jueves, 26 de junio de 2014

No defaultear es más fácil que jugar con tierra

Por José Luis Espert (*)
No hay buitres sin deuda, no hay deuda sin déficit y no hay déficit sin políticos gastomaníacos (la recaudación de impuestos era de 15% del PBI en 1961 y hoy es de 36% del PBI). Ergo, los políticos que a nivel nacional, provincial y municipal que deciden el gasto público, son los verdaderos responsables de todos los desastres fiscales de los últimos 40 años que, a su vez han generado crisis de mayor o menor tamaño (Rodrigazo, Sigaut, Hiperinflacion, Fin de la Convertibilidad y el retorno a la Estanflación con el cepo cambiario de octubre de 2011) que explican en gran parte la gran frustración que es la Argentina del último medio siglo.

Es mentira que los buitres y la deuda externa sean un instrumento civilizado y moderno de dominación mundial de la patria financiera internacional como nos pretender hacer creer la vergüenza sponsoreada por la UBA del Museo de la Deuda Externa “Marcianos, una cronología de la deuda externa” https://www.youtube.com/watch?v=3bQZ20OWbIo

Por supuesto que el negocio del prestamista es conseguir países con déficit fiscal que necesitan financiamiento, pero son los países los que deciden en sus Congresos de manera soberana y autónoma la cantidad de gasto público y, por lo tanto de déficit fiscal que van a tener que financiar con deuda. Es más, en los presupuestos siempre se pone cómo se va a financiar un desequilibrio fiscal y qué gastos directamente se financian con deuda. Así que los que mejor saben qué gasto público sube y cómo se financia el déficit, es la política. Que no te vengan a llorisquear cuando el acreedor quiere cobrar. En algún lugar, cuando ellos deciden el nivel de gasto público, también están decidiendo pedir prestado.

Obvio que en países como Argentina donde los intereses de la sociedad respecto del gasto público (educación, salud, seguridad, justicia, etc.) están totalmente disociados de los intereses de la política porque ésta se comporta de manera corporativa para perpetuarse y enriquecerse en el poder de la manera más fácil posible (con la demagogia del gasto público) y dado que el mayor poder de lobby está en la política, el sector privado termina siendo como los humanos en la película “Matrix”: tienen una vida virtual pero en la realidad son sólo baterías que le dan energía (impuestos) a la máquina (El Estado). O puesto en términos más actuales: los verdaderos buitres son los políticos y los carneros los privados de a pie http://www.lanacion.com.ar/1660483-la-argentina-devorada-por-su-estado http://www.lanacion.com.ar/1696206-de-buitres-y-carneros.

Pero si lo anterior fuera poco, la asignación de ese gasto público es pésima. Las calles en general están sucias, las rutas destrozadas, la salud pública para el pobre es una vergüenza, la educación igual, la seguridad no existe, en la justicia Oyarbide sigue como juez y Campagnoli es perseguido como un delincuente, el servicio exterior es gerenciado por un inestable desbocado como Héctor Timerman y la corrupción nos golpea en la cara como el sol de cada día.

Habiendo quedado claro que es la política corporativa argentina la que decide los buitres que nos van a carroñar después a los privados, ahora viene el tema particular de la actual deuda pública en default.

Todos los países emiten deuda bajo legislación extranjera (además de nacional), entre muchas razones, para abaratar el costo de financiamiento. Si yo le digo a un acreedor extranjero que voy a colocar deuda en la moneda de su país y además, ante un litigio, me someteré a su legislación, estará dispuesto cobrarme a una tasa más baja que si la legislación fuera la local. No hay nada de cesión de soberanía al estilo “perdimos las Malvinas a manos de los british” que justifique la demagogia política posterior. Es práctica común en el mundo financiero.

Fruto del déficit fiscal que la clase política decidió, algunos de los contratos de deuda que Argentina voluntariamente firmó en los ´90 con sus prestamistas fueron con legislación extranjera (al igual que de los del canje 2005 y 2010). Todos los contratos de los ´90 decían que si Argentina algún día decidía cambiar las condiciones de emisión originales (baja de tasas, quita de capital) como ocurre cuando hay un canje de deuda tendría que lograrse una adhesión del 100%. Ni del 75% como con en el canje de 2005 ni con el 93% después del canje de 2010. O sea, quedó un 7% de bonistas (no buitres) que no lo aceptaron. Ese 7% original era, en números redondos, u$s7.000M de capital y hoy según la propia Cristina es de u$s15.000M al computar tasas de interés y punitorios durante los últimos 15 años desde el default de diciembre de 2001.

Así que de movida, Argentina SIEMPRE, desde le primer canje deuda, violó la letra del contrato de deuda que establecía 100% de aceptación. Este es el primer bache por donde podrían venir litigios ¿Pero que hizo la política local? Descorchar champagne haciéndole creer a la sociedad, que el canje era un éxito mundial, cuando en realidad era un fracaso porque estaba violando la letra del contrato. Segundo problema legal con la “parejita” de los canjes de 2005 (se pudo hacer porque el juez Griesa los permitió) y 2010 (también se pudo hacer porque el juez Griesa los permitió): la cláusula pari passu. Esta cláusula es centenaria y está en todos los contratos de deuda y dice, adaptando su definición a la interpretación que hizo de ella la justicia de los EE.UU en nuestro juicio, que el que no aceptó el canje, no puede ser ignorado por el gobierno que le paga regularmente al que lo aceptó.

La Ley Cerrojo, sancionada por el Congreso a instancias del gobierno de Néstor Kirchner, violó la cláusula pari passu porque estableció 2 categorías de deudores antitéticas: los que aceptaron los canjes a los cuales el gobierno les pagaba y los que no, a los cuales el gobierno los desconocía como acreedores, dándolos de baja de las estadísticas de la deuda pública argentina, deslistando a sus bonos de los mercados donde cotizaban y jamás sentándose a negociar a pesar de los continuos llamados de la justicia de los EE.UU advirtiendo de la violación de los contratos de deuda firmados por Argentina en la cual estábamos incurriendo. Como diría el gran Pocho “al enemigo ni justicia”.

Así que, al revés de lo que se nos dijo durante 10 años, el canje deuda fue un fracaso de entrada (que algún día tendría consecuencias) porque violaba 2 conceptos claves de la letra del contrato: el porcentaje de adhesión y la cláusula pari passu. Argentina fue demandada en juicio y como era obvio lo perdió. En EE.UU mal que nos pese a nosotros, argentinos salvajes, las instituciones y lo firmado en un contrato vale más que el lobby de Obama y del FMI (el tour de nuestros queridos legisladores reuniéndose con autoridades americanas hace un par de semanas, no cuenta, fue sólo tirar a la basura parte de nuestros impuestos).

