 1873 en Chilihué. Durante aquel combate se movilizaron 3600 lanceros argentinos y chilenos encabezados por Calfucurá, Reuquecurá, Mariano Rosas, Catricurá y Pincén. La muy cuestionada zanja, de 300 km. cavada en 1877 (aún se encuentran algunos tramos en nuestro campo) dificultó los malones y, a la larga, generó escasez y hambruna en las tolderías. Pampas y araucanos consideraban que la riqueza y los alimentos debían adquirirse mediante la guerra y el pillaje, despreciando todo trabajo "de a pie", por ejemplo la siembra. Se enfrentaron en San Carlos 3600 lanceros indios contra otros tantos soldados argentinos, reforzados por la indiada amiga de Catriel. En aquel entonces comenzaba a manifestarse claramente, entre los indios, la separación de argentinos y chilenos.
En fin, no cabe duda de que fue una guerra a muerte entre dos civilizaciones irreconciliables. No se trata de exculpar a Roca por la matanza. Más bien los indios estaban ya desmoralizados... y con hambre. Enfrentaron al Ejército Argentino en un combate formal, que no era su fuerte. Fueron derrotados y empezó su declinación. Cuando Roca realizó su famosa expedición al Río Negro, ya los encontró dispersos.
Roca tuvo un lema: "Paz y Administración". Y le hizo honor.
(*) Rolando Hanglin. Periodista. Artículo publicado por La Nación el 27 de Mayo de 2014