El juicio está perdido y hay que decidir si se paga o no (ahí entraríamos en default con la deuda externa en manos privadas que hoy está performing por casi u$s30.000M porque los u$s que enviaríamos desde BA a EE.UU. serían embargados para pagarles a los que ganaron el juicio) el 100% sin quita alguna (el cambio de juridicción es un delirio tan mayúsculo que no vale la pena discutirlo: ¿desacatar a la justicia del país más poderoso del mundo a la cual la fuimos a buscar nosotros?). Así que las opciones reales, no de relato, son acatar=pagar=no default o desacatar=no pagar=default.

La discusión de cuánto porcentaje de buitre hay en las venas de los demandantes a nadie le importa en un juicio. Eso es fulbito para la tribuna en países enfermos de populismo como el nuestro.

El monto de este juicio que terminó el pasado lunes 16 con el rechazo a la segunda apelación de Argentina por parte de la Corte Suprema de los EE.UU. es de u$s1.500M con un capital original que no supera los u$s400M.

El 100% de las acreencias de los que no aceptaron los canjes de deuda, según los datos de la Presidenta Cristina, hoy llega a u$s15.000M. Supongamos que el 100% de los que ganaron este juicio son buitres (en realidad no es así). Ergo, 1.500/15.000=10%. Sólo el 10% de los que no aceptaron los canjes son buitres. Pero si el número fuera mayor ¿who cares? Tienen el papel de deuda con el que ganaron el juicio. Hay que decidir pagar o no, sea buitre, serpiente, simio o el animal que quieras.

Obvio que los u$s15.000M, más de la mitad de las reservas del BCRA de hoy, o una gran parte de ellos se van a venir a reclamar viendo los que ocurrió con los u$s1.500M. Pero nunca van a venir todos juntos, ya y ahora como sugiere el gobierno, alertando sobre la llegada del Juicio Final. Como mucho será en 1 año y nunca será el 100% de los u$s15.000M.
En los últimos 5 años, desde que el gobierno tomó por asalto al BCRA con Mercedes Marcó del Pont como su presidenta, le sacó entre decretos, resoluciones y leyes de presupuesto reservas por u$s45.000M para pagar deuda de capital e intereses de privados (Fondea) y de organismos internacionales en moneda extranjera. O sea, un promedio de u$s9.000M por año en promedio.

No hay ningún argumento para no poner u$s15.000M de reservas en un año para acatar el fallo de un juicio al cual Argentina fue porque quiso sabiendo que lo perdería (así lo reconocieron tanto Kicillof como Cristina) y evitar un default y sí u$s9.000M para pagar a los que aceptaron los canjes.

Ojo que un default, al pulverizar el patrimonio de los bancos y del FGS del Anses, pondrá nervioso a más de un depositante y a más de un futuro jubilado.

Pero además, está mal usar reservas del Banco Central para un problema que es del fisco, del gobierno y que es el pago de la deuda pública. Las reservas del BCRA están para hacer de respaldo a los pesos que emite el BCRA y más con el prontuario argentino de confiscaciones, devaluaciones, hiperinflaciones y defaults que ha transformado a la demanda de pesos en pequeña y volátil. Nunca se deberían haber usado reservas para pagar ninguna deuda. El capital se podría haber refinanciado y los intereses se deberían haber pagado con el boom de recaudación que traían las tasas chinas de crecimiento (lo mismo si en vez de refinanciar se decidía cancelar capital de deuda pública).

Pero claro, lo que no te dice la clase política cuando se rasga las vestiduras sobre el pago de la deuda externa, deuda que nunca se debería haber tomado porque la recaudación hace 40 años que no para de crecer como porcentaje del PBI porque los impuestazos son la adicción de todos los gobiernos, es que no hay un solo peso de los u$s150.000M que se recaudan hoy porque se lo gastaron todo en clientelismo, amiguismo y corrupción.

Los u$s15.000M son el 10% del total de la recaudación de impuestos (los u$s1.500M el 1%) que la gente paga para que la política le dé algo. Ya que no le da bienes públicos, al menos que le eviten la crisis económica y financiera que sufriría ante un default ¡sólo 15 años después del default inmediato anterior y luego de una década de desendeudamiento que dejó la deuda externa performing con privados reducida a la nimiedad de 8% del PBI!

Si no quieren sacar los u$s15.000M de los u$s150.000M de recaudación porque ésta ya se la gastaron de manera irresponsable y esto sí que sería un “ajuste” (si los privados no llegan a fin de mes por la inflación, no lo es), que la saquen entonces del crecimiento de la recaudación que al 30% son entre u$s30.000M y u$s45.000M (dependiendo del dólar que pongas a futuro) en un año, o sea que los u$s15.000M son entre 1/3 y 50% del AUMENTO de recaudación. El 50% o 2/3 restantes del aumento se lo pueden seguir malgastando como hoy. 
Y si tampoco quieren eso, deberían colocar deuda para evitar el default. Finalizada la epopeya del desendeudamiento, ahora comenzó la del endeudamiento. Ya emitimos deuda para el CIADI, Repsol y Club de París por u$s15.000M ¿Qué le hace un mancha más al tigre y emitir otra vez deuda externa por otros u$s15.000M? Total, ahora los que nos prestan son buitres buenos…hasta que algún día por el malgasto público, no podamos pagarles y sean buitres a secas.

Seamos adultos, dejemos de ser un paisito de infantes histéricos. Tuvimos boom de recaudación pero más de gasto público, vino el déficit, la deuda externa, la imposibilidad de pagarla, un mal canje, un peor juicio y lo perdimos. Pagarlo es más fácil que defaultearlo. 

Después de todo, salvo la deuda ajustada por CER, defaulteada en los hechos por la destrucción del INDEC, los Kirchner han repagado deuda externa como ningún gobierno en la historia. Ideologizar u$s15.000M es ridículo y…peligroso.

(*) José Luis Espert. Economista. Artículo publicado por la Fundación Atlas 1853 en su Newsletter el 24 de Junio de 2014

La patria, los buitres y el enano nacionalista

Por Luis Alberto Romero (*)
El mes de junio parece ser un mes fatal para nuestro orgullo nacional. El 15 de junio de 1982 se rindió la expedición militar que dos meses antes había ocupado las islas Malvinas, que volvieron a llamarse Falkland. El 16 de junio de 2014 un fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos colocó al país al borde del default. Lejos quedaron los días de vino y gloria: el golpe al imperio pirata primero y luego la triunfal batalla del desendeudamiento, que llegó a su clímax con el portazo al Fondo Monetario, tirándole un fajo de billetes a la cara. Puede agregarse un episodio intermedio, menor pero ilustrativo: en junio de 1994 le "cortaron las piernas" a Maradona -en palabras más pobres, lo sancionaron por doping- y troncharon lo que debió haber sido la conquista triunfal de un nuevo título Mundial de fútbol para la patria.

Ciertamente son cosas muy diferentes, por su naturaleza y su envergadura. Lo de Maradona es apenas grotesco. El posible default es un problema serio y la Guerra de Malvinas, con derrota o sin ella, fue una tragedia. Pero un hilo subtiende los tres episodios: en cada uno de ellos el orgullo argentino sufrió un cachetazo, un golpe de realidad, y afloró el nacionalismo traumático enraizado en nuestra cultura política. Pues quien más, quien menos, todos tenemos un "enano nacionalista" sumergido que emerge cuando es interpelado adecuadamente o cuando un sacudón inesperado conmueve nuestras seguridades.
Nuestro nacionalismo patológico se ha caracterizado por combinar la soberbia y la paranoia: los argentinos podríamos ser los mejores del mundo, pero lo impiden nuestros enemigos, de afuera y de adentro. La soberbia deriva de un razonable orgullo inicial, acuñado en tiempos mejores para el país, cuando la economía crecía y competía con las más dinámica del mundo, las instituciones estaban sólidamente arraigadas, la sociedad lucía expansiva, móvil y democrática y un Estado potente y experto podía decidir qué rumbo quería tomar. En algún momento del siglo XX -puede discutirse cuándo-, las certezas se tornaron en incertidumbres y luego en frustraciones crecientes. Entonces el orgullo se transformó en soberbia y a la vez en paranoia. Alguien -nunca nosotros- debía ser el responsable de que nuestro destino de grandeza no se concretara. Sospechamos de los países vecinos, que querían quedarse con parte de lo nuestro, y sobre todo de Brasil y su maquiavélico Itamaraty. Culpamos a Inglaterra, que, según descubrimos en 1930, siempre nos había explotado. Posteriormente cambiaron las ideas y, con ellas, los culpables: el imperialismo, el comunismo, el Fondo Monetario, la subversión, los grandes poderes mundiales y sus socios y agentes locales. Pero siempre hubo un responsable para concentrar la furia: una jefa de gobierno británica, tan nacionalista como los nuestros, un técnico de laboratorio que hizo un simple análisis de orina o un juez norteamericano que se tomó en serio su tarea. Todos "nos cortaron las piernas".
Nuestro nacionalismo nació a fines del siglo XIX, entre los intelectuales obsesionados por descubrir el "ser nacional", y creció en el siglo XX. Lo acunaron el Ejército, autoproclamado custodio de los valores supremos de la Nación; la Iglesia, que definió a la Argentina como una "Nación católica", y el peronismo, que transformó sus "veinte verdades" en Doctrina Nacional. Las definiciones eran diferentes, pero coincidían en una visión unanimista e intolerante que moldeó el sentido común nacional. Para quien puede manipularlo, su utilidad política es enorme, pues sirve para convocar a la unidad nacional cuando las papas queman y para colocar los problemas del país bien lejos, más allá de cualquier responsabilidad local.
Así ocurrió en 1982 cuando el gobierno militar, corroído por luchas intestinas y asediado por la protesta social, encontró una salida en las invasión a las Malvinas. En lo inmediato su éxito fue abrumador y Galtieri se arrulló en el balcón de Perón con los vítores de la plaza. Las consecuencias de ese acto insensato eran previsibles para cualquiera que pudiera abstraerse de la pasión nacionalista. Pero no fueron muchos, pues, como decían los griegos, los dioses ciegan a quienes quieren perder. En este caso, cegó a los gobernantes militares, principales responsables, pero también a los argentinos en general. Los jefes militares ya fueron condenados por sus errores. Para el resto de los argentinos no hubo juicio ni autocrítica: quienes aclamaron a los militares se limitaron a denostarlos, probablemente por no haber triunfado.
En ese momento, pareció que la lección había sido suficientemente dura. Pero luego de la crisis de 2001, que conmovió las recientes y poco consolidadas certezas democráticas y pluralistas, la vieja cultura nacionalista volvió a aflorar de la mano del kirchnerismo, su práctica y su discurso. A lo largo de estos trece años nos regocijamos atacando al enemigo de afuera: humillamos al presidente Bush, nuestro invitado; nos liberamos del Fondo Monetario; amonestamos a los poderes mundiales con lecciones de economía política; tomamos distancia de Brasil y del Mercosur, y pusimos en su lugar a Uruguay. Salió un poco caro, pero los réditos políticos lo justificaban. Con el mismo brío, enfrentamos a las corporaciones locales, la oligarquía rural, la Justicia, la oposición y en general a los "antiargentinos", que sintieron el rigor de un gobierno verdaderamente nacional. Así llegamos hoy a la más reciente expresión de los enemigos de la patria: los fondos buitre.
El discurso oficial es insostenible por donde se lo mire. El Gobierno tiene buitres en su periferia y en su centro mismo. Los problemas que enfrenta no se deben a la hostilidad del mundo -en general, poco interesado en nuestras cosas-, sino a su impericia e improvisación. Los supuestos enemigos internos -un juez, un empresario de medios- se parecen bastante a otros sujetos similares, pero amigos. Estos argumentos podrían ampliarse y ejemplificarse, pero difícilmente convencerán a quienes miran el mundo con los ojos de la fe y cuya convicción sólo vacila en el instante del cachetazo. Sólo un instante, pues de inmediato se activa la paranoia, se individualiza el chivo expiatorio, se convoca contra él a la Nación, unida para gritar.
En eso consiste el famoso "pensamiento nacional": imaginar una nación con una doctrina, una bandera y un líder, enfrentada con la antipatria, con los godos de 1810 o los buitres de 2014. El mal está afuera, y un poco adentro también, pues existen colaboracionistas infiltrados y otros obnubilados por ideas cosmopolitas o liberales. Todos contra la patria.
Néstor y Cristina Kirchner descubrieron la utilidad del antagonismo y de la apropiación facciosa de la Nación. Pero el mayor problema no está en ellos, sino en quienes los escuchan y se reconocen en ese discurso. Su éxito muestra, como ocurrió en la plaza de Galtieri, lo arraigado de la patología nacionalista. Está presente en quienes los siguen con fe y convicción, y no se inmutan ante el reculaje de estos días. Pero también existe en quienes los respaldaron masivamente y hoy empiezan a tomar distancia, sin terminar de despegarse. Incluso está presente entre sus opositores, vacilantes cuando se invoca a la Nación amenazada por los "fondos buitres", un nombre que todos usan y que nadie se ha detenido a examinar y cuestionar.
El 15 de junio de 1982 muchos argentinos tomaron conciencia de que habían apoyado y alentado una empresa desastrosa, que sólo podía terminar en derrota y desastre. Por un tiempo se escucharon otras voces y se siguió a otros dirigentes, y el desahogo de las malas pasiones se limitó al fútbol. Hoy el enano volvió para legitimar otra batalla perdida. En su nombre el Gobierno y sus seguidores se rebelan contra el destino adverso y también en su nombre lo aceptan, sin confesar una renuncia a sus principios. Hay muchos argentinos sensatos que, si se empeñan, podrían volver a controlar al enano. Pero me temo que su neutralización definitiva está más allá de nuestras modestas posibilidades.
(*) Luis Alberto Romero. Historiador e investigador principal del Conicet/UBA. Artículo publicado en La Nación el 24 de Junio de 2014.

El crecimiento del empleo público en la Argentina kirchnerista

Por Ricardo López Göttig (*)
El próximo gobierno, sea cual fuere su signo político, asumirá en diciembre del 2015 con un fortísimo incremento en la planta de efectivos estatales, no sólo a nivel de la Nación sino también de las provincias.

Impulsados por la mayor cantidad de recursos disponibles debido al auge exportador de commodities que se vive en varios países de América del Sur, la administración federal de Argentina y los gobiernos provinciales y municipales incorporaron más empleados, partiendo del supuesto de que la bonanza no tendrá fin ni altibajos. Por ejemplo, de acuerdo a los datos del presupuesto nacional, al asumir la presidencia Néstor Kirchner en el año 2003 había un total de 266.165 empleados permanentes y temporarios (administración central, organismos descentralizados e instituciones de seguridad social), pasando a un total de 377.225 en el 2014.Es sumamente probable que este incremento del número de asalariados en el sector público no sólo obedezca a razones de simpatía política y premio a la militancia partidaria, sino también un modo de encubrir el desempleo en la Nación, provincias y municipios. 

Aquellos que aspiren a formar el próximo gobierno deben estudiar cuáles son los desincentivos para la creación de empleo en el sector privado, así como las trabas que tenga la iniciativa empresarial para invertir y desenvolverse.

El próximo gobierno de la República Argentina, sea cual fuere su signo político, asumirá en diciembre del 2015 con un fortísimo incremento en la cantidad de empleados públicos. Este fenómeno no se circunscribe a la administración federal, ya que los gobiernos provinciales y municipales también se han sumado a esta ola. Los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTEySS) exhiben cifras diferentes, pero en todas ellas queda en evidencia un alto porcentaje de empleados en el sector público. Como se expondrá en este artículo, el porcentaje de asalariados en el sector público está por encima del promedio de los países miembros de la OCDE, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, o bien duplica al de países altamente desarrollados. Mientras la tendencia de los gobiernos de varios países miembros de la OCDE –en particular los que están en la Unión Europea- es a la reducción del porcentaje del empleo público para disminuir el gasto estatal por su peso abrumador sobre los contribuyentes, el rumbo de las administraciones de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner ha sido el opuesto.

Según lo expuesto en el Boletín de Estadísticas Laborales del Ministerio de Trabajo, de julio-diciembre del 2012(1), elaborado a partir de indicadores de diversas fuentes, desarrollados por ese ministerio y por el INDEC, en el cuarto trimestre del 2011, la población económicamente activa (PEA) era de 16.884.000 personas, de las cuales el 93,6% estaban ocupadas (15.805.000). De los ocupados, en el sector privado trabajaba el 81,7% (12.910.000), en tanto que el sector público era el 17,6% (2.781.000), comprendiendo los tres niveles: nacional, provincias y municipios. El citado estudio no precisa cuántas personas se hallan en cada uno de los tres niveles del Estado, cómo se distribuyen en la geografía argentina o cuáles han sido sus fuentes de información. El boletín del MTEySS sólo aporta ese número y es minucioso únicamente al abordar el empleo en el sector privado por provincias, sectores y rubros.

No obstante, podemos hallar otra cifra, mayor que la anterior: de acuerdo al empleo asalariado registrado en el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), en el año 2012 se registraban 3.428.729 empleados en el sector público (2). Esto significa que un tercio de los asalariados en Argentina se hallaba en el sector público durante el año 2012, de un total de 9.778.000 en ese trimestre. Si tomamos la cifra de 15.805.000 personas ocupadas registrada en el Boletín de Estadísticas Laborales, las cifras del SIPA nos indicarían que el 21,6% de los empleados está en el sector público.

(*) Ricardo López Göttig es Profesor y Doctor en Historia, egresado de la Universidad de Belgrano y de la Universidad Karlova de Praga (República Checa). Es Profesor titular de Teoría Social en la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Artículo publicado por el blog de ESEADE el 11 de Junio de 2014

El déficit, en la base del problema

Por Orlando Ferreres (*)
No pueden prever el futuro. O quizá, no les importa el largo plazo. Lo cierto es que los políticos en el poder no anticipan los problemas aunque esto pueda ser muy grave para la comunidad a la que dicen defender. Esto último -que defiendan a la comunidad- ya resulta poco creíble, después de tantas décadas de decadencia relativa.

La forma en que se manejó la crisis de la deuda con los fondos que no entraron al canje, con sus idas y venidas al borde del default, ejemplifica este comportamiento. Sin embargo, el caso más claro a lo largo de los años es el del déficit fiscal. Los dirigentes en el poder (presidente, gobernadores, ministros) abultan el gasto público en sus jurisdicciones o, para decirlo más simplemente, aumentan "la caja estatal", hasta que los recursos genuinos lógicos ya no alcanzan para cubrir los gastos. Entonces agregan impuestos nuevos, casi siempre distorsivos, aun a mitad del ejercicio, para seguir gastando. Agotado el proceso de agregar impuestos, recurren al endeudamiento, proceso que también llevan al límite extremo. Este llega cuando ya nadie quiere prestarles por el alto riesgo de default o por no haber salido aún de él, como es la situación presente.
Entonces agregan impuestos nuevos, casi siempre distorsivos, aun a mitad del ejercicio, para seguir gastando
Entonces apelan a la última tabla de financiación del enorme gasto y déficit fiscal que es la emisión monetaria espuria, y esto en forma cada vez más fuerte, aun duplicando con nuevas leyes los límites máximo prudenciales de la financiación inflacionaria al Tesoro. Para disimular la monetización del déficit apelan incluso a la contabilidad creativa, como es el caso de las ganancias ficticias del Banco Central que permiten enviar "dividendos" ficticios al Tesoro, que en realidad son pura emisión.
Este proceso no lo detienen cuando la inflación llega al 3 ó 4 % anual que es el máximo de inflación aceptada internacionalmente, ni cuando llega a los peligrosísimos dos dígitos anuales, o sea más de 10% anual, y aún no paran cuando llega al 40% anual, como es el caso actual. El proceso sigue hasta que la burbuja explota, como pasó en julio de 1989, con una inflación de 46.500.000% equivalente anual para ese mes (El 197% que creció el IPC en dicho mes, implica aquella cifra al anualizarlo).
Este proceso no lo frenan aun cuando les puede costar el poder a ellos mismos, como le pasó a Raúl Alfonsín en 1989 o a Fernando de la Rúa y Domingo Cavallo en 2001.
Veamos el déficit fiscal consolidado y sus efectos sobre la macroeconomía e incluso sobre el crecimiento económico:
Podemos observar que en la década del 60 el déficit fiscal consolidado (Nación, provincias, municipios) fue importante, pero relativamente controlado. En la década del 70 se aceleró mucho hasta que llegó el "Rodrigazo" que lo llevó a extremos, con el primer gran salto de inflación en un solo mes y la recesión que lo acompañó. Lo mismo ocurrió al final del gobierno militar en 1982, donde se espiralizó con sus consecuencias sobre la terrible inflación correspondiente. También se aceleró el déficit fiscal en la década del 80 y terminó muy mal en 1989.
En los 90, dicho déficit fue creciendo progresivamente, salvo en 1994, aunque en este año se incluyó como Rentas Generales la recaudación de las privatizaciones (cosa que no hubiera correspondido). Como el tipo de cambio era fijo por ley, y se financiaba el déficit con deuda externa, la creación de dinero correspondía al sector externo, por la entrada de los dólares contrapartida del aumento de la deuda con bonos. En definitiva, se creaba dinero doméstico como si fuera un déficit común, con la diferencia de que, por la convertibilidad 1 a 1, no se podía manifestar la inflación, pero el proceso buscaba una salida y la encontraba en una recesión cada vez más fuerte y hasta se llegó a la hiperrecesión.
Con el gran ajuste de Eduardo Duhalde el gasto se licuó muchísimo y, por primera vez en la historia argentina, tuvimos superávit fiscal consolidado. La economía se sentía libre, su dinamismo no se veía entorpecido por tener que cargar con la pesada mochila del enorme gasto improductivo del Estado sino que la carga era ligera. El crecimiento económico fue, en esa etapa, a "tasas chinas", al 9-10 % anual, con una inflación similar a la internacional.
Pero no duró. En pocos años se volvió a gastar sin límites, se perdió el superávit, se pasó nuevamente a lo normal en nuestro país, al déficit. Se exageraron los impuestos, pero aun así no alcanzó. Se recurrió a la emisión, y no alcanzó tampoco por lo que hubo que reformar la Carta Orgánica del Banco Central para duplicar los márgenes de emisión dado que los límites máximos estaban superados.
Volvió la inflación pero se dibujaron los índices para negarla, pero igual la gran emisión corroía el valor de la moneda y ahora la inflación ya llega al 40% anual.
Y con el déficit y la inflación también se acabó el crecimiento fuerte del 9-10% anual y ahora hay estancamiento, el crecimiento del PBI es cero o negativo. Estamos en el peor de los mundos, estancamiento con inflación, o sea, lo que se llama "estanflación".
No van a ajustar lo que desajustaron. Piensan dejarlo así, desviado, muy desviado, salvo imprescindibles retoques para llegar como puedan a diciembre de 2015
¿Cómo se arregla esto? Controlando el gasto público. Pero las autoridades han declarado que "no van a hacer el ajuste", no van a ajustar lo que desajustaron. Piensan dejarlo así, desviado, muy desviado, salvo imprescindibles retoques para llegar como puedan a diciembre de 2015. La diferencia negativa entre lo que recibieron como gasto público y superávit fiscal en 2003 y lo que dejan como herencia es enorme. El que gane las elecciones en 2015 recibirá un país desordenado fiscalmente.
El próximo gobierno va sufrir mucho al tener que tomar medidas impopulares si quiere arreglar el país del largo plazo y que salgamos de esta tendencia permanente a declinar que lleva ya 80 años. Ahora se va arreglar con los holdouts pagándole con más deuda, que no figuraba en la estadística argentina, lo mismo que se hizo para pagar a Repsol o a los que ganaron juicios en el Ciadi o para arreglar con el Club de Paris. Esta mayor deuda es más gasto público para el futuro. Seguimos declinando, pues nadie quiere llamar a las cosas por su nombre ni hacer lo que es necesario hacer para lograr tener ocupada productivamente, en trabajos formales, a toda la población argentina, es decir construir un país que respete las instituciones y favorezca una alta inversión, cosa que es muy posible.
¿Cuál es el costo de no hacer nada significativo y de seguir con lo mismo? El costo es hasta hoy el 27% de pobreza, pero ésta puede empeorar aún más. En un país rico que tiene tantos alimentos, tantas reservas de energía, tanta pesca potencial en su mar continental y tanto oro, plata y cobre en sus entrañas, no es posible que por mala administración política tengamos tanta pobreza estructural. Es posible cambiar, hablando claro.
(*) Orlando Ferreres. Economista. Director de OJF & Asoc. Artículo publicado en La Nación el 25 de Junio de 2014


El sistema impositivo argentino

Por Fabián Medina (*)
Viendo los parámetros que mencionamos en mi segundo libro “IMPUESTOS NACIONALES Y SU DISTRIBUCIÓN: por una Argentina más justa” principalmente debemos entender que nuestra Recaudación Nacional se compone en alrededor del 8% de los derechos de exportación (retenciones) y el resto es el sistema impositivo de los cuales el 87% corresponde sólo a 5 impuestos (GANANCIAS, IVA, BS.PERSONALES, SEGURIDAD SOCIAL e INTERNOS); entonces resumiendo el 80% de la recaudación nacional son los impuestos que percibe a los ciudadanos mientras que el 13% restante de dicha recaudación la componen cerca de 35 impuestos minúsculos entre los que se encuentra inclusive el MONOTRIBUTO.  Entendiendo cada uno de los impuestos básicos, podemos decir:

-Ganancias: debería ser el impuesto que más recaude pero no lo es, puesto que su carácter progresivo implícito se alteró por la continua cantidad de exenciones incluídas y las alícuotas cada vez mayores aplicadas hasta el 35% actual de empresas y escala superior de personas físicas que data de 1999.   El no actualizar el mínimo no imponible durante 2011 y 2012 generó que durante el año 2013 se hicieran 2 ajustes continuos que lo elevaron a $15.000 en bruto (siendo que el Decreto Reglamentario establece que la 4º categoría se abona sobre sueldo neto –percibido-), en forma conjunta es el hecho de no ajustar por inflación los estados financieros de las empresas. Por lo tanto, se paga impuesto sobre ganancias ficticias como producto de la inflación. Este representa cerca del 20% del total de la recaudación

-Valor Agregado: es el impuesto al consumo general por excelencia en la mayoría de los países, desde su creación en la década del ’70 hasta la actualidad sufrió constantemente incrementos en sus alícuotas hasta llegar al 21% actual en 1998. Solo durante la gestión de Roberto Lavagna como ministro de economía se disminuyó al 19% pero como ella se mantuvo solo por 60 días no son comparables sus resultados. Este impuesto representa el 49% de la recaudación, al poseer una gran cantidad de exenciones es muy dañino a las economías familiares de los que tienen un salario, más incluso desde 1998 que se agregó la generalización a todos los productos, servicios y locaciones.

-Bienes Personales: solo representa aprox el 4% de la recaudación pero su importancia radica en ser “testigo” de ganancias puesto que sus valores se incorporan como Justificación patrimonial en la declaración jurada de aquel.

-Seguridad Social: estamos ante el régimen que debería brindar los fondos al sistema jubilatorio, puesto que de él tendrían que salir el total de las jubilaciones y pensiones a abonar. Pero es solo una utopía porque representa solamente el 10% de la recaudación y el 60% del sistema jubilatorio.

- Monotributo: lleva a la subvaluación de los contribuyentes y solo representa alrededor del 1% de la recaudación nacional.

-Internos: es el impuesto selectivo al consumo y aporta el 3% de la recaudación, su origen es incluir bienes suntuarios y nocivos a la salud r en el transcurso del tiempo también se degeneró.

Con estos impuestos la presión tributaria total a 2014 es alrededor del 46% habiendo sido en 2003 del 23%, llegando a ese número final luego del aumento de autos de alta gama; hoy en día como resultado del nivel de presión fiscal nos encontramos ante un escenario de recesión que ya se nota en la cadena de pagos y el trabajo en todos los sectores. Por lo tanto, no podemos seguir aumentando la presión impositiva porque detonaría la actividad económica en su totalidad y destrozaría la economía nacional en un corto plazo.

(*) Fabián Medina. CPN. Artículo publicado en "El punto de equilibrio" el 25 de Junio de 2014

Hay vida después de Griesa

Por Tomás Bulat (*)
Finalmente el gobierno comenzó a negociar el cumplimiento de la sentencia. Es un paso normal después de un fallo judicial que en Argentina se convirtió en una épica contradictoria y vacilante.


Con la natural emocionalidad de los argentinos, pasamos de la depresión a la euforia en minutos. Ahora pensamos que después del discurso de la Presidente ya está todo solucionado y eso tampoco es correcto.
Hay un largo camino por seguir y algunos obstáculos que todavía quedan por pasar para que este problema no se convierta en un problemón.  Es una novela que recién empieza y cuyo final no va a ser feliz, podrá ser más o menos malo, pero nunca feliz.

Ahora sube todo… pero peor que hace 10 días

“Tomas,¡¡¡ahora sube todo!!!” “Ya se solucionó todo, mirá el pico de la Bolsa”. Lo cierto es que los valores de la Bolsa, de los bonos, están más bajos que el viernes anterior a conocerse el fallo y quienes dicen que el blue “se desplomó”, les sugiero que miren los datos de hace diez días: estaba más bajo que hoy.

Es decir que los datos positivos que muestra el mercado hoy son una especie de juego de la oca: Volvimos al viernes anterior al fallo de la Corte.

La vida después de…  

Finalmente el fallo del juez Griesa, que ya tiene dos años, quedo vigente. Dado que era una de las alternativas que podían suceder, se supone que el gobierno argentino tendría una estrategia “muy bien estudiada”. Pero la sensación es que se sigue viviendo con una improvisación que genera incertidumbre.

Por lo tanto al día de hoy no hay tanta certeza de cómo termina el cumplimiento del fallo ni tampoco como quedará y qué impacto tendrá su resolución en los futuros juicios que ya están iniciados de otros grupos de holdouts.

Hay dos objetivos a cumplir en esta negociación de estos días. Que se utilice la menor cantidad de reservas posibles y que principalmente aleje todo lo posible las dudas y posibles futuros juicios por la aplicación de la cláusula RUFO de aquellos que entraron al canje.

Pero entonces, ¿la economía argentina tiene más o menos problemas luego del fallo de la Corte?

La respuesta es que tiene más problemas de corto plazo pero menos problemas en el mediano plazo.

En el corto plazo, probablemente tenga que pagar parte en efectivo, que saldrán de las reservas del BCRA y también deberá emitir más deuda con nuevos bonos como los BODEN 2024. Esto  debilitará las ya magras reservas actuales, aunque no sea un monto significativo,  y también impondrá una agenda de pagos que implican una mayor necesidad de conseguir dólares a futuro para poder crecer.

No resulta muy probable que con las restricciones existentes en la economía actual, ingrese en el corto plazo una gran cantidad de capitales que compensen estas salidas. Por lo tanto, si se suman los pagos a Club de Paris en julio, más los bonos Discount también en julio, el impacto en las reservas será más que significativo. Eso, evidentemente, generará resquemores en los mercados y sus actores luego de agosto.

Pero en el mediano plazo la noticia es buena. La Argentina tenía cuatro frentes abiertos internacionalmente que fueron cerrándose de a uno: CIADI; REPSOL, Club de Paris y Holdouts. Por supuesto no están todos resueltos de la mejor manera posible, pero ya están, una vez que se definida la situación con los holdouts, se sabrá el flujo de divisas necesarias para poder cumplir con los pagos de deuda.

Es decir que para volver al mercado de capitales y al hecho de poder recibir inversiones externas, la Argentina ya no va a presentar frentes abiertos.

Por supuesto que sí va a tener problemas para solucionar, pero ya sabemos cuáles son, no hay sorpresas. Y siempre la certidumbre, aunque no sea positiva, es mucho mejor que la incertidumbre.

Por lo tanto, hay vida después de Griesa. Ningún escenario es fácil y cada paso deberá ser muy bien pensado, sin embargo, lo bueno es que en unos meses no volveremos a hablar de Griesa, porque ese capítulo ya está cerrado. No es poca cosa.

(*) Tomás Bulat. Economista, periodista y docente universitario. Artículo publicado en "El Punto de Equilibrio" el 25 de Junio  de 2014.

Un panorama preocupante

Por Nicolás Cachanosky (*)
Con una importante (y difícil de entender) demora, la Secretaría de Hacienda finalmente dio a conocer los resultados fiscales del mes de marzo. Este era un dato esperado dado que no sólo cierra el primer trimestre del año, sino que también informaría sobre la evolución de las ya deterioradas cuentas fiscales. Los datos de marzo ofrecen un panorama preocupante no sólo en el frente fiscal, sino también en lo que puede esperarse en materia inflacionaria a futuro.

Según los datos informados, el superávit primario fue de unos 3.570 millones de pesos gracias a un récord de transferencias en concepto de “rentas de la propiedad” (principalmente el BCRA) por unos 12.900 millones. Sin esta “contabilidad creativa”, el resultado primario cae a un déficit de -9.330 millones de pesos. Si a este déficit le restamos los costos financieros netos (pago y cobro de intereses), el resultado financiero cae a -17.300 millones de pesos. El resultado financiero para enero y febrero fue de -6.200 y -9.500 millones de pesos respectivamente. Esto quiere decir que el resultado acumulado para el primer trimestre es de -33.300 millones. En el 2012 y en el 2013 el deficit fiscal sobre el PBI (base 2004) fue de 3.1% y 3.7%.
Podemos estimar un valor de PBI para el primer trimestre del 2014 usando la variación (trimestre contra trimestre) promedio de distintos indicadores de actividad [EMAE, EMI, ISAC, IGA(OJF), IPI(OJF), e IPI(FIEL)]. El resultado de este ejercicio es un déficit fiscal para el primer trimestre del 2014 por 1.2% del PBI. De mantenerse esta relación, el deficit fiscal a fin del 2014 sería de un 4.6%. Casi un punto más que el año pasado.
De los datos fiscales se desprenden otros dos datos curiosos. En primer lugar, el único ingreso que creció en términos reales fue el de “rentas de la propiedad”. El resto de los ingresos cayeron en términos reales al crecer menos que la inflación de los últimos 12 meses. Los ingresos tributarios crecieron a un ritmo similar al de la inflación, pero es importante tener presente esto vino acompañado de aumentos impositivos implícitos (por ejemplo al no ajustar mínimos imponibles, no permitir ajuste contable por inflación, etc.) En segundo lugar, la única erogación que creció menos que la inflación es el correspondiente a seguridad social.
Mucho se ha dicho en las últimas semanas sobre una desaceleración de la inflación. Esta postura me parece prematura por dos motivos. En primer lugar, es cierto que Fábrega ha reducido la base monetaria (-7.5% para el primer trimestre del 2014) y que esto debería llevar a una reducción en la inflación. Pero no es menos cierto que el déficit fiscal se financia con emisión monetaria. Por lo tanto, un aumento en el déficit fiscal puede llevar nuevamente a una expansión monetaria y a un aceleramiento de la inflación. ¿Cuál puede ser el déficit fiscal a fines del 2014? El siguiente gráfico muestra un simple escenario donde se asume que de abril a diciembre la evolución del déficit es igual a la evolución promedio del 2012 y del 2013. Es decir, es un escenario optimista donde se asume que de aquí en adelante la situación fiscal no es menor ni peor que la de los dos últimos años (en promedio.) Hay, sin embargo, motivos para creer que la situación puede ser peor. Todos los indicadores de actividad económica están dando a la baja, por lo que la recaudación puede desacelerarse (o incluso caer). Hay nuevos planes sociales para los “ni-ni” y el primer pago al Club de París que cae este año. De hecho, los datos de recaudación de abril muestran una desaceleración en términos reales. La línea roja corresponde al déficit acumulado del 2012, la azul a la del 2013, la negra a la del 2014 donde la sección punteada es la proyección a futuro.
En este escenario, el resultado financiero a fin del 2014 es de -290.800 millones de pesos. ¿Qué implica esto para la presión inflacionaria a futuro? En lo que queda del año faltarían financiar unos 256.900 millones de pesos. La base monetaria a fin de marzo se encuentra en unos 349.000 millones. Esto quiere decir que, si el déficit por financiar se suple con emisión monetaria, la base monetaria debe expandirse un notable 74%. Desde el 2006 que la base monetaria no supera una expansión del 40% anual (38% y 22.8% para el 2012 y 2013 respectivamente.) Esto implica una presión inflacionaria del 70% (a distribuirse en varios meses, la expansión monetaria afecta precios con lags importantes.)
El segundo motivo por el cual puede ser prematuro hablar de una desaceleración de la inflación es que, si bien es cierto que la inflación mensual habría caído en los últimos meses, esto bien puede ser un efecto estacional. La inflación Congreso para marzo, abril, y mayo fue de 3.3%, 2.78%, y 2.0% (Elypsis) respectivamente. Sin embargo, desde el 2008 que la inflación de mayo es inferior a la de los dos últimos meses. Por lo tanto, tres meses de tasas decrecientes de inflación no es un signo inequívoco de una inflación que se desacelera. ¿Se desaceleró, acaso, la inflación en los últimos años? Con un 2% de inflación en mayo 2014, la inflación acumulada de los últimos 12 meses es del 40.2%Este es la máxima inflación de 12 meses desde diciembre 2002 cuando fue del 40.9%. La inflación de mayo contra mayo del 2012 y 2013 fue de 23.2% y 23.3%; sensiblemente menor a la del 40.2% de este año. Esto se puede apreciar en el siguiente gráfico, que muestra la inflación de acumulada de 12 meses desde 1998.
Hay, por lo tanto, dos tendencias opuestas respecto a la inflación a futuroPor un lado, la contracción de la base monetaria llevada adelante por el BCRA en los últimos meses (“ajuste”). Pero por el otro lado se ve un empeoramiento fiscal que, al ser financiado con emisión monetaria, sugiere mayores presiones inflacionarias a futuro. Lamentablemente, el escenario inflacionario lejos de estar claramente controlado, puede mostrar un empeoramiento en los meses por venir (salvo que haya cambios estructurales que reduzcan el nivel de déficit o financiamiento alternativo a la emisión monetaria.) Esta falta de coordinación entre el Tesoro y el BCRA puede resultar en tensiones políticas.
Debería ser evidente para quienes se dicen opositores al modelo que una seria discusión sobre cómo reestructurar (bajar el nivel, no reasignar partidas) el gasto público es importante, por no decir apremiante a medida que pasa el tiempo. Discusión que, ciertamente, no es parte del “profundo” debate político/institucional que ofrece la oposición. Si el arco opositor se niega a revisar gastos de “bajo impacto social” como el Fútbol Para Todos y la deficitaria Aerolíneas Argentinas (y no es que esto alcance para solucionar el problema) van a tener que ser muy creativos para poder solucionar estos desequilibrios. La primera lección de política económica que la oposición debe aprender es que no son las buenas intenciones las que generan buenos resultados económicos, son las consistentes políticas económicas las que generan buenos resultados.
(*) Nicolás Cachanosky. Doctor en Economía por Suffolk University. Actualmente es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. Artículo publicado en INFOBAE el 11 de Junio de 2014

Un mensaje a tres bandas que encuentra su límite

Por Carlos Pagni (*)
El genial director Alberto Ure solía enseñar una técnica del teatro inglés que obliga al actor a conversar con tres interlocutores al mismo tiempo sobre distintos temas. El enredo produce, por sí mismo, chispazos de humor. Ure hacía notar que Alberto Olmedo lograba ese prodigio sin saberlo, cuando bromeaba con Javier Portales, Silvia Pérez y Miseria Espantosa en el sketch de Álvarez y Borges.

Cristina Kirchner está exhibiendo la misma habilidad. Sólo que, en su caso, el chiste nunca llega. Su posición frente a la deuda desconcierta a los mercados, que se entusiasman con la promesa de pagar y, al rato, se retraen por el presentimiento de un default. Esa ciclotimia no se justifica porque el Gobierno sea zigzagueante. Lo que sucede es otra cosa: la Presidenta se ha propuesto satisfacer con un mismo discurso a tres audiencias diferentes.
Uno de los destinatarios de la retórica oficial es la propia clientela. La que viene "bancando este proyecto nacional y popular". El kirchnerismo ha confiado, más que otras corrientes, en que los conflictos condensan identidades colectivas. Desde la frustrada segunda vuelta de 2003, en la que Néstor Kirchner era lo "no Menem", jugó un ballottage imaginario con la dictadura, con el campo, con el Fondo, con Clarín, con las "corporaciones". Los holdouts ocuparon un renglón principal de ese inventario de enemigos con los que no se podía transigir.
"Patria o Buitres"
Un negocio para ambas partes: los holdouts acumularían intereses en un juzgado y el Gobierno cobraría la polarización en el campo electoral. Esa demonización de los holdouts no suponía que se les ganaría el pleito en lo de Thomas Griesa. La hipótesis de Cristina Kirchner fue que si el juicio se perdía, sería después de su mandato. Es decir, quien reconocería los derechos de esas aves de rapiña sería el mismo que se encargaría de devaluar, de ajustar las tarifas, de subir la tasa de interés, de reprimir los salarios o de blanquear la inflación. Pero también en relación con esta deuda Cristina fue víctima del tiempo. El populismo se inventó para disfrutar del poder en períodos más breves.
Mientras promete a su feligresía que seguirá siendo obstinada, la Presidenta también tiene que salvar otro aspecto de su administración. Porque, además de no haber cedido ante los "buitres", el kirchnerismo fue el adalid del "desendeudamiento" con "la quita más grande de la historia". ¿Por qué renunciar a ese mérito y reintroducir al país en las cavernas del año 2001?
Cristina Kirchner se dirige también a quienes esperan cobrar sus bonos el 30 de junio. Les explica que la cláusula pari passu con la que los holdouts se garantizan el reconocimiento inmediato de la sentencia pone en riesgo las reestructuraciones a escala internacional. La defensa más reciente de ese criterio fue publicada anteayer por Martin Wolf, columnista estrella del Financial Times, para quien la limitación a los derechos de los holdouts representaría un salto civilizatorio similar al que dio Gran Bretaña en 1689, cuando se formuló el concepto de bancarrota y los deudores dejaron de ser encerrados en mazmorras.
Estos argumentos son saludables, pero tardíos. La diplomacia local debería haberlos desarrollado cuando todavía no había una sentencia. Pero prefirió jugar al alicate. Además, Wolf consigna un detalle que a veces se olvida: la exasperante severidad con que los jueces custodian los derechos de los acreedores mejora las condiciones de endeudamiento de países con malos antecedentes. Dicho de otro modo: cuando se emitieron los bonos bajo jurisdicción de Nueva York, la literalidad con la que los tribunales de esa ciudad interpretan los contratos fue un subsidio para la tasa de interés que pactaba la Argentina.
La discusión tal vez se vuelva más ardiente. El arbitraje del Ciadi en el reclamo de los bonistas italianos, a pesar de que no incluye la cláusula pari passu, inaugura otra controversia conceptual. Es inédito que el tribunal del Banco Mundial equipare la compra de un bono a una inversión real en otro país. ¿Hasta qué límite el Estado receptor debe custodiar el valor de esa inversión? ¿Es posible ahora que un especulador financiero demande a un gobierno porque con sus desaguisados deterioró el valor de los títulos? ¿Cuáles son los parámetros objetivos para evaluar una política fiscal?
Algunos de estos problemas fueron expuestos ayer por Axel Kicillof en la ONU. Allí habló para la tribuna imaginaria de los bonistas reestructurados y de los Estados que defienden sus reestructuraciones frente a minorías de "buitres". No llegó a hablar de jueces extorsivos. No amenazó con cambiar de jurisdicción. No repitió "no pasarán".
Esa fórmula de Kicillof, que nació en la I Guerra Mundial y popularizaron los republicanos españoles, no podía ser más adecuada. Porque, en su fonología intransigente, historiza una derrota. El pintor Ramón Puyol, que la transformó en emblema de la defensa de Madrid, dijo haber descubierto su valor "cuando todo era irremediable". Es decir, cuando ya se había dictado la sentencia.
Cristina Kirchner está obligada a relativizar su épica. El mensaje a su base electoral y el mensaje a los que entraron a los canjes debe convivir con un tercer mensaje, dirigido al juez y a los holdouts. Para ellos habló el viernes pasado, en Rosario. Tal vez Kicillof le recordó el consejo de Lenin, quien teorizó como nadie sobre el valor de las consignas: "Siempre deben dimanar del conjunto de peculiaridades de cada situación política". En nombre de la soberanía nacional, en el mismo palco donde, hace dos años, había prometido ir "por todo", la Presidenta suprimió la diferencia entre "buitres" y "reestructurados": "Queremos que se cuide al 100 por ciento de los bonistas", aclaró.
La traducción de esta arenga pacifista hay que buscarla en las declaraciones de los abogados que patrocinan a la Argentina ante Griesa. Allí se dirigen "respetuosamente a Su Señoría" para declarar "voluntad negociadora". Daniel Scioli, Miguel Galuccio, Juan Carlos Fábrega festejan. Necesitan un acuerdo porque su éxito depende de que baje la tasa de interés.
Anteayer se preveía una reunión entre Kicillof y Daniel Pollack, el abogado al que Griesa encargó la ejecución de la sentencia. Jorge Capitanich la desmintió, así que tal vez se realice. Pollack está, junto con su esposa, entre los juristas más prestigiosos de Nueva York. Se especializó en litigios financieros ante la Corte. Sus clientes son fondos de inversión. Típico vecino del Upper East, vive awalking distance del Metropolitan Museum, al que destina sus pulsiones filantrópicas. Su entrevista con el ministro de Economía podría representar un choque de civilizaciones. Pero un abogado argentino que lo conoce bien corrige: "La reunión puede ser simpática, porque Daniel verá en Axel al muchacho idealista que él era cuando tenía 16 años".
Kiciloff y el "Special Master"
Kicillof participará de todo el trámite sin ponerse una corbata. Con esa informalidad y su discurso jacobino, intenta disimular el papel que le asignaron en el ocaso de la década ganada: comenzar a pagar la fiesta, sin negociaciones.
Por eso alrededor de Pollack hay un malentendido. No es, en sentido estricto, un mediador. Su rol,special master, está descripto en la regla 53 del Código Procesal norteamericano: es el encargado de ejecutar sentencias de difícil cumplimiento. Sin embargo, la norma abre una hendija a la pretensión de Kicillof cuando dice que el special master "preside las negociaciones del arreglo". La Presidenta y el ministro están en busca de la cuadratura del círculo. Para satisfacer a sus seguidores deben evitar que los holdouts cobren sin hacer concesión alguna. Pero si negocian alguna concesión, un plazo, por ejemplo, activan la cláusula RUFO, que ampara a los bonistas reestructurados.
Para salir de ese dilema Cristina Kirchner debería quebrar el último tabú. Podría tomar US$ 1500 millones en el mercado, a una tasa inferior al 8%, y saldar al contado la sentencia de Griesa. Ya no negociaría una ventaja con los holdouts, sino con el banco que da el crédito. Terminaría, eso sí, con el mito del desendeudamiento. Una encerrona a la que tarde o temprano puede llegar por la crisis de reservas.
Mientras tanto, ella intentará seguir hablando a la vez a tres audiencias. Pero está condenada a traicionar a una primero. A sus propios electores. Es el drama del líder que se queda sin recursos.
(*) Carlos Pagni. Periodista, escritor y analista político. Artículo publicado en "La Nación" el 26 de Junio de 2014